miércoles, 30 de diciembre de 2015

La virtud de saber cuándo callar

A diez días de las elecciones del 20D, de que el PP perdiera, no ya sólo la mayoría absoluta de la que gozaba, sino un tercio de su electorado y de sus diputados, de que hayan surgido dos nuevas fuerzas parlamentarias que, junto a sus coaliciones, suman 109 escaños, de que la izquierda abertzale haya cosechado unos resultados pésimos que ninguna encuesta había previsto, de que la, hasta hace poco, todopoderosa CDC, diluida en una amalgama de siglas para esconderse, haya pasado a ser la cuarta fuerza en Cataluña, de que aquella participación histórica que se esperaba ni se haya olido... a diez días de todo ello y durante estos diez días, el foco de conversaciones, de miradas, de titulares y editoriales han estado dedicados a un mismo y solo actor: el Partido Socialista.

Inicialmente, durante las primeras horas o incluso días, el PSOE fue el principal tema de conversación por haber conseguido salvar los muebles, por haber conseguido vencer a esas encuestas a pie de urna que le daban como desahuciado, siendo la tercera fuerza nacional por detrás del Partido Popular y de Podemos. Se habló de él porque tenía claras posibilidades de, aún habiendo obtenido su peor resultado cuantitativo desde la Segunda República, en una realidad completamente diferente, con un nuevo partido de izquierdas surgido con 69 escaños, se había dejado "tan solo" 20 actas por el camino y, cualitativamente, esos 90 escaños y ese 22% del voto fue un resultado más que digno que le dejaba al alcance de la mano volver al gobierno y hacerlo encabezando el cambio, apoyado por las nuevas fuerzas, que se clamaba desde la calle.

Pero esos diez días han dado para mucho y, aunque el PSOE sigue siendo el principal actor de este escenario postelectoral, quien más noticias protagoniza y quien más tertulias acapara, el motivo es completamente diferente. Se habla de un PSOE partido, de un Secretario General con el que se quiere acabar, de una imposibilidad para formar gobierno, de la seguridad de unos nuevos comicios esta primavera. En definitiva, se podría decir que, en estos diez días, el PSOE ha pasado de rozar el cielo a morder el polvo.

Pero, ¿a qué se debe este cambio?¿quién ha hundido la cabeza del PSOE cuando cogía una nueva bocanada de aire tras el éxito (de nuevo y situados en la nueva etapa pluripartidista en la que nos encontramos) cualitativo de las elecciones municipales y autonómicas que le dieron la mayoría de gobiernos y cogobiernos de las CCAA y de miles de ayuntamientos? No hace falta mirar muy lejos, no hace falta si quiera salirse del propio partido. Seis son las cabezas bien visibles que están abocando al PSOE al desastre, las cabezas de seis de sus barones y baronesas, presidentes y presidentas. Capitaneados por quien, desde el segundo posterior a que Pedro Sánchez fuera proclamado Secretario General, en aquel Congreso Extraordinario, por el voto directo de las y los militantes, no ha cejado en zarandear su silla, dejando que se especulara sobre sus intenciones sin negarlas jamás tajantemente, dejando que la ambigüedad en su discurso y en sus declaraciones acercara cada vez más a la espalda de Pedro el puñal del que todos hablaban.

Imagen sacada de El País
No es ningún secreto, ni han gastado un segundo en desmentirlo ninguno de ellos tampoco, que los Secretarios Generales de Asturias, Extremadura, Castilla La Mancha, Comunidad Valenciana y Aragón, con la Secretaria General de Andalucía a la cabeza, llevan días aspirando a cortar las alas al proyecto de Sánchez de buscar pactos con todos los partidos con los que se pueda pactar para llevar de nuevo al PSOE y a la izquierda al gobierno (siendo que los cinco primeros gobiernan gracias al apoyo o la abstención de Podemos) y, de paso, cortar también la cabeza del propio SG. Y digo bien "Secretarios Generales" y no federaciones porque han sido estos "grandes gerifaltes" en solitario quienes se han lanzado al monte de la destrucción del proyecto socialista para gobernar, ni mucho menos cuentan con el apoyo de sus federaciones ni de sus militantes. Es más, con este movimiento para tirar a Pedro Sánchez y al PSOE por el camino, si algo han conseguido en todo caso, es unir a una mayoría de la militancia socialista en la defensa del Secretario General, democráticamente elegido, y de sus legítimas aspiraciones de intentar un pacto con el resto de formaciones parlamentarias. Sin contar con que también han conseguido hundir la imagen del partido, destrozar los nervios de las y los militantes que llevan años defendiendo en la calle la necesidad del voto al PSOE y de su llegada al gobierno y la animadversión de una gran cantidad de militantes y votantes que encuentran incomprensible este movimiento.

Porque no es secreto que este movimiento existe, pero lo que sí que parece ser secreto es su motivación y su objetivo, más allá de acabar con Sánchez y con las posibilidades del PSOE para llegar al gobierno. Desde que este proceso comenzara, no han cesado las declaraciones en los medios de estos seis dirigentes, sin guardarse nada para ellos o para el correspondiente foro de debate interno en el que se deberían de producir este tipo de confesiones, negando al SG la posibilidad de llegar a acuerdos con otras fuerzas, conminándole a quedarse en la oposición (propuesta extraña cuando también le conminan a votar NO a la candidatura de Rajoy con lo cual sería imposible estar en la oposición, a no ser que Podemos votara a favor de Rajoy, de otro modo se iría a nuevas elecciones, no a la oposición), llegando incluso a anunciar claramente (aquí) su seguridad de que habrá nuevas elecciones y dando por imposible que el PSOE consiga los apoyos necesarios. Toda esta claridad y forma directa de hablar contrasta espectacularmente con su negativa a responder afirmativamente cuando se les pregunta si creen que Pedro Sánchez sería un buen candidato de volver a repetirse las elecciones o si cuenta con su apoyo.

Declaraciones y hechos en un periodo delicado para el partido y para el país, que han dejado anonadados a militantes y votantes por su irresponsabilidad (amén de a los propios medios de comunicación, que tampoco son capaces de encontrar una explicación), que está levantando un sentimiento de descontento generalizado por el espectáculo protagonizado, propiciado y patrocinado todo ello por el mismo partido y que está sirviendo para esconder las flaquezas y trapos sucios del resto de formaciones políticas.

Imagen sacada de El País
¿Qué ocurriría con el PSOE de celebrarse unas nuevas elecciones como estos seis barones/as pretenden?

En una situación "normal", teniendo en cuenta el programa de políticas sociales, económicas y de justicia del PSOE (como éstas , ésta o ésta), de no poder llevar este programa al gobierno porque el principal partido que debiera de apoyarlo, que no es otro que Podemos, se niega a hacerlo por la no celebración de un referéndum en una de las 17 autonomías del Estado, relegando todo lo demás a un segundo plano, como si lo más importante para los 47 millones de españolas y españoles durante estos cuatro años hubiera sido que no se ha podido celebrar el referéndum en Cataluña y no la desmejora del Sistema de Salud, el paro crónico, la inutilización de la Ley de Dependencia, los trabajadores pobres... Como decía, de encontrarnos en una situación normal, como la de cualquier democracia pluripartidista europea, ante esto, lo lógico frente a unos nuevos comicios sería que, el electorado del partido de izquierdas (Podemos) que ha impedido la formación de un gobierno de izquierdas por una única línea roja que, aunque defendible, tan solo afecta a una de las 17 regiones, fuera a parar al partido de izquierdas (PSOE) que ha visto frustrado su intento de cambiar la realidad española, como se venía exigiendo desde el inicio de la crisis, por falta de apoyos.

Pero no se vive una situación normal, el pluripartidismo ha llegado a las instituciones pero no a la forma de pensar y actuar (electoralmente) del español medio. A día de hoy, tan sólo existe un tipo de electorado tan cerrado en apoyar a su partido haga lo que haga como los 7 millones que le quedan al Partido Popular: el electorado de Podemos. No lo digo yo, según una encuesta de La Sexta (me ahorraré los calificativos sobre su "neutralidad"), de celebrarse nuevos comicios un 0% de los votantes de Podemos cambiaría su voto, frente a un 1,4% del PP, un 6,8% del PSOE y un 15,1% de Ciudadanos. Es decir, Podemos no tiene nada que perder por forzar unas nuevas elecciones aún sin motivos y aún dando la posibilidad de que en unos nuevos comicios las derechas de PP y C's si que sumaran, pero si que tiene que ganar, contentando a los de Colau y consiguiendo su tan ansiada medalla de plata y el rebasamiento al PSOE (ya que es a todo a lo que han aspirado desde su nacimiento, a destruir al PSOE, no ha destruir al PP o a desalojarlo del poder).

Así pues, llegado el caso de haber frustrado un gobierno de izquierdas, con su reversión de los 4 años de políticas antisociales del PP, por una única cuestión territorial, el electorado de Podemos volvería a votar en masa al partido morado y el PSOE, desprestigiado por los movimientos intestinos que lo están desgarrando desde sus más altas esferas, en uno de sus momentos más delicados, volvería a perder electorado a borbotones, desencantado por este ruido de espadas innecesario, incomprensible y estúpido, que iría a parar mayoritariamente al resto de formaciones de izquierdas dando a Podemos la añorada segunda plaza.

Con todo esto, ¿hay alguna forma de comprender y compartir el motivo que lleva a estos Secretarios Generales a poner en juego la gobernabilidad del país y el futuro del PSOE de no ser éste un "quítate tú para ponerme yo"?  Y, de ser éste el motivo, ¿cómo puede haber algún socialista que defienda este mareo de la perdiz, este desprestigio del partido, esta quema de la posibilidad de devolver la dignidad y los derechos y libertades al pueblo español desde el gobierno?

Mucho se hablará sobre lo que estos días ha ocurrido entre estos seis dirigentes que han desconectado completamente de las necesidades del país, de la situación de su partido y de la voluntad de sus militantes. Mucho se hablará sobre ello y sobre lo que está por venir en los próximos meses, pero hay que recordar a estos líderes que, más que hablar, el saber cuando callar y/o dónde hablar es una gran virtud y que, con cada una de sus comparecencias y declaraciones públicas y desmedidas a los medios, destrozan un poco más la imagen del PSOE y alejan de él a sus votantes.

Es el momento de hacer país, de hacer izquierda y de hacer partido, recuperando todos los derechos y libertades perdidos durante estos cuatro años, no de personalismo o aspiraciones personales. Perder la oportunidad que dio el 20D puede significar perderlo todo durante mucho tiempo, hay que saber estar a la altura y, quien no lo esté, ha de aprender a que no se le note.

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