Poco a poco la gran mayoría de los países de todos los continentes, indus- trializados, en vías de desarrollo o del llamado tercer mundo, se fueron adhiriendo al conocido como Protocolo de Kioto hasta que el 18 de noviembre de 2004 esta unión de países contra el cambio climático llego a su culmen con la ratificación de Rusia. Tres meses después el Protocolo entraría en vigor ya por mal camino pues, después de que el expresidente demócrata Bill Clinton firmara el acuerdo, el Congreso del principal emisor de gases de efecto invernador a nivel mundial, EEUU, no lo ratificaría y finalmente en 2001, con George Bush en la presidencia, se retirarían del Protocolo.
La Unión Europea de aquel momento se comprometía a reducir un 8% sus emisiones en conjunto; de forma individual cada Estado reduciría sus emisiones en un porcentaje diferente, yendo desde el -28% de Luxemburgo o el -21% de Alemania hasta el posible incremento tope de un 27% para Portugal, 25% para Grecia y 15% para España.
Parecía así que (casi) todos los países y dirigentes se concienciaban con el grave problema del cambio climático y la gran parte de culpa que tenían los gases de efecto invernadero como el CO2. Los Estados se comprometían mediante la firma de un tratado a controlar sus emisiones y a poner freno al cambio climático y al calentamiento global.
Casi 7 años después de la entrada en vigor de Kioto, del tratado no queda más que un papel mojado. Las emisiones de gases nocivos se han disparado (España emitía en 2008 un 43% más que en 1990), el planeta sigue calentándose y cualquier acuerdo sobre la reducción de las emisiones ha quedado en nada con los países más distanciados que nunca en este aspecto.
Tras el engaño de la Cumbre de Copenhague en 2009, la cual se presentaba como la cumbre definitiva en la cual se dejaría atado y bien atado el futuro climático del planeta pues era última oportunidad para conseguir poner freno al cambio climático, a la cual acudieron todos los jefes de Estado y de la cual se salió con menos que nada, y la siguiente cumbre de 2010 en Cancún a la que ni se molestarían ya en acudir los dirigentes mundiales y de la cual sólo se sacaría en claro la futura (y tan futura, todavía no se ha creado) creación de un Fondo Verde para la adaptación de los países en vías de desarrollo a los problemas del cambio climático, llegó la cumbre de Durban.
Acostumbrados ya al poco interés de los líderes mundiales a poner un coto real a las emisiones y seguir poniendo metas futuras que siempre se seguirán retrasando, Durban no ha sido una excepción.
Partiendo de una base en la cual Estados Unidos y China culpables de más de la mitad de las emisiones de todo el mundo no querían comprometerse a nada antes de 2020, en la cual Canadá, Japón y Rusia anunciaban su salida del Protocolo de Kioto y en la cual tan sólo la Unión Europea (los que han mostrado más conciencia y compromiso, lo que no quita que hayan incumplido también de sobras Kioto) Nueva Zelanda, Noruega y Australia, que representan tan sólo el 15% de las emisiones, apostaban por una respuesta inminente al grave problema que supone el cambio climático, Durban cerraba hoy sus puertas después de una prórroga sin la cual se hubiera salido igual que se había entrado, o sea, más o menos igual que con ella.
Con numerosos representantes de todo el mundo habiendo abandonado ya la cumbre porque sus billetes de vuelta eran para ayer sábado (entre los que se encontraban los españoles o los canadienses), a las 5:30 de esta madrugada se llegaba finalmente a un acuerdo raquítico.
Con este acuerdo se somete al Protocolo de Kioto a una prórroga que tan sólo afectara a los anteriormente citados emisores del 15% de los gases, desde 2013 (el actual termina en 2012) hasta 2017 o 2020. Se sale de esta cumbre con la aprobación de la ONU para la creación de un nuevo tratado para frenar las emisiones de CO2 en la que están todos los países incluidos China y EEUU. ¿ Cuál es el secreto? El acuerdo, al que se empezará a dar forma en Qatar el próximo año y que estará listo (en principio) para 2015, entrará en vigor nada más y nada menos que en 2020, dentro de 8 años durante los cuales la inmensa mayoría de los países tendrán barra libre de emisiones.
Además, aquellos países que no tienen ningún interés en frenar su conta- minación, como son Estados Unidos o India, han conseguido establecer una cláusula por la cual el próximo tratado podría no ser legalmente vinculante. Es decir, que si los países ya han hecho lo que les ha dado la gana siéndolo el Protocolo de Kioto, sin serlo... harán más de lo mismo, ya que peor es difícil hacerlo. También ha quedado claro en esta cumbre las distintas ambiciones y preocupaciones de los países por el planeta: mientras EEUU ofrecía reducir un 4% sus emisiones para 2020 respecto a 1990 (es decir, un 1% menos de lo que se establecia en Kioto) la Unión Europea ofrecía la reducción de un 20%, cuatro veces más que hasta ahora (aunque como lo cumplan del mismo modo que hasta el momento tanto monta...).
La cumbre ha seguido avanzando, después de dos años, en la creación del Fondo Verde y además a mostrado su apoyo al almacenamiento del CO2 bajo tierra lo cual, por muy efectivo que fuera, supondría que los Estados no tienen ninguna intención de abandonar los combustibles fósiles contaminantes hasta que se acaben.
En definitiva, la cumbre climática de Durban no a supuesto más que el visto bueno de los países a volver a retrasar la toma de decisiones mostrando su resignación hacia que cada país continúe emitiendo tantos gases contaminantes como vea conveniente, con un tratado firmado o no, siendo este legalmente vinculante o no, lo que da pocas o ninguna esperanza de que esto vaya a cambiar para 2020 y que los países acaten entonces de verdad lo que se estipule, en un "entonces" que probablemente sea ya muy tarde para decidir nada.
Acostumbrados ya al poco interés de los líderes mundiales a poner un coto real a las emisiones y seguir poniendo metas futuras que siempre se seguirán retrasando, Durban no ha sido una excepción.
Partiendo de una base en la cual Estados Unidos y China culpables de más de la mitad de las emisiones de todo el mundo no querían comprometerse a nada antes de 2020, en la cual Canadá, Japón y Rusia anunciaban su salida del Protocolo de Kioto y en la cual tan sólo la Unión Europea (los que han mostrado más conciencia y compromiso, lo que no quita que hayan incumplido también de sobras Kioto) Nueva Zelanda, Noruega y Australia, que representan tan sólo el 15% de las emisiones, apostaban por una respuesta inminente al grave problema que supone el cambio climático, Durban cerraba hoy sus puertas después de una prórroga sin la cual se hubiera salido igual que se había entrado, o sea, más o menos igual que con ella.
Con numerosos representantes de todo el mundo habiendo abandonado ya la cumbre porque sus billetes de vuelta eran para ayer sábado (entre los que se encontraban los españoles o los canadienses), a las 5:30 de esta madrugada se llegaba finalmente a un acuerdo raquítico.
Con este acuerdo se somete al Protocolo de Kioto a una prórroga que tan sólo afectara a los anteriormente citados emisores del 15% de los gases, desde 2013 (el actual termina en 2012) hasta 2017 o 2020. Se sale de esta cumbre con la aprobación de la ONU para la creación de un nuevo tratado para frenar las emisiones de CO2 en la que están todos los países incluidos China y EEUU. ¿ Cuál es el secreto? El acuerdo, al que se empezará a dar forma en Qatar el próximo año y que estará listo (en principio) para 2015, entrará en vigor nada más y nada menos que en 2020, dentro de 8 años durante los cuales la inmensa mayoría de los países tendrán barra libre de emisiones.
Además, aquellos países que no tienen ningún interés en frenar su conta- minación, como son Estados Unidos o India, han conseguido establecer una cláusula por la cual el próximo tratado podría no ser legalmente vinculante. Es decir, que si los países ya han hecho lo que les ha dado la gana siéndolo el Protocolo de Kioto, sin serlo... harán más de lo mismo, ya que peor es difícil hacerlo. También ha quedado claro en esta cumbre las distintas ambiciones y preocupaciones de los países por el planeta: mientras EEUU ofrecía reducir un 4% sus emisiones para 2020 respecto a 1990 (es decir, un 1% menos de lo que se establecia en Kioto) la Unión Europea ofrecía la reducción de un 20%, cuatro veces más que hasta ahora (aunque como lo cumplan del mismo modo que hasta el momento tanto monta...).La cumbre ha seguido avanzando, después de dos años, en la creación del Fondo Verde y además a mostrado su apoyo al almacenamiento del CO2 bajo tierra lo cual, por muy efectivo que fuera, supondría que los Estados no tienen ninguna intención de abandonar los combustibles fósiles contaminantes hasta que se acaben.
En definitiva, la cumbre climática de Durban no a supuesto más que el visto bueno de los países a volver a retrasar la toma de decisiones mostrando su resignación hacia que cada país continúe emitiendo tantos gases contaminantes como vea conveniente, con un tratado firmado o no, siendo este legalmente vinculante o no, lo que da pocas o ninguna esperanza de que esto vaya a cambiar para 2020 y que los países acaten entonces de verdad lo que se estipule, en un "entonces" que probablemente sea ya muy tarde para decidir nada.


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