Durante meses, el Partido Socialista de Portugal gozó de una amplia ventaja en las encuestas proyectadas para las elecciones del pasado domingo. Mientras su principal adversario era el Partido Social Demócrata del Primer Ministro Passos Coelho (de ideología conservadora y partido hermano de nuestro Partido Popular, no dejarse engañar por el nombre), los socialistas y su vibrante candidato, que salían de un periodo de profundo desgaste tras aprobar el primer rescate de Portugal y, con su anterior líder y último Primer Ministro socialista, José Sócrates, en la cárcel, les aventajaban en las encuestas por 10 o incluso más puntos de diferencia. Conforme fueron acercándose las elecciones y el PSD pactó una candidatura unitaria con sus socios de gobierno del CDS-PP (derecha populista), esa ventaja, como es lógico al presentarse toda la derecha en una misma papeleta, se redujo e incluso volteó en favor de la coalición gobernante.
Finalmente, la jornada de ayer dejó a la derecha en su conjunto con 104 de los 230 escaños (mayoría absoluta en los 116), dejándose 27 escaños por el camino, el PS subiendo desde los 74 a los 85 (y, seguramente, siendo primera fuerza de haberse presentado por separado la derecha), el Bloco de Esquerda dando la sorpresa del día al pasar de 8 a 19 actas y dando por primera vez el sorpasso a un Partido Comunista (con su coalición de la CDU con los verdes) al que las encuestas inflaron más allá del 10% y que al final se quedo en un 8,27% y 17 escaños. El último escaño fue a parar a los animalistas de izquierdas del PAN. Es decir, la izquierda parlamentaria sumó en su conjunto 122 escaños y el 52,26% de los votos por los 104 de la derecha y el 36,83% de las papeletas. A pesar de este claro giro de la ciudadanía y de la mayoría parlamentaria hacia la izquierda, un gobierno de este lado del espectro ideológico se antoja imposible y seguramente se vaya a un gobierno de una derecha falta de 12 diputados para gozar de mayoría y unas elecciones adelantadas en 6 meses (cuando la Constitución lo permite) debido a la falta de entendimiento, principalmente, entre el PS y el PCP.
¿Por qué una mayoría parlamentaria no se puede traducir en una mayoría de gobierno?
A lo largo y ancho del antiguo continente, auspiciados por la crisis, han surgido o se han visto aupados partidos ya existentes símbolo del voto protesta, de la indignación de la ciudadanía con el sistema de partidos existente, como el Bloco o el PCP portugueses, el FN francés, el Movimiento 5 Estrellas italiano, el UKIP británico, la griega SYRIZA o el español Podemos (tal vez podría incluirse en cierto modo a Ciudadanos en este bloque). Pero no sólo en la "anárquica" Europa del sur, sino también en el otrora paraíso socialdemócrata escandinavo los populismos, en este caso de derechas, están haciendo su agosto en Dinamarca, Suecia, Noruega... convirtiéndose en tercera o incluso segunda fuerza nacional. Es totalmente comprensible la salida de esa ciudadanía hastiada por este tipo de voto, pero ¿a caso la gente que vota a estas opciones no aspira a cambiar la realidad, a que con su voto se forme un mañana distinto? y, ¿con qué responden estas formaciones a sus votantes y a sus países? De forma general, la respuesta difiere entre el voto protesta de izquierdas y el voto protesta de derechas. La derecha populista nórdica (con excepción de la sueca) se ha incluido en las coaliciones conservadoras en Noruega y Dinamarca, entrando en el gobierno en el caso de Finlandia, el FN no sólo aspira según las encuestas a ser apoyo del centro-derecha sino a suplirle en el gobierno, mientras que en la izquierda, vemos como ese voto protesta se traduce en la incapacidad de la izquierda, aún con mayoría como en el caso de Portugal, para gobernar (con la salvedad de SYRIZA debido a que pasó a ser fuerza de gobierno pero que, previamente, negó su apoyo a cualquier gobierno heleno), lo vemos también con el Movimiento 5 Estrellas -de votante izquierdista aunque se alíe con la derecha xenófoba en Europa- y, en España, podemos escuchar a Podemos a diario negar un futuro apoyo a un gobierno socialista a nivel nacional. Si a esto se suma la incapacidad de la socialdemocracia en muchos lugares para hablar con esta izquierda alternativa, nos encontramos con una bomba que aniquila cualquier posibilidad de gobiernos progresistas.
Tomemos como ejemplo el caso de Portugal, la negativa del PCP a apoyar al PS y la del PS a hablar con el PCP y el Bloco lleva a que, para conseguir ese gobierno progresista, no sólo es necesario esa mayoría clara que ya se ha dado de escaños izquierdistas, sino que hubiera hecho falta que el PS superara él sólo a la derecha en su conjunto. Hay un grave riesgo que ya se está comenzando a sufrir de que la pluralidad política plasmada por la ciudadanía en las urnas no se sepa comprender ni manejar y al llevarla a los órganos de representación popular se transforme en ingobernabilidad.
Durante meses escuchamos al líder del PSOE decir que no pactaría ni con el PP (como es lógico siendo partidos ideológicamente enfrentados) ni con Podemos y a Podemos decir que no pactará ni apoyará a nadie, al mismo tiempo que tanto Podemos como Ciudadanos niegan la posibilidad de entrar a ningún gobierno que no presidan, ¿a quién se pretende engañar?¿a quien realmente se crea a todos los partidos cuando todos dicen que no pactarán con nadie?¿es lícito intentar mantener un voto, que puede que te votara o puede que no, a costa de "engañar" a la ciudadanía negando la mayor de que después de las elecciones a todos les tocará hablar y pactar para que haya algún gobierno?¿qué se pretende conseguir a cambio de esa falta de compromiso para entrar en gobiernos?
Las elecciones andaluzas, europeas, autonómicas y municipales constataron lo que las encuestas vaticinan, que se abre un nuevo periodo en la democracia española de pluralidad parlamentaria en la que será más necesario que nunca el diálogo y los pactos. Es algo bueno, es algo democrático, pero es algo que se debe de saber manejar. Si nos adentramos en un modelo pluripartidista y si se reforma la ley electoral para que, aumentado la proporcionalidad, ese pluripartidismo se vea aumentado al estilo de los países norteños, también habrá que aprender a vivir y trabajar con las coaliciones post y pre electorales por bloques ideológicos y/o de proyectos, al igual que en Dinamarca un votante de la izquierda radical o en Suecia un votante verde saben cuando meten su voto en la urna que va a ir a engrosar a la coalición nacional de izquierdas y que con ella su partido apoyará un gobierno (generalmente) socialdemócrata y, tanto comunistas, como socialdemócratas, como verdes... salen a celebrar la victoria de su bloque y todos asumen que los socialdemócratas no van a negarse a hablar con el resto de fuerzas progresistas ni los partidos a su izquierda a apoyarles ni que ningún partido dedicará ni un minuto durante la campaña electoral ni durante el curso político a negar posibles pactos postelectorales, así como esta pluralidad de 8 o 9 grandes partidos no deriva en ingobernabilidad ni en amenaza de elecciones continuas por la incapacidad electoralista de entendimiento, sino al contrario, da gobiernos estables y países potentes, también los partidos y ciudadanxs de los países que nos vamos subiendo a este carro de ampliación representativa debemos incluir, comprender y aceptar en nuestra cultura política esta cultura de pactos y coaliciones, en pro de la estabilidad y del no engaño (y autoengaño) premeditado a la ciudadanía y, aún más, dentro de la izquierda, al ser ésta, por su cainita división natural histórica, la más perjudicada.
Como socialista, no espero de mi partido que niegue un posible pacto con Podemos o Izquierda Unida, ni el acoso y derribo entre las fuerzas de la izquierda, como socialista y persona de izquierdas, espero una izquierda fuerte, unida, predispuesta a hablar y colaborar y que tenga claro que su adversario y el de la gente que les vota está en el gobierno y a la derecha. Y creo que no mucha gente de estos partidos protesta querrá que, de no tener capacidad de gobierno, su voto se tiré a la basura de la negativa en vez de utilizarlo para entrar en gobiernos y cambiar las cosas desde ahí
Voto protesta, sí, pero nadie dijo que la protesta tenga que ser gobierno o ser inútil.
@DaniBernad

