Hace un año, un Zapatero profundamente desgastado por los 3 años de crisis económica, pilotaba en minoría una España que se decía al borde de la quiebra (igual que hoy, con la diferencia de que ahora, con los salvapatrias en el gobierno, se habla abiertamente de un rescate financiero a España) con la oposición más desleal y rastrera de la que este país había gozado nunca; habiéndose visto obligado (o no, depende de a quién se pregunte) a abandonar el camino socialdemócrata seguido desde la victoria de 2004 y a postrarse ante las exigencias neoliberales del hoy ya inexistente (por suerte para toda Europa) dúo Merkozy y con un PP que día sí y día también hablaba sobre una España intervenida, sobre un rescate inminente y sobre lo mucho que los socialistas estaban maquillando las cuentas, el PSOE trataba de mantener la compostura ante unos comicios que no se le presentaban nada fáciles; finalmente, la realidad supero con creces a lo que cualquiera, socialista o no, podía haber imaginado. El PSOE perdía absolutamente todas las comunidades autónomas en las que gobernaba y se mantenía en las alcaldías de un puñado de municipios (perdiendo Sevilla y Barcelona, Zaragoza se convertía en la mayor ciudad gobernada por la izquierda), los socialistas veían, la noche del 22 de mayo de 2011 como, la mejor noticia que podían recibir, era que los populares no consiguieran la mayoría absoluta en alguna comunidad. Dos de los tres bastiones del socialismo español, Castilla la Mancha y Extremadura, caían después de 30 años, en las manos de la derecha, aunque cada una por causas bien distintas (la primera por una ajustadísima mayoría de la derecha y la segunda por un pacto anti-natura entre los populares e IU sin el cual la izquierda podría seguir gobernando la comunidad), y el tercero, Andalucía, se iba preparando para una llegada arrolladora de Arenas al Palacio de San Telmo 10 meses después. El PP revalidaba su apoyo masivo en sus bastiones (Madrid, Valencia, Murcia, Castilla y León, La Rioja), y además sumaba otros tantos territorios de previo signo socialista, como Cantabria, Baleares y Aragón. En Asturias, un indignado Cascos que acababa de fundar su propio partido por la negativa del PP a que éste encabezara su lista, no conseguía la mayoría absoluta, pero junto con el PP, la derecha gozaba de un amplio sector conservador en el parlamento autonómico. El PSOE tendría que contentarse con formar parte, como socio menor, de los gobiernos de Canarias (con CC) y Navarra (con UPN) que habían roto hacía poco sus relaciones con los populares.Se pintaba así un panorama completamente azul en la geografía española que, con un 15M recién formado de fondo, trataba de sacar los colores a unos desacreditados socialistas y que se había formado, más que por la popularidad de los conservadores, por el voto de castigo al PSOE.
Un año después, las españolas y los españoles podemos analizar a quien ha perjudicado realmente ese voto de castigo.Tras unos primeros meses en los que los nuevos líderes autonómicos populares se mantenían sospechosamente moderados (o en su línea, como Esperanza Aguirre), con la nueva victoria, de nuevo por castigo hacia los socialistas, del 20N en las elecciones generales y una mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados, el PP sacó su artillería pesada dirigida a destruir (reordenar, según ellos) nuestro Estado del Bienestar. Las tan intocables Sanidad y Educación para los populares (y que durante el gobierno Zapatero se sabían por el pueblo terreno vedado para los recortes) se han vuelto desde entonces foco de la ira extremo-neoliberal del Partido Popular, poco se ha tardado en escuchar hablar tranquilamente de la privatización de la Educación y el copago en la Sanidad, de la entrada de las empresas en los hospitales y de la eliminación de cuantiosos profesores en las aulas. El falsamente pintado como moderado Rajoy desde Moncloa y su legión de presidentes autonómicos se han lanzado en tromba a recortar más allá de lo imaginable los pilares del bienestar de 47 millones de personas.
Frente a cada viernes de anuncio de nuevos recortes en derechos y libertades a los españoles por parte del nuevo gobierno desde su constitución, la ciudadanía a contrapuesto una serie numerosísima de manifestaciones, concentraciones y huelgas casi semanales nunca antes vistas (al igual que los recortes). Una muestra de lo fatídico de esas victorias populares es como las españolas y los españoles "celebran" este fatídico aniversario, con una enorme huelga general en la Educación, de profesores y alumnos, desde preescolar hasta la Universidad, que nunca se había dado en este país. Y es que hoy en día, los ciudadanos españoles saben que ya nada es intocable ni imposible para este gobierno, que la Educación y la Sanidad no están a salvo, como sí lo estaban con los socialistas, y que hoy ya no se trata de si se mantiene o elimina el Ministerio de Igualdad, o de si se congelan o no las pensiones más altas, si no de si a su salida, este gobierno habrá dejado algo en pie de la cosa pública.
Pero una esperanza se ha venido abriendo paso desde hace dos meses. El 25 de marzo los andaluces dieron la sorpresa a todo el mundo, dando por enésima vez la espalda a la derecha y a Arenas y permitiendo a PSOE e IU formar un gobierno de izquierdas que se erige hoy como referente de la izquierda, española y europea; también los asturianos, hastiados por un año de desgobierno de la derecha, devolvieron su confianza a la izquierda que (dos meses después) cobrará forma con un gobierno de los socialista en posible coalición con IU. Y un tercer frente se abre para los populares, esta vez desde el occidente peninsular, con una más que posible presentación de una moción de censura por parte de los socialistas extremeños al ejecutivo de Mónago, lo que, sumado a los nuevos lazos estrechados entre el PSOE y la federación andaluces y asturianos, podría abrir definitivamente la puerta para un lógico gobierno de la mayoritaria izquierda en ese territorio.Un año después, la derecha ha tocado techo y la izquierda ha tocado fondo, los populares comienzan a sufrir un acusado desgaste y los socialistas comienzan a levantar cabeza poniéndose ya por montera la recuperación de Galicia el próximo año (si no antes).
Un año después, el voto de castigo a los socialistas se desvela (de nuevo) realmente como un voto de castigo a los ciudadanos y al Estado; ese "no" a los socialistas que se convirtió en un "si" de rebote para los conservadores se ha mostrado como el peor error que los españoles pudieron haber cometido aquel 22M: dar alas a una derecha ansiosa por recortar y por obedecer las órdenes germanas en detrimento de unos socialistas que, con la llegada, medio año después del 20N, del socialismo francés al Eliseo, hubieran cobrado la fuerza necesaria para llevar a cabo las políticas keynesianas con las que hoy sólo podemos soñar en medio de este mar de recortes.
Un año después de ese fatídico aniversario, los españoles vemos como nuestro propio gobierno nos apunta como objetivo a recortar y reprimir, vemos como debemos de luchar día tras día para impedir (inútilmente, pues el PP absoluto continuará haciendo lo que quiera mientras dure su gobierno) que el gobierno acabe con algo que tantas décadas de esfuerzo del pueblo costó conseguir, vemos como el gobierno obvia al resto de partidos políticos y, por ende, a los 25 millones de españoles que no les votaron.
Un año después de ese fatídico aniversario, los españoles comienzan a darse cuenta de que no son lo mismo y de que, un país de izquierdas como éste, no puede permitir que una derecha déspota y reaccionaria nos gobierne.
En las urnas está nuestro megáfono, y en el voto nuestra voz. El pueblo español no puede permitir que un gobierno que se ha mostrado enemigo de sus propios ciudadanos siga campando a sus anchas.