miércoles, 30 de diciembre de 2015

La virtud de saber cuándo callar

A diez días de las elecciones del 20D, de que el PP perdiera, no ya sólo la mayoría absoluta de la que gozaba, sino un tercio de su electorado y de sus diputados, de que hayan surgido dos nuevas fuerzas parlamentarias que, junto a sus coaliciones, suman 109 escaños, de que la izquierda abertzale haya cosechado unos resultados pésimos que ninguna encuesta había previsto, de que la, hasta hace poco, todopoderosa CDC, diluida en una amalgama de siglas para esconderse, haya pasado a ser la cuarta fuerza en Cataluña, de que aquella participación histórica que se esperaba ni se haya olido... a diez días de todo ello y durante estos diez días, el foco de conversaciones, de miradas, de titulares y editoriales han estado dedicados a un mismo y solo actor: el Partido Socialista.

Inicialmente, durante las primeras horas o incluso días, el PSOE fue el principal tema de conversación por haber conseguido salvar los muebles, por haber conseguido vencer a esas encuestas a pie de urna que le daban como desahuciado, siendo la tercera fuerza nacional por detrás del Partido Popular y de Podemos. Se habló de él porque tenía claras posibilidades de, aún habiendo obtenido su peor resultado cuantitativo desde la Segunda República, en una realidad completamente diferente, con un nuevo partido de izquierdas surgido con 69 escaños, se había dejado "tan solo" 20 actas por el camino y, cualitativamente, esos 90 escaños y ese 22% del voto fue un resultado más que digno que le dejaba al alcance de la mano volver al gobierno y hacerlo encabezando el cambio, apoyado por las nuevas fuerzas, que se clamaba desde la calle.

Pero esos diez días han dado para mucho y, aunque el PSOE sigue siendo el principal actor de este escenario postelectoral, quien más noticias protagoniza y quien más tertulias acapara, el motivo es completamente diferente. Se habla de un PSOE partido, de un Secretario General con el que se quiere acabar, de una imposibilidad para formar gobierno, de la seguridad de unos nuevos comicios esta primavera. En definitiva, se podría decir que, en estos diez días, el PSOE ha pasado de rozar el cielo a morder el polvo.

Pero, ¿a qué se debe este cambio?¿quién ha hundido la cabeza del PSOE cuando cogía una nueva bocanada de aire tras el éxito (de nuevo y situados en la nueva etapa pluripartidista en la que nos encontramos) cualitativo de las elecciones municipales y autonómicas que le dieron la mayoría de gobiernos y cogobiernos de las CCAA y de miles de ayuntamientos? No hace falta mirar muy lejos, no hace falta si quiera salirse del propio partido. Seis son las cabezas bien visibles que están abocando al PSOE al desastre, las cabezas de seis de sus barones y baronesas, presidentes y presidentas. Capitaneados por quien, desde el segundo posterior a que Pedro Sánchez fuera proclamado Secretario General, en aquel Congreso Extraordinario, por el voto directo de las y los militantes, no ha cejado en zarandear su silla, dejando que se especulara sobre sus intenciones sin negarlas jamás tajantemente, dejando que la ambigüedad en su discurso y en sus declaraciones acercara cada vez más a la espalda de Pedro el puñal del que todos hablaban.

Imagen sacada de El País
No es ningún secreto, ni han gastado un segundo en desmentirlo ninguno de ellos tampoco, que los Secretarios Generales de Asturias, Extremadura, Castilla La Mancha, Comunidad Valenciana y Aragón, con la Secretaria General de Andalucía a la cabeza, llevan días aspirando a cortar las alas al proyecto de Sánchez de buscar pactos con todos los partidos con los que se pueda pactar para llevar de nuevo al PSOE y a la izquierda al gobierno (siendo que los cinco primeros gobiernan gracias al apoyo o la abstención de Podemos) y, de paso, cortar también la cabeza del propio SG. Y digo bien "Secretarios Generales" y no federaciones porque han sido estos "grandes gerifaltes" en solitario quienes se han lanzado al monte de la destrucción del proyecto socialista para gobernar, ni mucho menos cuentan con el apoyo de sus federaciones ni de sus militantes. Es más, con este movimiento para tirar a Pedro Sánchez y al PSOE por el camino, si algo han conseguido en todo caso, es unir a una mayoría de la militancia socialista en la defensa del Secretario General, democráticamente elegido, y de sus legítimas aspiraciones de intentar un pacto con el resto de formaciones parlamentarias. Sin contar con que también han conseguido hundir la imagen del partido, destrozar los nervios de las y los militantes que llevan años defendiendo en la calle la necesidad del voto al PSOE y de su llegada al gobierno y la animadversión de una gran cantidad de militantes y votantes que encuentran incomprensible este movimiento.

Porque no es secreto que este movimiento existe, pero lo que sí que parece ser secreto es su motivación y su objetivo, más allá de acabar con Sánchez y con las posibilidades del PSOE para llegar al gobierno. Desde que este proceso comenzara, no han cesado las declaraciones en los medios de estos seis dirigentes, sin guardarse nada para ellos o para el correspondiente foro de debate interno en el que se deberían de producir este tipo de confesiones, negando al SG la posibilidad de llegar a acuerdos con otras fuerzas, conminándole a quedarse en la oposición (propuesta extraña cuando también le conminan a votar NO a la candidatura de Rajoy con lo cual sería imposible estar en la oposición, a no ser que Podemos votara a favor de Rajoy, de otro modo se iría a nuevas elecciones, no a la oposición), llegando incluso a anunciar claramente (aquí) su seguridad de que habrá nuevas elecciones y dando por imposible que el PSOE consiga los apoyos necesarios. Toda esta claridad y forma directa de hablar contrasta espectacularmente con su negativa a responder afirmativamente cuando se les pregunta si creen que Pedro Sánchez sería un buen candidato de volver a repetirse las elecciones o si cuenta con su apoyo.

Declaraciones y hechos en un periodo delicado para el partido y para el país, que han dejado anonadados a militantes y votantes por su irresponsabilidad (amén de a los propios medios de comunicación, que tampoco son capaces de encontrar una explicación), que está levantando un sentimiento de descontento generalizado por el espectáculo protagonizado, propiciado y patrocinado todo ello por el mismo partido y que está sirviendo para esconder las flaquezas y trapos sucios del resto de formaciones políticas.

Imagen sacada de El País
¿Qué ocurriría con el PSOE de celebrarse unas nuevas elecciones como estos seis barones/as pretenden?

En una situación "normal", teniendo en cuenta el programa de políticas sociales, económicas y de justicia del PSOE (como éstas , ésta o ésta), de no poder llevar este programa al gobierno porque el principal partido que debiera de apoyarlo, que no es otro que Podemos, se niega a hacerlo por la no celebración de un referéndum en una de las 17 autonomías del Estado, relegando todo lo demás a un segundo plano, como si lo más importante para los 47 millones de españolas y españoles durante estos cuatro años hubiera sido que no se ha podido celebrar el referéndum en Cataluña y no la desmejora del Sistema de Salud, el paro crónico, la inutilización de la Ley de Dependencia, los trabajadores pobres... Como decía, de encontrarnos en una situación normal, como la de cualquier democracia pluripartidista europea, ante esto, lo lógico frente a unos nuevos comicios sería que, el electorado del partido de izquierdas (Podemos) que ha impedido la formación de un gobierno de izquierdas por una única línea roja que, aunque defendible, tan solo afecta a una de las 17 regiones, fuera a parar al partido de izquierdas (PSOE) que ha visto frustrado su intento de cambiar la realidad española, como se venía exigiendo desde el inicio de la crisis, por falta de apoyos.

Pero no se vive una situación normal, el pluripartidismo ha llegado a las instituciones pero no a la forma de pensar y actuar (electoralmente) del español medio. A día de hoy, tan sólo existe un tipo de electorado tan cerrado en apoyar a su partido haga lo que haga como los 7 millones que le quedan al Partido Popular: el electorado de Podemos. No lo digo yo, según una encuesta de La Sexta (me ahorraré los calificativos sobre su "neutralidad"), de celebrarse nuevos comicios un 0% de los votantes de Podemos cambiaría su voto, frente a un 1,4% del PP, un 6,8% del PSOE y un 15,1% de Ciudadanos. Es decir, Podemos no tiene nada que perder por forzar unas nuevas elecciones aún sin motivos y aún dando la posibilidad de que en unos nuevos comicios las derechas de PP y C's si que sumaran, pero si que tiene que ganar, contentando a los de Colau y consiguiendo su tan ansiada medalla de plata y el rebasamiento al PSOE (ya que es a todo a lo que han aspirado desde su nacimiento, a destruir al PSOE, no ha destruir al PP o a desalojarlo del poder).

Así pues, llegado el caso de haber frustrado un gobierno de izquierdas, con su reversión de los 4 años de políticas antisociales del PP, por una única cuestión territorial, el electorado de Podemos volvería a votar en masa al partido morado y el PSOE, desprestigiado por los movimientos intestinos que lo están desgarrando desde sus más altas esferas, en uno de sus momentos más delicados, volvería a perder electorado a borbotones, desencantado por este ruido de espadas innecesario, incomprensible y estúpido, que iría a parar mayoritariamente al resto de formaciones de izquierdas dando a Podemos la añorada segunda plaza.

Con todo esto, ¿hay alguna forma de comprender y compartir el motivo que lleva a estos Secretarios Generales a poner en juego la gobernabilidad del país y el futuro del PSOE de no ser éste un "quítate tú para ponerme yo"?  Y, de ser éste el motivo, ¿cómo puede haber algún socialista que defienda este mareo de la perdiz, este desprestigio del partido, esta quema de la posibilidad de devolver la dignidad y los derechos y libertades al pueblo español desde el gobierno?

Mucho se hablará sobre lo que estos días ha ocurrido entre estos seis dirigentes que han desconectado completamente de las necesidades del país, de la situación de su partido y de la voluntad de sus militantes. Mucho se hablará sobre ello y sobre lo que está por venir en los próximos meses, pero hay que recordar a estos líderes que, más que hablar, el saber cuando callar y/o dónde hablar es una gran virtud y que, con cada una de sus comparecencias y declaraciones públicas y desmedidas a los medios, destrozan un poco más la imagen del PSOE y alejan de él a sus votantes.

Es el momento de hacer país, de hacer izquierda y de hacer partido, recuperando todos los derechos y libertades perdidos durante estos cuatro años, no de personalismo o aspiraciones personales. Perder la oportunidad que dio el 20D puede significar perderlo todo durante mucho tiempo, hay que saber estar a la altura y, quien no lo esté, ha de aprender a que no se le note.

jueves, 19 de noviembre de 2015

El horror y el error de normalizar ciertas muertes

Han pasado ya casi siete días desde que se produjeran los abominables atentados de París, perpetuados por el Estado Islámico, en los que perdieron la vida 129 civiles inocentes. Hasta el día de hoy, durante la última semana, los atentados siguen copando todos los telediarios, periódicos y tertulias radiofónicas. Todos conocemos el nombre del Teatro Bataclan. Todos hemos escuchado y visto los cafés "Le petit Cambodge" y "Le Carillon" como si hubiéramos estado ahí. Todo el mundo, desde EEUU hasta Japón, desde los países cristianos hasta los países musulmanes, se ha solidarizado con la pena del pueblo francés. La bandera francesa se ha proyectado sobre las fachadas de todos los grandes monumentos alrededor del mundo. Todos somos Francia, hemos dicho, en un gesto de solidaridad y empatía que nos ha de enorgullecer.

Pero, ¿cuánta gente sabe el lugar en el que fueron asesinadxs alrededor de 40 civiles, igual de
inocentes que lxs franceses, en Líbano, 24 horas antes del atentado de París?¿o las 30 personas muertas ayer en Nigeria?¿Cuánta gente sabe el número exacto de muertos que hubo? No sería tampoco descabellado (pero sí muy revelador) preguntar, ¿cuánta gente sabe si quiera que se han dado estos atentados, que esta gente ha sido asesinada?¿Cuántas portadas de periódicos, últimas horas radiofónicas o primeras noticias de telediarios (o segundas, o terceras, o cuartas...) han dado cuenta de estos muertos?¿Cuántos países han mostrado su apoyo y su pena por estas personas inocentes asesinadas y por sus familias?¿Cuántos monumentos se han teñido de la bandera libanesa o de la bandera nigeriana para honrar a las víctimas?¿Cuántas misas de Estado ha habido por sus almas?¿Cuántos Jefes de Gobierno coordinándose para vengar estas muertes?¿Cuantos filtros usados en Facebook?¿Cuántas veces usados los hashtag #WeAreLebanon o #WeAreNigeria?

Tal vez fue un despiste, tal vez el mundo estaba tan en shock por los atentados en Francia que ni los medios ni la gente de a pie se enteró de estos dos atentados. Alejemos el plano entonces. ¿Podría levantar la mano quien sepa qué organización terrorista mata en estos territorios?¿Podría hacerlo quien sepa que Boko Haram es la banda que más ha asesinado en el mundo y no Al Qaeda ni el ISIS?¿Y ahora a quién le suene que ya van 17.000 inocentes asesinados por estos terroristas en África y Oriente Próximo? 17.000 personas muertas, media ciudad de Teruel borrada del mapa. Y el mundo guarda silencio. Porque no lo sabe. Porque no se lo cuentan. Porque se ha acostumbrado. Porque le da igual.

Y es que ahí está lo más horrible de todo esto: ya nos hemos acostumbrado a que la gente sea asesinada fuera de las "fronteras occidentales". Ya no nos importa,. Nos excusamos convenciéndonos de que pasa tanto que ¿cómo vamos a enterarnos de todas las veces que matan? Además, pena nos da, pero es que Francia está aquí al lado, son "como nosotros"...

Europa y América del norte se infestaron hace tiempo de un virus larvado, silencioso, normalizador. El virus de la xenofobia, sino racismo, de la islamofobia. Nos sorprendemos y nos escandalizamos por el avance de la extrema derecha en Europa, aparentamos miedo porque el Frente Nacional sea el partido preferido por lxs francesxs. Pero no nos da ni un ápice de vergüenza que nos dé igual que el terrorismo mate si es fuera de nuestras fronteras, si no es a cristianos (o judíos si nos ponemos generosos), si no es a blancos. No nos asusta ver como normal que los medios de información ya no informen de estas atrocidades o que las releguen a una pincelada. No nos escandaliza no saber que ya hay más muertos por estos fanáticos en África y Asia que en 130 atentados de París como el del viernes. No nos aterra haber perdido el alma por el camino de la supremacía mundial.

"Exageras", puede que penséis, "no estamos tan acostumbradxs, no nos da igual lo que pase en otros países". Tal vez, podría ser, pero ¿cuántos de vosotroxs habéis escuchado a vuestro alrededor (sino salido de vuestra propia boca) "si van a matar, que maten en sus países"?


¿Por qué vemos como menos valiosa, como más prescindible y olvidable la vida de estas personas?¿En qué momento comenzó a darnos más pena que sea asesinado alguien que comparte nuestras creencias, nuestras fronteras, nuestro color de piel que alguien que no?¿En qué momento nos volvimos tan egocéntricos, tan prepotentes, tan desalmados que creemos que, cuando un musulmán mata a un occidental, los 1.200 millones de musulmanes deben de mostrar su repulsa y el mundo entero su pena pero los occidentales no tenemos ni si quiera porqué enterarnos de "sus" muertos? Y es que nosotros ya ni perdemos el tiempo en diferenciarlos. Ellos, todos, son musulmanes, nosotros europeos. Ellos son terroristas musulmanes, los nuestros terroristas. Ellos musulmanes asesinados, nosotros asesinados.

No debemos escandalizarnos porque los gobiernos occidentales se escoren hacia la extrema derecha, porque abracen la xenofobia y la islamofobia, porque sean insolidarios con el resto de la humanidad. Y no debemos hacerlo por una razón tan obvia que hasta da vergüenza tener que señalarla. Porque esos gobiernos no son sino la voluntad de unos pueblos que se han escorado hacia la extrema derecha, que han abrazado la xenofobia y la islamofobia y que son insolidarios con el resto de la humanidad. Nos creíamos en la cumbre de la humanidad, en el paraíso de la libertad y la igualdad, cuando en realidad vivimos en un palacio sin ventanas, cerrado a cal y canto contra la realidad y los horrores de fuera. Esos horrores sólo nos importan cuando entran dentro de nuestro palacio. Mientras no lo veamos, que continúe el horror.

Un mundo en el que los países que se erigen como salvaguarda de la decencia mundial, como referentes de la democracia y, nuevamente, de la libertad y la igualdad, se han sumergido sin reparos en la insolidaridad y la ceguera voluntaria para con el resto de pueblos que tiene esa misma ansia y ese mismo derechos a vivir libres, iguales y sin ser asesinados Ese mundo, es un mundo que merece ser cambiado desde la raíz, que no se merece ningún respeto, ni ninguna ovación. Ni esos países, ni sus ciudadanxs.

Dejemos de normalizar la muerte, volvamos a ser humanos. Recordemos que una vida es una vida, igual de digna y valiosa, haya tenido la ventura o desventura de nacer en Francia o en Líbano, en Alemania o en Iraq. Le hayan educado en el cristianismo o en el islamismo, en el ateísmo o el judaísmo. Haya nacido con sexo femenino o masculino, de raza blanca o negra. La tengamos aquí al lado o a 3.000 kilómetros.

Todos somos personas y eso es lo único que nos debería de importar. Comportémonos y sintamos entonces como personas que ven como otras personas son asesinadas. Sin adjetivos.

sábado, 14 de noviembre de 2015

In no name

¿Os imagináis que cada vez que un/a occidental matara a una persona de cualquier otra nacionalidad o religión, se nos exigiera a todxs lxs occidentales salir a la calle a decir "Not In My Mame"?

¿Os magináis que cada vez que ETA asesinó fuera de las fronteras españolas, el mundo nos hubiera exigido a todxs lxs españolxs salir a la calle a decir "Not In My Name"?

¿Os imagináis que cada vez que un/a católicx asesina a una persona de otra religión, se exigiera a todxs lxs católicxs salir a la calle a gritar "Not In My Name"?

No, el mundo musulman, los millones de musulmanes y musulmanas del planeta, no tienen que disculparse públicamente por lo que unos asesinos, unos terroristas, unos cobardes fanáticos, hagan escudándose en una religión.

Quienes quieren que lxs musulmanxs se autoflagelen públicamente diciendo una y otra vez que esa lacra, para el Islam, para el mundo árabe y para el mundo entero, no actúa en su nombre, es quien seguirá condenando y metiendo en el mismo saco a todxs lxs musulmanxs por igual, lo hagan o no.

Not in your name. Por supuesto que no es en vuestro nombre. A aquellxs que no tenemos los ojos nublados por el odio, que vemos como día a día, año tras año, sois lxs propixs musulmanxs quienes sois asesinadxs y aterrorizadxs por esos asesinos, no nos cabe duda. No es necesario que nos lo recordéis.

Todxs somos Francia y todxs somos todxs lxs inocentes asesinadxs y represaliadxs del mundo.

‪#‎InNoName‬



(Extraído de una publicación propia en Facebook)

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Bienvenidos al sur

Partido de izquierda gobernando
X: Año completo.
x/-: Primera mitad de año
-/x: Segunda mitad de año 
Con la llegada del 2016, podríamos asistir a la reaparición de un fenómeno nunca visto en los últimos 30 años. Un fenómeno que se dejó ver por última vez el 6 de noviembre de 1985. Cuando Europa estaba partida por un muro. Cuando Alemania estaba dividida en dos. Cuando la URSS aún persistía (aunque a duras penas). Cuando el neoliberalismo de Reagan y Thatcher asolaba los derechos y las libertades de lxs trabajadorxs y sus servicios sociales. Tenemos que retrotraernos tres décadas para recordar un episodio que podría repetirse el nuevo año: un sur europeo gobernado por las izquierdas.

Sobra decir que la situación europea e internacional, política, económica y social no tienen comparación entre aquel 6 de noviembre de 1985 cuando Mário Soares abandonaba el Palacio de São Bento, residencia oficial del Primer Ministro portugués, y nuestro presente. Entre los actores de este efímero prodigio, junto al portugués Soares, teníamos a Felipe González en España, Andreas Papandreu en Grecia, Bettino Craxi en Italia y François Miterrand en Francia. Ése fue el último momento en el que el Palacio de São Bento, el Palacio de la Moncloa, Megaro Maximou, el Palazzo Chigi y el Palacio del Elíseo estuvieron habitados por la izquierda. Socialistas todos ellos.

También sobra decir que, entre aquellos Presidentes y Primeros Ministros de izquierdas y sus sustitutos a 2015, ha llovido mucho. Bettino Craxi lideraba entonces Italia como cabeza del extinto y corrupto Partido Socialista Italiano, con apenas un 11,4% del voto, apoyado por la primera fuerza: la también extinta y no menos corrupta Democracia Cristiana. Una alternancia, según dictaba el pacto entre ambos partidos, para evitar un gobierno del potentísimo Partido Comunista Italiano. A día de hoy, el socialdemócrata Matteo Renzi, líder del Partido Democrático, domina el panorama político italiano desde su gobierno, al frente de una coalición mayoritaria de izquierdas. Considerado como uno de los primeros ministros más estables y apoyados del país de la bota, está llevando el timón de las reformas para posibilitar, de una vez por todas, la gobernabilidad del país. Y parece que no le va mal: todos los sondeos le dan como primera fuerza.

De izda. a dcha. Mario Soares, Fraçois Miterrand, Bettino Craxi y Felipe
González
En Grecia, Andreas Papandreu y su PASOK, por él fundado, ostentaban una mayoría absolutísima con cerca del 46% del voto popular. Tras treinta años, después de que el hijo (Yorgos Papandréu) acabara con el partido del padre, el PASOK boquea tratando de sobrevivir con poco más del 6%. En su lugar, es la 'socialdemocratizada' "izquierda radical" de SYRIZA la que ocupa su lugar como primera fuerza de la izquierda y el controvertido Alexis Tsipras quien le sustituye en el gobierno de la mano de la derecha nacionalista, protegido bajo el ala de gran parte de la socialdemocracia europea.

Miterrand pasaría a la historia como el primer socialista en llegar a la Presidencia francesa en la Quinta República y como el presidente que, con sus 14 años al frente del país, más tiempo ocupó el puesto. François Hollande podría pasar a la historia, más que seguramente, como el presidente francés que más rápidamente desencantó, desilusionó y falló a quienes le sirvieron como bases para auparle al Elíseo. A aquellas gentes de izquierda que, dentro y fuera de las fronteras del hexágono, vieron en el socialista el contrapeso imprescindible a la derecha europea, encabezada ferozmente por la canciller Merkel. Hundido en las encustas y valurado como el peor presidente desde la II Guerra Mundial, Hollande será tal vez recordado en la historia como quien llevó de nuevo al Partido Socialista a los oscuros tiempos de 2002, cuando la derecha se batió con la extrema-derecha por el poder. Aún hay tiempo para evitar que así sea.

Tanto ha llovido desde entonces que España y Grecia todavía tardarían un par de meses en formar parte de la Unión Europea.

En Portugal comenzó el final de este breve dominio (poco más de dos años) de la izquierda sobre el sur europeo. De cinco socialistas gobernando Grecia, Portugal, Italia, España y Francia. Menos aún duró la única vez que dos socialistas han coincidido al mando de las dos potencias europeas: la convivencia entre socialdemócratas en el poder en Alemania con Helmut Schmidt y Francia con Miterrand se reduce a menos de 17 meses en toda la historia. Y, tras Francia, Italia y Grecia, será Portugal quien, dentro de muy poco, se convierta en la penúltima pieza que se tiña de rojo. La penúltima pieza para volver a una situación igual pero completamente diferente.

Tras muchas dubitaciones, la izquierda lusa ha sabido estar a la altura que requería el momento
Catarina Martins (Bloco de Esquerda) y António Costa (Partido Socialista)
firman su acuerdo.
histórico. Después de los rumores por parte de todos los actores que indicaban que un pacto de izquierdas era inviable, sin embargo, Partido Socialista, Bloco de Esquerda, Partido Comunista, Verdes e incluso el único diputado animalista, se han unido para derribar al gobierno minoritario de derechas. Aún sin tener Passos Coelho la mayoría parlamentaria, el presidente conservador de la República, Cavaco Silva le había encargado la formación de gobierno, de forma completamente irresponsable, partidista e injusta. La izquierda al completo ha sabido dejar de estar ciega, después de 40 años de enfrentamiento fratricida y pasar a acordar, ceder y usar la palabra para hacer valer su amplia mayoría absoluta en escaños y también en votos (toma nota, Artur Mas) y llevar al gobierno al socialista Costa con un acuerdo de gobierno a tres bandas.

Y, tras la pieza lusa, sólo falta aquella que más cerca nos toca para lograr de nuevo ese repóker de izquierdas. El 20 de diciembre, las elecciones generales españolas colocan a Pedro Sánchez como el candidato con más posibilidades para ocupar el Palacio de la Moncloa. Resulte el Partido Socialista primera o segunda fuerza (por mucho que le duela y que lo intenten Metroscopia, TNS Demoscopia y sus medios contratantes, el partido naranja no va a saltar de la nada a la medalla de plata), con C's presuntamente cerrado en banda en su negativa de apoyar a Mariano Rajoy para mantenerse en el gobierno y, como han demostrados los pactos territoriales y el día a día político, el líder socialista es el actor político español que más bandas tiene abiertas para hablar y acordar. Y no es un tema baladí el del consenso, máxime viendo como se vaticina la conformación del próximo Congreso. No obstante, todo está por decidir en los 40 días que restan hasta los comicios.

François Hollande y Pedro Sánchez
De ser elegido finalmente Sánchez como séptimo presidente de la democracia española, la izquierda europea se encontraría en una situación inédita para cambiar por fin de raíz en lo que se ha convertido el sueño de la Unión Europea. De darse la situación, Hollande tendría el respaldo político y territorial del que no ha disfrutado hasta el momento. Recordemos que, cuando Hollande llegó al gobierno, la derecha o los tecnócratas gobernaban Alemania, Italia, España, Portugal y Grecia. Apoyo más que suficiente como para sustituir al alemán como motor del cambio europeo. Un fuerte respaldo para la creación de una Europa social, una Europa por y para las personas, que avance en su forma federal y en su unión política y no sólo económica. Que sea referente mundial, como no debería haber dejado de serlo, por sus servicios sociales, por su calidad de vida, por la convivencia entre sus gentes. Una Europa cuya alma y vocación humanista no vea en lxs refugiadxs sirixs y de demás nacionalidades un problema, sino una oportunidad para ayudar, para crecer, para poner en práctica su fraternidad fundacional.

François Hollande, Matteo Renzi, Alexis Tsipras, António Costa y Pedro Sánchez. Cinco nombres que pueden dar un vuelco histórico a la realidad europea. Cinco nombres que pueden crear por fin un potente frente de progreso que introduzca, 7 años después, una nueva forma de entender y actuar contra la crisis económica, que frenen el austericidio. Cinco nombres que pueden devolver la dignidad y el orgullo a la Unión Europea en el panorama internacional y la ilusión, los derechos y las libertades perdidas a sus ciudadanxs.

2016 puede ser el año en el que digamos a Europa y a todo el mundo, después de treinta años, ¡bienvenidos al rojo sur!

François Hollande, Matteo Renzi, Alexis Tsipras, António Costa y Pedro Sánchez.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Dialogar en democracia está permitido

Hace unos días saltaban las alarmas en la prensa. Notición inesperado y novedoso: el presidente de un país democrático se reúne con los líderes de los principales partidos del país para escuchar y tratar propuestas sobre uno de los mayores problemas del estado desde la llegada de la democracia, la posible autodeterminación de uno de sus territorios. ¿Suena igual de ridículo leyendo que escribiendo que esto sea noticia, que en una democracia parlamentaria suene a novedad que por primera vez en cuatro años Rajoy y el PP recurran a la palabra en vez del rodillo de su mayoría absoluta?

Resulta lamentable y muy esclarecedor de la forma autoritaria de actuar de este gobierno que realmente lo sea. Desde diciembre de 2011, el debate constructivo, el escuchar la opinión y propuestas del resto de fuerzas, el sentarse a hablar como si en una democracia viviéramos… brillan por su ausencia. El diálogo se ha visto sustituidos por el hacer de una mayoría absoluta ciega y sorda a lo que la calle y el resto de fuerzas políticas han tenido que decir. Una mayoría absoluta  que durante toda la legislatura ha rehuido la más mínima concesión para llegar a algún tipo de acuerdo en ninguna materia.

Pero parece ser que ahora Rajoy ha decidido cambiar su forma de actuar. Ha comenzado a escuchar, a hablar, a abrirse a comprender al resto… ¿por qué? No hace falta tener un alma muy maquiavélica ni ser excesivamente intrépido para aventurar que hay dos cuestiones detrás de este cambio de actitud:

      1. Este lunes se ponía punto y final a la décima legislatura de la democracia, ergo vivimos en una campaña electoral continua desde hace semanas (se podría decir que desde el minuto uno hemos vivido con un gobierno en campaña electoral sin descanso). No es casualidad que, en tiempo de campaña, momento en el que toca vender al mejor postor/votante la imagen del partido y del candidato, al PP y a Rajoy les dé por presentar una imagen dialogante, de apertura. Una imagen que además enlace con el futuro inmediato que se abrirá tras el 20D de puzzles, alianzas y diálogo continuado si se quiere aspirar a algo en esa España. Más aún, si el PP quiere aspirar a poder pactar un gobierno o un apoyo con/de Ciudadanos.
       
     2. Durante décadas, al PP no se le ha dado nada mal ni ha tenido ningún reparo en jugar al juego de enfrentar al resto de España contra Cataluña para ganar votos, de hacer campaña contra Cataluña para ganar en el resto del país, le ha ido bien realmente en este juego pero, al igual que con la ruleta rusa, le ha ido bien hasta que ha llegado a la bala. Pero no era la cabeza del PP la que estaba apoyada en la boquilla de la pistola. El PP apretaba el gatillo y la cabeza de la convivencia entre españolxs, del encaje de las diferentes regiones, es la que ha sido volada. Ahora el juego se le ha escapado de las manos al PP. Después de tensar la cuerda durante lustros se han encontrado con un Artur Mas y una Convergencia tan acuciados por la corrupción y por las vergüenzas políticas que ha decidido vender su alma al "diablo" de la independencia a cambio de pasar de president apestado por su ciudadanía por sus recortes antisociales y por la corrupción de su partido, a mártir ante los ojos de lxs catalanxs para que se escuche su voz. Además, al PP le ha salido un claro competidor naranja en el ala derecha del tablero político que puede absorber,en la vertiente nacionalista española, tanto en Cataluña como en el resto de España, los resultados de esa tensión a propósito creada. Es decir, el juego se ha terminado para el PP y ahora se enfrenta a un escenario que, se esperara o no, le importara o no le importara causar con su irresponsabilidad habitual e histórica, es mucho más grande que él y hace imprescindible un entendimiento entre todas o la mayoría de fuerzas nacionales. Un pacto de Estado para intentar arreglar el desaguisado por él (principalmente) formado. El PP causa el mal y ahora recurre al resto de fuerzas para intentar darle solución.

   
      Y hasta aquí los posibles y más que factibles porqués del cambio de actitud de Rajoy y el PP. No es algo para aplaudir, ni por lo que felicitarles, puesto que este diálogo llega años tarde. Tal vez, posiblemente, gran parte de este problema se podría haber solventado antes de nacer si se hubiera comenzado a hablar antes, desde un principio. Si el diálogo entre Madrid y el resto de capitales del Estado, entre ellas Barcelona, pero no sólo Barcelona, fuera constante y no sólo se diera cuando toca a ver a cambio de qué me das tu apoyo, Un diálogo constructivo, de entendimiento y no de intercambio de cromos e interesado. Entonces la situación actual sería muy distinta ¿cuántas veces durante la legislatura se ha reunido Rajoy con lxs presidentxs autonómicos?¿cuánto tiempo desde la última imagen de un presidente del gobierno reunido con lxs presidentxs regionales, sin importar su color, para solventar los problemas de España y lxs españolxs como único objetivo?

     
Cualquier democracia necesita un diálogo continuo para crecer y sustentarse, para poner una solución a sus problemas o incluso abortarlos antes de que aparezcan, España siempre ha necesitado ese espíritu de diálogo que se dio efímeramente tras la muerte del dictador y es imprescindible e inaplazable que lo retome ahora. Máxime cuando se da una nueva etapa política y territorial en la que sin diálogo no se podrá ir a ninguna parte y se caerá en la "italianización" de la política española. De nada sirve lamentarse por el tiempo perdido porque nada se va a arreglar con ello; desde ahora en adelante, Rajoy hasta el 20D y, quien le sustituya a partir de entonces (Pedro Sánchez, Rajoy o a quien coloque el PP si C's consigue rebanar la cabeza de Rajoy para avenirse a un pacto con los populares), deberán instaurar una nueva etapa de diálogo. No bastará sólo que se cuente con el Partido Popular, el Partido Socialista, Ciudadanos y Podemos sino que se deberá de contar con todas las fuerzas nacionales con representación (por separado y, sobretodo, en conjunto), así como con todas las fuerzas representadas en el Parlamento de Cataluña (en el caso del "problema catalán"). Una etapa en la que el diálogo y la escucha activa sean la norma y no la excepción, no sólo en el "tema catalán", sino también para elaborar una ley de Educación que, de una vez, sobreviva al Gobierno que la promulga. Para llegar a amplios acuerdos para paliar la lacra machista, la pobreza. Para dejar de hacer políticas partidistas y empezar a hacer políticas de país. Para dejar de estar en una campaña electoral sin descanso con una confrontación continua.

      Un país se hace grande cuando es capaz de entenderse y escucharse. Que por hablar no quede en este país, busquemos solución en conjunto a los problemas y dejemos de buscar problemas para generar una solución egoísta y particular. Hablemos, que está permitido y nos es ya imprescindible.

lunes, 5 de octubre de 2015

¿Es incompatible voto protesta con voto útil?



Durante meses, el Partido Socialista de Portugal gozó de una amplia ventaja en las encuestas proyectadas para las elecciones del pasado domingo. Mientras su principal adversario era el Partido Social Demócrata del Primer Ministro Passos Coelho (de ideología conservadora y partido hermano de nuestro Partido Popular, no dejarse engañar por el nombre), los socialistas y su vibrante candidato, que salían de un periodo de profundo desgaste tras aprobar el primer rescate de Portugal y, con su anterior líder y último Primer Ministro socialista, José Sócrates, en la cárcel, les aventajaban en las encuestas por 10 o incluso más puntos de diferencia. Conforme fueron acercándose las elecciones y el PSD pactó una candidatura unitaria con sus socios de gobierno del CDS-PP (derecha populista), esa ventaja, como es lógico al presentarse toda la derecha en una misma papeleta, se redujo e incluso volteó en favor de la coalición gobernante.

Finalmente, la jornada de ayer dejó a la derecha en su conjunto con 104 de los 230 escaños (mayoría absoluta en los 116), dejándose 27 escaños por el camino, el PS subiendo desde los 74 a los 85 (y, seguramente, siendo primera fuerza de haberse presentado por separado la derecha), el Bloco de Esquerda dando la sorpresa del día al pasar de 8 a 19 actas y dando por primera vez el sorpasso a un Partido Comunista (con su coalición de la CDU con los verdes) al que las encuestas inflaron más allá del 10% y que al final se quedo en un 8,27% y 17 escaños. El último escaño fue a parar a los animalistas de izquierdas del PAN. Es decir, la izquierda parlamentaria sumó en su conjunto 122 escaños y el 52,26% de los votos por los 104 de la derecha y el 36,83% de las papeletas. A pesar de este claro giro de la ciudadanía y de la mayoría parlamentaria hacia la izquierda, un gobierno de este lado del espectro ideológico se antoja imposible y seguramente se vaya a un gobierno de una derecha falta de 12 diputados para gozar de mayoría y unas elecciones adelantadas en 6 meses (cuando la Constitución lo permite) debido a la falta de entendimiento, principalmente, entre el PS y el PCP.

¿Por qué una mayoría parlamentaria no se puede traducir en una mayoría de gobierno?

A lo largo y ancho del antiguo continente, auspiciados por la crisis, han surgido o se han visto aupados partidos ya existentes símbolo del voto protesta, de la indignación de la ciudadanía con el sistema de partidos existente, como el Bloco o el PCP portugueses, el FN francés, el Movimiento 5 Estrellas italiano, el UKIP británico, la griega SYRIZA o el español Podemos (tal vez podría incluirse en cierto modo a Ciudadanos en este bloque). Pero no sólo en la "anárquica" Europa del sur, sino también en el otrora paraíso socialdemócrata escandinavo los populismos, en este caso de derechas, están haciendo su agosto en Dinamarca, Suecia, Noruega... convirtiéndose en tercera o incluso segunda fuerza nacional. Es totalmente comprensible la salida de esa ciudadanía hastiada por este tipo de voto, pero ¿a caso la gente que vota a estas opciones no aspira a cambiar la realidad, a que con su voto se forme un mañana distinto? y, ¿con qué responden estas formaciones a sus votantes y a sus países? De forma general, la respuesta difiere entre el voto protesta de izquierdas y el voto protesta de derechas. La derecha populista nórdica (con excepción de la sueca) se ha incluido en las coaliciones conservadoras en Noruega y Dinamarca, entrando en el gobierno en el caso de Finlandia, el FN no sólo aspira según las encuestas a ser apoyo del centro-derecha sino a suplirle en el gobierno, mientras que en la izquierda, vemos como ese voto protesta se traduce en la incapacidad de la izquierda, aún con mayoría como en el caso de Portugal, para gobernar (con la salvedad de SYRIZA debido a que pasó a ser fuerza de gobierno pero que, previamente, negó su apoyo a cualquier gobierno heleno), lo vemos también con el Movimiento 5 Estrellas -de votante izquierdista aunque se alíe con la derecha xenófoba en Europa- y, en España, podemos escuchar a Podemos a diario negar un futuro apoyo a un gobierno socialista a nivel nacional. Si a esto se suma la incapacidad de la socialdemocracia en muchos lugares para hablar con esta izquierda alternativa, nos encontramos con una bomba que aniquila cualquier posibilidad de gobiernos progresistas.

Tomemos como ejemplo el caso de Portugal, la negativa del PCP a apoyar al PS y la del PS a hablar con el PCP y el Bloco lleva a que, para conseguir ese gobierno progresista, no sólo es necesario esa mayoría clara que ya se ha dado de escaños izquierdistas, sino que hubiera hecho falta que el PS superara él sólo a la derecha en su conjunto. Hay un grave riesgo que ya se está comenzando a sufrir de que la pluralidad política plasmada por la ciudadanía en las urnas no se sepa comprender ni manejar y al llevarla a los órganos de representación popular se transforme en ingobernabilidad.

Durante meses escuchamos al líder del PSOE decir que no pactaría ni con el PP (como es lógico siendo partidos ideológicamente enfrentados) ni con Podemos y a Podemos decir que no pactará ni apoyará a nadie, al mismo tiempo que tanto Podemos como Ciudadanos niegan la posibilidad de entrar a ningún gobierno que no presidan, ¿a quién se pretende engañar?¿a quien realmente se crea a todos los partidos cuando todos dicen que no pactarán con nadie?¿es lícito intentar mantener un voto, que puede que te votara o puede que no, a costa de "engañar" a la ciudadanía negando la mayor de que después de las elecciones a todos les tocará hablar y pactar para que haya algún gobierno?¿qué se pretende conseguir a cambio de esa falta de compromiso para entrar en gobiernos?

Las elecciones andaluzas, europeas, autonómicas y municipales constataron lo que las encuestas vaticinan, que se abre un nuevo periodo en la democracia española de pluralidad parlamentaria en la que será más necesario que nunca el diálogo y los pactos. Es algo bueno, es algo democrático, pero es algo que se debe de saber manejar. Si nos adentramos en un modelo pluripartidista y si se reforma la ley electoral para que, aumentado la proporcionalidad, ese pluripartidismo se vea aumentado al estilo de los países norteños, también habrá que aprender a vivir y trabajar con las coaliciones post y pre electorales por bloques ideológicos y/o de proyectos, al igual que en Dinamarca un votante de la izquierda radical o en Suecia un votante verde saben cuando meten su voto en la urna que va a ir a engrosar a la coalición nacional de izquierdas y que con ella su partido apoyará un gobierno (generalmente) socialdemócrata y, tanto comunistas, como socialdemócratas, como verdes... salen a celebrar la victoria de su bloque y todos asumen que los socialdemócratas no van a negarse a hablar con el resto de fuerzas progresistas ni los partidos a su izquierda a apoyarles ni que ningún partido dedicará ni un minuto durante la campaña electoral ni durante el curso político a negar posibles pactos postelectorales, así como esta pluralidad de 8 o 9 grandes partidos no deriva en ingobernabilidad ni en amenaza de elecciones continuas por la incapacidad electoralista de entendimiento, sino al contrario, da gobiernos estables y países potentes, también los partidos y ciudadanxs de los países que nos vamos subiendo a este carro de ampliación representativa debemos incluir, comprender y aceptar en nuestra cultura política esta cultura de pactos y coaliciones, en pro de la estabilidad y del no engaño (y autoengaño) premeditado a la ciudadanía y, aún más, dentro de la izquierda, al ser ésta, por su cainita división natural histórica, la más perjudicada.

Como socialista, no espero de mi partido que niegue un posible pacto con Podemos o Izquierda Unida, ni el acoso y derribo entre las fuerzas de la izquierda, como socialista y persona de izquierdas, espero una izquierda fuerte, unida, predispuesta a hablar y colaborar y que tenga claro que su adversario y el de la gente que les vota está en el gobierno y a la derecha. Y creo que no mucha gente de estos partidos protesta querrá que, de no tener capacidad de gobierno, su voto se tiré a la basura de la negativa en vez de utilizarlo para entrar en gobiernos y cambiar las cosas desde ahí

Voto protesta, sí, pero nadie dijo que la protesta tenga que ser gobierno o ser inútil.


@DaniBernad

sábado, 26 de septiembre de 2015

Banderas contra personas

Banderas. Banderas que se ponen. Banderas que se quitan. Banderas que se aman. Banderas que se odian. Banderas que se queman. Banderas que unen. Banderas que separan. Banderas que se lanzan de un pueblo contra otro. Y es que, a 24 horas de que el pueblo catalán hable por medio de las urnas, de eso se está tratando todo, de banderas. De unas banderas, símbolo del nacionalismo vacuo, rancio (como no cabe de otra forma) y necesitado de enemigxs a los que señalar para unir a un pueblo bajo su causa, cuyas astas llevan años siendo afiladas por la derecha española y por la derecha catalana, entregándolas a sus respectivos pueblos para que se ataquen entre sí mientras ellas les jalean.

Hablo de derecha catalana porque no puede caber en la izquierda ese sentimiento nacionalista, de superioridad sobre el resto de pueblos, de querer vivir mejor (supuestamente) a costa de "dejar tiradxs" al resto de españolxs en lugar de luchar juntxs por un mañana mejor, de colocar por delante un Estado propio a una Sanidad, Educación y servicios sociales de calidad. No, la izquierda es internacionalista o no es izquierda, a la izquierda de cualquier lugar tanto le preocupa el bienestar de un/a trabajador/a catalán/a, como el de unx castellanx, el de unx suecx, como el de unx peruanx. La izquierda que olvida el internacionalismo está olvidando su alma.

Y ahí están las derechas, usando el sentimiento patrio de sus ciudadanxs, lanzándolxs unxs contra otrxs para tapar así sus vergüenzas, su corrupción, su desprecio por todo lo social, sus recortes. Tratando de hipnotizar, con el ondear de las banderas, a unxs ciudadanxs que, de otro modo, nunca les votarían o se lo pensarían dos veces.

Y ahí están, lxs catalanxs y el resto de españolxs, olvidando que todxs estamos en el mismo barco, el de un pueblo que lucha contra la crisis, contra la decadencia de la política, que lucha por mejorar sus condiciones de vida o, al menos, porque no empeoren más. Olvidando que un pueblo sólo gana cuando vive, convive y lucha unido, que un Estado propio no te libra de la derecha corrupta y antisocial que te ha estado robando, degradando tus servicios públicos y recortando tus derechos (tanto encajan en este molde el Partido Popular como CiU), que desear sinceramente la independencia no supone odiar a quien se queda al otro lado de la frontera, ni ese deseo debe de ser respondido con odio por tener un sentimiento, porque ese sentimiento no ataca a lxs españolxs, no ataca a "España", como español reniego de sentirme atacado por lxs independentistas, igual que reniego de que ellxs se sientan atacados por desear que se queden, que no formen nuevas fronteras. Ese sentimiento es legítimo y democrático y como tal se debe de respetar, lo cual no es incompatible con combatirlo desde la lógica y no desde el resentimiento, desde las palabras y no desde las banderas, desde el aprecio como iguales ciudadanxs del mundo, no como pueblos enfrentados.

Seamos capaces de ver que el pueblo catalán, como cualquier pueblo, debe de tener el derecho a decidir su propio futuro, en una urna en la que sean ellxs quienes voten, no en un referéndum en el que toda España decida el porvenir de Cataluña sabiendo ya desde el primer segundo que su resultado será el mismo que negarles el referéndum. Dejemos de odiarnos aduciendo que es el otro el que nos odia, dejemos de creer y de apoyar a aquellxs políticxs que quieren que estemos enfrentadxs por su propio beneficio, que quieren ganar dándonos un enemigo en vez de dándonos una esperanza.

Sean capaces de ver lxs catalanxs que somos mayoría lxs que deseamos que se queden no para que no "se rompa España", para que estén tan mal como nosotrxs, para que no mejoren sino para poder seguir peleando juntxs por el bien de todxs, para no hacernos, unxs y otrxs, más pequeños en un mundo cada vez más globalizado en el que se debe de tender a la unión y al derribo de fronteras y no a la creación de unas nuevas.

Sepamos vender y creernos la necesidad de un pueblo español unido desde A Coruña hasta Barcelona y desde Cádiz hasta Bilbao al igual que defendemos la necesidad de una Unión Europea: por la ilusión de vivir juntxs por un mañana de esperanza conjunto, por hacer fuerza de la unión, por querer ver prosperar a esxs hombres y mujeres iguales que nosotrxs del mismo modo que prosperamos nosotrxs y no por querer verles hundirse más hondo de lo que nosotrxs lo estamos.

Ondeemos juntos la bandera de un mundo más unido, más igual, en vez de las banderas de la desunión y la desigualdad. O dejemos de lado las banderas, mirémonos a la cara y digámonos clara y conscientemente: "nos necesitamos".



@DaniBernad