jueves, 19 de noviembre de 2015

El horror y el error de normalizar ciertas muertes

Han pasado ya casi siete días desde que se produjeran los abominables atentados de París, perpetuados por el Estado Islámico, en los que perdieron la vida 129 civiles inocentes. Hasta el día de hoy, durante la última semana, los atentados siguen copando todos los telediarios, periódicos y tertulias radiofónicas. Todos conocemos el nombre del Teatro Bataclan. Todos hemos escuchado y visto los cafés "Le petit Cambodge" y "Le Carillon" como si hubiéramos estado ahí. Todo el mundo, desde EEUU hasta Japón, desde los países cristianos hasta los países musulmanes, se ha solidarizado con la pena del pueblo francés. La bandera francesa se ha proyectado sobre las fachadas de todos los grandes monumentos alrededor del mundo. Todos somos Francia, hemos dicho, en un gesto de solidaridad y empatía que nos ha de enorgullecer.

Pero, ¿cuánta gente sabe el lugar en el que fueron asesinadxs alrededor de 40 civiles, igual de
inocentes que lxs franceses, en Líbano, 24 horas antes del atentado de París?¿o las 30 personas muertas ayer en Nigeria?¿Cuánta gente sabe el número exacto de muertos que hubo? No sería tampoco descabellado (pero sí muy revelador) preguntar, ¿cuánta gente sabe si quiera que se han dado estos atentados, que esta gente ha sido asesinada?¿Cuántas portadas de periódicos, últimas horas radiofónicas o primeras noticias de telediarios (o segundas, o terceras, o cuartas...) han dado cuenta de estos muertos?¿Cuántos países han mostrado su apoyo y su pena por estas personas inocentes asesinadas y por sus familias?¿Cuántos monumentos se han teñido de la bandera libanesa o de la bandera nigeriana para honrar a las víctimas?¿Cuántas misas de Estado ha habido por sus almas?¿Cuántos Jefes de Gobierno coordinándose para vengar estas muertes?¿Cuantos filtros usados en Facebook?¿Cuántas veces usados los hashtag #WeAreLebanon o #WeAreNigeria?

Tal vez fue un despiste, tal vez el mundo estaba tan en shock por los atentados en Francia que ni los medios ni la gente de a pie se enteró de estos dos atentados. Alejemos el plano entonces. ¿Podría levantar la mano quien sepa qué organización terrorista mata en estos territorios?¿Podría hacerlo quien sepa que Boko Haram es la banda que más ha asesinado en el mundo y no Al Qaeda ni el ISIS?¿Y ahora a quién le suene que ya van 17.000 inocentes asesinados por estos terroristas en África y Oriente Próximo? 17.000 personas muertas, media ciudad de Teruel borrada del mapa. Y el mundo guarda silencio. Porque no lo sabe. Porque no se lo cuentan. Porque se ha acostumbrado. Porque le da igual.

Y es que ahí está lo más horrible de todo esto: ya nos hemos acostumbrado a que la gente sea asesinada fuera de las "fronteras occidentales". Ya no nos importa,. Nos excusamos convenciéndonos de que pasa tanto que ¿cómo vamos a enterarnos de todas las veces que matan? Además, pena nos da, pero es que Francia está aquí al lado, son "como nosotros"...

Europa y América del norte se infestaron hace tiempo de un virus larvado, silencioso, normalizador. El virus de la xenofobia, sino racismo, de la islamofobia. Nos sorprendemos y nos escandalizamos por el avance de la extrema derecha en Europa, aparentamos miedo porque el Frente Nacional sea el partido preferido por lxs francesxs. Pero no nos da ni un ápice de vergüenza que nos dé igual que el terrorismo mate si es fuera de nuestras fronteras, si no es a cristianos (o judíos si nos ponemos generosos), si no es a blancos. No nos asusta ver como normal que los medios de información ya no informen de estas atrocidades o que las releguen a una pincelada. No nos escandaliza no saber que ya hay más muertos por estos fanáticos en África y Asia que en 130 atentados de París como el del viernes. No nos aterra haber perdido el alma por el camino de la supremacía mundial.

"Exageras", puede que penséis, "no estamos tan acostumbradxs, no nos da igual lo que pase en otros países". Tal vez, podría ser, pero ¿cuántos de vosotroxs habéis escuchado a vuestro alrededor (sino salido de vuestra propia boca) "si van a matar, que maten en sus países"?


¿Por qué vemos como menos valiosa, como más prescindible y olvidable la vida de estas personas?¿En qué momento comenzó a darnos más pena que sea asesinado alguien que comparte nuestras creencias, nuestras fronteras, nuestro color de piel que alguien que no?¿En qué momento nos volvimos tan egocéntricos, tan prepotentes, tan desalmados que creemos que, cuando un musulmán mata a un occidental, los 1.200 millones de musulmanes deben de mostrar su repulsa y el mundo entero su pena pero los occidentales no tenemos ni si quiera porqué enterarnos de "sus" muertos? Y es que nosotros ya ni perdemos el tiempo en diferenciarlos. Ellos, todos, son musulmanes, nosotros europeos. Ellos son terroristas musulmanes, los nuestros terroristas. Ellos musulmanes asesinados, nosotros asesinados.

No debemos escandalizarnos porque los gobiernos occidentales se escoren hacia la extrema derecha, porque abracen la xenofobia y la islamofobia, porque sean insolidarios con el resto de la humanidad. Y no debemos hacerlo por una razón tan obvia que hasta da vergüenza tener que señalarla. Porque esos gobiernos no son sino la voluntad de unos pueblos que se han escorado hacia la extrema derecha, que han abrazado la xenofobia y la islamofobia y que son insolidarios con el resto de la humanidad. Nos creíamos en la cumbre de la humanidad, en el paraíso de la libertad y la igualdad, cuando en realidad vivimos en un palacio sin ventanas, cerrado a cal y canto contra la realidad y los horrores de fuera. Esos horrores sólo nos importan cuando entran dentro de nuestro palacio. Mientras no lo veamos, que continúe el horror.

Un mundo en el que los países que se erigen como salvaguarda de la decencia mundial, como referentes de la democracia y, nuevamente, de la libertad y la igualdad, se han sumergido sin reparos en la insolidaridad y la ceguera voluntaria para con el resto de pueblos que tiene esa misma ansia y ese mismo derechos a vivir libres, iguales y sin ser asesinados Ese mundo, es un mundo que merece ser cambiado desde la raíz, que no se merece ningún respeto, ni ninguna ovación. Ni esos países, ni sus ciudadanxs.

Dejemos de normalizar la muerte, volvamos a ser humanos. Recordemos que una vida es una vida, igual de digna y valiosa, haya tenido la ventura o desventura de nacer en Francia o en Líbano, en Alemania o en Iraq. Le hayan educado en el cristianismo o en el islamismo, en el ateísmo o el judaísmo. Haya nacido con sexo femenino o masculino, de raza blanca o negra. La tengamos aquí al lado o a 3.000 kilómetros.

Todos somos personas y eso es lo único que nos debería de importar. Comportémonos y sintamos entonces como personas que ven como otras personas son asesinadas. Sin adjetivos.

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