Con una Europa sumida en la mayor de sus crisis económicas desde hace un siglo, tras cuatro años de fallidas y desastrosas políticas capitalistas de recorte y ahorro que lo único que han conseguido ha sido empantanar aun más la situación achicharrando cualquier esbozo de brotes verdes, no podemos caer en la tentación de pensar que todas las balas se nos han acabado y no queda más solución que seguir aplicando las medidas llevadas a cabo hasta ahora para que, como nos han intentado vender, con el tiempo, los sacrificios que debemos realizar por haber estado viviendo por encima de nuestras posibilidades acaben dando resultado, si no que debemos de darnos cuenta de que es el tirador el que está acabado y desfasado, de que se ha agotado un modo de dispararlas, pero todavía queda otro completamente diferente por estrenar. Es el momento de dar una oportunidad que nunca a tenido desde el inicio de la crisis a la socialdemocracia, oportunidad que, hasta la creación de una Europa Federal, sólo podrá llegar con el control del motor europeo, Alemania y Francia.
Dentro de poco más de un mes, el 22 de abril, llegará la primera nueva oportunidad para la izquierda europea con la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas, batalla de la que los socialistas del PS francés vienen saliendo escaldados desde hace 17 años cuando François Mitterrand terminó su mandato en la presidencia, quedando ésta en manos de la derechista UMP de Jacques Chirac hasta el día de hoy con Sarkozy.
Desde que el socialista François Hollande saliera victorioso de las primarias de su partido, a encabezado todas las encuestas de intención de voto, tanto en la primera como en la segunda ronda; partiendo como uno de los candidatos más moderados entre todos los que se batían en las primarias socialistas, al convertirse en candidato presidenciable, Hollande ha sabido dar un giro hacia la izquierda (y escenificarlo, lo cual puede resultar aun más importante) incluyendo en su programa temas como la aprobación del matrimonio homosexual, la apuesta por la educación y la reducción de la energía nuclear en cuanto al ámbito francés y la renegociación de los tratados europeos con la canciller alemana, la implantación de los eurobonos y de una agencia de calificación europea y el fortalecimiento del papel del BCE como garante real de la fluidez monetaria de los estados miembros, como una de las dos cabezas de la, por el momento, Europa bicéfala, medidas que, en si mismas, no son la panacea pero si grandes losas que configurarán el camino de la recuperación y el cambio europeo.
Pero esta última semana algo cambió en los sondeos, por primera vez Sarkozy se ponía por delante de Hollande en la primera ronda, tendencia que se ha mantenido durante toda la semana hasta el 27,5% y el 26,5% a favor del actual presidente que se desprendía este viernes, ¿la causa? la deriva populista y, en algunos momentos, extremo-derechista e incluso racista, que Sarkozy, como todos los líderes de la derecha europea en periodo electoral, ha llevado a cabo en perjuicio de Le Pen. Esta ligera ventaja no ha variado, por el contrario, el designio final de los franceses que siguen ofreciendo 8 puntos de ventaja al socialista en la segunda ronda, una ventaja que (obviando la surrealista contienda entre la derecha de la UMP y la extrema derecha de Le Pen en 2002 en la que centro-derecha e izquierda se unieron para dar la victoria a Chirac con un 82% de los votos) no se veía desde 1988 y que ha llegado hasta los 14 puntos de diferencia de principios de mes, además, un 39% del socialista por un 34% del derechista siguen prefiriendo a Hollande como vencedor al mismo tiempo que un 38% vaticina una victoria del candidato del PS y un 26% la de Sarkozy. La distancia que separaba a ambos candidatos hace dos meses se ha ido acortando pero, a falta de un cataclismo, parece evidente que el próximo habitante del Palacio del Elíseo será François Hollande.
¿Y qué hay del socialismo español? El próximo domingo, 25 de marzo, el tsunami conservador llegará al último dique socialista: Andalucía, bastión del Partido Socialista, se enfrenta a unas elecciones en las que parece inevitable, cuanto menos, una victoria abrumadora de los populares que podrá incluso llegar a otra nueva mayoría absoluta autonómica. Desgatado por 30 años de gobierno y por los escándalos de corrupción (magnificados, como no, por la derecha), el PSOE llega casi sin aliento al final de esta carrera lo que no le impide, tal y como analizamos aquí la semana pasada ( http://enblanco-yrojo.blogspot.com.es/2012/03/andalucia-entre-el-absolutismo-y-la.html ) ser el partido mejor valorado entre los andaluces y el que preferirían que continuara gobernando durante otros cuatro años, con lo que los votantes andaluces se debaten entre el dilema de utilizar de nuevo ese castigo al PSOE que tanto mal a producido ya en todo el territorio español confiando en que sean otros los que con su voto permitan la victoria socialista arriesgándose a una posible mayoría absoluta de la derecha, o tragar una última vez con los desfases políticos y apostar por el proyecto de la socialdemocracia manteniendo Andalucía como territorio intocable para el PP.
También Asturias es de nuevo por cuarta vez en un año territorio electoral; tras el fallido gobierno de Cascos en el que la derecha ha sufrido por primera vez en sus carnes esa bestia negra tan conocida por la izquierda, la de la división fratricida dentro de una misma ideología, los asturianos podrían revalidar de nuevo el gobierno de coalición de la izquierda PSOE-IU que dirigió el Principado hasta el 22-M. Con los socialistas como claros vencedores de los comicios y una Izquierda Unida en efervescencia, el próximo gobierno asturiano queda condicionado por cuan bajo caiga el FAC de Cascos y por la entrada de UP&D en la Cámara regional.
Andalucía y Asturias se erigen pues como territorios impres- cindibles para el socialismo español, la primera porque con el mantenimiento del PSOE en la Junta se podrá poner fin a la imagen de un PP imbatible parándole por fin los pies a la derecha desde 2009 con su primera victoria en Galicia, manteniendo este territorio tras la pérdida de Castilla la Mancha y Extremadura como isla de la izquierda en un mar extremo-neoliberal, y ayudará a mostrar que el retroceso socialista ha tocado a su fin y su renacer ha comenzado y, la segunda, porque reflejaría el estado de la ciudadanía española que queriendo castigar a la izquierda, puso sus confianzas y sus votos en una derecha que no ha hecho más que empeorar la situación radicalizando las medidas tomadas por los antiguos gobiernos socialistas dando rienda suelta a los ataques al Estado del Bienestar que había permanecido inviolable durante los años de dirección del PSOE y que de nuevo desea confiar en la izquierda, además, frente a una posible derrota en Andalucía, Asturias se convertiría en el corazón de la socialdemocracia insular, en el único territorio bajo estas siglas que ayudaría a mostrar a los españoles esa imagen de cambio, de giro hacia la izquierda y de lucha contra la derecha feroz que deben de mostrar y reproducir.
Así como estas dos comunidades son clave para el futuro inmediato del Partido Socialista Obrero Español y para su contemporánea "Reconquista" de nuevo desde el norte, Francia se torna objeto indispensable para la salvación, no del socialismo europeo, si no de Europa, del sueño europeo y de todos y cada uno de las y los europeos. La victoria de François Hollande será el primero de los pasos para acabar con el binomio Merkozy que tanto mal y tan poco ha hecho por Europa barriendo siempre para casa desde que la crisis comenzó. La salida del perro faldero de Merkel del Elíseo liberará a Francia del yugo de subordinación al que el país vecino se ha visto sometido y, la insubordinación que Hollande nos adelanta hacia las políticas económicas potencialmente destructivas ordenadas por Merkel, dará al traste con el proyecto de dominio sobre el resto de "socios" europeos que la alemana viene llevando a cabo y terminará de una vez por todas con las políticas económicas netamente capitalistas que se han aprovechado de la crisis para insuflar esta ideología convertida en táctica económica en los genes de los europeos. La victoria de Hollande no es sólo una victoria para el PS, si no una victoria para toda Europa y el cambio de gobierno en Francia no es sólo un cambio de política para los franceses, si no para todos los habitantes de esta unión de países que en los últimos años a devenido en un conjunto de países subordinados bajo las órdenes del águila alemana y el gallo francés. La caída de Sarkozy y la victoria de Hollande darán paso a un cambio de políticas tanto sociales como económicas en la UE que iniciaran el verdadero cambio hacia un modo de manejar la crisis que no se ha vivido hasta ahora y, la consecuente caída de Merkel en Alemania meses más tarde, llevarán a Europa a un nuevo estadio en el que con la socialdemocracia manejando el timón de Europa los ciudadanos y no la economía pasaremos a ser lo más importante de esta Unión pasando esta última a servir a los primeros, al contrario de lo que ha ocurrido hasta ahora.
Cuatro años de crisis económica en la que nada ha ido a mejor utilizando el rancio recetario de la derecha neoliberal debe de hacer recapacitar a los europeos y dar esa tan merecida oportunidad a la izquierda. Nada cambiará si continuamos aceptando como borregos las mismas medidas que no han servido de nada, la recuperación europea y el fin de la crisis del Estado del Bienestar sólo pueden pasar por una victoria de la socialdemocracia, tan solo los socialistas tienen la llave para parar los pies a los intereses de la economía.
La caída de Merkozy será la salvación de Europa. La victoria de la socialdemocracia será la salvación de los europeos.


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