miércoles, 11 de julio de 2012

Jaque a la democracia

Tras masacrar nuestra Salud y Educación,  tras obligar al cierre de plantas enteras de hospitales, tras obligar a nuestros mayores a (re)pagar por sus medicamentos... el PP ha dado hoy la mayor estocada a nuestro Estado del Bienestar y a los españoles en general. Con unas medidas que no voy a desgranar, pues todos las tenemos de sobras conocidas después de este día (subida del IVA e impuestos varios, eliminación de la deducción por vivienda, supresión de la paga extra de los funcionarios y reducción de los moscosos, recorte de las pensiones, un tajo de 600 millones en el presupuesto de los ministerios, un 20% menos de subvenciones a sindicatos y partidos políticos, desaparición de un 30% de los concejales...), el gobierno de Rajoy adelanta por la derecha los recortes llevados a cabo por el ejecutivo de Zapatero en mayo de 2010 y los deja bien atrás.
Tras meses de campaña, precampaña y "prepre- campaña" con el PP augurando que, tan solo con su llegada al poder, provocarían una ola de confianza que calmaría automáticamente a los mercados, hoy vemos como la prima de riesgo sigue desbocada (superando con creces el valor de los 500 puntos que antes se tenía por límite para evitar la hecatombe, llegando al máximo histórico de los 575 y sobrepasando con creces los 311 del último día de gobierno de Zapatero) y la bolsa 1.650 puntos por debajo del valor que tenía cuando Rajoy tomó las riendas del país; estos artificiales y virtuales valores han servido de excusa a este desgobierno, por enésima vez, para sacar la tijera a pasear de nuevo llevando a cabo los mayor recortes realizados en nuestra corta democracia. Pero esta vez no sólo no se ha limitado a seguir arremetiendo contra los pilares del Estado de Bienestar (pensiones y dependencia, pues sanidad y educación están ya de sobras esquilmadas... por el momento), o a subir un impuesto tan injusto como el IVA (que pagará del mismo modo alguien que cobre 1.000€ al mes, que alguien que cobre 100.000), sino que esta vez se han lanzado a la yugular de la misma democracia sirviéndose, como es natural en los "populares", de su extremo-populismo y del desapego que muchos ciudadanos sienten hacia los políticos y hacia los funcionarios. Además de reducir el número de liberados sindicales, de eliminar parte de los moscosos y de suprimir la paga extra de Navidad de los trabajadores públicos, el PP apunta directamente al mismo corazón de la democracia, a los legítimos representantes del pueblo español, mandando cortar la cabeza de un 30% de los concejales de todo el Estado.
Podrá haber muchos ciudadanos que, cegados por años y años de calumnias de la derecha vertidas sobre los funcionarios y del populismo barato de personajes como la "transversa" Rosa Díez o la neoliberal Esperanza Aguirre, vean adecuadas estas medidas: nada más lejos de la realidad. Acostumbrados a ver la figura del funcionario como el trabajador de oficina que, sin dar un palo al agua, tomándose tantos días libres como quiera, no pudiendo ser despedido (teniendo unas oposiciones, pues no sólo basta con ser funcionario) y disfrutando de un salario, en bastantes ocasiones, por encima de la media, las españolas y los españoles de derechas y (tristemente muchos de los de) izquierdas olvidan que los funcionarios no son tan solo aquellos que trabajan en oficinas (que, de todos modos, realizan su trabajo del mismo modo que el resto de funcionarios y de trabajadores del sector privado, mereciendo el mismo reconocimiento que aquellos), si no que también lo son militares y policías, médicos y enfermeros, profesores y bomberos... y, como digo, muchos aplaudirán esa reducción de los derechos de los trabajadores públicos olvidando que, la igualdad que ellos persiguen entre trabajadores del sector público y del privado, no se puede conseguir tan sólo con el empeoramiento de las circunstancias laborales de los primeros, si no que deberían de luchar porque esa igualdad, el que funcionarios y trabajadores privados trabajen en las mismas condiciones, llegara por medio de la mejora de las circunstancias laborales del resto; es decir, para que llegue esa igualdad no se debería de querer que empeorara el nivel adquisitivo o los beneficios de unos pocos, si no que mejoraran los de otros muchos. Esos deberían de ser siempre los objetivos de un trabajador, que ningún otro trabajador vea menguada la calidad de su trabajo, y que las condiciones laborales de todos los trabajadores vayan a mejor.
Del mismo modo, el PP se ha valido del cada vez mayor rechazo que la mal llamada clase política levanta entre la ciudadanía, para recortar de una vez por todas la democracia, la voz del pueblo y su representatividad. Con la eliminación de un 30% de los concejales actuales, de nuevo se verán perjudicados los partidos políticos minoritarios que verán aumentar las dificultades para mantener su representación en los diferentes ayuntamientos (de ahí que resulte tan incompresible que los de Rosa Diéz aplaudan con tanto ahínco esta medida, igual que hicieron ya en la Comunidad de Madrid), favoreciendo el (de nuevo) mal llamado bipartidismo; la diversidad parlamentaria se verá bruscamente diezmada y, lo que es más importante que nada, la voz y voluntad de los ciudadanos, plasmada en las urnas, se verá acallada, nada más y nada menos, que en un 30% de su capacidad. 
Tanto la derecha como la izquierda populistas suelen recurrir a la relación existente entre el número de médicos o profesores y el número de políticos entre países como Alemania o Francia y España, mostrando una clara desproporción, a favor del número de políticos, en nuestro país pero, al igual que en el caso de los funcionarios, nos olvidamos que, para igualar esa proporción con la de los países referentes no sólo se puede hacer por medio del recorte del número de políticos (y, como digo, de la representación y la diversidad ideológica del pueblo español), si no por el aumento del número de trabajadores públicos lo que, además ayudaría para mejorar la calidad de nuestra Sanidad y Educación, reduciendo los niveles de paro y, por ende, aumentando el consumo y mejorando, al fin y al cabo, nuestra economía. No se puede entender que, partidos políticos y personas que luchan por una reforma de la ley electoral que la haga completamente representativa y que favorezca la presencia de los partidos minoritarios, aplaudan esta reducción del número de representantes políticos.
La situación a la que el Partido Popular nos lleva poco a poco, día tras día ycuya marcha a dado un paso de gigante hoy, es insostenible. Nadie puede pensar ya, como se pensaba el 20 de noviembre, que, cuanto menos, el PP gobernaría durante los próximos 8 años, es incluso difícil de creer que sean capaces de acabar esta legislatura. Las diferentes mareas que están llenando de color la geografía española (marea verde, negra, amarilla, naranja...), están acabando de despertar a la todavía adormecida ciudadanía; en los centros educativos, cientos de miles, e incluso millones de profesores, padres, madres y alumnos llevan a cabo semana tras semana (hasta el paro por vacaciones pero, indudablemente, se reanudarán en septiembre) manifestaciones contrarias a los recortes, e incluso encierros en institutos y facultades, las asociaciones de médicos se muestran objetoras ante medidas tan terribles como la desatención a inmigrantes, las enfermeras y los enfermeros salen a la calle a luchar por sus derechos, los mineros recorren España para protestar ante las puertas del gobierno... la ciudadanía al completo se levanta un poco más cada día con este injusto gobierno y sus desproporcionadas e inhumanas medidas. 
No hace falta ser un extremista para pensar y decir en voz alta que, lo único que puede salvar a este país, no son ni mucho menos la clase de medidas que se están tomando desde Moncloa, si no una revolución prodemocrática y (por supuesto) no violenta que termine de mostrar al gobierno que ni ellos ni ningún otro gobierno fueron o serán elegidos para contentar a los mercados, a Merkel y a la economía, que no fueron escogidos para mantener la prima cuanto más baja y la bolsa cuanto más alta posible, si no que lo que este y todos los países y ciudadanos quieren es un gobierno del pueblo, elegido por el pueblo y que trabaje para el pueblo. Es hora de que la ciudadanía, de que las españolas y los españoles se levanten de una vez por todas y le digan al gobierno que, o gobiernan para las personas y no para la economía, o se preocupan más por si llegan alimentos y recursos básicos suficientes a todos los hogares y menos del PIB y la inflación, o atienden a los millones de voces de los españoles que están sufriendo realmente esta crisis y dejan de arrodillarse ante cualquier voz venida desde Bruselas, desde Berlín, desde el FMI y desde el BM, o no tienen ninguna autoridad para creerse el legítimo gobierno y representante del pueblo español. Este pueblo tiene que acabar de levantarse y demostrar como, la misma mano que hoy se ve obligada a pedir limosna de rodillas, es capaz de cerrarse alrededor del cuello de un gobierno opresor y brutal. Si este gobierno no esta dispuesto a luchar por el bien de las españolas y los españoles, éstos deben de expulsar de sus poltronas a los miembros de este gobierno y escoger a uno nuevo que realmente le represente. Este gobierno y su modelo extremo-capitalista y neoliberal fracasaron el día en el que este país fue rescatado e intervenido sin que los tremendos recortes llevados a cabo en el Bienestar y los derechos de los españoles sirvieran de nada, es hora de dejar paso a un nuevo modelo, es hora de seguir el camino que lleva a París.

martes, 22 de mayo de 2012

Fatídico aniversario

Hace hoy un año, 23 millones de españoles estaban llamados a las urnas para renovar o depositar su confianza en otros líderes políticos municipales por medio de su voto, 13 de los cuales también lo estarían para elegir el destino de su comunidad autónoma por los siguientes 4 años, en lo que se convertiría en el mayor bofetón del pueblo hacia los socialistas vivido hasta el momento; bofetón que iría preparando al PSOE para la profunda debacle vivida 6 meses después en las elecciones generales que dejaría la derrota autonómica y municipal en una chiquillada.
Hace un año, un Zapatero profundamente desgastado por los 3 años de crisis económica, pilotaba en minoría una España que se decía al borde de la quiebra (igual que hoy, con la diferencia de que ahora, con los salvapatrias en el gobierno, se habla abiertamente de un rescate financiero a España) con la oposición más desleal y rastrera de la que este país había gozado nunca; habiéndose visto obligado (o no, depende de a quién se pregunte) a abandonar el camino socialdemócrata seguido desde la victoria de 2004 y a postrarse ante las exigencias neoliberales del hoy ya inexistente (por suerte para toda Europa) dúo Merkozy y con un PP que día sí y día también hablaba sobre una España intervenida, sobre un rescate inminente y sobre lo mucho que los socialistas estaban maquillando las cuentas, el PSOE trataba de mantener la compostura ante unos comicios que no se le presentaban nada fáciles; finalmente, la realidad supero con creces a lo que cualquiera, socialista o no, podía haber imaginado. El PSOE perdía absolutamente todas las comunidades autónomas en las que gobernaba y se mantenía en las alcaldías de un puñado de municipios (perdiendo Sevilla y Barcelona, Zaragoza se convertía en la mayor ciudad gobernada por la izquierda), los socialistas veían, la noche del 22 de mayo de 2011 como, la mejor noticia que podían recibir, era que los populares no consiguieran la mayoría absoluta en alguna comunidad. Dos de los tres bastiones del socialismo español, Castilla la Mancha y Extremadura, caían después de 30 años, en las manos de la derecha, aunque cada una por causas bien distintas (la primera por una ajustadísima mayoría de la derecha y la segunda por un pacto anti-natura entre los populares e IU sin el cual la izquierda podría seguir gobernando la comunidad), y el tercero, Andalucía, se iba preparando para una llegada arrolladora de Arenas al Palacio de San Telmo 10 meses después. El PP revalidaba su apoyo masivo en sus bastiones (Madrid, Valencia, Murcia, Castilla y León, La Rioja), y además sumaba otros tantos territorios de previo signo socialista, como Cantabria, Baleares y Aragón. En Asturias, un indignado Cascos que acababa de fundar su propio partido por la negativa del PP a que éste encabezara su lista, no conseguía la mayoría absoluta, pero junto con el PP, la derecha gozaba de un amplio sector conservador en el parlamento autonómico. El PSOE tendría que contentarse con formar parte, como socio menor, de los gobiernos de Canarias (con CC) y Navarra (con UPN) que habían roto hacía poco sus relaciones con los populares.
Se pintaba así un panorama completamente azul en la geografía española que, con un 15M recién formado de fondo, trataba de sacar los colores a unos desacreditados socialistas y que se había formado, más que por la popularidad de los conservadores, por el voto de castigo al PSOE.
Un año después, las españolas y los españoles podemos analizar a quien ha perjudicado realmente ese voto de castigo.
Tras unos primeros meses en los que los nuevos líderes autonómicos populares se mantenían sospechosamente moderados (o en su línea, como Esperanza Aguirre), con la nueva victoria, de nuevo por castigo hacia los socialistas, del 20N en las elecciones generales y una mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, el PP sacó su artillería pesada dirigida a destruir (reordenar, según ellos) nuestro Estado del Bienestar. Las tan intocables Sanidad y Educación para los populares (y que durante el gobierno Zapatero se sabían por el pueblo terreno vedado para los recortes) se han vuelto desde entonces foco de la ira extremo-neoliberal del Partido Popular, poco se ha tardado en escuchar hablar tranquilamente de la privatización de la Educación y el copago en la Sanidad, de la entrada de las empresas en los hospitales y de la eliminación de cuantiosos profesores en las aulas. El falsamente pintado como moderado Rajoy desde Moncloa y su legión de presidentes autonómicos se han lanzado en tromba a recortar más allá de lo imaginable los pilares del bienestar de 47 millones de personas.
Frente a cada viernes de anuncio de nuevos recortes en derechos y libertades a los españoles por parte del nuevo gobierno desde su constitución, la ciudadanía a contrapuesto una serie numerosísima de manifestaciones, concentraciones y huelgas casi semanales nunca antes vistas (al igual que los recortes). Una muestra de lo fatídico de esas victorias populares es como las españolas y los españoles "celebran" este fatídico aniversario, con una enorme huelga general en la Educación, de profesores y alumnos, desde preescolar hasta la Universidad, que nunca se había dado en este país. Y es que hoy en día, los ciudadanos españoles saben que ya nada es intocable ni imposible para este gobierno, que la Educación y la Sanidad no están a salvo, como sí lo estaban con los socialistas, y que hoy ya no se trata de si se mantiene o elimina el Ministerio de Igualdad, o de si se congelan o no las pensiones más altas, si no de si a su salida, este gobierno habrá dejado algo en pie de la cosa pública.
Pero una esperanza se ha venido abriendo paso desde hace dos meses. El 25 de marzo los andaluces dieron la sorpresa a todo el mundo, dando por enésima vez la espalda a la derecha y a Arenas y permitiendo a PSOE e IU formar un gobierno de izquierdas que se erige hoy como referente de la izquierda, española y europea; también los asturianos, hastiados por un año de desgobierno de la derecha, devolvieron su confianza a la izquierda que (dos meses después) cobrará forma con un gobierno de los socialista en posible coalición con IU. Y un tercer frente se abre para los populares, esta vez desde el occidente peninsular, con una más que posible presentación de una moción de censura por parte de los socialistas extremeños al ejecutivo de Mónago, lo que, sumado a los nuevos lazos estrechados entre el PSOE y la federación andaluces y asturianos, podría abrir definitivamente la puerta para un lógico gobierno de la mayoritaria izquierda en ese territorio.
Un año después, la derecha ha tocado techo y la izquierda ha tocado fondo, los populares comienzan a sufrir un acusado desgaste y los socialistas comienzan a levantar cabeza poniéndose ya por montera la recuperación de Galicia el próximo año (si no antes).
Un año después, el voto de castigo a los socialistas se desvela (de nuevo) realmente como un voto de castigo a los ciudadanos y al Estado; ese "no" a los socialistas que se convirtió en un "si" de rebote para los conservadores se ha mostrado como el peor error que los españoles pudieron haber cometido aquel 22M: dar alas a una derecha ansiosa por recortar y por obedecer las órdenes germanas en detrimento de unos socialistas que, con la llegada, medio año después del 20N, del socialismo francés al Eliseo, hubieran cobrado la fuerza necesaria para llevar a cabo las políticas keynesianas con las que hoy sólo podemos soñar en medio de este mar de recortes.
Un año después de ese fatídico aniversario, los españoles vemos como nuestro propio gobierno nos apunta como objetivo a recortar y reprimir, vemos como debemos de luchar día tras día para impedir (inútilmente, pues el PP absoluto continuará haciendo lo que quiera mientras dure su gobierno) que el gobierno acabe con algo que tantas décadas de esfuerzo del pueblo costó conseguir, vemos como el gobierno obvia al resto de partidos políticos y, por ende, a los 25 millones de españoles que no les votaron.
Un año después de ese fatídico aniversario, los españoles comienzan a darse cuenta de que no son lo mismo y de que, un país de izquierdas como éste, no puede permitir que una derecha déspota y reaccionaria nos gobierne.
En las urnas está nuestro megáfono, y en el voto nuestra voz. El pueblo español no puede permitir que un gobierno que se ha mostrado enemigo de sus propios ciudadanos siga campando a sus anchas.

lunes, 23 de abril de 2012

La salvación europea da su primer paso

Consiguiendo dar la vuelta a todas las encuestas que, desde hace un mes, daban como vencedor de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas a Sarkozy, François Hollande se convirtió ayer, por primera vez en la V República, en el candidato más votado sin ser el presidente saliente.
Con algo más de un 80% de participación (3 puntos por debajo de las anteriores presidenciales), el socialista Hollande conseguía 10 millones de votos y un 28,56% de los mismos, mientras que el líder de la derechista UMP se tenía que conformar con el segundo puesto al llevarse menos de 9 millones y medio de los sufragios, lo que supone un 27,07% del total. La reñida batalla que auguraban los medios por el tercer puesto entre el extremo-derechista Frente Nacional y el izquierdista Frente de Izquierda se saldó con una amplia victoria del partido de Marine Le Pen (quién ha sabido mantener al FN a medio camino entre las dos orillas de la extrema derecha y el populismo), consiguiendo llevar a su partido a la cota más alta de votos jamás alcanzada, un 18,12% y 6,3 millones de las papeletas, mientras que Mélechon, aun quedándose lejos del 14% que pretendía alcanzar, ha ocupado el cuarto puesto doblando el número de votos que le daban las encuestas al comienzo de la campaña electoral con un 11,1% y casi 3,9 millones de votos. En quinto puesto, desplomándose desde el tercero en 2007 y pasando de un respaldo del 18,6% de los votantes a un 9,11%, el centrista Bayrou, quien ha visto menguar su granero de votos hasta la mitad en estos 5 años, los cuales no dejarán de ser muy importantes en la segunda vuelta.
A pesar de que la suma de los partidos de izquierda (parte de la cual, como Mélechon o la ecologista Joly, ya han indicado que sus partidos darán su apoyo al socialista) no ha sido tan abrumadora como se esperaba, las ganas del pueblo francés por conseguir un cambio tanto en Francia como en Europa y las intenciones de Le Pen de dar el toque de gracia a Sarkozy y convertirse ella en la alternativa a la izquierda, se reflejaron en los sondeos de ayer tras conocer el resultado de la primera vuelta, dando como claro vencedor de la segunda a Hollande, con un 54% de los votos.
El populismo y la deriva hacia la extrema derecha de Sarkozy para robar electores al FN han acabado por cansar a los franceses; a dos semanas de los comicios parece inevitable una victoria del socialista, pero es necesario para asegurarla la culminación de la unión de la izquierda y el apoyo del electorado de centro (quién parece dividido a partes iguales entre ambos candidatos).
Ayer Sarkozy sufría un varapalo, quizás menor de lo que se esperaba, pero que no deja de ser una derrota; una derrota no tan solo del presidente saliente, ni siquiera de la UMP, sino una derrota de las políticas neoliberales, de las que Sarkozy ha sido cómplice y artífice, que llevan asolando Europa desde hace 4 años, que se han aprovechado de la crisis económica para conseguir el fin que toda la derecha va buscando: acabar con el Estado de Bienestar. La derrota de ayer es el inicio del fin del todo poderoso binomio Merkozy que ha mantenido a los otros 25 países de la Unión Europea postrados ante si, imponiendo el mantra del recorte en todos los estados (de izquierdas o de derechas).
La victoria de Hollande (quién lleva adelantando toda la campaña que no se someterá a la inminente "viuda" Merkel), como él mismo decía ayer, repercute en toda Europa; el socialismo europeo, noqueado desde hace años, comienza a resurgir cuando más se le necesita, la derecha ha mostrado su incapacidad para hacer frente a esta crisis y la inutilidad de sus medidas, ni los recortes ni los gobiernos tecnócratas han podido mejorar ni un ápice la situación europea; 4 años después es el momento de dejar paso a un nuevo modelo de gestión y de política, un modelo que todavía no se ha podido poner en práctica, el modelo socialista, el modelo de la izquierda. Con una Europa en la que todos los escalafones más altos estaban ocupados por la derecha, poco o nada podía hacer un gobierno de izquierdas (Zapatero en España, Papandreu en Grecia o Sócrates en Portugal) por tomar sus propias decisiones; es el momento de mostrar que no son los gobiernos de izquierdas los que han llevado a estos países a la situación en la que se encuentran, si no que la causante ha sido la dirección neoliberal y extremo-capitalista europea que invalidó a estos gobiernos los cuales, aun con todo, consiguieron mantener a salvo el bienestar de sus ciudadanos mientras duraron sus gobiernos.
La derrota de Sarkozy es una victoria de toda Europa y de todos los europeos que continuará en junio con la caída del gobierno francés del mismo color  y culminará en otoño del próximo año con el fin de Merkel en Alemania, sólo con la caída de esta bestia de dos cabezas que ha hecho más mal que bien a Europa, que no cree en una unión de países con unos fines sociales y económicos comunes, si no tan sólo en aprovecharse económicamente de los otros 25 miembros, sólo entonces Europa iniciará su recuperación. Una Europa que se ideó para conseguir la igualdad y la libertad de sus ciudadanos, que se creó para luchar por unos derechos comunes y para conseguir un Estado de Bienestar fuerte, tan solo puede ser dirigida por quien realmente cree en estos valores, por quien trata de someter a la economía al bienestar de los ciudadanos, y no a los ciudadanos a la mejora de la economía, por quien, ante la lucha contra la crisis, hay unos límites bien marcados que jamás se atreverán a cruzar (Sanidad, Educación, Pensiones) y que los ciudadanos saben que jamás cruzarán.
Una Unión Europea que realmente suponga una unión de países en la que todos cuenten por igual, en la que la constitución de una Europa federal siga siendo el fin a perseguir, en la que el BCE trabaje por el bien económico de la Unión y no la Unión por el bien económico del BCE, en la que todos los ciudadanos (mujeres, homosexuales, inmigrantes, musulmanes..) se sientan protegidos y aceptados igual que los demás y en la que los ciudadanos no teman a sus gobiernos y a los recortes y medidas que éstos puedan tomar, tan solo puede llegar por un camino, un camino hacia el que los franceses, con su apoyo a Hollande y con ellos, todos los europeos, dimos ayer: el camino socialdemócrata.

sábado, 14 de abril de 2012

A la tercera (República) va la vencida

El 14 de abril de 1931, a las 6:30 de la mañana, se izaba en Eibar (Euskadi) la primera bandera tricolor de todo el territorio insular, a la que le seguirían una a una todas las ciudades, pueblos y territorios españoles: la Segunda República española acababa de ser proclamada y el pueblo español se lanzaba a la calles a celebrarlo.
Tras unas elecciones municipales celebradas el 12 de abril en las que, a pesar del caciquismo reinante, las candidaturas republicanas se impusieron a las monárquicas tradicionalistas (liberales y conservadores) en lo que supuso un grito de disconformidad de la gran mayoría del pueblo español dirigido contra una monarquía cómplice de la dictadura de Primo de Rivera, el rey Alfonso XIII abandonaba el país rumbo a Italia quedando este en manos de un gobierno provisional dirigido por el conservador y antiguo monárquico, Niceto Alcalá-Zamora, quien formaba parte del Pacto de San Sebastián (un grupo de hombres de todas las ideologías que, desde finales de la dictadura primorriverista, trabajó por la avenida de la II República) y que sería elegido oficialmente presidente de la República a finales del mismo año con un amplio respaldo de los diputados.
En una España anquilosada por años de dictadura, gobiernos artificialmente alternos ya desfasados, caciquismo y pucherazos, la II República se encargó de la redacción de una nueva Carta Magna en la que se abordaban los grandes problemas e injusticias del Estado.
Con una mayoría de izquierdas tras la celebración de las elecciones generales del 28 de junio en las que el PSOE se impuso como el partido con mayor respaldo ciudadano y Manuel Azaña se convirtió en Presidente del Gobierno durante los siguientes dos años, el Congreso de los Diputados elaboró una Constitución que pusiera fin a la discriminación por sexo a la hora de votar, estableciendo el sufragio universal para ambos sexos, se avanzó en la defensa de los derechos humanos, se intentó poner fin a los problemas del campo mediante una muy ambiciosa reforma agraria y modificaciones laborales, como la mejora de los salarios y la reducción del horario laboral; se eliminaron muchos de los privilegios de la Iglesia todopoderosa introduciendo el divorcio, los matrimonios civiles, la eliminación de la obligatoriedad de la religión católica en las escuelas y se decreta la libertad religiosa; se intentó favorecer la salida de militares que, monárquicos o no, no se mostraban dispuestos a servir a la tricolor, por medio de numerosas jubilaciones anticipadas, se crea la figura de la Guardia de Asalto, un cuerpo armado netamente republicano, además se clausuró la Academia Militar de Zaragoza, dirigida por Francisco Franco y un foco de hostilidad hacia el nuevo régimen; se favorecería la creación de los Estatutos de Autonomía de los diferentes territorios insulares (tras la sofocación del Estado Catalán declarado al inicio de la República) llevando a cabo la tan deseada descentralización del Estado que favorecería con su mayor independencia la cohesión de los territorios, además se puso en marcha una amplia red de escuelas y bibliotecas aumentando considerablemente el numero de profesores y mejorando sus condiciones económicas alejando a la órdenes religiosas de la formación académica de los jóvenes españoles.
Todas estas reformas y avances puestos en pie por el gobierno del Bieno Reformisa (republicano-socalista), fueron sacadas adelante en un contexto económico mundial terrible, ya que a penas dos años antes había tenido lugar el crack de la bolsa estadounidense y la consiguiente contracción de la economía de los países desarrollados.
Tras un intento de Golpe de Estado por el exdirector general de la Guardia Civil, José Sanjurjo, al que Azaña le perdonó la pena de muerte con la que se le había castigado, y el escándalo de Casas Viejas, en el que se vio implicada la Guardia de Asalto y el propio Azaña, el 9 de marzo de 1933 cae el gobierno de Azaña, disolviendose las Cortes y convocando unas nuevas elecciones generales. En esta ocasión, con una derecha organizada bajo las siglas de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), una izquierda desgastada y desunida y unos sindicatos y anarquistas animando a apostar por la abstención, serán los partidos de la derecha los que logren llegar a la presidencia del gobierno, con el radical Lerroux como presidente en lo que se conocería como Bienio Negro.
Durante estos dos años en los que Lerroux se apoyó en el presuntamente simpatizante de los fascismos, Gil-Robles (dirigente de la CEDA), se paralizaron todas las reformas que el anterior gobierno había llevado a cabo: se dieron puestos de relevancia en el ejército a militares abiertamente antirrepublicanos como Franco o Goded, se trata de tender puentes con la Iglesia, se frena la reforma educativa y los Estatutos de Autonomía... Hubo un aumento de la conflictividad social (como muestra la Revolución de 1934 en la que PSOE, UGT y en menor medida CNT y PCE, alentaron una huelga revolucionaria contra el gobierno que cobró fuerza en especial tanto en Asturias como en Cataluña y que el Gobierno aplastó) y las posiciones de ambas ideologías se radicalizaron con la llegada al poder de Hitler y Mussolini en Alemania e Italia, y el triunfo del comunismo en la URSS (a pesar de que los comunistas nunca llegaron a tener un peso relevante en el panorama político de la II República, no así el anarquismo que cobró en este país más fuerza que en el resto).
Finalmente el gobierno derechista acaba por caer, convocándose unos nuevos comicios a los que las izquierdas se presentarán unidas bajo la forma del Frente Popular. Con más del 60% de los diputados, la izquierda volverá al gobierno de la República y Azaña retornará a la presidencia del Gobierno. El presidente desde el inicio de la II República, Alcalá-Zamora, será destituido y su puesto lo ocupará Azaña, convirtiéndose el galleguista Casares Quiroga en Presidente del Gobiernno. Las reformas vuelven a ponerse en marcha y la violencia comienza a extenderse.
La derecha, con el ejército y Franco a la cabeza, utilizará el asesinato del líder derechista Calvo Sotelo como detonante de la Guerra Civil el 17 de julio de ese mismo año cuando, realmente, la causa de este golpe fue que, el grueso de la derecha y el ejército, nunca aceptó el juego democrático y ansiaba la vuelta a un regimen dictatorial.
El estallido de la guerra civil en la que los países democráticos no quisieron participar mediante la firma de un tratado de No Intervención, hizo que el gobierno de la democracia republicana, a penas apoyado escasamente por la URSS y las Brigadas Inernacionales, se viera impedido a presentar batalla a unos golpistas apoyados por nazis alemanes y fascistas italianos, terminando por ser destruido 3 años después acabando con la tercera experiencia democrática de la que nuestro país había disfrutado hasta el momento (tras una primera intentona en el Trienio Liberal de 1820 a 1823 y la frustrada I República dentro del Sexenio Democrático de 1868 a 1874) elegida libremente por primera vez por el pueblo español.
La II República española supuso un huracán de renovación y modernización para España que colocó a este país en la vanguardia mundial (España sería el primer país en tener a una Ministra que comenzaría ya a tratar la regulación del aborto), fue un grito de disconformidad contra una monarquía traidora que no dudo en dejar paso a la dictadura y la sumisión de su pueblo. La II República es sin duda el periodo mas apasionante de la historia española que trato de dar libertad e igualdad a los ciudadanos y las ciudadanas españolas, un regimen democrático e integrador que acabaría siendo aplastado por los intransigentes, déspotas y dictatoriales. La II República supone un periodo de esplendor para este país que 81 años después todavía sigue escociendo a la caverna española, tratando ésta de equiparar este regimen democrático con la dictadura sanguinaria que vendría después, dándose el curioso caso de que, mientras que esta derecha reaccionaria no desaprovecha la menor ocasión para calumniar a la República, todavía no se ha escuchado una voz dentro de ella que hable del mismo modo de la dictadura franquista, si no que incluso se atreven a calificarlo de "tiempo de gran placidez".
En un momento de crisis en el que todos los españoles vemos como se nos coloca sobre los hombros el yugo de los recortes, un yugo cada día más enorme y desproporcionado, que conforme va pasando el tiempo se abalanza con más ira contra los pilares de nuestro Estado del Bienestar, es inútil e irrisorio que se nos trate de inculcar que seguimos necesitando una figura como la monarquía. No existe figura más clasista, injusta y discriminatoria que la monárquica en la que, desde hace siglos, debemos de ver como se suceden personajes colmados de privilegios (jurídicos y económicos) por el simple hecho de ser "hijos de...". No podemos aceptar que, mientras que sobre nuestras cabezas ya comienza a sonar el batir de alas de la privatización de la educación, del copago sanitario, de la desaparición de la dependencia... entre todos debamos de mantener los lujos de una familia cuyo único papel para con España y los españoles es el de presentarse como imagen del país, papel que cubre de igual modo cualquier ministro o presidente del gobierno o que, en su caso, cubriría un Presidente de la República, sin la necesidad de mantener sus privilegios y los de su familia y, sobretodo, siendo elegido democráticamente por el pueblo español.
Los españoles no podemos estar agradecidos eternamente a una figura como el rey por el simple hecho de no alinearse con los golpistas aquel 23F pues, del mismo modo, también deberíamos haber mantenido de por vida a los líderes del gobierno y la oposición de aquel momento, a los cuales no se les pasó en ningún momento por la cabeza el apoyar el Golpe de Estado. No, la monarquía no puede seguir mantiéndose ni por agradecimiento a Juan Carlos I ni por la continuidad de Felipe de Borbón.
La monarquía española es un retazo del franquismo, una última voluntad del tirano, que nunca debiera de haber vuelto a nuestro Estado. Los golpistas del 36 acabaron con el regimen republicano ¿por qué volver entonces 40 años después a un regimen que el pueblo español repudió y expulsó?
Hoy, como siempre desde los últimos 37 años, es el momento de decir no a esta anacrónica y medieval figura, es hora de acabar con ese monumento a la desigualdad, ese puñal para la moralidad. El fin de la monarquía no supone la panacea, ni el fin de la crisis, ni el reconciliamiento del pueblo con la política, supone la aplicación de una justicia que se dejó de aplicar hace 37 años por "el bien común" la "reconciliación de los españoles" y para "cerrar heridas". Hoy el pueblo español debe de levantarse de nuevo contra esta injusticia llamada monarquía y exigir un gobierno que realmente saque su poder del pueblo.
Hoy, como siempre, es el momento de luchar por la III República Española
Ayer, hoy y siempre gritad bien alto españoles:

 ¡VIVA LA REPÚBLICA! 


martes, 27 de marzo de 2012

Y el tsunami se estrelló

Contra todo pronóstico, quitando la razón a todas las encuestas y barómetros de todos los medios, incluso a una izquierda consternada y una derecha eufórica, Andalucía, el último dique de la izquierda, bastión de los socialistas, resistió el pasado domingo 25 de marzo el envite del tsunami neoliberal que ha teñido de azul todo el mapa insular en apenas 10 meses.
10 meses que suponen un periodo doblemente sorprendente, por un lado porque en menos de un año el PP consiguió sacar de todo gobierno, autonómicos y estatal, a los socialistas, amén de las principales ciudades y, por otro, porque en éste mismo tiempo, los conservadores han conseguido acabar con su credibilidad y que el pueblo les de la espalda dejando de creerse sus mentiras (al PSOE también le dieron la espalda los electores, si, pero con la misma crisis económica y con una oposición infinitamente más destructiva, los socialistas tardaron 7 años más en ser sacudidos por el castigo ciudadano).
El 25 de marzo los andaluces daban por cuarta vez con la puerta del Palacio de San Telmo en las narices de Javier Arenas, el eterno candidato a la presidencia de la Junta, el eterno perdedor. Con un PSOE desgastado por 30 años de gobierno en estas tierras del sur, asediado por el escándalo de los EREs fraudulentos (más por el ímpetu de los medios de la caverna y de los populares que por la magnitud real del propio escándalo) y habiendo visto como el partido empezaba a resquebrajarse desde Sevilla con la dimisión de su secretario general a penas 3 semanas antes de los comicios, el PP no sólo no consiguió llegar a los 54/55 escaños que le daban las encuesta más agoreras para con los conservadores (y que se elevaba hasta 57 o 59 entre las filas de éste partido) y que le dejaban a un paso de la mayoría absoluta, si no que, quedándose 5 escaños por debajo del gobierno seguro, perdía más de 160.000 votos respecto a las elecciones de 2008; tan solo 3 de los 9 escaños que perdieron los socialistas andaluces fueron a parar a los populares, yendo los otros 6, como debiera ser natural, a Izquierda Unida.
Éste domingo quedaba también claro que los socialistas cuentan con un suelo de voto amplísimo en Andalucía; en uno de sus peores momentos consiguieron cerca del 40% de los votos que, sumado al 11% de Izquierda Unida deja un Parlamento con 59 escaños de izquierdas con el 51% de los votos y 50 de derechas con el 40,6%, es decir, más de la mitad de los andaluces votaron por los dos partidos de izquierdas así que, si bien el PSOE no ganó las elecciones el 25M (por tan sólo un punto de distancia con el PP), la izquierda en su conjunto si que recibió la confianza mayoritaria para formar gobierno, tal como las encuestas de opinión reflejaban, los andaluces no querían un gobierno del PP a pesar de su "enfado" con los socialistas.
Más peliagudo se vuelve el caso de Asturias; el PSOE, tal como hiciera el 22M, volvió a convertirse en el partido más votado del Principado pero, en esta ocasión, también ha sido el partido que más escaños a conseguido pasando de los 15 de hace un año a los 16 del domingo; lo peculiar de estas elecciones ha sido el dispar resultado dentro de la derecha. Mientras que, igual que con los socialistas en Andalucía, se esperaba una debacle del partido de Álvarez Cascos cayendo desde los 16 hasta los 10 escaños dejando al PP como segunda fuerza política, FAC perdía sólo 3 escaños que pasaban a manos de PSOE, IU y UP&D, dejando al PP tal y como estaba, con los mismos 10 escaños, en el tercer puesto del parlamento regional y permitiendo la entrada del partido magenta, quedando el binomio derechista FAC-PP con 23 escaños y la mayoría absoluta y el de PSOE-IU con 21.
Pero todavía queda juego en el Principado, a 12 horas de que se conozca el resultado del voto emigrante, parece muy probable que los socialistas consigan, gracias a éstos, arrebatarle el último escaño por la circunscripción Occidental al Foro que consiguió este asiento por apenas un centenar de votos de diferencia con los socialistas. En este caso, las fuerzas de izquierda y de derecha quedarían igualadas a 22 escaños cada una dependiendo, inevitablemente, de la lista que el único diputado de UP&D decidiera votar que, de mantener aquello que llevan pregonando desde la convocatoria de las elecciones ("apoyaremos a la lista más votada") debería de favorecer un nuevo gobierno PSOE-IU para el Principado pero, tal y como era de esperar, desde el partido de Rosa Díez comenzaron a retractarse de sus palabras desde ayer, dejando la puerta más que abierta a un gobierno de coalición entre FAC y PP, la base del cual ambos llevan preparando desde hace más de un mes. Asturias vuelve a parecer hoy un territorio de difícil gobierno en el que el nacional-populismo tendrá, posiblemente, la última palabra.
El brío inesperado que ha logrado la izquierda en Andalucía, y la imprescindible unión de ésta para conseguir un hipotético gobierno asturiano vuelve a acercar a PSOE e IU, que deberán unirse para parar los pies a la derecha y comenzarle a hacer retroceder. Esta necesaria unión de la tan dividida izquierda abre un nuevo frente conquistable por la izquierda en el territorio español, el seguro pacto entre PSOE e IU en Andalucía y el posible mismo pacto en Asturias dependiendo de lo que los votos emigrantes decidan mañana, hace que se vuelva a hablar de ese innatural gobierno implícito entre PP-IU en otro de los bastiones socialistas, Extremadura. Comienza hoy a hablarse de una posible moción de censura al popular Monago entre ambos partidos dando paso a un gobierno que debería de haber tenido lugar desde el 22M, un gobierno de coalición entre PSOE e IU que, tal y como decidieron los extremeños, diera la presidencia a la izquierda mayoritaria.
El 25 de marzo el tsunami neoliberal terminó estrellándose contra el último dique de la izquierda, a partir de hoy, sus aguas no harán más que retroceder. El 25 de marzo comenzó la decadencia de la derecha. El 25 de marzo comenzó el resurgir socialista. Próximo destino: Galicia.

domingo, 18 de marzo de 2012

Domingo a fondo: Andalucía, Asturias, Francia. Claves de futuro.

La socialdemocracia, a día de hoy, vive probablemente el peor de sus momentos, tanto a nivel nacional como a nivel europeo. Apartada del poder de todos los países que conforman el núcleo de la UE y gobernando en apenas un puñado de estados (Austria, Bélgica, Croacia, Dinamarca, Islandia, Montenegro, Noruega y Serbia, los cuales, a pesar de haber ido incrementando su número en tiempos recientes, siguen representando una ínfima parte de la Unión y una influencia igual de reducida) en una Europa teñida de azul y habiendo perdido desde hace un año todas las cotas de poder en nuestro país en pro de una abrumadora victoria de la derecha, el socialismo se encuentra en un estado latente de oposición siendo visto como colaborador de las políticas neoliberales, a pesar de haber sido un mero ejecutor, en unos cuantos países periféricos, coaccionado por la presión del todopoderoso dúo derechista Merkozy, lo que tampoco justifica la inmediata sumisión a penas sin reparos de los gobernantes socialdemócratas, con excepción de Islandia (país que hoy es referente de TODA la izquierda, parte de la cual obvia convenientemente mencionar el origen socialdemócrata de los políticos que han parado los pies al capitalismo voraz juzgando a su ex primer ministro y dejando caer a sus bancos por elección de la ciudadanía), pero lo explica en gran parte debido al escaso margen de maniobra.
Con una Europa sumida en la mayor de sus crisis económicas desde hace un siglo, tras cuatro años de fallidas y desastrosas políticas capitalistas de recorte y ahorro que lo único que han conseguido ha sido empantanar aun más la situación achicharrando cualquier esbozo de brotes verdes, no podemos caer en la tentación de pensar que todas las balas se nos han acabado y no queda más solución que seguir aplicando las medidas llevadas a cabo hasta ahora para que, como nos han intentado vender, con el tiempo, los sacrificios que debemos realizar por haber estado viviendo por encima de nuestras posibilidades acaben dando resultado, si no que debemos de darnos cuenta de que es el tirador el que está acabado y desfasado, de que se ha agotado un modo de dispararlas, pero todavía queda otro completamente diferente por estrenar. Es el momento de dar una oportunidad que nunca a tenido desde el inicio de la crisis a la socialdemocracia, oportunidad que, hasta la creación de una Europa Federal, sólo podrá llegar con el control del motor europeo, Alemania y Francia.
Dentro de poco más de un mes, el 22 de abril, llegará la primera nueva oportunidad para la izquierda europea con la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas, batalla de la que los socialistas del PS francés vienen saliendo escaldados desde hace 17 años cuando François Mitterrand terminó su mandato en la presidencia, quedando ésta en manos de la derechista UMP de Jacques Chirac hasta el día de hoy con Sarkozy. 
Desde que el socialista François Hollande saliera victorioso de las primarias de su partido, a encabezado todas las encuestas de intención de voto, tanto en la primera como en la segunda ronda; partiendo como uno de los candidatos más moderados entre todos los que se batían en las primarias socialistas, al convertirse en candidato presidenciable, Hollande ha sabido dar un giro hacia la izquierda (y escenificarlo, lo cual puede resultar aun más importante) incluyendo en su programa temas como la aprobación del matrimonio homosexual, la apuesta por la educación y la reducción de la energía nuclear en cuanto al ámbito francés y la renegociación de los tratados europeos con la canciller alemana, la implantación de los eurobonos y de una agencia de calificación europea y el fortalecimiento del papel del BCE como garante real de la fluidez monetaria de los estados miembros, como una de las dos cabezas de la, por el momento, Europa bicéfala, medidas que, en si mismas, no son la panacea pero si grandes losas que configurarán el camino de la recuperación y el cambio europeo. 
Pero esta última semana algo cambió en los sondeos, por primera vez Sarkozy se ponía por delante de Hollande en la primera ronda, tendencia que se ha mantenido durante toda la semana hasta el 27,5% y el 26,5% a favor del actual presidente que se desprendía este viernes, ¿la causa? la deriva populista y, en algunos momentos, extremo-derechista e incluso racista, que Sarkozy, como todos los líderes de la derecha europea en periodo electoral, ha llevado a cabo en perjuicio de Le Pen. Esta ligera ventaja no ha variado, por el contrario, el designio final de los franceses que siguen ofreciendo 8 puntos de ventaja al socialista en la segunda ronda, una ventaja que (obviando la surrealista contienda entre la derecha de la UMP y la extrema derecha de Le Pen en 2002 en la que centro-derecha e izquierda se unieron para dar la victoria a Chirac con un 82% de los votos) no se veía desde 1988 y que ha llegado hasta los 14 puntos de diferencia de principios de mes, además, un 39% del socialista por un 34% del derechista siguen prefiriendo a Hollande como vencedor al mismo tiempo que un 38% vaticina una victoria del candidato del PS y un 26% la de Sarkozy. La distancia que separaba a ambos candidatos hace dos meses se ha ido acortando pero, a falta de un cataclismo, parece evidente que el próximo habitante del Palacio del Elíseo será François Hollande.
¿Y qué hay del socialismo español? El próximo domingo, 25 de marzo, el tsunami conservador llegará al último dique socialista: Andalucía, bastión del Partido Socialista, se enfrenta a unas elecciones en las que parece inevitable, cuanto menos, una victoria abrumadora de los populares que podrá incluso llegar a otra nueva mayoría absoluta autonómica. Desgatado por 30 años de gobierno y por los escándalos de corrupción (magnificados, como no, por la derecha), el PSOE llega casi sin aliento al final de esta carrera lo que no le impide, tal y como analizamos aquí la semana pasada ( http://enblanco-yrojo.blogspot.com.es/2012/03/andalucia-entre-el-absolutismo-y-la.html ) ser el partido mejor valorado entre los andaluces y el que preferirían que continuara gobernando durante otros cuatro años, con lo que los votantes andaluces se debaten entre el dilema de utilizar de nuevo ese castigo al PSOE que tanto mal a producido ya en todo el territorio español confiando en  que sean otros los que con su voto permitan la victoria socialista arriesgándose a una posible mayoría absoluta de la derecha, o tragar una última vez con los desfases políticos y apostar por el proyecto de la socialdemocracia manteniendo Andalucía como territorio intocable para el PP.
También Asturias es de nuevo por cuarta vez en un año territorio electoral; tras el fallido gobierno de Cascos en el que la derecha ha sufrido por primera vez en sus carnes esa bestia negra tan conocida por la izquierda, la de la división fratricida dentro de una misma ideología, los asturianos podrían revalidar de nuevo el gobierno de coalición de la izquierda PSOE-IU que dirigió el Principado hasta el 22-M. Con los socialistas como claros vencedores de los comicios y una Izquierda Unida en efervescencia, el próximo gobierno asturiano queda condicionado por cuan bajo caiga el FAC de Cascos y por la entrada de UP&D en la Cámara regional.
Andalucía y Asturias se erigen pues como territorios impres- cindibles para el socialismo español, la primera porque con el mantenimiento del PSOE en la Junta se podrá poner fin a la imagen de un PP imbatible parándole por fin los pies a la derecha desde 2009 con su primera victoria en Galicia, manteniendo este territorio tras la pérdida de Castilla la Mancha y Extremadura como isla de la izquierda en un mar extremo-neoliberal, y ayudará a mostrar que el retroceso socialista ha tocado a su fin y su renacer ha comenzado y, la segunda, porque reflejaría el estado de la ciudadanía española que queriendo castigar a la izquierda, puso sus confianzas y sus votos en una derecha que no ha hecho más que empeorar la situación radicalizando las medidas tomadas por los antiguos gobiernos socialistas dando rienda suelta a los ataques al Estado del Bienestar que había permanecido inviolable durante los años de dirección del PSOE y que de nuevo desea confiar en la izquierda, además, frente a una posible derrota en Andalucía, Asturias se convertiría en el corazón de la socialdemocracia insular, en el único territorio bajo estas siglas que ayudaría a mostrar a los españoles esa imagen de cambio, de giro hacia la izquierda y de lucha contra la derecha feroz que deben de mostrar y reproducir.
Así como estas dos comunidades son clave para el futuro inmediato del Partido Socialista Obrero Español y para su contemporánea "Reconquista" de nuevo desde el norte, Francia se torna objeto indispensable para la salvación, no del socialismo europeo, si no de Europa, del sueño europeo y de todos y cada uno de las y los europeos. La victoria de François Hollande será el primero de los pasos para acabar con el binomio Merkozy que tanto mal y tan poco ha hecho por Europa barriendo siempre para casa desde que la crisis comenzó. La salida del perro faldero de Merkel del Elíseo liberará a Francia del yugo de subordinación al que el país vecino se ha visto sometido y, la insubordinación que Hollande nos adelanta hacia las políticas económicas potencialmente destructivas ordenadas por Merkel, dará al traste con el proyecto de dominio sobre el resto de "socios" europeos que la alemana viene llevando a cabo y terminará de una vez por todas con las políticas económicas netamente capitalistas que se han aprovechado de la crisis para insuflar esta ideología convertida en táctica económica en los genes de los europeos. La victoria de Hollande no es sólo una victoria para el PS, si no una victoria para toda Europa y el cambio de gobierno en Francia no es sólo un cambio de política para los franceses, si no para todos los habitantes de esta unión de países que en los últimos años a devenido en un conjunto de países subordinados bajo las órdenes del águila alemana y el gallo francés. La caída de Sarkozy y la victoria de Hollande darán paso a un cambio de políticas tanto sociales como económicas en la UE que iniciaran el verdadero cambio hacia un modo de manejar la crisis que no se ha vivido hasta ahora y, la consecuente caída de Merkel en Alemania meses más tarde, llevarán a Europa a un nuevo estadio en el que con la socialdemocracia manejando el timón de Europa los ciudadanos y no la economía pasaremos a ser lo más importante de esta Unión pasando esta última a servir a los primeros, al contrario de lo que ha ocurrido hasta ahora.
Cuatro años de crisis económica en la que nada ha ido a mejor utilizando el rancio recetario de la derecha neoliberal debe de hacer recapacitar a los europeos y dar esa tan merecida oportunidad a la izquierda. Nada cambiará si continuamos aceptando como borregos las mismas medidas que no han servido de nada, la recuperación europea y el fin de la crisis del Estado del Bienestar sólo pueden pasar por una victoria de la socialdemocracia, tan solo los socialistas tienen la llave para parar los pies a los intereses de la economía.
La caída de Merkozy será la salvación de Europa. La victoria de la socialdemocracia será la salvación de los europeos.

jueves, 8 de marzo de 2012

Andalucía, entre el absolutismo y la coalición

A menos de 20 días de las elecciones andaluzas asoma las orejas el último barómetro del CIS. En lo único que la mayoría se habrá fijado es en los resultados que se vaticinan para el 25-M, pero, más allá de ese 44,9% que se le presume al PP, el 37,7% del PSOE y el 9,8% de IU (lo que dejaría al PP con entre 54 y 55 escaños, es decir, entre la situación de Extremadura y la de casi cualquier otra autonomía española) el CIS revela mucho más de lo que los andaluces piensan de su panorama político.
Como era normal hasta el 22M, era de esperar que el partido que saliera vencedor de estas elecciones fuera el que más simpatía levantara entre los votantes o, cuanto menos, el que mejor pensaran que podría manejar el gobierno pero, como ya nos mostraron las elecciones generales, autonómicas y municipales, en estos comicios no prima la elección de un buen gobierno si no el castigo, concretamente, a los socialistas (PSOE el 20N, PSOE-A el 25M y todas sus variantes el 22M) por los equívocos del expresidente Zapatero.
Así pues, mientras que el PP, el cual, recordemos, se balancea entre la mayoría absoluta y la falta de un diputado para la misma, es visto como el partido más unido para los andaluces (un 29,2% de los populares frente a un 25,7% de los socialistas) el PSOE es considerado por los mismos como el partido que mejor defiende los intereses de Andalucía (32,6% PSOE, 19,5% PP), el que mejor representa las ideas de los andaluces (34,6% PSOE, 20,2% PP), el que inspira más confianza (30,6% PSOE, 23,9% PP, importantísimo y esclarecedor este dato que muestra como los andaluces siguen confiando mucho más en los socialistas que en los conservadores a pesar de los escándalos del caso de los ERE), el que tiene mejores líderes regionales (30,5% PSOE, 24,3% PP) y el que está más capacitado para gobernar, un motivo que, por si sólo, debería de ser justificante de la victoria para el partido mejor valorado que, en este caso, también es el PSOE con un 30,9% a 5 puntos exactos del 25,9% del PP. Es decir, de los 6 apartados en los que los andaluces valoran los distintos niveles de confianza para con los partidos de su región, el PSOE consigue una apabullante victoria en 5 de ellos.
A ésto hay que sumar que, en una escala del 0 (no le votaría nunca) al 10 (le votaría siempre), IU recibe una nota de 2,49, el PP un 3,78 y el PSOE un 4,38, además, respecto a la ideología de los tres principales partidos, de nuevo en una escala del 1 (extrema-izquierda) al 10 (extrema-derecha), IU sería vista como un partido de izquierdas con un 2,5, el PP de derechas con un 7,67 y el PSOE de centro-izquierda con un 4,27, siendo este último el más cercano a la ideología de los andaluces (4,7; centro-izquierda).
Pasando a la parte más puramente electoral de la encuesta, un 30,7% de los andaluces querrían al actual presidente de la Junta de Andalucía, el socialista José Antonio Griñán, de nuevo en el Palacio de San Telmo (sede del gobierno) y un 29,4% preferiría al popular Arenas. Por otro lado, en el electorado andaluz, los socialistas siguen imponiéndose con clara diferencia como el partido que levanta más simpatías con un 37,2% frente al 20,9% de los populares y el 9,1% de Izquierda Unida.
Finalmente, a pesar de que tan sólo un 58% de todos los andaluces con derecho a voto tienen ya decidido su voto y un 16% aun duda (teniendo en cuenta que casi un 8% del total duda entre PP y PSOE y un 4% entre PSOE e IU), de entre todos los entrevistados un 29,6% votaría ahora mismo por el Partido Socialista, un 25,3% por el Partido Popular y un  9,1% por Izquierda Unida, lo que, tras las estimaciones del CIS, se quedaría en los ya citados 37,7%, 44,9% y 9,8% respectivamente.
De esta encuesta se desprende mucho más que el simple hecho de que Andalucía se mueve entre una ajustada mayoría absoluta del PP o un posible gobierno de coalición entre PSOE e IU (o un gobierno del PSOE con el respaldo de IU), se desprende también que los andaluces están dispuestos a darle la llave de su gobierno durante los próximos 4 años a un partido y a unos políticos que (salvo en unión interna), consideran peor en todos los aspectos en pro de los socialistas.
Queda claro que los andaluces siguen confiando mayoritariamente en el PSOE más que en cualquier otro partido después de 34 años de gobiernos de las mismas siglas y a pesar de los últimos y concretos casos de corrupción, prefiriendo un nuevo gobierno suyo.
Pero, si algo muestra realmente esta encuesta, es que los andaluces, por encima del castigo a los socialistas y de la valoración del actual gobierno regional, NO quieren un gobierno del Partido Popular, NO se sienten cercanos al Partido Popular y NO consideran como respuesta a los problemas de Andalucía ni como mejor gerente de la Junta al Partido Popular.
Hace casi año y medio del inicio del castigo a los socialistas (comenzó con las elecciones catalanas, se continuó con las municipales y autonómicas y culminó con las generales) y de la llegada como consecuencia de los populares a presidencias y ayuntamientos sin que esto haya servido para paliar la crisis sino, más bien, para que ésta empeore y para que comience una nueva, una crisis de derechos, libertades y de los social; los andaluces tienen dentro de dos semanas una oportunidad que el resto de los españoles ya no tienen, la oportunidad para reparar en las consecuencias de este castigo y optar por la opción que realmente pueda dar respuesta a esta crisis sin tratar de acabar con los pilares del Estado del Bienestar.
Los andaluces tienen el 25M la oportunidad de frenar el tsunami neoliberal y convertirse en el origen del resurgir socialista y de la izquierda, manteniéndose como bastión de la libertad, la igualdad y el bienestar.

jueves, 9 de febrero de 2012

Garzón, el rencor te condena

Y llegó el primer condenado por la trama Gürtel. ¿El cabecilla Francisco Correa?¿Pablo Crespo, cuyas empresas fueron fundamentales en la trama?¿Álvaro Pérez, el "Bigotes", qué tantos "regalos" hizo a cambio de favores?¿Francisco Camps o Ricardo Costa, quiénes tantos regalos recibieron? En absoluto, se ha empezado por quien realmente más daño a hecho con esta trama, por el juez que la instruyó: Baltasar Garzón.
Garzón, el mismo juez que acorraló al narcotráfico, el que investigó el terrorismo de Estado de los GAL orquestado bajo el gobierno de Felipe González, el juez que más ha hecho por acabar con ETA, el que investigo al dictador chileno Augusto Pinochet y al represor argentino Adolfo Scilingo, el que investigó el Caso Pretoria y a Jesús Gil, el que se atrevió a dar voz a las víctimas del franquismo y el que inició la investigación de esta trama Gürtel, la mayor trama corrupta de la historia de este país.
Éste juez Garzón es al que hoy se ha apartado definitivamente de la carrera jurídica privándole de actuar como juez durante los próximos 11 años.
Una condena que llega unas semanas después de que un juzgado "popular" (entiéndase ese popular como se prefiera) considerara libres de cualquier pena al expresidente valenciano Francisco Camps, y al exsecretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, dejando como inútiles los días y días de escuchas de conversaciones condenatorias entre estos dos sujetos y el Bigotes, en las que quedaba más que clara su relación de amistad y los sobornos y regalos realizados. Llega además una semana después de que terminara el juicio, también a Garzón, por haberse declarado competente para juzgar los crímenes de la dictadura franquista y unas antes de que comience el tercer juicio por, supuestamente, haber recibido unos cobros del director del Banco Santander por unos cursos impartidos en una universidad estadounidense.
Curioso cuanto menos que, de repente, tres juicios consecutivos se acumulen sobre las espaldas del juez.
¿Alguien, ni si quiera el más ingenuo de los españoles, podía pensar que Baltasar Garzón saldría indemne de estos juicios? Garzón ya ha sido condenado por la trama Gürtel por el Tribunal Supremo (conocido no precisamente por su progresismo o, simplemente, neutralidad), y que duda cabe de que también será condenado en los otros dos; que la resolución haya resultado un escándalo a nivel planetario, no quiere decir que su desenlace se conociera de antemano desde el primer momento. La justicia conservadora, alineada con la política de su misma ralea, ha visto en esas escuchas ilegales (que, desde el fiscal que las aprobó, hasta el juez que las continuó después de que Garzón fuera retirado del caso, curiosamente tan sólo éste último ha sido condenado, nadie más) la oportunidad perfecta para acabar con ese juez que tantos quebraderos de cabeza a dado a la derecha (la misma derecha que guardaba un silencio sepulcral cuando los investigados eran socialistas).
No es necesario ser letrado para darse cuenta de que, en estos tres juicios no se juzgan las malas acciones que haya podido cometer el juez Garzón, si no que se juzga al juez, a su figura, es decir, con estos juicios no se trata de castigar la presunta prevaricación o los presuntos cobros, no, con estos juicios se quiere acabar con la carrera jurídica del juez Garzón.
¿Y por qué ahora?¿Por qué en sus casi 30 años como magistrado justo ahora la caverna se lanza en bandada a  la yugular del juez? La respuesta es obvia, Garzón se ha ha atrevido a juzgar a dos de los pilares intocables del reaccionarismo español: el Partido Popular, y el franquismo.
No es sino de una hipocresía rampante las palabras del PP afirmando que respetan todas las sentencias ¿a caso alguna vez el PP no ha puesto el grito en el cielo y ha intentado pararlo a toda costa, cuando se ha investigado a alguno de sus integrantes? Y ¿quién puede dudar que para esta derecha cavernaria el "no abrir heridas" consiste en, "nosotros atacamos a la República porque fue muy mala y vosotros no decís nada sobre el franquismo porque es mejor olvidar"? El PP, quien todavía no ha renunciado al franquismo del que llegó su fundador, y el Tribunal Supremo, donde acabaron muchos de los jueces del TOP (Tribunal de Orden Público) franquista, no podían permitir que, de una vez por todas, se acometiera la cauterización de esa herida para posteriormente cerrarla, mediante el juicio a los asesinos y el reconocimiento a las víctimas, una herida que hoy se encuentra más emponzoñada que nunca por esa misma derecha que 40 años después mientras con una mano sigue impidiendo que los hijos, nietos y bisnietos de los que lucharon por la democracia republicana y fueron asesinados en el intento recuperen los restos de sus antepasados porque, eso es "reabrir viejas heridas", con la otra mantiene protegido al Valle de los Caidos y al tirano que en él descansa impidiendo que se acabe por fin con esa oda al franquismo.
Con este ataque al juez Garzón se quiere hacer callar a los millones de españoles que alzan su voz porque por fin llegue la justicia reparadora a este país que acabe con la impunidad del franquismo que otorgó esa nuestra tan modélica transición española. El ataque de esta justicia que, como dijo Iñaki Gabilondo, no está ciega sino tuerta, ya que por el ojo derecho ve perfectamente, no es más que la enésima muestra de que el franquismo sigue gozando de los mismos privilegios de siempre y de que la derecha no tiene ninguna intención de permitir que por fin se haga justicia.
El juez Garzón ha sido quien ha sufrido las consecuencias de lo que miles de españoles le pidieron, pero no es el único afectado. Todos los españoles demócratas, que realmente deseamos el cierre de esa herida, que deseamos basar nuestro futuro sobre la justicia y no sobre el olvido forzado, debemos de salir a la calle para gritar contra esta nueva injusticia, contra esta nueva mordaza que se nos quiere poner a todos los ciudadanos; que quede claro quien defiende la democracia y la justicia, y quien el regimen fascista y su recuerdo, que no se piensen que con el fin de Garzón las exigencias ciudadanas van a cesar, que no se piensen que con ésto ningún otro juez se atreverá a abrir diligencias contra los crímenes de la dictadura franquista y de la Guerra Civil. Que se enteren de que no era Garzón quien estaba detrás de esas investigaciones, sino el pueblo soberano español.
Que se enteren de que no es Garzón, somos todos.

sábado, 4 de febrero de 2012

Comienza la transición socialista

Alfredo Pérez Rubalcaba se convierte hoy en el sucesor de José Luis Rodríguez Zapatero en la Secretaría General del PSOE con el respaldo de 487 delegados, frente a los 465 que han apostado por la candidatura de Carme Chacón.
Tras una campaña que no ha sido todo lo idílica y fraternal que se quiere hacer ver (como no podía ser de otro modo viviendo el PSOE su momento más crítico), se abre un nuevo tiempo en el PSOE. La era Zapatero toca hoy a su fin y nace una nueva, la de la transición socialista.
El 22 de mayo y el 20 de noviembre del pasado año, el Partido Socialista salía escaldado a todas las escalas, como nunca antes, de unos comicios municipales, autonómicos y generales, reducido al principal partido de la oposición a gobiernos absolutos del PP (o ni si quiera eso, como es el caso de Cantabria) o al socio menor de un par de gobiernos (Canarias y Navarra) en lo autonómico, y al PSOE más reducido en número de escaños en la historia de la democracia, en lo estatal. Con tal panorama no es de extrañar que surgieran desde las bases socialistas una multitud de voces que exigieron un volantazo hacia la izquierda del partido, una profunda renovación y una ruptura con la política económica llevada a cabo durante los últimos años por el gobierno de Zapatero defendiendo en todo momento los grandes logros y avances sociales logrados por el mismo, desde estas filas se apostaba por comenzar con esa renovación y ese espíritu de cambio desde el primer momento, que el giro se hiciera notar desde el minuto uno. Frente a esta posición surgió la de quienes apostaban por una transición en el partido, tras el batacazo electoral optaban por una toma de las riendas del PSOE por parte de alguien ya consagrado en él, por alguien con demostrada experiencia en la política que llevara al partido por una senda en la que se le reconstruyera sin rupturas bruscas, que no veían necesaria la renovación de caras pues el PSOE seguía siendo el mismo.
Así, convocadas las elecciones a Secretario General, surgirían las candidaturas de Carme Chacón y Alfredo Pérez Rubalcaba, la primera defendiendo la idea de la renovación y el cambio, apoyada por la corriente Izquierda Socialista, por el exsecretario general Josep Borrell, o por los líderes autonómicos de Castilla la Mancha y Cataluña, y el segundo apostando por la transición, respaldado por el expresidente Felipe González y por los exministros Trinidad Jiménez, Valeriano Gómez o Ramón Jáuregui.
La campaña electoral se desarrolló con varios golpes duros, como el uso de los orígenes catalanes de Chacón para desacreditarla desde las filas rubalcabistas, y con una tensión interna en aumento que llevó al bochornoso ataque entre compañeros de las bases socialistas en las redes sociales.
Con datos internos de ambos candidatos dándoles la victoria a cada uno respectivamente por diferencias de  100 votos en el caso de Rubalcaba o 50 en el de Chacón, los medios apostaban por un resultado muy ajustado e imposible de predecir. A diferencia de los inicios de la campaña en la que la victoria de Rubalcaba se daba por segura, Chacón avanzó abriéndose un importante hueco recopilando el apoyo mayoritario de las federaciones socialistas más numerosas (Andalucia, Cataluña, Madrid y Comunidad Valenciana) que le llevaron desde la clara derrota de hace un mes, a la posible victoria de esta mañana.
Finalmente, tras sendos discursos apasionantes dignos de los más grandes políticos de la izquierda española, en los que las referencias a las revisiones de las relaciones con la Iglesia o del Concordato con el Vaticano directamente (éste último por parte de Rubalcaba) fueron los momentos que más aplausos levantaron entre los asistentes, la votación de los 956 delegados daba la victoria a Rubalcaba por un estrechísimo margen de un 51,16% de los votos convirtiéndole en el nuevo Secretario General de los socialistas.
Con la sombra de unas heridas internas entre los socialistas que pueden tardar mucho tiempo en cicatrizar y la idea de la irrelevancia del partido planeando sobre el XXXVIII Congreso, vence hoy la opción de la transición. El PSOE y su nuevo Secretario General afrontan desde hoy la ardua tarea de ponerse en pie, limpiarse el polvo y volver a poder mirar a la cara a todos los españoles en general y a los progresistas en particular, llevando a la mayoría natural de este país que representan estos últimos a volver a confiar en el partido. El Partido Socialista debe de reconstruirse y sólo lo conseguirá con el apoyo de todos los militantes; chaconistas y rubalcabistas deben de volver a ser lo que eran, no sólo un mes atrás, si no desde hace casi 10 meses cuando Zapatero renunció a una tercera candidatura para las elecciones generales: simplemente socialistas; socialistas que luchan por un ideario común de izquierdas y socialdemócrata teniendo muy en mente aquellos cuya candidata no ha vencido, que la designación de Pérez Rubalcaba como Secretario General no supone una nueva candidatura suya a las elecciones generales de 2015, en las que Carme Chacón podrá convertirse finalmente en la candidata del PSOE.
El Partido Socialista no puede permitirse estar desunido, desmembrado y enfrentado en peleas internas, y España y los españoles, aun con un PP absoluto, no pueden permitirse un PSOE noqueado. Un partido como el PSOE va mucho más allá de su secretario general, un partido como éste se fundamenta en su ideario, un ideario que los militantes, simpatizantes y votantes socialistas deben de defender esté quien esté a la cabeza del partido. Es el momento de luchar por este partido histórico, por su ideario socialdemócrata y por el bien del país con el futuro inmediato de las elecciones andaluzas y asturianas muy presente.

lunes, 30 de enero de 2012

Cascos I, el breve

Seis meses y medio ha durado en su puesto el séptimo presidente del Principado de Asturias; el "indignado" Francisco Álvarez-Cascos anunciaba esta tarde la disolución del Parlamento asturiano y el adelanto de las elecciones autonómicas debido a su incapacidad para llegar a un acuerdo con la oposición (PSOE, PP e IU) para la aprobación de los presupuestos de la Autonomía para el presente año (ya que llevan siendo prorrogados los del año pasado, del anterior ejecutivo formado por PSOE e IU, desde que Cascos llegara al gobierno).
El 22 de mayo, en las elecciones autonómicas y municipales, se dio un caso en Asturias hasta el momento nunca conocido por la derecha. Acostumbrada ésta a que fuera la izquierda la que se presentara en forma de dos, tres o hasta cuatro partidos diferentes (véase el caso de Navarra), surgía por primera vez un cisma en el partido hegemónico de la derecha asturiana; veíamos como aparecía un espontaneo interés por parte de Cascos hacia su tierra, intentando que el dedazo popular le apuntara a él como candidato a las elecciones a la presidencia del Principado. El Comité Nacional Electoral del PP se negó, y eligió a Isabel Pérez-Espinosa como candidata con el consecuente berrinche y salida del partido de Álvarez-Cascos. El paso a encabezar la candidatura de Foro Asturias Ciudadano y el traspaso monumental de votantes del PP a este partido fue todo uno, suceso lógico cuando lo único que diferencia a una candidatura de la otra es la cara y no las ideas.
El día de las elecciones FAC se convertía en el partido con más escaños (que no el más votado, pues FSA-PSOE fue el partido que más votos recibió, 140 más que el partido de Cascos), con tan sólo 16 de los 45 pero, junto al PP (10 escaños) sobrepasaba con creces los 19 de PSOE e IU. Ante la incapacidad de la izquierda de mantener su gobierno en coalición, el 15 de julio Álvarez-Cascos era investido presidente de Asturias con los únicos votos a favor de su partido, la abstención del PP (quien se negó a entrar a formar parte del gobierno) y los votos en contra de PSOE e IU. 
Centro Niemeyer
Tras seis meses de gobierno marcados profun- damente por el enfren- tamiento del ejecutivo casquista con la Fundación que dirigía el centro cultural Niemeyer por querer hacerse con el control del centro (disputa que concluyó con la salida de la Fundación de su dirección y el definitivo cierre del Niemeyer quedando en manos del ejecutivo asturiano), ahora es al gobierno de Cascos al que le toca echar al cierre. El infantilismo del PP, negándose a tenderle la mano a un partido al que podríamos llamarle hermano de no ser porque es el mismo pues nada les diferencia más que el nombre, y formar un gobierno de coalición que hubiera durado hasta los próximos comicios de 2015, ha obligado a Cascos a convocar unas elecciones anticipadísimas más que anticipadas.
Ocho meses después de que la derecha venciera en Asturias y 2 después de que lo hiciera en España, los asturianos tienen la oportunidad de elegir un nuevo ejecutivo que no esté condicionado por el "voto de castigo" que marcó las elecciones del 22M y del 20N. El 25 de marzo, coincidiendo con las elecciones andaluzas, los asturianos progresistas podrán optar por conseguir el verdadero cambio, por conseguir lo que algunos comienzan a llamar el "inicio de la reconquista". Aquellos que se escudaron en él "dejemos al PP que tenga su oportunidad" para permitir que la derecha llegará a su gobierno ya no pueden servirse de esa venda para taparse los ojos, ya saben como ha actuado un gobierno de FAC en Asturias y como lo ha hecho uno del PP en el gobierno de España, ya han visto las medidas infinitamente peores que la derecha ha tomado en todo el territorio español.
Javier Fernández
Con un PSOE en plena renovación y que a partir del próximo domingo contará con un/a nuevo/a Secretario/a General y una derecha desenmascarada, la Federación Socialista Asturiana y su secretario general, Javier Fernández, tienen la oportunidad perfecta  para poner en práctica su nuevo discurso e ir a por todas en las elecciones de marzo sirviendo de precedente para lo que podría ocurrir en otros surrealistas gobiernos como el de Extremadura (en el que un PP en minoría gobierna con el respaldo de IU, la cual, al contrario de lo que su versión asturiana ha hecho, si que ha permitido la aprobación de los presupuestos conservadores por medio de su abstención) y del inicio del verdadero cambio que puede verse seguido por una victoria de la izquierda en Andalucía ese mismo día y en Galicia el próximo año (donde gobierna el PPdeG desde 2009 a pesar de que PSdeG y BNG en la oposición sumen casi 10.000 votos más). El PSOE tiene en Asturias la oportunidad de poner en práctica ese ideario de izquierdas y socialdemócrata renovado, que es el verdadero cambio respecto a la política económica llevada a cabo desde el inicio de la crisis, y reforzar desde este territorio su nueva posición volviéndose a convertir en un principal partido de la izquierda que sea creíble, cosa que difícilmente podrá hacer estando en la oposición en todos los territorios. El 25 de marzo el PSOE no sólo se juega el volver al gobierno de Asturias; con unas elecciones andaluzas en las que todos los medios parecen coincidir en dar como vencedor al PPA, el PSOE se juega el enseñar a los españoles la nueva cara de los socialistas, su cambio y renovación y el insuflar nuevas esperanzas a los españoles de izquierdas. El PSOE tiene una enorme e inesperada oportunidad en Asturias que no puede permitirse dejar escapar.

lunes, 16 de enero de 2012

Adiós al último ministro de Franco

Padre de la Constitución, acomodador de los posfranquistas a la democracia, reformador durante la dictadura, disolvente del regimen desde su interior... anoche fallecía a los 89 años Manuel Fraga, expresidente de la Xunta de Galicia desde 1990 hasta 2005, presidente honorífico del Partido Popular y fundador de su precursora, Alianza Popular.
Todos esos halagos y honores se le han ido achacando a Fraga desde la caída del franquismo, en gran medida desde sus propias filas. Resulta indiscutible que, gracias a su partido, el grueso de los seguidores del franquismo consintieron (y consienten, pues haberlos aun los hay) entrar a participar en el juego democrático y también que su firma quedó estampada en la actual Constitución, así como que supo adaptarse sin mayor problema a la democracia. Unos hechos que resultarían magníficos a simple vista, pero no es oro todo lo que reluce.
Además de presidente de la Xunta y líder principal de la oposición durante la etapa democrática Manuel Fraga tuvo mucho pasado político antes de esto. Ministro de Información y Turismo durante siete años en pleno franquismo, tiempo durante el cual se firmaron, por parte del gabinete del que él formaba parte, muchísimas penas de muerte, como la del comunista fusilado Julián Grimau ("ese caballerete" según el entonces ministro), también fue él quien se encargó de informar de la "torpeza" del estudiante Enrique Ruano que tras caer "accidentalmente" por una ventana de las instancias de la policía, murió; y quien amenazó al padre de Ruano para que su otra hija abandonara sus protestas manipulando además un supuesto diario del estudiante haciéndolo pasar por un demente con tendencias suicidas. Sería además Vicepresidente y Ministro de la Gobernación durante el último gobierno de Arias Navarro, cuando acuñó la famosa frase delatora de su pasado, "la calle es mía".
"Es evidente que el glorioso alzamiento popular del 18 de julio de 1936 fue uno de los más simpáticos movimientos político-sociales de que el mundo tiene memoria. Los observadores imparciales y el historiador objetivo han de reconocer que la mayor y la mejor parte del país fue la que se alzó, el 18 de julio, contra un Gobierno ilegal y corrompido, que preparaba la más siniestra de las revoluciones rojas desde el poder" decía Fraga, el aperturista, que defendió el franquismo hasta sus últimos estertores. Encargado de la censura del regimen sobre todos los medios, desde el sector afín al difunto, a fuerza de manipulación, se ha conseguido que para muchos españoles, de la etapa de Fraga como ministro del franquismo, quede tan solo la graciosa imagen de su baño en Palomares.
Se le atribuye a Fraga también la disolución del regimen desde dentro. Se le puede llamar afán democrático o afán oportunista, pues no fueron pocos los que, de la noche al día, pasaron de ser fervientes defensores del Movimiento a ser "demócratas de toda la vida". Anteriormente militante de Falange, Fraga fraguó junto con otros seis ministros franquistas, la extinta Alianza Popular. Al mismo tiempo que, ya llegada la democracia, al igual que hiciera la misma derecha casposa en el 36 y la de hoy en día, aludía a la lucha contra el marxismo como uno de los pilares de su lucha política, Fraga conseguía erigirse como el conciliador que conseguía introducir a los franquistas en el juego democrático. ¿Un logro? Más bien una vergüenza; mientras que un ministro del Tercer Reich hubiera quedado invalidado políticamente en Alemania durante el resto de su vida (no nos pongamos ya a hablar de que hubiera sido juzgado), y no se hubiera aceptado ningún partido político que representara los ideales de los nacionalsocialistas, Fraga, haciendo gala de su creación (el "Spain is different") daba cobijo a la inmensa mayoría de los franquistas bajo las siglas AP dando voz al finiquitado franquismo con la excusa de su reinserción en la democracia; a partir de aquí, y con su refundación en el Partido Popular, esa ayuda a la reinserción, ha hecho del PP un cobijo de la extrema derecha que, de haberse negado desde el primer momento a representar a esos extremistas, sería hoy un partido que realmente representara al centro-derecha que condenara contundentemente la dictadura y que hubiera dejado paso a la censura de cualquier partido político que osara hacer gala de banderas antidemocráticas durante la celebración por su victoria e ideales dictatoriales y extremo-derechistas.
Firmante de la Constitución, si, conforme con ella, dudoso. Decía Manuel Fraga de la recién nacida Constitución que consagraba las "debilidades y las concesiones injustificadas hechas a los revanchistas" (esos malvados republicanos que desde el 31 no han hecho más que imponer su voluntad), cabe imaginar que, siendo Manuel Fraga uno de los creadores de la Carta Magna, su partido se volcaría en favor de la aprobación de la misma. Mal imaginado, de los 16 parlamentarios de AP, 5 darían un voto negativo y 2 su abstención. A partir de entonces Fraga iría abandonando el poder nacional convirtiéndose durante 15 años en presidente de la Xunta, senador, y uno de los políticos más ancianos de este país, junto con el comunista Santiago Carrillo (habrá que oir aullar contra él el día que desaparezca, a los que hoy acusan de desvergonzados a los que no lloran a los cuatro vientos por el recién fenecido) y el extremo-derechista Blas Piñar.
Dicen que la muerte a todos nos hace buenos, pero nada dice de que a los demás nos haga olvidar. La muerte no hará desaparecer el pasado franquista de Fraga ni su aportación a la represión del franquismo. Ya se encargarán otros muchos de lanzar salvas por el excelente político y pilar fundamental del Estado español, otros lamentaremos su pérdida como la de cualquier otro, sin olvidar ni dejar que se olvide quien fue quien.
Que descanse en paz Manuel Fraga Iribarne, otros muchos miles de españoles (de los de la "peor parte del país") siguen desperdigados en cunetas por orden y mando del regimen del que formó parte sentándose en breves en el banquillo el único juez que se ha atrevido a intentar juzgarlo.