domingo, 4 de diciembre de 2011

Domingo a fondo: El futuro inmediato de la antitauromaquia

Dentro de 27 días en Cataluña estará prohibido por ley la celebración de corridas de toros; este verano se cumplía un año de la decisión que tomaron las Cortes catalanas del anterior gobierno y en abril hacía 20 años de la prohibición canaria; a estas dos prohibiciones autonómicas se deben de unir también las de numerosos municipios españoles que no han querido esperar a que su Comunidad moviera ficha.
La ILP catalana, que contaba con casi medio millón de avales en todo el mundo (la mitad de Cataluña), y que hizo posible este gran avance de los antitaurinos, recogía el profundo desencanto y el cansancio que este tipo de festejos produce, no tan sólo en los catalanes, si no en todos los españoles, el cual va creciendo año a año.
La encuesta estatal más reciente sobre el interés de los españoles hacia las corridas de toros data de 2002, en ella se muestra como 2 de cada 3 españoles (un 68,8%) no tiene ningún interés por estos festejos, y tan solo 1 de cada diez tiene mucho. A esto hay que añadir que aquellos que muestras mucho o algo de interés por las corridas de toros eran mayoritariamente hombres de avanzada edad, ya que un 78,5% de las mujeres y un 81,7% de los que entonces tenían entre 15 y 24 años no tenían ningún interés.
El logro histórico del 28 de julio de 2010 quedó empañado por la decisión de los partidos nacionalistas CiU y ERC de blindar los correbous al mismo tiempo que mayoritariamente decían si a la prohibición de las corridas de toros lo que sirvió a los sectores taurinos para aludir a la influencia del nacionalismo para tomar esa decisión obviando que, si bien el espectáculo taurino se identifica internacionalmente con España, la tradición taurina es de igual o probablemente mayor antigüedad en Cataluña. Con lo que, si de algo se pudo acusar a CiU y ERC es de tomar su decisión sobre los correbous en clave electoralista, ya que aunque las corridas cuenten con poco aprecio en la comunidad catalana no es así con los correbous, y las elecciones autonómicas estaban justo a 4 meses dista. Tan sólo ICV se mantendría en su misma posición a favor de la prohibición, que mantuvo con las corridas, y el PSC (mayoritariamente) el PPC y C's en contra en ambos casos.
Esta victoria, que suponía el segundo gran paso de los antitaurinos en 20 años, sirvió para poner el foco en nuevos territorios en los que parecía más posible que nunca el poder lograr la prohibición. A los territorios que la encuesta de Gallup daba como menos interesados en los espectáculos taurinos (Aragón, Asturias, Galicia y las propias Cataluña y Canarias) se unieron otros en los que, en esos 8 años, la antitauromaquia había cobrado fuerza, como en Baleares donde el PSM, els Verds de Mallorca e Iniciativa de Izquierdas mostraron su alegría por la decisión catalana y su deseo de que el debate social y político balear fuera maduro y pudiera llegar al mismo camino que habían seguido los catalanes, para lograr esto, los partidos de la izquierda del archipiélago mediterráneo, abogaron por una reforma de la ley de protección animal balear.
¿Qué ha pasado desde entonces para que no se haya vuelto a escuchar ningún debate de relevancia sobre la prohibición de las corridas de toros en ninguna comunidad?
Las respuestas son simples: el recrudecimiento de la crisis económica  y la victoria autonómica y municipal popular del 22 de mayo.
La crisis económica (que no se llevó por delante la iniciativa catalana de prohibir las corridas porque su trámite había comenzado ya un año antes) que mostró su peor cara en mayo de 2010 acabó de raíz con cualquier debate de cualquier índole que no se relacionara con lo económico, los movimientos antitaurinos se vieron reducidos a algo secundario cuando el fantasma del rescate financiero comenzó a planear sobre nuestras cabezas y automáticamente, se abandonó el tema de la prohibición en todas las Comunidades. Pero a esto hay que añadir algo aun más relevante, la victoria del Partido Popular en mayo de este año. La prohibición catalana sirvió para envalentonar a los, cada vez más reducidos, taurinos. En Madrid, la excéntrica y siempre necesitada de atención, Esperanza Aguirre, decidió blindar las corridas de toros aprovechándose de su mayoría absoluta en la Comunidad de Madrid convirtiéndolas en Bien de Interés Cultural, el PP intentó hacer lo mismo a nivel nacional, pero el Senado le dijo que no (tras lo cual recurrieron la prohibición catalana ante el Tribunal Constitucional) y, además, el exministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba y la ministra en funciones de Cultura, Ángeles González Sinde, se comprometieron con los toreros a traspasar las competencias taurinas de Interior a Cultura, con lo que estarán más protegidas y percibirán más subvenciones sin las cuales no podrían sobrerivivir (en 2008 recibieron 600 millones), una petición histórica de los toreros con los que, según se quejaba Francisco Rivera Ordóñez, el presidente Zapatero nunca se quiso reunir.
La antitauromaquia en particular y el animalismo en general se enfrenta a una nueva etapa surgida de las urnas hace dos semanas en la que, no sólo no van a avanzar en absoluto, si no que se van a ver más arrinconados que nunca. Ya desde el primer día después de la victoria del PP el 20N, García Escudero afirmaba que los toros volverían a la Televisión Española, 5 años después de que dejaran de retransmitirse por su elevado coste y por su coincidencia con el horario infantil, y un año después de que el entonces presidente de RTVE, Alberto Oliart decidiera incluir este espectáculo en la sección de "violencia con animales" en el apartado de "temas sensibles" lo que las vetaba en la radiotelevisión pública.
Con el mapa español pintado de azul a todos los niveles (municipal, autonómico y nacional) es impensable que alguna Comunidad vaya a plantearse si quiera la prohibición, de hecho, es más que probable que, contando con una mayoría absolutísima en Congreso y Senado, el PP se atreva a blindar definitivamente las corridas de toros declarándolas BIC e impidiendo que se produzca ninguna prohibición; e incluso está por ver si el nuevo TC que surja de la renovación con un PP absoluto echa por tierra la prohibición en Cataluña.
El 20 de noviembre 100.000 españoles votaban a una opción netamente antitaurina (PACMA) y 2 millones lo hacían por partidos que, si bien no lo tienen como tema central de su ideario, si que apoyan abiertamente la prohibición de las corridas de toros, como son Izquierda Unida, EQUO o Compromís; también el PSOE, como principal partido de la izquierda, debe de ser consciente de que muchos de sus votantes son contrarios a este uso de los animales y que incluso entre sus altos cargos y sus variantes autonómicas son muchos los detractores de las corridas de toros; e incluso entre los votantes populares son cada día más los que dejan de apoyar este espectáculo, ya que el animalismo no debería de ser tan sólo una cuestión de la izquierda.
Los movimientos animalistas y antitaurinos van a sufrir un frenazo durante los próximos 4 años, pero, por mucho que el Partido Popular ponga su empeño, la afición por esos espectáculos anticuados no va a renacer, si no que va a seguir cayendo por su su propio peso hasta que sea imposible de aguantar (quizás ni sea necesaria la prohibición). Esta animadversión cada día más creciente y numerosa debe de verse reflejada en los representantes de los españoles, y el PSOE debe de hacer frente a esta realidad dejándose de escudar en el "no nos gusta prohibir" que utilizó el taurino Montilla en Cataluña y abandonando el doble rasero de la defensa y ampliación de la ley contra el maltrato animal mientras excluye al toro de la misma por las repercusiones electorales, que probablemente, serían mínimas; de hecho es más que posible que haya habido votantes socialistas desencantados por la forma en que Sinde ha llevado sus gustos particulares a la imposición nacional y aun así han seguido apoyándoles por otras numerosísimas cuestiones y que, del mismo modo, si se decidieran a apoyar realmente la causa antitaurina, tal y como los taurinos han acusado a Zapatero de hacer, los socialistas taurinos que haya, seguirían apoyando al PSOE por su ideología general, el cual, además, se vería reforzado y apoyado por los cientos de miles de antitaurinos que hoy no les votan pero que podrían llegar a hacerlo. 
Los partidos políticos deben de hacer frente a la España moderna y avanzar del mismo modo que lo han hecho los españoles, dejando de temer las repercusiones electorales que puede tener su apoyo al fin de las corridas de toros, cuando su apoyo a las mismas, en estos momentos, les puede quitar más votos que los que les dan.
La antitauromaquia se va a ver frenada durante estos 4 años, pero la fuerza que ha cogido desde el pasado julio no va a extinguirse, si no que va a hacer a este movimiento más fuerte cada año, consiguiendo su tan deseado fin en menos tiempo del que se piensa. La tauromaquia caerá por su propio peso y no tardaremos mucho en verlo. 

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