domingo, 1 de noviembre de 2015

Dialogar en democracia está permitido

Hace unos días saltaban las alarmas en la prensa. Notición inesperado y novedoso: el presidente de un país democrático se reúne con los líderes de los principales partidos del país para escuchar y tratar propuestas sobre uno de los mayores problemas del estado desde la llegada de la democracia, la posible autodeterminación de uno de sus territorios. ¿Suena igual de ridículo leyendo que escribiendo que esto sea noticia, que en una democracia parlamentaria suene a novedad que por primera vez en cuatro años Rajoy y el PP recurran a la palabra en vez del rodillo de su mayoría absoluta?

Resulta lamentable y muy esclarecedor de la forma autoritaria de actuar de este gobierno que realmente lo sea. Desde diciembre de 2011, el debate constructivo, el escuchar la opinión y propuestas del resto de fuerzas, el sentarse a hablar como si en una democracia viviéramos… brillan por su ausencia. El diálogo se ha visto sustituidos por el hacer de una mayoría absoluta ciega y sorda a lo que la calle y el resto de fuerzas políticas han tenido que decir. Una mayoría absoluta  que durante toda la legislatura ha rehuido la más mínima concesión para llegar a algún tipo de acuerdo en ninguna materia.

Pero parece ser que ahora Rajoy ha decidido cambiar su forma de actuar. Ha comenzado a escuchar, a hablar, a abrirse a comprender al resto… ¿por qué? No hace falta tener un alma muy maquiavélica ni ser excesivamente intrépido para aventurar que hay dos cuestiones detrás de este cambio de actitud:

      1. Este lunes se ponía punto y final a la décima legislatura de la democracia, ergo vivimos en una campaña electoral continua desde hace semanas (se podría decir que desde el minuto uno hemos vivido con un gobierno en campaña electoral sin descanso). No es casualidad que, en tiempo de campaña, momento en el que toca vender al mejor postor/votante la imagen del partido y del candidato, al PP y a Rajoy les dé por presentar una imagen dialogante, de apertura. Una imagen que además enlace con el futuro inmediato que se abrirá tras el 20D de puzzles, alianzas y diálogo continuado si se quiere aspirar a algo en esa España. Más aún, si el PP quiere aspirar a poder pactar un gobierno o un apoyo con/de Ciudadanos.
       
     2. Durante décadas, al PP no se le ha dado nada mal ni ha tenido ningún reparo en jugar al juego de enfrentar al resto de España contra Cataluña para ganar votos, de hacer campaña contra Cataluña para ganar en el resto del país, le ha ido bien realmente en este juego pero, al igual que con la ruleta rusa, le ha ido bien hasta que ha llegado a la bala. Pero no era la cabeza del PP la que estaba apoyada en la boquilla de la pistola. El PP apretaba el gatillo y la cabeza de la convivencia entre españolxs, del encaje de las diferentes regiones, es la que ha sido volada. Ahora el juego se le ha escapado de las manos al PP. Después de tensar la cuerda durante lustros se han encontrado con un Artur Mas y una Convergencia tan acuciados por la corrupción y por las vergüenzas políticas que ha decidido vender su alma al "diablo" de la independencia a cambio de pasar de president apestado por su ciudadanía por sus recortes antisociales y por la corrupción de su partido, a mártir ante los ojos de lxs catalanxs para que se escuche su voz. Además, al PP le ha salido un claro competidor naranja en el ala derecha del tablero político que puede absorber,en la vertiente nacionalista española, tanto en Cataluña como en el resto de España, los resultados de esa tensión a propósito creada. Es decir, el juego se ha terminado para el PP y ahora se enfrenta a un escenario que, se esperara o no, le importara o no le importara causar con su irresponsabilidad habitual e histórica, es mucho más grande que él y hace imprescindible un entendimiento entre todas o la mayoría de fuerzas nacionales. Un pacto de Estado para intentar arreglar el desaguisado por él (principalmente) formado. El PP causa el mal y ahora recurre al resto de fuerzas para intentar darle solución.

   
      Y hasta aquí los posibles y más que factibles porqués del cambio de actitud de Rajoy y el PP. No es algo para aplaudir, ni por lo que felicitarles, puesto que este diálogo llega años tarde. Tal vez, posiblemente, gran parte de este problema se podría haber solventado antes de nacer si se hubiera comenzado a hablar antes, desde un principio. Si el diálogo entre Madrid y el resto de capitales del Estado, entre ellas Barcelona, pero no sólo Barcelona, fuera constante y no sólo se diera cuando toca a ver a cambio de qué me das tu apoyo, Un diálogo constructivo, de entendimiento y no de intercambio de cromos e interesado. Entonces la situación actual sería muy distinta ¿cuántas veces durante la legislatura se ha reunido Rajoy con lxs presidentxs autonómicos?¿cuánto tiempo desde la última imagen de un presidente del gobierno reunido con lxs presidentxs regionales, sin importar su color, para solventar los problemas de España y lxs españolxs como único objetivo?

     
Cualquier democracia necesita un diálogo continuo para crecer y sustentarse, para poner una solución a sus problemas o incluso abortarlos antes de que aparezcan, España siempre ha necesitado ese espíritu de diálogo que se dio efímeramente tras la muerte del dictador y es imprescindible e inaplazable que lo retome ahora. Máxime cuando se da una nueva etapa política y territorial en la que sin diálogo no se podrá ir a ninguna parte y se caerá en la "italianización" de la política española. De nada sirve lamentarse por el tiempo perdido porque nada se va a arreglar con ello; desde ahora en adelante, Rajoy hasta el 20D y, quien le sustituya a partir de entonces (Pedro Sánchez, Rajoy o a quien coloque el PP si C's consigue rebanar la cabeza de Rajoy para avenirse a un pacto con los populares), deberán instaurar una nueva etapa de diálogo. No bastará sólo que se cuente con el Partido Popular, el Partido Socialista, Ciudadanos y Podemos sino que se deberá de contar con todas las fuerzas nacionales con representación (por separado y, sobretodo, en conjunto), así como con todas las fuerzas representadas en el Parlamento de Cataluña (en el caso del "problema catalán"). Una etapa en la que el diálogo y la escucha activa sean la norma y no la excepción, no sólo en el "tema catalán", sino también para elaborar una ley de Educación que, de una vez, sobreviva al Gobierno que la promulga. Para llegar a amplios acuerdos para paliar la lacra machista, la pobreza. Para dejar de hacer políticas partidistas y empezar a hacer políticas de país. Para dejar de estar en una campaña electoral sin descanso con una confrontación continua.

      Un país se hace grande cuando es capaz de entenderse y escucharse. Que por hablar no quede en este país, busquemos solución en conjunto a los problemas y dejemos de buscar problemas para generar una solución egoísta y particular. Hablemos, que está permitido y nos es ya imprescindible.

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