Garzón, el mismo juez que acorraló al narcotráfico, el que investigó el terrorismo de Estado de los GAL orquestado bajo el gobierno de Felipe González, el juez que más ha hecho por acabar con ETA, el que investigo al dictador chileno Augusto Pinochet y al represor argentino Adolfo Scilingo, el que investigó el Caso Pretoria y a Jesús Gil, el que se atrevió a dar voz a las víctimas del franquismo y el que inició la investigación de esta trama Gürtel, la mayor trama corrupta de la historia de este país.Éste juez Garzón es al que hoy se ha apartado definitivamente de la carrera jurídica privándole de actuar como juez durante los próximos 11 años.
Una condena que llega unas semanas después de que un juzgado "popular" (entiéndase ese popular como se prefiera) considerara libres de cualquier pena al expresidente valenciano Francisco Camps, y al exsecretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, dejando como inútiles los días y días de escuchas de conversaciones condenatorias entre estos dos sujetos y el Bigotes, en las que quedaba más que clara su relación de amistad y los sobornos y regalos realizados. Llega además una semana después de que terminara el juicio, también a Garzón, por haberse declarado competente para juzgar los crímenes de la dictadura franquista y unas antes de que comience el tercer juicio por, supuestamente, haber recibido unos cobros del director del Banco Santander por unos cursos impartidos en una universidad estadounidense.
Curioso cuanto menos que, de repente, tres juicios consecutivos se acumulen sobre las espaldas del juez.
¿Alguien, ni si quiera el más ingenuo de los españoles, podía pensar que Baltasar Garzón saldría indemne de estos juicios? Garzón ya ha sido condenado por la trama Gürtel por el Tribunal Supremo (conocido no precisamente por su progresismo o, simplemente, neutralidad), y que duda cabe de que también será condenado en los otros dos; que la resolución haya resultado un escándalo a nivel planetario, no quiere decir que su desenlace se conociera de antemano desde el primer momento. La justicia conservadora, alineada con la política de su misma ralea, ha visto en esas escuchas ilegales (que, desde el fiscal que las aprobó, hasta el juez que las continuó después de que Garzón fuera retirado del caso, curiosamente tan sólo éste último ha sido condenado, nadie más) la oportunidad perfecta para acabar con ese juez que tantos quebraderos de cabeza a dado a la derecha (la misma derecha que guardaba un silencio sepulcral cuando los investigados eran socialistas).
No es necesario ser letrado para darse cuenta de que, en estos tres juicios no se juzgan las malas acciones que haya podido cometer el juez Garzón, si no que se juzga al juez, a su figura, es decir, con estos juicios no se trata de castigar la presunta prevaricación o los presuntos cobros, no, con estos juicios se quiere acabar con la carrera jurídica del juez Garzón.
¿Y por qué ahora?¿Por qué en sus casi 30 años como magistrado justo ahora la caverna se lanza en bandada a la yugular del juez? La respuesta es obvia, Garzón se ha ha atrevido a juzgar a dos de los pilares intocables del reaccionarismo español: el Partido Popular, y el franquismo.
No es sino de una hipocresía rampante las palabras del PP afirmando que respetan todas las sentencias ¿a caso alguna vez el PP no ha puesto el grito en el cielo y ha intentado pararlo a toda costa, cuando se ha investigado a alguno de sus integrantes? Y ¿quién puede dudar que para esta derecha cavernaria el "no abrir heridas" consiste en, "nosotros atacamos a la República porque fue muy mala y vosotros no decís nada sobre el franquismo porque es mejor olvidar"? El PP, quien todavía no ha renunciado al franquismo del que llegó su fundador, y el Tribunal Supremo, donde acabaron muchos de los jueces del TOP (Tribunal de Orden Público) franquista, no podían permitir que, de una vez por todas, se acometiera la cauterización de esa herida para posteriormente cerrarla, mediante el juicio a los asesinos y el reconocimiento a las víctimas, una herida que hoy se encuentra más emponzoñada que nunca por esa misma derecha que 40 años después mientras con una mano sigue impidiendo que los hijos, nietos y bisnietos de los que lucharon por la democracia republicana y fueron asesinados en el intento recuperen los restos de sus antepasados porque, eso es "reabrir viejas heridas", con la otra mantiene protegido al Valle de los Caidos y al tirano que en él descansa impidiendo que se acabe por fin con esa oda al franquismo.
Con este ataque al juez Garzón se quiere hacer callar a los millones de españoles que alzan su voz porque por fin llegue la justicia reparadora a este país que acabe con la impunidad del franquismo que otorgó esa nuestra tan modélica transición española. El ataque de esta justicia que, como dijo Iñaki Gabilondo, no está ciega sino tuerta, ya que por el ojo derecho ve perfectamente, no es más que la enésima muestra de que el franquismo sigue gozando de los mismos privilegios de siempre y de que la derecha no tiene ninguna intención de permitir que por fin se haga justicia.
El juez Garzón ha sido quien ha sufrido las consecuencias de lo que miles de españoles le pidieron, pero no es el único afectado. Todos los españoles demócratas, que realmente deseamos el cierre de esa herida, que deseamos basar nuestro futuro sobre la justicia y no sobre el olvido forzado, debemos de salir a la calle para gritar contra esta nueva injusticia, contra esta nueva mordaza que se nos quiere poner a todos los ciudadanos; que quede claro quien defiende la democracia y la justicia, y quien el regimen fascista y su recuerdo, que no se piensen que con el fin de Garzón las exigencias ciudadanas van a cesar, que no se piensen que con ésto ningún otro juez se atreverá a abrir diligencias contra los crímenes de la dictadura franquista y de la Guerra Civil. Que se enteren de que no era Garzón quien estaba detrás de esas investigaciones, sino el pueblo soberano español.
Que se enteren de que no es Garzón, somos todos.

