sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Por qué hablan de copago cuando quieren decir "repago"?


Después de que el Partido Popular tomara posesión de los territorios obtenidos en su victoria arrasadora del 22 de mayo y comenzara a poner en marcha sus medidas (recortes en sanidad, en educación, a las farmacias, a la dependencia), desde los sectores progresistas se apunto a estas Comunidades Autónomas como laboratorios de lo que el hipotético gobierno de Mariano Rajoy llevaría a cabo a nivel estatal si llegara a la Moncloa tras los comicios generales.
Sinceramente, no estoy de acuerdo con esa clasificación; atendiendo a la definición que de laboratorio hace la RAE ("Realidad en la cual se experimenta o elabora algo") no encuentro ese paralelismo. Y no porque crea que un gobierno popular no llevaría a cabo esas acciones, si no porque no veo donde está la experimentación o la novedad. ¿A caso es nuevo que la derecha trate de atacar a lo público, recortándolo u oprimiéndolo? No hay nada de experimental en lo que el PP está haciendo allí donde gobierna, simplemente está poniendo en práctica su ideología y dándonos la razón a todos los que avisamos de que esto ocurriría.
Desde las victorias autonómicas y municipales de la derecha (iniciada el 28 de noviembre de 2010 cuando CiU llegó a la presidencia de la Generalitat) los conservadores se han puesto manos a la obra en su tarea de recortar lo que para ellos resulta superfluo o, cuanto menos, reducible y recortable: la cosa pública. Incluso podría parecer que, igual que un universitario al acabar su carrera, las y los presidentes se han ido especializando: Artur Mas en Cataluña con la Sanidad, Esperanza Aguirre en Madrid con la Educación, María Dolores de Cospedal en Castilla la Mancha con las farmacias... repartiéndose en fascículos los recortes que conformaran el programa de Rajoy.
Puesto que mi compañero de blog, Julio Membrado, ya ha abordado el tema de la educación (http://enfavordelosderechossociales.blogspot.com/2011/10/nuestra-opinion-31-oct.html) y en el de la sanidad son muchos los aspirantes a ganar el oro en recortes habiendo mucho que decir, me centraré en el objetivo favorito de la secretaria general popular: las farmacias.
Ante la situación de las boticas castellano manchegas, la presidenta de la Federación de Empresarios Farmacéuticos de Castilla La Mancha (FEFCAM), María Dolores Espinosa, afirmaba el pasado viernes: "Estamos como al principio". ¿Qué principio? Hay que retrotraerse a junio del presente año para encontrarlo. Si, sorprendentemente el inicio de la crisis farmacéutica en la Comunidad manchega, se inició con la toma de posesión como presidenta de De Cospedal. Durante los casi 30 años de gobiernos socialistas en la Comunidad los pagos a las farmacias se retrasaron nada más y nada menos que dos veces, pagando puntualmente desde diez años atrás hasta dos días antes de las elecciones autonómicas, es decir, estos pagos no se vieron afectados por la crisis económica bajo los gobiernos del Partido Socialista. En los algo más de cinco meses de gobierno del Partido Popular los pagos se han visto retrasados... 5 veces. Realmente, para no ser injustos, podríamos decir que el PP sólo se ha retrasado una vez, iniciando este retraso en junio y arrastrándolo hasta el día de hoy, ya que los farmacéuticos no han visto ni un euro del erario público desde el cambio de gobierno.
El gobierno manchego tiene una deuda con los farmacéuticos que asciende a los 250 millones de euros, alrededor de 50 millones por mes, estos últimos se han visto obligados a pedir créditos hipotecando sus recursos privados y endeudándose para garantizar un recurso público como son las medicinas. Así pues, si en este momento los ciudadanos de CLM pueden comprar medicamentos es porque los propios boticarios los pagan; esta situación insostenible está tocando a su fin, los estantes de las farmacias se van vaciando y los farmacéuticos van viendo como sus recursos para conseguir medicinas se agotan esperando a que la patronal farmacéutica regional y el gobierno autonómico lleguen a un acuerdo al que a De Cospedal le sale más rentable no llegar.
Por si fuera poco, los boticarios que se manifestaron mediante una huelga el pasado mes de agosto han visto como se les denunciaba desde la Junta aunque, hay que reconocer, que estas multas todavía no se han hecho efectivas.
Pero no sólo en Castilla la Mancha se ha cerrado el grifo a ese "prescindible" gasto que son los medicamentos, también en la Comunidad Valenciana (donde además el pasado mes de octubre se cerraron 262 camas en hospitales, por supuesto, públicos) el nuevo presidente Alberto Fabra debe las facturas desde el mes de junio. Las farmacias valencianas adeudan ya 450 millones de euros, habiéndose tenido que endeudar personalmente también, con una deuda media de 60.000 euros cada farmacéutico; no contento con este retraso, el moderado (¿?) Fabra afirma que los boticarios seguirán sin recibir los cobros atrasados hasta enero de 2012, cuando ya se arrastrará una deuda cercana  a los 1000 millones, sólo entonces recibirán el coste ¡de la primera deuda!. La diferencia entre De Cospedal y Fabra es que el último ya anuncia que no cobrarán hasta 7 meses después del primer retraso y De Cospedal prefiere no desvelarlo para dar la sensación de que puede ser en cualquier momento, siendo éste momento posiblemente aun más lejano que el valenciano.
También José Ramón Bauzá (presidente popular de las Islas Baleares por mayoría absoluta) se ha retrasado en el pago de octubre y Pedro Sanz (lo mismo que el anterior, pero en La Rioja) decidió en agosto retrasar un mes el pago de las facturas de las 180 farmacias de la Comunidad lo cual ha provocado pérdidas de siete meses.
Pero la palma se la lleva Ramón Luis Valcárcel, regidor de la Región de Murcia. Allí, poco antes de los comicios autonómicos, el señor Valcárcel se dio cuenta de que los medicamentos son un bien del que no se podían prescindir y, de manera generosa, se decidió a poner fin a cinco meses de retrasos en los pagos a los farmacéuticos ¿cómo? por medio de un crédito sindicado con cinco bancos avalado por los mismos farmacéuticos con sus bienes, así, si no pagan ya, los boticarios perderán todas sus propiedades.
Pero es con el señor Francisco Javier León de la Riva, alcalde conservador de Valladolid, con quien quiero acabar este artículo y quien da título al mismo. Ha sido de este alcalde del PP de quien ha surgido la idea del copago en las farmacias; esta idea es simple, pudiendo llegar a parecer suculenta presentada por los populares: todo español, del más rico al más pobre, del más mayor al más joven utilizan este servicio público que les provee de curas para sus enfermedades o de soluciones para sus problemas de salud pero (siempre desde el prisma popular) hay algunos sectores que lo utilizan más o que incluso llega abusar de él: ancianos que para llenar el gran tiempo libre de su jubilación alternan entre las obras y, ahora que escasean, ir al médico a por tantas recetas que podrían empapelar la Alhambra, o inmigrantes que, ahora que se quedan sin trabajo, puesto que no tienen comida para llenar su estómago, suplen el vació con píldoras y pastillas (da igual que se haya demostrado que los inmigrantes van una media de un 12% menos al médico que los españoles). Pues bien ¿por qué no habrían de pagar más los que más usan este servicio y menos los que menos lo usan o los que directamente, no lo usan? Así pues la clave es evidente: el copago.
Mi pregunta es simple, ¿por qué "copago"? las deudas que contraen los farmacéuticos para comprar medicamentos, al igual que la educación o la sanidad (públicas) y las pensiones son costeadas con dinero del Estado, de las autonomías o de los ayuntamientos, un dinero que no ha salido de los gobernantes, sino de todos y cada uno de los bolsillos de los españoles por medio de los impuestos, con lo que, cuando alguien compra un medicamento (aparte de que es una parte muy reducida de la población la que no paga nada por ellos al llevárselo) ya ha pagado por él con lo que no estaríamos hablando de copago, si no de "repago", es decir, volver a pagar directamente por lo que previamente se ha pagado de forma indirecta, por otro lado, en el caso de los pensionistas, tras toda una vida cotizando y pagando los consecuentes impuestos ese jubilado ya ha pagado más que lo suficiente al Estado como para abastecerse de los medicamentos necesarios el resto de su vida.
Puede que el copago farmacéutico pueda parecer algo pequeño, pero es un pequeño paso que conduce a otros mayores: el copago sanitario, el copago en la educación y, finalmente, la privatización de los servicios públicos y el cierre del Estado del Bienestar.
No se trata de no sacrificarse personalmente por el bien común, por el bien de las arcas del Estado, si no de no dar un paso atrás en lo logrado durante siglos por la sociedad española, en no retroceder una primera vez dando pie a más retrocesos hasta acabar contra la pared. Se entró en esta crisis con un Estado del Bienestar y unos derechos sociales y públicos, y se debe de salir de ella con estos intactos sino, esa lucha, habrá sido inútil.
Porque los medicamentos, la sanidad, la educación, las pensiones... no son un lujo, si no un derecho, por ello no es que haya que pararles los pies, si no que hay que mostrarles que no pueden moverlos, que no será a costa de lo público como se recuperará lo privado, que no serán profesores a cambio de la salvación de los bancos, que no serán camas de hospital a cambio de endeudamiento, que no serán medicamentos a cambio de crecimiento económico: que no serán derechos a cambio de recortes.

jueves, 3 de noviembre de 2011


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