jueves, 8 de diciembre de 2011

Crónica de una cumbre ya acordada.

Hoy comienza la celebración de la cumbre europea, la enésima última oportunidad para salvar al euro.
Una cumbre que supone una mera formalidad, en la que Alemania y su fiel escudera, Francia (encarnados en el último monstruo del Dr. Frankeuropstein: Merkozy) contarán al resto de países lo que ya han acordado, y los otros 25 se limitarán a asentir y acatar las ordenes.
Europa vuelve a encontrarse al borde del abismo, en las puertas de la recesión  y, el otrora algo contestón Sarkozy, se somete finalmente a Merkel, haciendo suyas sus ideas y defendiéndolas como si se le hubiesen ocurrido a él.
Los eurobonos, que comenzaban a ser tema de una tímida defensa por parte del francés,quedan finalmente aparcados durante un "largo plazo" (podríamos sospechar que algo ha tenido que ver la férrea oposición de Merkel a todo aquello que huela ligeramente a una verdadera respuesta europea que beneficie a los países que más están sufriendo la crisis), en pro de aquellas realmente imprescindibles medidas que, una vez pasada la tontuna que le dio al "premier" francés con la refundación del capitalismo, allá por los inicios de la crisis. supondrán la refundación de Europa y su economía.
Merkozy ya no se preocupan por esconder su poco interés por lo que los demás países tengan que decir (¡para algo ellos son el motor de Europa y la salvación del resto de países! Que nos lo digan a los PIIGS, que si no a saber como estábamos...) ahora directamente, como quedaría un poco feo decir "puerta" a Cameron, el cual parece estar algo reticente sobre las medidas ideadas por Merkozy, afirman que, si con los 27 de la Unión Europea no se puede llegar a un acuerdo que se vayan los otros 10 que con los 17 del Euro tienen bastante (“Si hay alguien que no quiere o no puede hacerlo [retocar los tratados europeos], preferimos actuar a 17 porque el euro es esencial”, decía Merkel hace algunos días). Así, con 15 países que comparten su misma moneda y dependientes económicamente de los movimientos de todos sus socios, Merkozy se asegurarían 15 Estados sometidos e inclinados ante todo aquello que ellos consideren adecuado retocar o imponer.
Intentándolo vender como algo novedoso, de nuevo la cabra tira hacia el monte, y Merkozy intenta endosar otra vez a Europa el milagro del crecepelo (en este caso "creceempleo") por medio de la austeridad. A partir de ahora se impondrán sanciones automáticas a los socios del euro que rompan la barrera del 3% de déficit dejando en papel mojado las palabras de Sarkozy asegurando que los Ministros de los 27 países serían los que tendrían la última palabra sobre las sanciones y que incluso se podría anular alguna de ellas dependiendo de las circunstancias. También impondrán una receta que España ya cocinó hace algunos meses, la de incluir el límite deficitario en las Constituciones de los Estados.
También se adelantará la creación del nuevo fondo de rescate, cuyo lanzamiento estaba previsto para mediados de 2013 y que ahora aparecerá en algún momento del próximo año. A la ampliación de este se añadirá la novedad de que ya no será necesaria la aprobación de todos los países para utilizarlo, si no que valdrá con un 85% de los votos.
Además, Merkel y Sarzoky prefieren andar sobre seguro y, evocando la quita de la deuda griega, eliminarán del nuevo fondo de rescate la cláusula según la cual, aquellos que pagaron el rescate aceptan no recibir todo el dinero que invirtieron.
Con lo que, no sabemos si esta es realmente la última oportunidad de salvar al euro, ni si de verdad se le va a salvar, lo que si sabemos es que esta es una nueva pantomima oficiada por Alemania y Francia en la que el resto de países poco o más bien nada tienen que decir y mucho que acatar, y en la que se volverá a meter por la garganta a los países europeos esa solución que "tanto bien" a causado a sus economías y a su empleo: el ahorro, el recorte del déficit y el no impulso del crecimiento por medio de la inyección de dinero del Estado.
Todo esto se da mientras el nuevo presidente del Banco Central Europeo, Mario Dragui, vuelve a poner el precio del dinero al 1%, nivel al cual estaba antes de que a Trichet se le ocurriera subirlo medio punto para "mejorar" la situación y mientras los líderes europeos y estadounidenses dan su bendición a las medidas de ajuste del futuro presidente Rajoy, aquel que tiene como referente a Cameron y sus draconianos recortes. Unos ajustes que todo el mundo conoce salvo quienes realmente deberíamos de conocerlos, los españoles; de los próximos movimientos de Rajoy tan sólo sabemos que (oh, sorpresa) de aquella inicial bajada de impuestos que después se quedó simplemente en no subirlos podemos irnos olvidando, ya que el líder conservador, ante la pregunta de si se planteaba subir los impuestos, no dijo ni si, ni no, ni todo lo contrario, y ya sabemos que cuando Mariano Rajoy calla, otorga.



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