sábado, 14 de abril de 2012

A la tercera (República) va la vencida

El 14 de abril de 1931, a las 6:30 de la mañana, se izaba en Eibar (Euskadi) la primera bandera tricolor de todo el territorio insular, a la que le seguirían una a una todas las ciudades, pueblos y territorios españoles: la Segunda República española acababa de ser proclamada y el pueblo español se lanzaba a la calles a celebrarlo.
Tras unas elecciones municipales celebradas el 12 de abril en las que, a pesar del caciquismo reinante, las candidaturas republicanas se impusieron a las monárquicas tradicionalistas (liberales y conservadores) en lo que supuso un grito de disconformidad de la gran mayoría del pueblo español dirigido contra una monarquía cómplice de la dictadura de Primo de Rivera, el rey Alfonso XIII abandonaba el país rumbo a Italia quedando este en manos de un gobierno provisional dirigido por el conservador y antiguo monárquico, Niceto Alcalá-Zamora, quien formaba parte del Pacto de San Sebastián (un grupo de hombres de todas las ideologías que, desde finales de la dictadura primorriverista, trabajó por la avenida de la II República) y que sería elegido oficialmente presidente de la República a finales del mismo año con un amplio respaldo de los diputados.
En una España anquilosada por años de dictadura, gobiernos artificialmente alternos ya desfasados, caciquismo y pucherazos, la II República se encargó de la redacción de una nueva Carta Magna en la que se abordaban los grandes problemas e injusticias del Estado.
Con una mayoría de izquierdas tras la celebración de las elecciones generales del 28 de junio en las que el PSOE se impuso como el partido con mayor respaldo ciudadano y Manuel Azaña se convirtió en Presidente del Gobierno durante los siguientes dos años, el Congreso de los Diputados elaboró una Constitución que pusiera fin a la discriminación por sexo a la hora de votar, estableciendo el sufragio universal para ambos sexos, se avanzó en la defensa de los derechos humanos, se intentó poner fin a los problemas del campo mediante una muy ambiciosa reforma agraria y modificaciones laborales, como la mejora de los salarios y la reducción del horario laboral; se eliminaron muchos de los privilegios de la Iglesia todopoderosa introduciendo el divorcio, los matrimonios civiles, la eliminación de la obligatoriedad de la religión católica en las escuelas y se decreta la libertad religiosa; se intentó favorecer la salida de militares que, monárquicos o no, no se mostraban dispuestos a servir a la tricolor, por medio de numerosas jubilaciones anticipadas, se crea la figura de la Guardia de Asalto, un cuerpo armado netamente republicano, además se clausuró la Academia Militar de Zaragoza, dirigida por Francisco Franco y un foco de hostilidad hacia el nuevo régimen; se favorecería la creación de los Estatutos de Autonomía de los diferentes territorios insulares (tras la sofocación del Estado Catalán declarado al inicio de la República) llevando a cabo la tan deseada descentralización del Estado que favorecería con su mayor independencia la cohesión de los territorios, además se puso en marcha una amplia red de escuelas y bibliotecas aumentando considerablemente el numero de profesores y mejorando sus condiciones económicas alejando a la órdenes religiosas de la formación académica de los jóvenes españoles.
Todas estas reformas y avances puestos en pie por el gobierno del Bieno Reformisa (republicano-socalista), fueron sacadas adelante en un contexto económico mundial terrible, ya que a penas dos años antes había tenido lugar el crack de la bolsa estadounidense y la consiguiente contracción de la economía de los países desarrollados.
Tras un intento de Golpe de Estado por el exdirector general de la Guardia Civil, José Sanjurjo, al que Azaña le perdonó la pena de muerte con la que se le había castigado, y el escándalo de Casas Viejas, en el que se vio implicada la Guardia de Asalto y el propio Azaña, el 9 de marzo de 1933 cae el gobierno de Azaña, disolviendose las Cortes y convocando unas nuevas elecciones generales. En esta ocasión, con una derecha organizada bajo las siglas de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), una izquierda desgastada y desunida y unos sindicatos y anarquistas animando a apostar por la abstención, serán los partidos de la derecha los que logren llegar a la presidencia del gobierno, con el radical Lerroux como presidente en lo que se conocería como Bienio Negro.
Durante estos dos años en los que Lerroux se apoyó en el presuntamente simpatizante de los fascismos, Gil-Robles (dirigente de la CEDA), se paralizaron todas las reformas que el anterior gobierno había llevado a cabo: se dieron puestos de relevancia en el ejército a militares abiertamente antirrepublicanos como Franco o Goded, se trata de tender puentes con la Iglesia, se frena la reforma educativa y los Estatutos de Autonomía... Hubo un aumento de la conflictividad social (como muestra la Revolución de 1934 en la que PSOE, UGT y en menor medida CNT y PCE, alentaron una huelga revolucionaria contra el gobierno que cobró fuerza en especial tanto en Asturias como en Cataluña y que el Gobierno aplastó) y las posiciones de ambas ideologías se radicalizaron con la llegada al poder de Hitler y Mussolini en Alemania e Italia, y el triunfo del comunismo en la URSS (a pesar de que los comunistas nunca llegaron a tener un peso relevante en el panorama político de la II República, no así el anarquismo que cobró en este país más fuerza que en el resto).
Finalmente el gobierno derechista acaba por caer, convocándose unos nuevos comicios a los que las izquierdas se presentarán unidas bajo la forma del Frente Popular. Con más del 60% de los diputados, la izquierda volverá al gobierno de la República y Azaña retornará a la presidencia del Gobierno. El presidente desde el inicio de la II República, Alcalá-Zamora, será destituido y su puesto lo ocupará Azaña, convirtiéndose el galleguista Casares Quiroga en Presidente del Gobiernno. Las reformas vuelven a ponerse en marcha y la violencia comienza a extenderse.
La derecha, con el ejército y Franco a la cabeza, utilizará el asesinato del líder derechista Calvo Sotelo como detonante de la Guerra Civil el 17 de julio de ese mismo año cuando, realmente, la causa de este golpe fue que, el grueso de la derecha y el ejército, nunca aceptó el juego democrático y ansiaba la vuelta a un regimen dictatorial.
El estallido de la guerra civil en la que los países democráticos no quisieron participar mediante la firma de un tratado de No Intervención, hizo que el gobierno de la democracia republicana, a penas apoyado escasamente por la URSS y las Brigadas Inernacionales, se viera impedido a presentar batalla a unos golpistas apoyados por nazis alemanes y fascistas italianos, terminando por ser destruido 3 años después acabando con la tercera experiencia democrática de la que nuestro país había disfrutado hasta el momento (tras una primera intentona en el Trienio Liberal de 1820 a 1823 y la frustrada I República dentro del Sexenio Democrático de 1868 a 1874) elegida libremente por primera vez por el pueblo español.
La II República española supuso un huracán de renovación y modernización para España que colocó a este país en la vanguardia mundial (España sería el primer país en tener a una Ministra que comenzaría ya a tratar la regulación del aborto), fue un grito de disconformidad contra una monarquía traidora que no dudo en dejar paso a la dictadura y la sumisión de su pueblo. La II República es sin duda el periodo mas apasionante de la historia española que trato de dar libertad e igualdad a los ciudadanos y las ciudadanas españolas, un regimen democrático e integrador que acabaría siendo aplastado por los intransigentes, déspotas y dictatoriales. La II República supone un periodo de esplendor para este país que 81 años después todavía sigue escociendo a la caverna española, tratando ésta de equiparar este regimen democrático con la dictadura sanguinaria que vendría después, dándose el curioso caso de que, mientras que esta derecha reaccionaria no desaprovecha la menor ocasión para calumniar a la República, todavía no se ha escuchado una voz dentro de ella que hable del mismo modo de la dictadura franquista, si no que incluso se atreven a calificarlo de "tiempo de gran placidez".
En un momento de crisis en el que todos los españoles vemos como se nos coloca sobre los hombros el yugo de los recortes, un yugo cada día más enorme y desproporcionado, que conforme va pasando el tiempo se abalanza con más ira contra los pilares de nuestro Estado del Bienestar, es inútil e irrisorio que se nos trate de inculcar que seguimos necesitando una figura como la monarquía. No existe figura más clasista, injusta y discriminatoria que la monárquica en la que, desde hace siglos, debemos de ver como se suceden personajes colmados de privilegios (jurídicos y económicos) por el simple hecho de ser "hijos de...". No podemos aceptar que, mientras que sobre nuestras cabezas ya comienza a sonar el batir de alas de la privatización de la educación, del copago sanitario, de la desaparición de la dependencia... entre todos debamos de mantener los lujos de una familia cuyo único papel para con España y los españoles es el de presentarse como imagen del país, papel que cubre de igual modo cualquier ministro o presidente del gobierno o que, en su caso, cubriría un Presidente de la República, sin la necesidad de mantener sus privilegios y los de su familia y, sobretodo, siendo elegido democráticamente por el pueblo español.
Los españoles no podemos estar agradecidos eternamente a una figura como el rey por el simple hecho de no alinearse con los golpistas aquel 23F pues, del mismo modo, también deberíamos haber mantenido de por vida a los líderes del gobierno y la oposición de aquel momento, a los cuales no se les pasó en ningún momento por la cabeza el apoyar el Golpe de Estado. No, la monarquía no puede seguir mantiéndose ni por agradecimiento a Juan Carlos I ni por la continuidad de Felipe de Borbón.
La monarquía española es un retazo del franquismo, una última voluntad del tirano, que nunca debiera de haber vuelto a nuestro Estado. Los golpistas del 36 acabaron con el regimen republicano ¿por qué volver entonces 40 años después a un regimen que el pueblo español repudió y expulsó?
Hoy, como siempre desde los últimos 37 años, es el momento de decir no a esta anacrónica y medieval figura, es hora de acabar con ese monumento a la desigualdad, ese puñal para la moralidad. El fin de la monarquía no supone la panacea, ni el fin de la crisis, ni el reconciliamiento del pueblo con la política, supone la aplicación de una justicia que se dejó de aplicar hace 37 años por "el bien común" la "reconciliación de los españoles" y para "cerrar heridas". Hoy el pueblo español debe de levantarse de nuevo contra esta injusticia llamada monarquía y exigir un gobierno que realmente saque su poder del pueblo.
Hoy, como siempre, es el momento de luchar por la III República Española
Ayer, hoy y siempre gritad bien alto españoles:

 ¡VIVA LA REPÚBLICA! 


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