lunes, 23 de abril de 2012

La salvación europea da su primer paso

Consiguiendo dar la vuelta a todas las encuestas que, desde hace un mes, daban como vencedor de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas a Sarkozy, François Hollande se convirtió ayer, por primera vez en la V República, en el candidato más votado sin ser el presidente saliente.
Con algo más de un 80% de participación (3 puntos por debajo de las anteriores presidenciales), el socialista Hollande conseguía 10 millones de votos y un 28,56% de los mismos, mientras que el líder de la derechista UMP se tenía que conformar con el segundo puesto al llevarse menos de 9 millones y medio de los sufragios, lo que supone un 27,07% del total. La reñida batalla que auguraban los medios por el tercer puesto entre el extremo-derechista Frente Nacional y el izquierdista Frente de Izquierda se saldó con una amplia victoria del partido de Marine Le Pen (quién ha sabido mantener al FN a medio camino entre las dos orillas de la extrema derecha y el populismo), consiguiendo llevar a su partido a la cota más alta de votos jamás alcanzada, un 18,12% y 6,3 millones de las papeletas, mientras que Mélechon, aun quedándose lejos del 14% que pretendía alcanzar, ha ocupado el cuarto puesto doblando el número de votos que le daban las encuestas al comienzo de la campaña electoral con un 11,1% y casi 3,9 millones de votos. En quinto puesto, desplomándose desde el tercero en 2007 y pasando de un respaldo del 18,6% de los votantes a un 9,11%, el centrista Bayrou, quien ha visto menguar su granero de votos hasta la mitad en estos 5 años, los cuales no dejarán de ser muy importantes en la segunda vuelta.
A pesar de que la suma de los partidos de izquierda (parte de la cual, como Mélechon o la ecologista Joly, ya han indicado que sus partidos darán su apoyo al socialista) no ha sido tan abrumadora como se esperaba, las ganas del pueblo francés por conseguir un cambio tanto en Francia como en Europa y las intenciones de Le Pen de dar el toque de gracia a Sarkozy y convertirse ella en la alternativa a la izquierda, se reflejaron en los sondeos de ayer tras conocer el resultado de la primera vuelta, dando como claro vencedor de la segunda a Hollande, con un 54% de los votos.
El populismo y la deriva hacia la extrema derecha de Sarkozy para robar electores al FN han acabado por cansar a los franceses; a dos semanas de los comicios parece inevitable una victoria del socialista, pero es necesario para asegurarla la culminación de la unión de la izquierda y el apoyo del electorado de centro (quién parece dividido a partes iguales entre ambos candidatos).
Ayer Sarkozy sufría un varapalo, quizás menor de lo que se esperaba, pero que no deja de ser una derrota; una derrota no tan solo del presidente saliente, ni siquiera de la UMP, sino una derrota de las políticas neoliberales, de las que Sarkozy ha sido cómplice y artífice, que llevan asolando Europa desde hace 4 años, que se han aprovechado de la crisis económica para conseguir el fin que toda la derecha va buscando: acabar con el Estado de Bienestar. La derrota de ayer es el inicio del fin del todo poderoso binomio Merkozy que ha mantenido a los otros 25 países de la Unión Europea postrados ante si, imponiendo el mantra del recorte en todos los estados (de izquierdas o de derechas).
La victoria de Hollande (quién lleva adelantando toda la campaña que no se someterá a la inminente "viuda" Merkel), como él mismo decía ayer, repercute en toda Europa; el socialismo europeo, noqueado desde hace años, comienza a resurgir cuando más se le necesita, la derecha ha mostrado su incapacidad para hacer frente a esta crisis y la inutilidad de sus medidas, ni los recortes ni los gobiernos tecnócratas han podido mejorar ni un ápice la situación europea; 4 años después es el momento de dejar paso a un nuevo modelo de gestión y de política, un modelo que todavía no se ha podido poner en práctica, el modelo socialista, el modelo de la izquierda. Con una Europa en la que todos los escalafones más altos estaban ocupados por la derecha, poco o nada podía hacer un gobierno de izquierdas (Zapatero en España, Papandreu en Grecia o Sócrates en Portugal) por tomar sus propias decisiones; es el momento de mostrar que no son los gobiernos de izquierdas los que han llevado a estos países a la situación en la que se encuentran, si no que la causante ha sido la dirección neoliberal y extremo-capitalista europea que invalidó a estos gobiernos los cuales, aun con todo, consiguieron mantener a salvo el bienestar de sus ciudadanos mientras duraron sus gobiernos.
La derrota de Sarkozy es una victoria de toda Europa y de todos los europeos que continuará en junio con la caída del gobierno francés del mismo color  y culminará en otoño del próximo año con el fin de Merkel en Alemania, sólo con la caída de esta bestia de dos cabezas que ha hecho más mal que bien a Europa, que no cree en una unión de países con unos fines sociales y económicos comunes, si no tan sólo en aprovecharse económicamente de los otros 25 miembros, sólo entonces Europa iniciará su recuperación. Una Europa que se ideó para conseguir la igualdad y la libertad de sus ciudadanos, que se creó para luchar por unos derechos comunes y para conseguir un Estado de Bienestar fuerte, tan solo puede ser dirigida por quien realmente cree en estos valores, por quien trata de someter a la economía al bienestar de los ciudadanos, y no a los ciudadanos a la mejora de la economía, por quien, ante la lucha contra la crisis, hay unos límites bien marcados que jamás se atreverán a cruzar (Sanidad, Educación, Pensiones) y que los ciudadanos saben que jamás cruzarán.
Una Unión Europea que realmente suponga una unión de países en la que todos cuenten por igual, en la que la constitución de una Europa federal siga siendo el fin a perseguir, en la que el BCE trabaje por el bien económico de la Unión y no la Unión por el bien económico del BCE, en la que todos los ciudadanos (mujeres, homosexuales, inmigrantes, musulmanes..) se sientan protegidos y aceptados igual que los demás y en la que los ciudadanos no teman a sus gobiernos y a los recortes y medidas que éstos puedan tomar, tan solo puede llegar por un camino, un camino hacia el que los franceses, con su apoyo a Hollande y con ellos, todos los europeos, dimos ayer: el camino socialdemócrata.

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