domingo, 20 de marzo de 2016

Sueño quebrado

Había una vez, en un lugar muy muy cercano, un antiguo continente que se encontraba sumido en la oscuridad. Los totalitarismos fascistas y comunistas lo habían roto. Las dictaduras campaban a sus anchas, en especial al sur y al este. La guerra, la muerte y el odio lo asolaban. A punto estuvo de sucumbir en dos ocasiones, en las que el resto del mundo se vio envuelto, junto con él, en sendas guerras desoladoras, que marcarían al ser humano de por vida.

Pero resistió. Después de décadas de tinieblas, llegó la luz. Con la colaboración y el apoyo del resto del planeta, fue capaz de vencer a sus demonios. Al borde del abismo, con su población huyendo y siendo acogida por los Estados vecinos, pudo poner fin al mayor terror que se había conocido.

Sobre el mar de sangre que empapaba esa tierra, con los cientos de millones de almas de las gentes inocentes asesinadas como testigos mudos, los principales actores y motores de ese continente, junto con gran parte del resto de miembros, se conjuraron para que aquello nunca volviera a ocurrir. Para que el odio nunca más pudiera reinar, decidieron que, si separados no habían sido capaces de hacerlo, lo harían a través de una Unión.

Y así se urdió su conjunción. A diferencia de su vecino de ultramar, que se aposentó sobre el pilar principal de la libertad a ultranza, significando mayormente este principio el sueño de tener la misma libertad que los demás para llegar a ser ricx, estos Estados decidieron unirse sobre la tétrada de pilares de Libertad, Igualdad, Fraternidad y Justicia, para aposentar la tierra que se convertiría en el faro mundial de aquellxs que aspiraban a un mundo nuevo. Una tierra que fue vista como la superación de las fronteras territoriales y la unión de los diferentes pueblos por un bien común.

Esa Unión, que fue fundiéndose económica, financiera y legalmente, llegó a aspirar a unirse políticamente también. Su labor por la concordia mundial fue premiada con el mayor reconocimiento planetario en pro de la Paz. Parecía que la democracia había encontrado su paraíso.

Pero, con el paso del tiempo, fue pasando de una Unión de pueblos a un Club en el que, al principio, se intentaba dar cobijo a todos aquellos miembros que querían tener una segunda oportunidad después de salir de sus propias pesadillas y que, después, fue poniendo requisitos de etiqueta, cada vez más duros, para permitir nuevas entradas. Incluso llegó a amagar con expulsar a alguno de los que ya estaba dentro.

La aspiración de una Unión económica y financiera comenzó a imponerse sobre la política y social. El proyecto de la Unión se subyugó a su nueva moneda en vez de utilizarla como la herramienta como la que había sido forjada. Ya no se buscaba convertirse en los Estados Unidos de esa Unión, ahora se trataba de no romperse para no desangrarse económicamente.

La Unión se malogró poco a poco. Se transformó en un club de élite que fue perdiendo sus valores y que dejo de ser el faro que enfocaba al resto del mundo, atrayendo su mirada, para enfocar toda su luz y sus preocupaciones sobre sí misma. Sus puertas ya no estaban abiertas para una Unión de pueblos. Se encerró tras altos muros que le protegieran contra el exterior, que le impidieran ver la realidad, que le aislaran.

Ese continente pasó de ser la tierra de la libertad, a ser la tierra de las élites libres .La guerra, las dictaduras y la muerte volvían a correr por el mundo, pero esta vez lo hacían fuera de la Unión. Las gentes a las que entonces les tocaba sufrirlo, llamaban desesperadas a las puertas de lo que para ellxs era el edén de la libertad, de una nueva vida sin miedo y con oportunidades, aunque fueran simplemente las de seguir existiendo. Pero no hubo respuesta. Las élites de la Unión habían olvidado su historia, su experiencia 70 años atrás, lo que aquel terror suponía. Se colocaron el antifaz y con el dedo señalaron a estas gentes el camino a seguir: fuera.

"No se les puede dejar entrar" -se decía al pueblo llano, cuando de vez en cuando se dejaba llevar por la emotividad de ver en los medios a unx de lxs niñxs de aquellxs extranjerxs muertx o agonizando-, "entonces vendrían más". Se olvidaron de cuando eran ellxs los que huían, de que no había frontera que los retuviera para proteger la vida de sus pequeñxs y las suyas propias.

La Unión marcó en los anales de la historia un día negro. El 18 de marzo de 2016 quedaría grabado como el día en el que se quebró el sueño con el que había nacido aquella Unión, que buscaba acabar con la intolerancia, la muerte y los totalitarismos, que se defendía como la tierra más avanzada, social y humanitaria. El día en el que se blindó contra el sufrimiento extranjero de la forma más fácil: impidiéndole entrar.

Y éste es el momento de la historia en el que nos encontramos, cuando las élites han podrido sus raíces morales y el pueblo es feliz con sus ojos tapados por la mano que le ponen desde arriba y que él tampoco hace mucho esfuerzo por quitarse. Es más, quien intenta hacerlo, resulta molesto al resto.

Pero el cuento no acaba aquí, no puede acabar aquí. Como todxs sabemos, aún tiene que llegar ese último momento en el que parece que está todo perdido y no se puede ir a peor; en el que, con el aliento contenido del público expectante, quienes siguen manteniendo aquellos valores primigenios, final y sorprendentemente vuelven a coger las riendas de la Unión y a convertir esa tierra en el faro mundial de justicia, libertad, igualdad y fraternidad que un día fue.

El cuento no puede acabar aquí porque los cuentos siempre acaban bien, lxs malxs siempre pierden y lxs buenxs siempre ganan y, en este cuento, todavía no ha llegado la escena de lxs buenxs.

Y este cuento no puede acabar sin que lxs buenxs aparezcan, ¿no?




miércoles, 9 de marzo de 2016

Gerontofobia política

"Se requiere experiencia", es la frase que probablemente más se repita en los anuncios laborales. Un requisito hasta cierto punto lógico, que pierde su lógica cuando se requiere experiencia para todo trabajo existente y se pone complicado lo de conseguir experiencia sin haber podido conseguir trabajo por falta de ella, pero que todos podemos llegar a entender. No hace falta ser un gran empresario, a todxs, si nos dieran a elegir, nos gustaría tener a alguien con algún tipo de experiencia previa para nuestro pequeño negocio o nos quedaríamos mas tranquilo si, quien cuida de nuestrxs pequeñxs y/o de nuestrxs mayores, es alguien algo bregado en esa cuestión.

Sí, todos podemos comprender que la experiencia es un plus para cualquier trabajo. Salvo con una honrosa excepción: la política.

De un tiempo a esta parte, el hecho de tener experiencia política y experiencia vital en nuestro país estando, pongamos, por encima de la cincuentena, se ha convertido por si mismo en un argumento que desbarata las aspiraciones políticas de cualquiera, un hecho que se ha acentuado con la llegada de la "nueva política", principalmente del entorno de Podemos. A día de hoy, parece que España no es país para "viejxs" políticxs. Parece costumbre que, sobretodo entre la gente joven, ante la pregunta de por qué no votar a PSOE o incluso a IU, una de las respuestas más corrientes sea "porque llevan mucho tiempo ahí", incluso que fuera la opción que sus padres votaban, cuando por fin adquirieron el derecho a hacerlo, parece ser algo denigrante.

De arriba abajo y de izquierda a derecha: Giorgio Napolitano,
Nelson Mandela, Franklin D. Roosevelt y Mahatma Gandhi.
Por otro lado, la respuesta al porqué de su voto a fuerzas como Podemos, suele ser recalcitrante en el "son nuevos", "acaban de llegar", "son jóvenes", etc., etc..

El poso ideológico y de propuestas queda en un abandonado segundo o tercer plano cuando la imagen es lo que impera.

Pero, ¿por qué esta fobia a la edad? ¿por qué esta identificación de lo joven con lo bueno y lo experimentado con lo malo? ¿qué sería del mundo si a la hora de elegir a nuestrxs líderes politicxs nos hubiéramos regido por esta norma clasista?

¿Qué hubiera sido de Italia, en plena crisis económica, financiera, social y política si el excomunista Giorgio Napolitano no hubiera accedido a continuar con un segundo mandato en la presidencia italiana a sus casi 88 años para actuar como amalgama política e instaurar la tranquilidad en el país? ¿quién puede imaginar la lucha sudafricana contra el Apartheid sin Nelson Mandela, quien sería su presidente entre los 75 y los 80 años?, ¿acaso existiría hoy la Organización de las Naciones Unidas sin el sexagenario Roosevelt?, ¿sería India hoy la misma sin la lucha de Gandhi hasta bien pasados los 70?

De arriba abajo y de izquierda a derecha: Jeremy Corbyn,
Bernie Sanders y Hillary Clinton.
En el verano del 2015, el Partido Laborista del Reino Unido celebró la elección popular de su nuevo líder que, con el apoyo cuasi unánime de la juventud izquierdista inglesa eligió, con sus 66 años, a Jeremy Corbyn, el candidato más veterano y más escorado a la izquierda entre los cuatro que se presentaban. Mientras, en Estados Unidos lxs jóvenes están reincorporándose a la vida política estadounidense subidos en una ola de ilusión provocada por el Senador demócrata Bernie Sanders, un socialista de 74 años que lleva cuatro décadas haciendo política y, quién probablemente gane la nominación demócrata y tenga que medirse en las presidenciales de noviembre con el magnate Donald Trump, será una Hillary Clinton a sus 68 años.

Pero no sólo en lo personal, en el panorama político internacional, la edad parece no ser en absoluto una rémora sino que, a nivel de partido, esos 136 años de historia que el Partido Socialista carga a sus espaldas y que parecen ser otro argumento en su contra, no suponen ninguna lacra en el resto de países.

¿Acaso es preferible el Partido Republicano de Reagan y Bush (y, ahora, seguramente Trump) por contar con 27 años menos que los 188 de los que cuenta el Partido Demócrata de los Nobel de la Paz, Al Gore y Barack Obama (vale, tal vez Gore hizo bastantes más méritos que Obama para ganar el premio)? o, ¿no sigue siendo la histórica y vanagloriada socialdemocracia nórdica de Olof Palme el ejemplo político que todxs nos ponemos cuando queremos referenciar el mejor hacer de la política? ¿es peor esta referencia mundial de la izquierda y parte de la derecha cuando recordamos que el Partido Socialdemócrata de Finlandia cumple ya 117 años, el Partido Socialdemócrata Sueco 127, el Partido Laborista noruego 129 o los Socialdemócratas daneses 145?

Pero no hace falta tampoco salir de casa. Volviendo a asuntos más domésticos, es imposible para la izquierda republicana española hacer referencia a la II República sin hacer un trazado perpendicular con la imagen de Manuel Azaña a sus 56 años como su Presidente. Tampoco al partido de Pablo Iglesias pareció importarle mucho la edad cuando lanzó como fichaje estrella, en su estreno electoral en las elecciones europeas de 2014, al exfiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo (hoy alejado de la formación y crítico con sus acciones) a sus 79 años. Ni, para el bien más preciado de la "nueva política", referente de la izquierda española y, especialmente de la nueva izquierda alternativa, la "alcaldesa de España", Manuela Carmena, parecen pesar sus 72 años y su más de medio siglo en política.

En el fondo, Manuel Azaña. Esquina superior izquierda, Carlos Jiménez
Villarejo. Esquina inferior derecha, Manuela Carmena.
Dejando a un lado los ejemplos, ¿acaso alguien considera realmente que, a la hora de dirigir un ayuntamiento, una región, un país... de tener la vida y el día a día de miles o millones de personas en la mano, ha de contar más lo joven que se sea que la experiencia que se tenga, que ha de ser más importante quedar bien en el cartel electoral que en los libros de historia?

Conste que esto no supone desprestigiar o descalificar a la gente joven en política por el hecho de serlo, al contrario, hay muchísima gente joven formada y capaz de llevar a cabo estas tareas y que, de hecho, lo está haciendo. Pero, el mero hecho de ser jóvenes, no da un don especial ante este desafío, del mismo modo que ni lo da ni lo quita, por sí sólo, el no serlo.

La izquierda es progreso. La izquierda defiende acertadamente la necesidad de no diferenciar a las personas ni prejuzgar sus capacidades por razón de sexo, religión, orientación sexual, raza, lugar de procedencia... ¿por qué acepta hacerlo por su edad?

Se puede ser de izquierdas y no ser joven , pero no se puede serlo siendo discriminatorio. Y, sí, la gerontofobia, aún en política, es discriminación.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Candidato Trump

Ya está, es un hecho, aquello que el establishment republicano y el resto del mundo temíamos ya es irrefutable. Donald Trump será el próximo candidato del Grand Old Party de Lincoln a las elecciones presidenciales de noviembre.

Bastantes meses antes de que termine el proceso de primarias y caucus, cuando sólo han participado cuatro Estados en esta carrera, parece ya inevitable que Trump sea el candidato.

Después de los procesos de Iowa, New Hampshire y el más reciente en Carolina del Sur, que Trump perdiera en el primero y se quedara con el 32 y el 35% de apoyos en los otros dos, hizo (querer) pensar a los "anyone but Trump" (cualquiera menos Trump), que el magnate xenófobo tenía un techo electoral que no superaría esas cifras. Pero ese sueño ha volado por los aires en Nevada.

Con el 100% recontado, Trump se ha llevado el 45,9% de los votos, es decir, casi uno de cada dos.

Podríamos pensar que, bueno, es mucho pero es menos de la mitad y que, dando por descontada la retirada de Kasich y Carson después de sus penosos resultados que les impiden derrochar la multimillonada que el SúperMartes requerirá (como escribía Roger Senserrich en su interesante análisis, ¿qué clase de persona sigue financiando la carrera hacia la nominación de Carson?), bastaría con que, o bien Cruz o bien Rubio, se retiraran para quedar en una carrera de uno contra uno en la que, uno de los dos cubano-americanos, aglutinara todo el voto anti-Trump.

Sí, suena fácil y bonito. Pero no lo es. Después de que Cruz ganara el caucus de Iowa y de que Rubio superara todas las expectativas quedando a escasos votos de Trump, los dos han quedado virtualmente empatados en las dos últimas elecciones (22,5% para Rubio y 22,3% para Cruz en Carolina del Sur y 23,9% para Rubio y 21,4% para Cruz en Nevada), ¿cuál de los dos va a ser el que decida retirarse voluntariamente para impedir la victoria de Donald por amor al GOP, a EEUU y al mundo en general?
Imagen obtenida de The Guardian

Para ponerlo más "interesante" aún, la gran mayoría de elecciones republicanas están basadas en el principio de "winner takes it all" (el ganador se lo lleva todo), es decir, que no vale quedar segundo porque, tanto Rubio con su 22,5%, como Carson con su 7,2% se llevaron los mismos delegados de Carolina del Sur: 0. No vale con quedar segundo aunque la distancia con el primero sea de un 0,001%. Sólo importa ganar. Y, con Trump sumando casi la mitad de los apoyos, sólo se puede arruinar su victoria prácticamente segura superando ese "casi". Es decir, tres de los cuatro candidatos no-Trump se tienen que retirar y tienen que hacerlo antes del 1 de marzo.

¿Por qué antes de esa fecha? El 1 de marzo es el "SúperMartes", en el que están en juego nada menos que 12 Estados, quien gane en esos Estados ya tiene la mitad de los delegados necesarios para conseguir la nominación del GOP. Con lo que, con la mitad del voto con Trump y la otra mitad dividida entre Rubio y Cruz y yendo a parar todos los delegados al candidato más votado, tras haberse destruido la "teoría del 35%", o Cruz o Rubio se retiran esta semana o Trump es ya imparable.

De no retirarse uno de los dos, no sólo debe de preocuparse el Partido Republicano porque ése vaya a ser su candidato, o EEUU porque pueda ser su presidente, sino que debemos de ser toda la humanidad quienes temamos que alguien como Trump llegue a convertirse en el líder de la primera potencia mundial. Un personaje xenófobo, machista y populista (en el sentido peyorativo europeo, no en el sentido norteamericano de cercanía al pueblo) que, en uno de sus mítines en Las Vegas, se permitía el descaro de mandar a Seguridad a expulsar a un veterano de guerra que llevaba una pancarta contraria a su islamofobia con un simple "echadlo" o que, ante otro chico contrario a sus propuestas presente allí, además de ordenar que lo echaran, se permitió fanfarronear ante las miles de personas que abarrotaban el recinto afirmando que lo que le apetecía no era echarle, sino pegarle un puñetazo y que, en sus tiempos, ese chico no hubiera salido de allí acompañado de Seguridad, sino que hubiera salido en camilla (sic). Declaraciones y escenificaciones que son imposibles no asociar con el matonismo del partido neonazi griego Aurora Dorada, por no retrotraernos a tiempos de odio y represión más antiguos y alemanes.

Imagen obtenida de The Guardian
Pero no es esto lo más preocupante, Trump está en su libertad (y más en EEUU) de ser el patético muñidor del discurso del odio y el miedo que quiere ser. Lo realmente terrorífico son las miles de personas que le aplaudían y que reían mientras esos dos hombres eran expulsados burdamente y amenazados por nada menos que un candidato a presidente de los Estados Unidos. Lo que debe de causarnos aún más incredulidad, son las cientos de miles de personas que están comprando ciegamente ese discurso con cada apoyo a Trump, pues no es la primera vez en la historia que se han ganado elecciones democráticas con el apoyo y concierto del pueblo cuando se esgrimía la necesidad de crear muros que separaran a unos de otros, cuando se decía que había que hundir a un enemigo, entonces judío y ahora mexicano y latino, para que el pueblo elegido al que se pertenecía volviera a brillar como tiempo ha.

Podemos seguir esperando hasta el próximo martes a que se dé el improbable milagro de que Cruz o Rubio se retiren y creer que, el apoyo popular de todos los candidatos retirados, fuera a ir a parar al que quedara frente a Trump sin excepción. Mientras tanto, también podemos pensar que esto pone en bandeja la elección de noviembre para Hillary Clinton o para Bernie Sanders, ya que es imposible pensar que el pueblo estadounidense, por supuesto el demócrata, pero también gran parte del republicano, dejen a un personaje como Donald pisar la Casa Blanca.

Sí, podemos pensar eso, como también pensamos un día que Trump no tenía ninguna oportunidad.


sábado, 20 de febrero de 2016

Frente Popular Vol. 2

El pasado 16 de febrero se celebró el octogésimo aniversario de la histórica victoria del Frente Popular en las últimas elecciones democráticas de la España republicana. La izquierda en su conjunto, desde la más moderada Unión Republicana hasta los más izquierdistas PCE y POUM, pasando por el corazón de la coalición, el Partido Socialista de Indalecio Prieto y la Izquierda Republicana del presidente Azaña, se unieron bajo la misma marca para conseguir la fuerza que desbancara a la derecha en el gobierno, controlado por la filo-fascista CEDA, que había quebrantado a las clases populares y trabajadoras.

Se cumplieron este martes ochenta años desde que la unión de las izquierdas hiciera posible su vuelta al poder con el apoyo mayoritario del pueblo, de hombres y mujeres, a través de las urnas. Un hito democrático que, un ejército golpista, una derecha antidemocrática y un clero reaccionario y omnipresente, llevaron cinco meses y dos días después a otra etapa histórica, pero esta vez de fratricidio, sangre y muerte, seguida de cuarenta años de miedo y oscuridad.

Volviendo al presente, ocho décadas después, la izquierda se encuentra de nuevo en una encrucijada histórica. Cierto es que la realidad actual difiere en muchos aspectos de la de entonces. A día de hoy, no hay duda alguna sobre el espíritu democrático de nuestras Fuerzas Armadas ni de que acatarían las órdenes de aquel partido que llegara a Moncloa, fuera éste cual fuese. Tampoco el clero de hoy dispone de la influencia política y social sin medida de la que gozaba entonces y, una parte importante de la derecha, se ha desligado de ese sentimiento antidemocrático que entiende como únicamente propio el poder y de sus raíces franquistas.

Por otro lado, en ambas épocas se estaba saliendo de la, en cada momento, mayor crisis económica y financiera conocida hasta el día. Entonces habían pasado siete años desde el Crash del 29 y hoy ocho desde la caída de Lehman Brothers, con el agravante de que hoy, a estas crisis, se suman una social y otra política. También hoy la extrema derecha, xenófoba y racista, vuelve a avanzar a ojos vista desde toda Europa, Alemania como entonces, pero también Francia, Holanda, Suecia, Finlandia, Grecia, Austria... y "guerra", "muerte" y "refugiado" son palabras que flotan en aire a diario.

Con los parecidos y diferencias, hoy, la izquierda se encuentra en lo más parecido, desde aquel febrero del 36, a la reedición de aquel Frente Popular. Con una derecha absoluta en el gobierno durante los últimos cuatro años que, de nuevo como entonces, ha quebrantado los derechos y la igualdad de lxs españolxs, ha elevado hasta límites insospechados el conflicto territorial, que desde que sus 186 diputadxs tomaron posesión oficial de su acta, desconectaron completamente de la sociedad y aplicaron un rodillo y cortaron todo contacto con el resto de fuerzas políticas. En ese estado, la izquierda se ha conjurado para hacer valer su representación institucional y echar a esta derecha del gobierno.
Rafael Alberti en un mitin tras la victoria del Frente Popular

Pero hoy, a pesar de haber sumado un millón más de votos que las derechas, la izquierda no cuenta con una ley electoral que premia con una mayoría más que absoluta a las listas vencedoras como con la que contaba el Frente Popular. No, hoy la izquierda no tiene una mayoría de escaños aunque tenga una mayoría de apoyos.

Así hoy, como entonces el Frente Popular, la izquierda se aglutina en torno a su pieza fundamental: el PSOE. Un PSOE que esta semana aceptaba la oferta lanzada por Alberto Garzón de comenzar las negociaciones a cuatro, junto con Podemos y Compromis.

Durante las casi tres semanas que han pasado desde que Pedro Sánchez recibiera el encargo para intentar formar gobierno, el comportamiento antidemocrático de Podemos y que parecía mostrar un desconocimiento absoluto de lo que la democracia parlamentaria significa, negándose a iniciar conversaciones con lxs socialistas hasta que estxs no dejaran de hablar con Ciudadanos, mantuvo estancada la posibilidad de un acuerdo de izquierdas. Hoy, esa posibilidad vuelve a estar en marcha.

No se hubiera entendido tampoco que Sánchez se negara a llevar a cabo estas conversaciones, pues eso hubiera supuesto declarar el hecho de que daba por imposible un entendimiento con Podemos y que apostaba únicamente por el acuerdo con Ciudadanos.

Pero, finalmente, las conversaciones de las izquierdas van a empezar y, seguramente, sirvan para superar anteriores encallamientos entre PSOE y Podemos. En una mesa a cuatro, con las otras dos fuerzas a las que Pablo Iglesias quiere incluir en su hipotético gobierno multipartito, sería relativamente fácil desactivar la línea roja de Iglesias del referéndum catalán al enfrentarse a la realidad de que ni IU-UP ni Compromis (ni por supuesto el PSOE) tienen esa línea insalvable como propia. Igualmente, obligaría al PSOE a buscar con más ahínco ese acuerdo de izquierdas para no figurar como aquel que lo hizo imposible.

No hay que olvidar, aún así, que lxs 161 diputadxs que estarán representadxs en esa mesa, seguirán siendo una minoría, no ya sólo para conseguir la investidura, sino para poder funcionar después con un Congreso mayoritariamente en contra, por lo que sigue siendo imprescindible el acuerdo y el entendimiento con otras fuerzas del arco parlamentario que, como indicaba en anteriores posts, convierte a Ciudadanos en el partido a seducir.

En este ochenta aniversario de la victoria del Frente Popular, sería una triste celebración que hoy la izquierda fuera incapaz de ponerse de acuerdo para llevar a cabo aquello que el pueblo le ha encargado, que no es sino hablar, gobernar y devolverle los derechos, las libertades, la dignidad y la ilusión arrebatadas por cuatro años de derecha.

Imagen tomada de La Vanguardia
Existe mimbres muy sólidos y razones muy poderosas para crear un gobierno con un amplio apoyo popular y parlamentario, que ponga fin al expolio de lo público y coto a la vergüenza internacional de la corrupción sistémica.

La posibilidad de este acuerdo es muy posible y, el deseo de las urnas para que se dé, muy tangible. Tan sólo falta la disposición de los agentes políticos necesarios para estar a la altura que la realidad les está pidiendo estar.

Si una izquierda tan diversa como la que conformó el Frente Popular fue capaz de unirse en un momento tan espinoso y tan al borde del precipicio, la historia no podría perdonar que, una izquierda con tantos objetivos en común y con menos espinas en este momento que le ha tocado, se boicoteara a sí misma e impidiera su unión.

Ninguno de ellos podrá celebrar la victoria de aquel febrero del 36, si no son siquiera capaces de intentar emular su grandeza.

domingo, 7 de febrero de 2016

El juego de los vetos

Contamos pocos años cuando nos vemos inmersos en el mundo de las matemáticas. Nada demasiado elaborado, sumas y restas bastan para comenzar, así como saber qué numero es mayor que otro. Siete semanas después de las elecciones generales del 20 de diciembre, con todos los partidos de la cámara jugando a los vetos entre ellos, como si de un Congreso con infinidad de posibilidades diferentes de suma se estuviera hablando, cabe recurrir a estos conocimientos básicos para recordar cómo está la situación.

El Congreso de los Diputados cuenta con 350 diputadxs. Para elegir al nuevo presidente, es necesaria la mayoría absoluta de la cámara, es decir, 176 votos. Para salir elegido dos días después, basta con una mayoría simple, es decir, más votos positivos que negativos.

Separando a los partidos que obtuvieron representación en las elecciones en bloques ideológicos tenemos:
-Bloque de derechas: PP-123, C's-40, DiL-8, PNV-6, CC-1. Total: 178.
-Bloque de izquierdas: PSOE-89, Podemos-65, ERC-9, Compromis-4, IU/UP-2, Bildu-2, NC-1. Total: 172.

Luego, hablando estrictamente en el eje izquierda-derecha, la derecha contaría con una mayoría absoluta en el Congreso.

Pero en la España de 2016, con Cataluña iniciando su "desconexión" unilateral del resto del Estado, no se puede hablar sólo en este eje, también hay que tener en cuenta otros. Por ejemplo, el eje independentista-unionista(o no independentista,al menos):
-Derecha unionista: PP-123, C's-40, PNV-6, CC-1: Total: 170.
-Derecha separatista: DiL-8. Total: 8.
-Izquierda unionista; PSOE-89, Podemos-65, Compromis-4, IU-2, NC-1. Total: 161.
-Izquierda separatista: ERC-9, Bildu-2. Total: 11.

Con esta división, ningún bloque tendría una mayoría absoluta para elegir a un candidato a presidente en la primera ronda, pero sí que habría una mayoría relativa en la derecha unionista.

¿Termina aquí el pesado ejercicio de suma y resta? No, aún habría que hacer una división más. Entre los partidos a los que la justicia ha señalado como corruptos hasta la médula y que han tenido a la ciudadanía en la calle durante años por sus políticas antisociales y los que no. Con esta última división nos quedaría:
-Derecha unionista corrupta y antisocial: PP-123. Total: 123.
-Derecha unionista no corrupta: C's-40, PNV-6, CC-1. Total: 47.
-Derecha separatista corrupta y antisocial: DiL:8. Total: 8.
-Izquierda unionista no corrupta: PSOE-89, Podemos-65, Compromis-4, IU-2, NC-1. Total: 161.
-Izquierda separatista no corrupta: ERC-9, Bildu-2. Total: 11.

Finalmente, nos encontramos con que el bloque predominante es el de la izquierda no imputada ni con la ciudadanía en contra, pero con una mayoría simple, a 15 escaños de la absoluta, a la que la suma del resto de partidos podría tirar cuando quisiera. Luego, ¿quién puede pactar con quién?

Es comprensible que, con Cataluña en pleno proceso independentista, para Pedro Sánchez, como encargado de formar gobierno, no sería una opción el pacto con las fuerzas independentistas, lo que excluye a ERC, DiL y Bildu. Excluidas del pacto, lo cual es muy diferente de quedar excluidas del diálogo pues, si se pretende dar solución al "conflicto catalán" por medio de la palabra, son las fuerzas con las que hay que dialogar.

Por otro lado, después de 4 años de rodillo del Partido Popular, que han concentrado a toda la oposición, a izquierda y derecha, parlamentaria y extraparlamentaria, en su contra, así como a gran parte de la población y, con nuevos casos de corrupción saltando a cada día (recordemos que el PP tiene a todxs salvo uno de sus concejales en Valencia, la tercera ciudad española, imputadxs y a su exalcaldesa durante más de dos décadas en el punto de mira), se puede ver como lógico que es el propio PP el que se excluye, por la vía de los hechos, del pacto con el resto de fuerzas y el que autocoloca un cordón sanitario a su alrededor mientras se niegue a regenerarse y a afrontar su tremendo problema con la corrupción.

Hasta aquí todo fácil, excluidas las fuerzas imputadas y las independentistas, tan solo quedaría excluir a las diferenciadas ideológicamente.. Pero, lamentablemente, este pasos no es tan sencillo ni factible, ¿por qué? Calculemos de nuevo. Con esta última división, sumando a los noes de PP, ERC, DiL y Bildu los de C's, PNV y CC, nos encontraríamos con una mayoría más que absoluta de 189 votos, frente a los otros 161 de PSOE, Podemos, Compromis, IU y Nueva Canaria.

¿Qué otras opciones quedarían llegados a este punto de rechazo a la candidatura de Pedro Sánchez? Serían dos. Una, que Mariano Rajoy tomara el relevo en el intento por formar gobierno, lo cual nos llevaría al mismo punto pues, como mucho, contaría con sus 123 votos positivos y la abstención de los 40 de C's o, aunque en un improbable caso C's votara a favor, serían 163 votos contra los otros 187 del resto de partidos que ya han adelantado su negativa a Rajoy y a este PP. Y la otra opción sería una repetición de las elecciones en el mes de junio que, según todas las encuestas, nos volverían a situar en la casilla de salida del 20D, escaño arriba, escaño abajo, pero con la misma imposibilidad para formar gobierno según este sistema de bloques.

¿Cuál sería entonces la solución menos mala? Vayámonos al botón de "deshacer" el último movimiento. Descontando la división entre los bloques por ideología, tenemos a dos grupos no separatistas, que no están corrompidos desde la raíz y que no generan un rechazo absoluto por el resto de fuerzas. Esos serían PSOE, Podemos, Compromis, IU y NC por un lado y C's, PNV y CC por el otro. Además, entre estos dos bloques ya existen precedentes de pactos territoriales: el PSOE gobierna Andalucía gracias al apoyo de C's, el PNV rige todas las instituciones vascas con la colaboración necesaria del PSE-EE y CC tiene un presidente canario gracias a que el PSOE es su socio menor en el gobierno (menor en escaños, hay que recordar que el PSOE fue la primera fuerza en votos en las Islas, pero la segunda en escaños pero, aún así, cedió la presidencia), es decir, el PSOE, encargado de formar gobierno, funciona como correa de transmisión entre ambas secciones.

Con esta suma tendríamos el mágico resultado de 208 diputados o, si C's y CC se abstuvieran, 167 votos a favor, 41 abstenciones y 142 votos en contra: ¡din din din!¡gobierno!

¿Problema? Que hemos dejado fuera el juego de los vetos entre ellos que se llevan los partidos. El principal escollo para conseguir el resultado arriba mencionado son dos vetos: C's veta un gobierno que incluya a Podemos y Podemos veta un acuerdo en el que se pueda ver envuelto C's. Ambos dos impiden gobierno y nos abocan a elecciones.

Como mencionaba en posts anteriores, el PSOE tiene en sus manos el cerrojo del gobierno, pero no tiene ya la llave de la gobernabilidad, sino que la tienen estos grupos con sus vetos.

No es comprensible que ningún partido nos vuelva a llevar a las urnas para que todo siga igual, pero hay posiciones más entendibles que otras. C's, cuyo electorado proviene casi netamente de votantes descontentos con el PP, es decir, de derecha y centro-derecha, tendría muy complicado explicar a su base que permitiera un gobierno de la izquierda en su conjunto con PSOE-Podemos-IU, mientras deja a la derecha en la oposición. Por otro lado, desde Podemos fue donde surgió la proposición/imposición de un gobierno tripartito si el PSOE quería contar con sus votos para la investidura, de cualquier otro modo, votaría en contra pero, un gobierno de estas características, contaría con una mayoría absoluta de votos en contra (los 181 ya anunciados de PP, C's, ERC, DiL y CC). Luego, si la condición sine qua non de Podemos para no llevarnos a nuevas elecciones con su voto contrario a Sánchez es el tripartito y C's, la pieza indispensable (recordemos los cálculos anteriores) dice que votará en contra de esta opción, aunque podría favorecer un gobierno del PSOE en solitario es decir, el vetado por C's es Podemos y no el PSOE, ¿no debería de ser Podemos el más interesado en iniciar las conversaciones con lxs naranjas para intentar cambiar su voto negativo a su propuesta estrella e impepinable por, al menos, una abstención?

Pues no, contra todo pronóstico y lógica, las conversaciones con C's para conseguir su apoyo o, al menos, su necesaria abstención, es otro de los vetos que Podemos impone al PSOE para conversar con él. Luego, en última instancia, Podemos estaría llamando a un fracaso seguro en las votaciones de investidura de Sánchez a cambio de contar con su apoyo.

"No", dirán algunxs, "Podemos llama al entendimiento con las otras fuerzas que ya han anunciado su voto en contra al tripartito pero que, con su voto afirmativos o abstención, harían prescindible el de C's". ¿Y cuáles son estas fuerzas? Pues ERC y DiL. Es decir, que mientras que Iglesias veta a C's por ser la derecha (recordemos aquellos eslóganes de "ni de izquierdas ni de derechas", "centralidad del tablero", "transversalidad", con los que nació y se desarrolló la formación morada), estaría llamando a la colaboración y pactos imprescindibles con la (antaño socialdemócrata) rupturista ERC y, lo cual es aún más desconcertante, al más puro estilo CUP, con la derecha burguesa y corrupta de Convergencia. Por no contar con que Iglesias estaría dando también por hecho el apoyo de, la no menos derecha que C's, del PNV.

Con todo ello, hay quien pueda pensar mal y llegue a la conclusión de que, las condiciones de Podemos, están conducidas directamente a una imposibilidad manifiesta para los acuerdos imprescindibles y, por ende, para la investidura y a unas nuevas elecciones para dar el tan deseado sorpasso a los socialistas. El que aquí escribe no lo apuesta todo por esa rama pues, dejando a un lado las encuestas que no le dan tan bien dadas unas nuevas elecciones a los de Iglesias y que todas las encuestas que incluyen una proyección de escaños siguen dando al PSOE con entre 15 y 20 escaños por encima de los morados, fueran estos últimos tercera o segunda fuerza (sí, injusto, pero para cambiar esta injusticia, como tantas otras, es necesario un gobierno), el fracaso de la experiencia de las confluencias le pondría muy difícil a Podemos el reeditar estas coaliciones pues, seguramente, Compromis y En Marea y, en menor medida En Comú Podem, decidirían ir por su cuenta para poder conseguir sus deseados grupos parlamentarios. Además de que Iglesias tendría muy complicado explicar a la ciudadanía progresista el por qué de su negativa, no ya a apoyar un gobierno de izquierdas, sino siquiera a iniciar las conversaciones, mientras que sus socios de Compromis y el millón de votos que va detrás de Izquierda Unida sí que conversan con los socialistas y, seguramente llegado el momento, le darían su voto favorable.

¿Cuál sería su razón entonces? Tal vez lxs de Iglesias quieren jugar con los cerca de 3 meses (uno de negociaciones que ha pedido Sánchez y los otros dos de ley desde la primera investidura) que quedan hasta la disolución automática de las Cortes y mostrar una cara combativa y que no cede hasta, pasado un tiempo y con Sánchez habiendo perdido su investidura y, posiblemente, volviéndolo a intentar, dar su brazo a torcer "por el bien del Estado y de lxs españolxs". Tal vez sí o tal vez no.

Así todo, los juegos y los intereses particulares y partidistas han de quedar a un lado definitivamente. Después de cincuenta días sin gobierno a la vista, la situación política se comienza a desatascar y, todas las fuerzas con posibilidad de algún entendimiento, han de echar una mano de cara a la gobernabilidad del país incluyendo, por supuesto, la mayor parte posible de su programa en estos acuerdos necesarios y cediendo a otros, pues de eso se tratan las negociaciones y los acuerdos.

No sería una bonita carta de presentación para el multipartidismo ni para la "nueva política" que, en el primer Congreso desde su inclusión en la política nacional, España se viera abocada a una serie de elecciones cíclicas por verse traducida esta ampliación de la representación en un aumento de la ingobernabilidad y de la falta de diálogo y acuerdo.

Luego los vetos han de quedar atrás y todos los partidos tienen que marcar como máxima prioridad en sus agendas aquello por lo que estuvieron pidiendo a la ciudadanía que introdujeran su papeleta en las urnas: cambiar España y la realidad de las españolas y españoles.

Todo lo demás, no será sino un juego que nadie comprenda y a nadie beneficie.

martes, 2 de febrero de 2016

El Trumpazo y el mirlo blanco socialista

Donald Trump lo dominaba todo. Dominaba las encuestas, que le llevan colocando, desde principios del verano pasado, a la cabeza de la carrera republicana para convertirse en candidato presidencial para las elecciones del 8 de noviembre de este año. Lo hacía también en los debates televisivos, acaparando todas las miradas, todas las palabras, todas las tertulias y comentarios, hasta tal punto que se permitió no acudir al último debate en la cadena Fox antes del caucus de Iowa. No dominaba la recaudación de dinero, eso es cierto, pero no te hace falta cuando eres un magnate multimillonario. Lo dominaba prácticamente todo. Hasta anoche, cuando algo se le escapó de su alcance: la realidad.

La larga carrera de fondo hacia la Casa Blanca, ha comenzado una nueva etapa, se ha pasado de las encuestas y las suposiciones a las urnas y los caucus. De los posibles a los factibles. Y Trump ha pasado de sacar varios cuerpos a sus competidores más inmediatos a tropezar estrepitosamente. No sólo no ha conseguido ser el ganador del primer caucus de la temporada, en Iowa, sino que, llevando la contra a todas las encuestas, que lo colocaban como claro ganador, ha quedado 3,3 puntos por detrás del evangélico y ultraconservador Ted Cruz y tan solo 1,2 puntos por delante de Marco Rubio, a quien los medios pintan como el mayor exponente del republicanismo clásico y más templado de este pelotón.

No deja de ser curioso que lo sorprendente de este resultado sea que Trump no haya arrasado al resto de candidatxs y no que, hasta el día de ayer, siguiera figurando como claro ganador el mismo Trump que, hace escasas fechas, afirmaba que podría salir a la calle y empezar a disparar a gente y su apoyo no disminuiría sino que aumentaría (sic), el que abogaba por construir un muro en la frontera entre EEUU y México (que haría pagar al propio México), como parte de su extenso discurso xenófobo y racista, para prohibir la entrada a lxs inmigrantes o el Trump que, de nuevo con sus formas misóginas y prepotentes, chantajeaba a la cadena Fox con no acudir a su debate (como finalmente hizo) si no apartaban a una periodista que le resultaba incómoda y a la que ya había dedicado algún que otro comentario insultante y machista en directo.

Eso debiera de haber sido lo extraño. Y la realidad se ha encargado de demostrar que las bases republicanas no lo permiten todo, que no están ciegas ni sordas y que han avanzado los 80 años que Trump parece no haber superado. Avance relativo, pues tampoco hay que olvidar que tanto Cruz como Rubio fueron aupados a la escena federal por el ultraconservador Tea Party.

Mientras, por el lado demócrata, el descalabro de Trump escondía parcialmente un fenómeno que también ha contradicho a las encuestas, pero en la forma contraria. La carrera para ser el/la sucesor/a de Obama se convertía en cosa de dos tras renunciar Martin O'Malley y que el senador Bernie Sanders terminara "neck and neck" el caucus iowano con la,  escasas semanas atrás, clara favorita Hillary Clinton. Sanders batió unas encuestas que, hace apenas un mes, le daban en las más favorables 9 puntos por detrás de Clinton y, en las peores, 32 (hace un mes, cabe recordarlo otra vez). Finalmente Clinton ha ganado el caucus, sí, pero por unas escasas 4 décimas de punto de diferencia, al obtener el 49,86% de los apoyos frente al 49,57% del senador socialista.

Clinton consigue sacudirse de algún modo el fantasma de 2008, cuando todas las encuestas le daban como vencedora del caucus iowano pero, un joven Barack Obama, la terminó superando llegado el momento de decidir, tanto en Iowa como en el conjunto del país. Se lo consigue sacudir, pero no quitárselo de encima ni de lejos. No puede Hillary quitarse el miedo a volver a perder la nominación demócrata cuando, sí, ha ganado por la mínima Iowa, pero Sanders ha conseguido ir remontando en las encuestas semana tras semana, tanto en las elecciones de los Estados como a nivel federal, que en julio lo colocaban ¡50 puntos! por detrás de Clinton.

Y esta vez Clinton no puede achacar esa derrota a las cualidades de las que disponía Obama en 2008, alguien que no estaba excesivamente expuesto al foco político y mediático estadounidense, que conseguía levantar ilusión por ser un joven de 47 años que podía convertirse en el primer presidente estadounidense afroamericano. No, no hay excusas estéticas o viscerales para perder ante Sanders. El senador por Vermont cuenta ya 74 años y lleva más de 30 en política. Además, Sanders es un mirlo blanco en la política de la primera potencia mundial, porque es uno de los pocos que se permite denominarse públicamente y sin ambages con una palabra que, entre todas, ha sido históricamente tabú en Norteamérica: socialista.
Imagen obtenida de The Guardian

Sanders es un socialista y antibelicista que históricamente se ha colocado del lado de mujeres, negrxs, inmigrantes y del colectivo LGTB. Un político que aspira y defiende la necesidad de instaurar una Sanidad pública al estilo de la española, que quiere subir los impuestos a las mayores fortunas y los salarios mínimos como nunca antes, que quiere poner un coto real a Wall Street y cambiar el gasto en armamentística por gasto en Educación. Y este candidato que no esconde su izquierdismo, es el que ha obtenido el 49,5% de los apoyos demócratas en un estado conservador y rural como lo es Iowa.

No le pinta bien el camino a Hillary a pesar de esta pírrica victoria. Y aún menos teniendo en cuenta que la próxima parada en el tren de los caucus es en New Hampshire, donde Sanders aventaja con diferencia a Clinton en todas las encuestas.

Es cierto, Iowa es sólo un pequeño Estado de los 50 que componen la federación estadounidense. Y no siempre quien gana Iowa gana la nominación. Pero, poco a poco, el resultado de las consultas populares va desmontando candidatxs (como el demócrata O'Malley o el republicano Huckabee que ya han renunciado) y van creando tendencia y quitando miedos. Miedos como el apoyar a un/a candidatx perdedor/a pero que, conforme se van viendo sus resultados y apoyos reales, pueden animar a esxs votantes que dudan a apoyar a estxs candidatxs que, inicialmente, no contaban con el visto bueno de las encuestas, como pueden ser Bernie Sanders en el Partido Demócrata o Marco Rubio en el Republicano.

La nueva etapa en la carrera por la presidencia de EEUU acaba de comenzar y queda mucho trecho por el camino. Tal vez dentro de un mes algunx de los candidatxs que hoy suenan como favoritxs se hayan desinflado, como bien pueden contar Jeb Bush, Carly Fiorina o Ben Carson, pero esta primera parada da un pequeño susto a lxs antaño clarxs favoritxs, Donald Trump y Hillary Clinton, y un empujón a los que estuvieron desahuciados durante mucho tiempo, Sanders, Cruz o Rubio.

En noviembre, Estados Unidos puede hacer historia de nuevo como lo hizo en 2008, eligiendo a su primer/a presidentx mujer, socialista o cubano-americano de la historia. Tan sólo Trump podría arruinar esta posibilidad. Pero, por el momento, Iowa ha dicho que es una opción que no hay que temer.

Cuenta personal de Donald Trump

domingo, 31 de enero de 2016

El gobierno de las bases

Seis semanas desde las elecciones del 20 de diciembre. Una semana fuera de lo normal, por su falta de declaraciones sorpresivas o intentos de motín. Lo más parecido a esto, ha sido el ver a un puñado de hombres, socialistas (únicamente) de carnet, que hace lustros que dejaron de representar a su partido, a sus bases y a su ideología, haciendo gala de ello con su escándalo público ante que un partido de izquierdas pretenda un gobierno de izquierdas, pero que se permiten escenificar en vano que tienen algún tipo de poder, influencia o interés para el común de los mortales.

No, ésta no ha sido una semana movida en lo referente a la formación de un nuevo gobierno, el cronómetro para unos nuevos comicios sigue en stand-by. Todo continúa igual. Al Partido Popular le salta, por enésima vez, "el mayor caso de corrupción" hasta la fecha (se les ve dispuestos a permanecer imbatibles en el pódium de la corrupción) y Ciudadanos sigue viendo como la mejor salida al puzle que dejaron las urnas el pactar con el primer partido imputado de la historia, antes que permitir un gobierno en el que se incluya a una parte de la izquierda que, lo más radical y bolivariano que ha hecho hasta el momento, ha sido apoyar los presupuestos autonómicos de lxs socialistas. Cosas de la nueva "derecha liberal", debe ser, que le basta cambiar una cara para que el mismo partido corrupto en su totalidad sea merecedor de gobernar.
XXXVIII Congreso Extraordinario del PSOE

Aún con todo, con Rajoy dispuesto a dar plantón por segunda vez al rey en su propuesta para intentar sobrevivir a la investidura, visto que su estrategia de repetir diariamente que quiere un gobierno con PSOE y C's, sin hacer nada para lograrlo, no ha conseguido el éxito esperado y con Pedro Sánchez manteniendo estoicamente su "no" rotundo al PP durante 42 días, Rivera no tendrá la oportunidad de quemarse a lo bonzo, apoyando la tan manida "Gran Coalición",

Ahora bien, el juego continúa en marcha y las piezas se siguen moviendo. Llegó aquella Ejecutiva que hace un mes parecía que sería el peor demonio para Sánchez, con la baronesa y ciertos barones en pie de guerra y con el hacha preparada para cortar cabezas. Llegó y pasó sin pena pero con cierta gloria. Y es que, a pesar de verse obligado a adelantar dos semanas, respecto a la fecha que se prefería, el XXXIX Congreso en el que se le reelegirá como Secretario General, Pedro Sánchez consiguió volver a poner la suerte de su lado. Será la militancia, lxs 190.000 militantes del PSOE, la que dictamine finalmente si se acepta cualquier tipo de acuerdo de gobierno y, no casualmente, lo hará antes de que la CEF le dé su visto bueno. Y es que así, mientras da a las bases un derecho que nadie puede criticar (al menos en voz alta), como es la voz y la relevancia que otras socialdemocracias europeas, como el SPD, llevan tiempo dando y se quita parcialmente de encima la "culpa" de aceptar o no aceptar un acuerdo, con esta consulta se deja atadas las manos de aquellxs miembros díscolxs de la CEF que se podrían haber planteado dar un golpe de efecto de última hora negándose al pacto alcanzado, pues no les quedará otra que refrendar aquello que, una militancia claramente proclive en su mayoría a un acuerdo con las izquierdas, haya dictaminado.

Asamblea constituyente de Podemos
Por su lado, las reglas internas de Podemos, afirman que también serán sus algo más de 390.000 inscritxs (que no afiliadxs) quienes darán su visto bueno o su negativa a cualquier acuerdo de gobierno, como se hizo en Baleares o Aragón.

Y es entendible que, desde IU, serán a su vez sus decenas de miles de militantes los que den su aprobación a los pactos a los que se lleguen.

Así pues, con la investidura de Pedro Sánchez, no sólo nos encontraríamos con la primera vez que, de entrada, el encargado de formar gobierno no es el líder del primer partido, que el presidente que gobierna España sea del segundo partido más votado y con el posible primer gobierno de coalición de la democracia, sino que este nuevo gobierno sería el primero que viera la luz con el refrendo anterior de las bases de los partidos implicados, la primera vez en que después del visto bueno de los despachos, dado también primeramente "con luz y taquígrafos", debería de recibir el visto buenos de las sedes, de lxs más de 600.000 españolxs que soportan estas organizaciones.

Pero, así como hace una semana parecía ser el PSOE quien tenía todos los balones sobre su tejado, Sánchez se ha ido sacudiendo a lo largo de estos siete días esas responsabilidades, su apuesta clara por un entendimiento con el resto de fuerzas, principalmente con Podemos e IU y en menor medida con el PNV, pero también con Ciudadanos y el haberse deshecho de las constantes amenazas sobre su espalda de cierto sector en el interior del PSOE, traslada esta presión a Podemos y Ciudadanos, que son hoy por hoy los dos partidos en cuyas manos está la gobernabilidad del país.

En Podemos queda la responsabilidad de dejar definitivamente a un lado, cuando comiencen las conversaciones y negociaciones, la consulta catalana (menospreciada por todos los agentes independentistas dominantes del ejecutivo catalán), para poder pactar en todo lo demás, así como apartarse a un lado y apoyar desde fuera un ejecutivo monocolor socialista, o de PSOE e IU, para conseguir el sí o la abstención de un C's que ya ha adelantado que no votará un gobierno en el que se integre Podemos (y la suma de las negativas de PP, C's, ERC y DiL supera la mayoría absoluta).

En Ciudadanos está la de repensar su negativa a un gobierno de lxs socialistas con los morados, haciendo valer su tan cacareado sentido de estado y su constitucionalismo por el bien de la gobernabilidad del país y, de paso, evitar unas nuevas elecciones que en nada le beneficiarían y pasar de su no a este gobierno de coalición a una abstención.

X Asamblea Federal de IU
Y en las de DiL y ERC el que, una vez que se pase de las musas al teatro, de que el acuerdo entre los 161 diputadxs de PSOE, Podemos, Compromis e IU sea ya un hecho, no sean ellxs quienes impidan un gobierno de cambio, para el conjunto de lxs españolxs pero también para lxs catalanxs y para la relación y los procesos entre España y Cataluña y nos aboquen a unos nuevos comicios que pongan en bandeja al PP el gobierno. Así pues, es comprensible que hoy quieran contentar a sus bases independentistas afirmando que tanto ERC como DiL votarán no a un gobierno de PSOE y Podemos, no tienen nada que ganar y mucho que perder mojándose diciendo que votarían si o se abstendrían ante un gobierno de coalición que todavía no existe pero, llegado el momento, resulta difícil imaginar que unirían sus votos a los de PP y C's para continuar con el bloqueo al progreso y no tan difícil ver una abstención o una serie de asientos vacíos llegado cuando toque votar la investidura (nada podría hacer Pedro Sánchez para evitar eso, sin necesidad de hacer algo para favorecerlo, como ha prohibido la CEF).

Así todo, los balones van rebotando de tejado en tejado y, dejando atrás las investiduras en las que la mayoría de los grupos se podían permitir un voto en contra por el simple hecho de que, ante los ya olvidados 40% de voto, eran completamente prescindibles y así de paso no se les pudiera recriminar en algún momento haber votado a favor o haberse abstenido, se inaugura un nuevo tiempo en el que cada uno de los votos de lxs 350 diputadxs será imprescindible, analizado con lupa y cuestionado su por qué.

Todos habrán de mojarse y nadie podrá ponerse de perfil para dar a luz a un gobierno que concierte el acuerdo, el compromiso y la implicación, por vez primera, desde las cúpulas hasta las bases.

domingo, 24 de enero de 2016

PSOE: el todo y la nada en el siguiente paso

Durante el último mes, en un día, incluso en unas horas, la actualidad política deja de ser actualidad en España a velocidad de vértigo.

Los golpes en la mesa de Pablo Iglesias y Mariano Rajoy el viernes por la mañana y por la tarde respectivamente, cambiaban todo el panorama político para dejarlo todo igual. Sin gobierno a la vista, sin candidato a pedir la confianza del Congreso, con un gobierno de izquierdas o elecciones anticipadas como únicas salidas y con un mismo actor que, igual que desde el 20D, ocupa el centro de todas las miradas: Pedro Sánchez y el PSOE.

Por el PSOE y por Sánchez vuelven a pasar todas las opciones posibles de gobernabilidad, no hay una sola que no les incluya, con la diferencia de que, cada día que pasa, el tejado socialista se va llenando de más balones. Balones, algunos de los cuales, vienen rellenos repletos de veneno. Y es que detrás de cada declaración, de cada comparecencia, hay que saber ver las intenciones secundarias que se esconden.

Sería de cajón que, con Podemos abriéndose completamente y, por primera vez, públicamente a un entendimiento y, más aún, a un gobierno con el PSOE, la opción de gobierno de izquierdas PSOE-Podemos-IU, con el apoyo de PNV y la abstención de algún grupo nacionalista más, tendría el camino completamente allanado.
Sería de cajón de no ser por los motivos para la sospecha dados en la propia comparecencia de Iglesias: la prepotencia en sus palabras afirmando que Pedro Sánchez debería de agradecerles "la sonrisa del destino" que le permitiría llegar a Moncloa, la capacidad para despreciar una vez más a lxs socialistas en un discurso en el que a la vez les está pidiendo ser su socio menor en un gobierno, la desfachatez de, en primera instancia, llegar exigiendo la vicepresidencia y los ministerios que quieren de un futurible Gobierno del que tan solo él acababa de empezar a hablar, después de dos años despreciando el discurso del reparto de sillones, en definitiva, la actitud teatralmente escenificada de perdonavidas con el PSOE, por encima de la de mano tendida, hacen pensar que, tal vez, tras esa pretendida actitud de acercamiento al PSOE, se "malesconde" la vana intención de colocar a los socialistas en el brete de, o bien aceptar esa humillación y todas las condiciones impuestas por los morados, desangrándose internamente por el camino en medio de una lucha cainita, o bien, en nombre de la dignidad de las siglas y de sus votantes, rechazar el gobierno de izquierdas propuesto, dejando paso a un escenario que, más que probablemente, desembocaría en unas nuevas elecciones. Casualidades de la vida, por diferentes caminos, ambos escenarios abocan al mismo final: el PSOE pierde.

No ha de parecer extraña esta situación. Ante unas bases, militantes y electorales, inmunes hasta el momento ante cualquier acción de la dirección y del partido que desgastaría a cualquier otra formación (como bien ejemplifica Manuel Jabois en su artículo: "Sorpassokización"), Iglesias y Podemos han sido hasta el momento capaces de convertir en culpables a lxs socialistas en cada nuevo escenario: culpables por no aceptar el referéndum catalán convirtiéndolo en su línea roja, culpables recientemente por haber sido (supuestamente) el PSOE quien había convertido el referéndum catalán en una línea roja, culpables por no darles sus cuatro grupos, culpables porque IU-UP se quedara sin grupo parlamentario (el propio Alberto Garzón lo negó) culpables por pactar la Mesa del Congreso... y, ahora, serían de nuevo culpables por no llegar a este gobierno de coalición impuesto, que no acordado ni hablado.

Ante este panorama, tampoco es inocente la decisión de Rajoy de negar al Rey la posibilidad de presentarlo como candidato a la presidencia tras esta primera ronda. Con el PSOE ya de por sí entre la espada y la pared con la situación dejada tras el 20D, con la nueva espada de Damocles del gobierno de coalición sobre la cabeza de Sánchez redoblando las presiones internas y externas, ¿qué mejor que apartarse momentáneamente para dejar que los socialistas se sigan cocinando a fuego cada vez más rápido y, después de que estxs hayan fracasado, quedar él como única opción viable y seria ante la ciudadanía?

Iglesias y Rajoy han dado esta semana dos nuevas patadas hacia delante o dos nuevas patadas al PSOE, dependiendo de la lectura de sus intenciones. Pero Iglesias y Rajoy siguen sin ser la pieza central de este tablero, siguen sin tener toda la situación en su mano. Son hoy, Pedro Sánchez y el Partido Socialista los que, en su próximo paso, pueden conseguirlo todo o quedarse sin nada. Comenzar a escalar la montaña que lleva al gobierno o lanzarse por el precipicio de una ruptura de los entendimientos.

¿Y cuál es la opción que, si bien tal vez no buena, es menos mala?

No caben cierres en banda porque uno sienta herido su pundonor, no es de una discusión de patio de colegio de lo que se está tratando ahora, en la que, si la pelota es mía y tú me insultas, yo no la traigo y nos "fastidiamos" los dos. No, se trata de la gobernabilidad de la cuarta potencia del Euro, de echar atrás los últimos cuatro años oscuros de gobierno antisocial del Partido Popular que ahora parecen no recordarse o ser un mal menor, de las vidas de 47 millones de españolxs, de sus derechos, de sus libertades, de su igualdad y su justicia. No caben miramientos, Pedro Sánchez ha de hacer de su capa un sayo, actuar como el Secretario General federal y candidato a la presidencia del PSOE que es, como la voz de una militancia que lo eligió y  que clara y mayoritariamente apuesta por el acuerdo con la izquierda y enfrentarse a los vientos de tormenta que, con toda seguridad, vendrán inminentemente desde el Sur.

Ningún ni ninguna Secretarix General regional ha de preponderar en su negativa al acuerdo progresista cuando esta negativa se basa en el "honor" o, aún peor, en aspiraciones personales o en odios partidistas. No se puede perder la oportunidad clara que dio el 20D de terminar con el austericidio y con instaurar un nuevo gobierno y una nueva forma de gobernar desde el consenso, desde el acuerdo, desde la izquierda y el progreso. Son muchas cosas las que hay que cambiar y recuperar y es muy fácil el acuerdo para poder hacerlo como para tirarlo por el retrete de unos nuevos comicios propicios para la derecha.

Pedro Sánchez y el PSOE deben de seguir por la senda mantenida hasta el momento: no al "pacto a la alemana" y sí al "pacto a la portuguesa". Por el bien del país, de la ciudadanía, de la izquierda e incluso del propio partido.

Se quería multipartidismo y aquí está. Y el multipartidismo conlleva aceptar la modificación de los escenarios políticos y de gobierno para aportar la estabilidad negada por las mayorías absolutas ya en el olvido. Y, entre esas modificaciones, pasa la de los gobiernos de coalición, sin apoyos externos, sino con todas las fuerzas incluidas y envueltas en la tarea de gobernar. Así pues, no habría mejor opción para los socialistas que, ante este nuevo periodo, fuera el PSOE quien lo encabezara en un ejecutivo de izquierdas como primer gobierno de coalición nacional de la historia democrática española que, además, ataría a ellos a su principal rival en la izquierda y le obligaría a detener su ataque y derribo contra lxs socialistas, cambiando el intento de sorpasso por el intento de gobierno, calmando las aguas en el flanco izquierdo del parlamento y quitándose de encima la problemática de andar buscando pactos a numerosas bandas ante cualquier medida en el caso de estar al frente de un gobierno monocolor con tan solo 90 de 350 diputadxs.

La izquierda tiene el deber y la obligación de intentar propiciar el cambio. Cuarenta y siete millones de españolxs están por delante del pundonor del PSOE.

domingo, 17 de enero de 2016

La encrucijada de la izquierda

Recapitulemos un poco. Día 27 después de las elecciones generales en las que la izquierda nacional, conformada por el Partido Socialista, Podemos y sus coaliciones territoriales e Izquierda Unida-Unidad Popular sumaron 11.643.131 votos y, la derecha nacional de Partido Popular y Ciudadanos, se quedaron con 10.715.976 de papeletas. Un 46,34% del voto total para las izquierdas, por el 42,65% de las derechas. En cambio, 161 escaños progresistas frente a los 163 conservadores; aunque, a día de hoy, el grupo parlamentario del Partido Popular haya pasado de 123 a 120 al descontar a los parlamentarios de UPN, FAC y a de la Serna, todos ellos en el grupo mixto, con lo que, de facto, la derecha tendría hoy 160 diputadxs en sus dos bloques. Así pues, las izquierdas suman 927.155 votos más, un 3,69% de sufragios más y (debido a la Ley Electoral, tan solo) un diputado más que las derechas.

27 días después de las elecciones, con estos datos, sigue sin vislumbrarse claramente en el horizonte un gobierno de izquierdas como las urnas mandaron.

¿Por qué se sigue en la casilla de salida?

Las posturas de PSOE, Podemos e IU-UP han cambiado poco en las últimas cuatro semanas:

-En el PSOE, tras el espectáculo de los primeros días, patrocinado por Susana Díaz y parte de los Secretarios Generales regionales, las aguas se han calmado y Pedro Sánchez ha conseguido salir victorioso a todas luces: continúa siendo el Secretario General, el candidato a la presidencia, sigue manteniendo su apuesta firme por el "pacto a la portuguesa" con Podemos e Izquierda Unida, persevera en su NO a la investidura de Mariano Rajoy o de cualquier otrx candidatx de los populares y ha conseguido postergar el Congreso Federal hasta después de la conformación de un gobierno. Es más, se podría decir que, el movimiento de estxs SSGG "rebeldes", ha servido para reforzar la figura de Pedro Sánchez, que se alejó inteligentemente de todo este ruido ombliguista de fondo y se negó a participar de él, y que ahora cuenta con un apoyo mayor entre la militancia y lxs votantes socialistas así como entre los medios progresistas que han visto como, a pesar del movimiento claro que se orquestó para acabar con él y con las posibilidades de un gobierno de izquierdas, se ha mantenido firme en la defensa de aquello por lo que esos 5,5 millones de españolxs le votaron: un gobierno de progreso que acabe con los 4 años de gobierno del PP. Por el momento ya hay un socialista dirigiendo el Legislativo y Sánchez parece seguro de extender ese dominio también al Ejecutivo.

-El líder virtual de Izquierda Unida-Unidad Popular, Alberto Garzón, a pesar de contar tan solo con 2 diputadxs por valor de 460.000 votos cada unx, tardó poco en confirmar su apuesta por un gobierno de progreso, con el PSOE a la cabeza, pero contando también con Podemos e incluso con Ciudadanos, para echar al Partido Popular del gobierno. Mientras tanto, con una Asamblea refundacional en el horizonte primaveral, batalla contrarreloj para conseguir formar un grupo parlamentario que dé voz a ese casi millón de votantes que consiguieron el 20D, para lo que podría llegar a contar con lxs nueve diputadxs de Compromís-Podemos, desgajados del grupo morado.

-Mientras tanto, el estreno de Podemos en la política institucional nacional ha supuesto una continuación de lo vivido hasta ahora: palabras, acciones y escenificaciones propias de una campaña electoral, ejecutadas pensando más en ganar votos que en clave de gobierno y de país. Con una llegada al Congreso cuya sobreactuación para eclipsar al resto de actores políticos señalaron todos los medios e incluso reconocieron ellxs mismxs, han pasado cuatro semanas de ataque frontal al Partido Socialista, aliado natural (y real en tantas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos), culpabilizándolo de todos los males y olvidándose de que, quien ha gobernado durante estos cuatro años, quien tiene la izquierda enfrente y a quien los votantes le pidieron alejar del poder el 20 de diciembre, fue al Partido Popular.
Con el referéndum catalán y la exigencia de los cuatro grupos parlamentarios para él y sus confluencias como líneas rojas más marcadas y conocidas para pactar con los socialistas, las propias confluencias (que representan 27 de los 69 escaños) se empiezan a revolver incómodas ante la expectativa de que no podrán tener sus propios grupos como se les prometió y ya comienzan a urdir acciones para separarse del grupo troncal, lo cual pondría en serias dificultades que se volvieran a reeditar estos pactos en futuros comicios. Incluso dentro del propio Podemos se escuchan voces contrarias a la política de pactos territoriales y ya ha habido dimisiones territoriales por la deriva ideológica del partido.

Estas son las posiciones actuales de los tres partidos de izquierdas y dos son las ideas que Podemos utiliza como ariete contra los socialistas en los últimos días:

-"El PSOE niega a Podemos los cuatro grupos parlamentarios que le corresponden a él y a sus tres confluencias territoriales".

Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Ada Colau... muchos han sido los líderes de estos partidos implicados quienes han puesto todo su empeño en señalar al PSOE como quien les niega y les imposibilita el alcanzar sus cuatro grupos mientras, en el Senado, permite a ERC y DyL alcanzar sendos grupos prestándoles dos senadores a cada uno. Como si entrara dentro de los deberes del PSOE y sólo del PSOE el permitirles formar estos grupos, como dando por claro que alguien hubiera votado a los socialistas con la idea de que ese voto iría destinado a permitir estos cuatro grupos, estos líderes "olvidan" señalar que es el propio reglamento del Congreso el que impide formar esos grupos distintos a partidos que no han competido electoralmente entre ellos y, que del mismo modo que el PSC no podría tener su propio grupo propio por no haber competido con el PSOE, las tres confluencias territoriales de Podemos con las Mareas, con En Comú y con Compromis, no pueden tener sus grupos propios al no haber competido con Podemos. Y, al igual que olvidan señalar eso, también olvidan señalar que el PSOE, si bien no les tiende la mano para quebrar el reglamento en lo que, ante una denuncia posterior, podría implicar una condena contra los socialistas por prevaricación, sí que se la tiende para llevar a cabo una reforma del reglamento que sí que les permitiera obtener esos cuatro grupos. Y es que la realidad, en política, cuando no le permite a cada uno lo que quiere, no se rompe, sino que se modifica.

Asimismo, no es cierto que el caso de cesión de dos senadores a ERC y DyL sea el mismo que el de permitir los cuatro grupos de Podemos en el Congreso, pues la cesión de senadores supone una interpretación del reglamento que éste no imposibilita de forma clara como sí lo hace en el caso de los cuatro grupos. Así, mientras permitir esos dos grupos, o el grupo de IU-UP en el Congreso se pueden conseguir estirando la interpretación del reglamento, los otros cuatro no se conseguirían sino quebrando una prohibición explícita, como se ha señalado antes. Además, no es que se pudiera interpretar en clave de "nueva política" el plantear como exigencias para un pacto de gobierno que, para conseguir el bien propio, se rompa con las norma escrita con la excusa de "siempre se ha hecho así" (afirmación falsa, por otra parte).

Respecto a las críticas al PSOE por facilitar esos dos grupos nacionalistas en el Senado, no cabe olvidar que, aún siendo denostado de un tiempo a esta parte (con razón), el Senado es la cámara territorial de la que dispone España, una cámara en la que quedan representadas tácitamente las 17 regiones y donde se han de tratar los temas concernientes a las CCAA. Así pues, con el "conflicto catalán" más enconado que nunca, si realmente se quiere solucionar este "problema" por medio de la palabra y la negociación, el dar voz a los dos agentes nacionalistas que conforman el gobierno independentista catalán, en la cámara en la que se debería de tratar este asunto territorial, no es ninguna perversión, sino el camino que se ha de seguir si realmente se confía en la palabra y en la escucha bilateral y no en las acciones unilaterales.

Además, como se ha dicho, sumando a la negativa del reglamento a dar esos cuatro grupos a Podemos y sus confluencias, teniendo una cámara territorial específica como es el Senado, querer separarse territorialmente en el Congreso es una alteración del fundamento de esta cámara y de entender su funcionamiento, pues para que en el Congreso de los Diputados, lxs ciudadanxs de todos los territorios se sientan representados, no ha de ser necesario que cada partido se divida regionalmente, sino que cada partido (nacional, por supuesto) ha de representar a toda la ciudadanía. Admitir que para que gallegxs, catalanxs y valencianxs se sientan representados es necesario tener esos tres grupos propios, es afirmar que las otras 14 CCAA no estarán debidamente representadas con un sólo grupo morado para todas ellas.

- "El PSOE ha pacto con PP y Ciudadanos la formación de la Mesa del Congreso".

Ante la perseverancia de Podemos en seguir actuando en clave electoral y electoralista, formando un frente de ataque y confrontación contra todos y, principalmente, contra su rival en la izquierda, acusando al resto de partidos del coste que les pasará en las elecciones sus acciones de estos días, como si no acabaran de celebrarse unos comicios hace cuatro semanas y se siguiera en campaña, y el objetivo no fuera formar un gobierno que cambie la realidad que ha amedrentado los derechos y las libertades de lxs españolxs durante estos cuatro años, y que las próximas elecciones se celebrarán en otros cuatro, sino que su objetivo fuera que las elecciones se celebren en los próximos meses, ante esta actitud y su cierre en banda a cualquier pacto, el PSOE tuvo que buscar otro apoyo en la cámara para conseguir que el socialista Patxi López se convirtiera en el presidente del Congreso. Y ese apoyo vino de Ciudadanos que, desde el principio, dijo que veía con buenos ojos que quien dirigiera el Legislativo fuera de un color diferente al del principal partido. En ese acuerdo, respondiendo a la proporcionalidad del resultado electoral, se dio dos vicepresidencias y una secretaría al PP, una vicepresidencia además de la presidencia al PSOE, una vicepresidencia y una secretaria a Podemos y dos secretarias a Ciudadanos.

A la vista de que la suma de los 90 diputadxs del PSOE más los 40 de C's superaban a los 123 de los populares y que el pacto entre PSOE y C's respetaba la representación de los cuatro partidos, para evitar mostrar públicamente la debilidad parlamentaria y de capacidad de buscar apoyos del PP, estos decidieron no presentar al expresidente Posada como candidato y abstenerse en la votación, que no votar a favor.

Por su parte, a pesar de que con el pacto roji-naranja, la vicepresidencia y la secretaria otorgadas a Podemos respondían a su peso en el Congreso, el partido morado decidió presentar a su propia candidata, Carolina Bescansa, provocando el esperpento de que, en la primera votación parlamentaria de la nueva legislatura, hubiera dos candidatxs de izquierdas y ninguno de derechas.

Así pues, el tan cacareado pacto entre PSOE, PP y Ciudadanos se demuestra falso cuando lo que ese pacto conlleva es la presidencia del Congreso para un socialista y el reparto proporcional de los nueve puestos de la mesa. Además, esa abstención del PP, habiendo dos candidatxs en liza, no fue una abstención para Patxi López, sino que fue una abstención tanto para López como para Bescansa y, aún habiendo presentado candidato propio, el resultado hubiera sido exactamente el mismo, pues los 130 votos de PSOE y C's hubieran seguido superando a los 123 del PP y a los 71 de Podemos e IU.

Con todo esto, como se señaló en artículos anteriores, el balón de la gobernabilidad y de la capacidad de la izquierda para revertir las políticas del Partido Popular de la última legislatura, continúa estando en el tejado de Podemos, quien tiene que entender que las elecciones fueron y que ya se ha pasado de las musas al teatro, de las encuestas a las urnas y que ya hay un resultado electoral y un parlamento formado, que son la tercera fuerza nacional junto con sus confluencias y la segunda de la izquierda y que, un gobierno alternativo al PP, tiene que pasar por un acuerdo entre PSOE y Podemos y por un apoyo de Podemos a un gobierno dirigido por quien es la principal fuerza de la izquierda, el PSOE. Tienen que asimilar que los 5 millones de votos de izquierdas recibidos, les fueron otorgados para aplicar las políticas sociales, de regeneración de la política y de progreso que desde su nacimiento han estado proclamando y que eso está por delante de un referéndum catalán (que un gobierno independenistas ya conformado, que teme a las urnas porque sabe que perdería, no quiere ver ya ni en pintura) y de sus cuatro grupos parlamentarios, que es un tema que tan solo les afecta a ellos internamente y no es una preocupación ni un requisito indespensable para la ciudadanía.

Podemos tiene que dejar de pensar y de hablar de las próximas elecciones, tiene que dejar de acusar al resto de partidos de cuán caro les saldrá en las elecciones las decisiones que se están tomando y entrar de una vez en el terreno de la suma, de la propuesta, de la reforma, de mojarse en la realidad y dejar de hacer brindis al sol que no piensan sino en los votos.

Con un PSOE y una IU-UP convencidos en llevar a cabo un gobierno de progreso, con un PNV y una CC que darían su apoyo a este gobierno, con una ERC y una CDC que ya han dado señales de que seguramente se abstendrían para evitar un nuevo gobierno del PP, incluso con Monica Oltra, líder de Compromis, pidiendo dejar a un lado el tema del referéndum y abogando por un pacto como el de la Generalitat (PSPV y Compromis en un gobierno dirigido por un socialista y con el apoyo de Podemos) y una Ada Colau pidiendo al PSC entrar en su gobierno municipal (lo cual ocurrirá dentro de poco) y con el PSOE tendiendo la mano a todas las fuerzas políticas que quieren reformar la situación del país, entre las que también cuenta con Ciudadanos, es claramente Podemos la única pieza que falta para posibilitar y formar este gobierno de cambio y quien debe de poner en stand-by sus aspiraciones a dar el sorpasso al PSOE y poner en práctica las de mejorar la vida del pueblo español.

Está en las manos de Podemos la credibilidad de la izquierda, la fe de lxs españolxs que votaron pluripartidismo y que votaron progreso, en que las izquierdas son capaces de ponerse de acuerdo para hacer realidad su grito de "basta" de la última legislatura que, entre otras cosas, dio forma al propio Podemos. Está en las manos de Podemos la posibilidad, más que real, de dar a luz a un gobierno de izquierdas y de alejar unas elecciones que, aunque tal vez les permitiera ese sorpasso soñado, daría claramente una nueva mayoría a la derecha, con el PP recogiendo gran parte del voto por la gobernabilidad, E incluso tal vez ni si quiera en esas nuevas elecciones conseguirían superar al PSOE pues, como se le asocia a Abraham Lincoln: "se puede engañar a todos alguna vez, o engañar a algunos siempre, pero no se puede engañar a todos siempre", y Podemos no podrá seguir engañando siempre a todos actuando egocéntricamente mientras vende que quien actúa mal son todos los demás e impidiendo un gobierno de izquierdas por su propio bien electoral, mientras achaca al PSOE pactar con las derechas.

Hay muchas cosas en las manos de Podemos, tal vez demasiadas, pero de ellos depende estar a la altura del encargo de las urnas el 20D o dar una nueva oportunidad a la derecha para gobernar.

Confiemos en que salga de esta encrucijada por el camino de la izquierda.