domingo, 31 de enero de 2016

El gobierno de las bases

Seis semanas desde las elecciones del 20 de diciembre. Una semana fuera de lo normal, por su falta de declaraciones sorpresivas o intentos de motín. Lo más parecido a esto, ha sido el ver a un puñado de hombres, socialistas (únicamente) de carnet, que hace lustros que dejaron de representar a su partido, a sus bases y a su ideología, haciendo gala de ello con su escándalo público ante que un partido de izquierdas pretenda un gobierno de izquierdas, pero que se permiten escenificar en vano que tienen algún tipo de poder, influencia o interés para el común de los mortales.

No, ésta no ha sido una semana movida en lo referente a la formación de un nuevo gobierno, el cronómetro para unos nuevos comicios sigue en stand-by. Todo continúa igual. Al Partido Popular le salta, por enésima vez, "el mayor caso de corrupción" hasta la fecha (se les ve dispuestos a permanecer imbatibles en el pódium de la corrupción) y Ciudadanos sigue viendo como la mejor salida al puzle que dejaron las urnas el pactar con el primer partido imputado de la historia, antes que permitir un gobierno en el que se incluya a una parte de la izquierda que, lo más radical y bolivariano que ha hecho hasta el momento, ha sido apoyar los presupuestos autonómicos de lxs socialistas. Cosas de la nueva "derecha liberal", debe ser, que le basta cambiar una cara para que el mismo partido corrupto en su totalidad sea merecedor de gobernar.
XXXVIII Congreso Extraordinario del PSOE

Aún con todo, con Rajoy dispuesto a dar plantón por segunda vez al rey en su propuesta para intentar sobrevivir a la investidura, visto que su estrategia de repetir diariamente que quiere un gobierno con PSOE y C's, sin hacer nada para lograrlo, no ha conseguido el éxito esperado y con Pedro Sánchez manteniendo estoicamente su "no" rotundo al PP durante 42 días, Rivera no tendrá la oportunidad de quemarse a lo bonzo, apoyando la tan manida "Gran Coalición",

Ahora bien, el juego continúa en marcha y las piezas se siguen moviendo. Llegó aquella Ejecutiva que hace un mes parecía que sería el peor demonio para Sánchez, con la baronesa y ciertos barones en pie de guerra y con el hacha preparada para cortar cabezas. Llegó y pasó sin pena pero con cierta gloria. Y es que, a pesar de verse obligado a adelantar dos semanas, respecto a la fecha que se prefería, el XXXIX Congreso en el que se le reelegirá como Secretario General, Pedro Sánchez consiguió volver a poner la suerte de su lado. Será la militancia, lxs 190.000 militantes del PSOE, la que dictamine finalmente si se acepta cualquier tipo de acuerdo de gobierno y, no casualmente, lo hará antes de que la CEF le dé su visto bueno. Y es que así, mientras da a las bases un derecho que nadie puede criticar (al menos en voz alta), como es la voz y la relevancia que otras socialdemocracias europeas, como el SPD, llevan tiempo dando y se quita parcialmente de encima la "culpa" de aceptar o no aceptar un acuerdo, con esta consulta se deja atadas las manos de aquellxs miembros díscolxs de la CEF que se podrían haber planteado dar un golpe de efecto de última hora negándose al pacto alcanzado, pues no les quedará otra que refrendar aquello que, una militancia claramente proclive en su mayoría a un acuerdo con las izquierdas, haya dictaminado.

Asamblea constituyente de Podemos
Por su lado, las reglas internas de Podemos, afirman que también serán sus algo más de 390.000 inscritxs (que no afiliadxs) quienes darán su visto bueno o su negativa a cualquier acuerdo de gobierno, como se hizo en Baleares o Aragón.

Y es entendible que, desde IU, serán a su vez sus decenas de miles de militantes los que den su aprobación a los pactos a los que se lleguen.

Así pues, con la investidura de Pedro Sánchez, no sólo nos encontraríamos con la primera vez que, de entrada, el encargado de formar gobierno no es el líder del primer partido, que el presidente que gobierna España sea del segundo partido más votado y con el posible primer gobierno de coalición de la democracia, sino que este nuevo gobierno sería el primero que viera la luz con el refrendo anterior de las bases de los partidos implicados, la primera vez en que después del visto bueno de los despachos, dado también primeramente "con luz y taquígrafos", debería de recibir el visto buenos de las sedes, de lxs más de 600.000 españolxs que soportan estas organizaciones.

Pero, así como hace una semana parecía ser el PSOE quien tenía todos los balones sobre su tejado, Sánchez se ha ido sacudiendo a lo largo de estos siete días esas responsabilidades, su apuesta clara por un entendimiento con el resto de fuerzas, principalmente con Podemos e IU y en menor medida con el PNV, pero también con Ciudadanos y el haberse deshecho de las constantes amenazas sobre su espalda de cierto sector en el interior del PSOE, traslada esta presión a Podemos y Ciudadanos, que son hoy por hoy los dos partidos en cuyas manos está la gobernabilidad del país.

En Podemos queda la responsabilidad de dejar definitivamente a un lado, cuando comiencen las conversaciones y negociaciones, la consulta catalana (menospreciada por todos los agentes independentistas dominantes del ejecutivo catalán), para poder pactar en todo lo demás, así como apartarse a un lado y apoyar desde fuera un ejecutivo monocolor socialista, o de PSOE e IU, para conseguir el sí o la abstención de un C's que ya ha adelantado que no votará un gobierno en el que se integre Podemos (y la suma de las negativas de PP, C's, ERC y DiL supera la mayoría absoluta).

En Ciudadanos está la de repensar su negativa a un gobierno de lxs socialistas con los morados, haciendo valer su tan cacareado sentido de estado y su constitucionalismo por el bien de la gobernabilidad del país y, de paso, evitar unas nuevas elecciones que en nada le beneficiarían y pasar de su no a este gobierno de coalición a una abstención.

X Asamblea Federal de IU
Y en las de DiL y ERC el que, una vez que se pase de las musas al teatro, de que el acuerdo entre los 161 diputadxs de PSOE, Podemos, Compromis e IU sea ya un hecho, no sean ellxs quienes impidan un gobierno de cambio, para el conjunto de lxs españolxs pero también para lxs catalanxs y para la relación y los procesos entre España y Cataluña y nos aboquen a unos nuevos comicios que pongan en bandeja al PP el gobierno. Así pues, es comprensible que hoy quieran contentar a sus bases independentistas afirmando que tanto ERC como DiL votarán no a un gobierno de PSOE y Podemos, no tienen nada que ganar y mucho que perder mojándose diciendo que votarían si o se abstendrían ante un gobierno de coalición que todavía no existe pero, llegado el momento, resulta difícil imaginar que unirían sus votos a los de PP y C's para continuar con el bloqueo al progreso y no tan difícil ver una abstención o una serie de asientos vacíos llegado cuando toque votar la investidura (nada podría hacer Pedro Sánchez para evitar eso, sin necesidad de hacer algo para favorecerlo, como ha prohibido la CEF).

Así todo, los balones van rebotando de tejado en tejado y, dejando atrás las investiduras en las que la mayoría de los grupos se podían permitir un voto en contra por el simple hecho de que, ante los ya olvidados 40% de voto, eran completamente prescindibles y así de paso no se les pudiera recriminar en algún momento haber votado a favor o haberse abstenido, se inaugura un nuevo tiempo en el que cada uno de los votos de lxs 350 diputadxs será imprescindible, analizado con lupa y cuestionado su por qué.

Todos habrán de mojarse y nadie podrá ponerse de perfil para dar a luz a un gobierno que concierte el acuerdo, el compromiso y la implicación, por vez primera, desde las cúpulas hasta las bases.

domingo, 24 de enero de 2016

PSOE: el todo y la nada en el siguiente paso

Durante el último mes, en un día, incluso en unas horas, la actualidad política deja de ser actualidad en España a velocidad de vértigo.

Los golpes en la mesa de Pablo Iglesias y Mariano Rajoy el viernes por la mañana y por la tarde respectivamente, cambiaban todo el panorama político para dejarlo todo igual. Sin gobierno a la vista, sin candidato a pedir la confianza del Congreso, con un gobierno de izquierdas o elecciones anticipadas como únicas salidas y con un mismo actor que, igual que desde el 20D, ocupa el centro de todas las miradas: Pedro Sánchez y el PSOE.

Por el PSOE y por Sánchez vuelven a pasar todas las opciones posibles de gobernabilidad, no hay una sola que no les incluya, con la diferencia de que, cada día que pasa, el tejado socialista se va llenando de más balones. Balones, algunos de los cuales, vienen rellenos repletos de veneno. Y es que detrás de cada declaración, de cada comparecencia, hay que saber ver las intenciones secundarias que se esconden.

Sería de cajón que, con Podemos abriéndose completamente y, por primera vez, públicamente a un entendimiento y, más aún, a un gobierno con el PSOE, la opción de gobierno de izquierdas PSOE-Podemos-IU, con el apoyo de PNV y la abstención de algún grupo nacionalista más, tendría el camino completamente allanado.
Sería de cajón de no ser por los motivos para la sospecha dados en la propia comparecencia de Iglesias: la prepotencia en sus palabras afirmando que Pedro Sánchez debería de agradecerles "la sonrisa del destino" que le permitiría llegar a Moncloa, la capacidad para despreciar una vez más a lxs socialistas en un discurso en el que a la vez les está pidiendo ser su socio menor en un gobierno, la desfachatez de, en primera instancia, llegar exigiendo la vicepresidencia y los ministerios que quieren de un futurible Gobierno del que tan solo él acababa de empezar a hablar, después de dos años despreciando el discurso del reparto de sillones, en definitiva, la actitud teatralmente escenificada de perdonavidas con el PSOE, por encima de la de mano tendida, hacen pensar que, tal vez, tras esa pretendida actitud de acercamiento al PSOE, se "malesconde" la vana intención de colocar a los socialistas en el brete de, o bien aceptar esa humillación y todas las condiciones impuestas por los morados, desangrándose internamente por el camino en medio de una lucha cainita, o bien, en nombre de la dignidad de las siglas y de sus votantes, rechazar el gobierno de izquierdas propuesto, dejando paso a un escenario que, más que probablemente, desembocaría en unas nuevas elecciones. Casualidades de la vida, por diferentes caminos, ambos escenarios abocan al mismo final: el PSOE pierde.

No ha de parecer extraña esta situación. Ante unas bases, militantes y electorales, inmunes hasta el momento ante cualquier acción de la dirección y del partido que desgastaría a cualquier otra formación (como bien ejemplifica Manuel Jabois en su artículo: "Sorpassokización"), Iglesias y Podemos han sido hasta el momento capaces de convertir en culpables a lxs socialistas en cada nuevo escenario: culpables por no aceptar el referéndum catalán convirtiéndolo en su línea roja, culpables recientemente por haber sido (supuestamente) el PSOE quien había convertido el referéndum catalán en una línea roja, culpables por no darles sus cuatro grupos, culpables porque IU-UP se quedara sin grupo parlamentario (el propio Alberto Garzón lo negó) culpables por pactar la Mesa del Congreso... y, ahora, serían de nuevo culpables por no llegar a este gobierno de coalición impuesto, que no acordado ni hablado.

Ante este panorama, tampoco es inocente la decisión de Rajoy de negar al Rey la posibilidad de presentarlo como candidato a la presidencia tras esta primera ronda. Con el PSOE ya de por sí entre la espada y la pared con la situación dejada tras el 20D, con la nueva espada de Damocles del gobierno de coalición sobre la cabeza de Sánchez redoblando las presiones internas y externas, ¿qué mejor que apartarse momentáneamente para dejar que los socialistas se sigan cocinando a fuego cada vez más rápido y, después de que estxs hayan fracasado, quedar él como única opción viable y seria ante la ciudadanía?

Iglesias y Rajoy han dado esta semana dos nuevas patadas hacia delante o dos nuevas patadas al PSOE, dependiendo de la lectura de sus intenciones. Pero Iglesias y Rajoy siguen sin ser la pieza central de este tablero, siguen sin tener toda la situación en su mano. Son hoy, Pedro Sánchez y el Partido Socialista los que, en su próximo paso, pueden conseguirlo todo o quedarse sin nada. Comenzar a escalar la montaña que lleva al gobierno o lanzarse por el precipicio de una ruptura de los entendimientos.

¿Y cuál es la opción que, si bien tal vez no buena, es menos mala?

No caben cierres en banda porque uno sienta herido su pundonor, no es de una discusión de patio de colegio de lo que se está tratando ahora, en la que, si la pelota es mía y tú me insultas, yo no la traigo y nos "fastidiamos" los dos. No, se trata de la gobernabilidad de la cuarta potencia del Euro, de echar atrás los últimos cuatro años oscuros de gobierno antisocial del Partido Popular que ahora parecen no recordarse o ser un mal menor, de las vidas de 47 millones de españolxs, de sus derechos, de sus libertades, de su igualdad y su justicia. No caben miramientos, Pedro Sánchez ha de hacer de su capa un sayo, actuar como el Secretario General federal y candidato a la presidencia del PSOE que es, como la voz de una militancia que lo eligió y  que clara y mayoritariamente apuesta por el acuerdo con la izquierda y enfrentarse a los vientos de tormenta que, con toda seguridad, vendrán inminentemente desde el Sur.

Ningún ni ninguna Secretarix General regional ha de preponderar en su negativa al acuerdo progresista cuando esta negativa se basa en el "honor" o, aún peor, en aspiraciones personales o en odios partidistas. No se puede perder la oportunidad clara que dio el 20D de terminar con el austericidio y con instaurar un nuevo gobierno y una nueva forma de gobernar desde el consenso, desde el acuerdo, desde la izquierda y el progreso. Son muchas cosas las que hay que cambiar y recuperar y es muy fácil el acuerdo para poder hacerlo como para tirarlo por el retrete de unos nuevos comicios propicios para la derecha.

Pedro Sánchez y el PSOE deben de seguir por la senda mantenida hasta el momento: no al "pacto a la alemana" y sí al "pacto a la portuguesa". Por el bien del país, de la ciudadanía, de la izquierda e incluso del propio partido.

Se quería multipartidismo y aquí está. Y el multipartidismo conlleva aceptar la modificación de los escenarios políticos y de gobierno para aportar la estabilidad negada por las mayorías absolutas ya en el olvido. Y, entre esas modificaciones, pasa la de los gobiernos de coalición, sin apoyos externos, sino con todas las fuerzas incluidas y envueltas en la tarea de gobernar. Así pues, no habría mejor opción para los socialistas que, ante este nuevo periodo, fuera el PSOE quien lo encabezara en un ejecutivo de izquierdas como primer gobierno de coalición nacional de la historia democrática española que, además, ataría a ellos a su principal rival en la izquierda y le obligaría a detener su ataque y derribo contra lxs socialistas, cambiando el intento de sorpasso por el intento de gobierno, calmando las aguas en el flanco izquierdo del parlamento y quitándose de encima la problemática de andar buscando pactos a numerosas bandas ante cualquier medida en el caso de estar al frente de un gobierno monocolor con tan solo 90 de 350 diputadxs.

La izquierda tiene el deber y la obligación de intentar propiciar el cambio. Cuarenta y siete millones de españolxs están por delante del pundonor del PSOE.

domingo, 17 de enero de 2016

La encrucijada de la izquierda

Recapitulemos un poco. Día 27 después de las elecciones generales en las que la izquierda nacional, conformada por el Partido Socialista, Podemos y sus coaliciones territoriales e Izquierda Unida-Unidad Popular sumaron 11.643.131 votos y, la derecha nacional de Partido Popular y Ciudadanos, se quedaron con 10.715.976 de papeletas. Un 46,34% del voto total para las izquierdas, por el 42,65% de las derechas. En cambio, 161 escaños progresistas frente a los 163 conservadores; aunque, a día de hoy, el grupo parlamentario del Partido Popular haya pasado de 123 a 120 al descontar a los parlamentarios de UPN, FAC y a de la Serna, todos ellos en el grupo mixto, con lo que, de facto, la derecha tendría hoy 160 diputadxs en sus dos bloques. Así pues, las izquierdas suman 927.155 votos más, un 3,69% de sufragios más y (debido a la Ley Electoral, tan solo) un diputado más que las derechas.

27 días después de las elecciones, con estos datos, sigue sin vislumbrarse claramente en el horizonte un gobierno de izquierdas como las urnas mandaron.

¿Por qué se sigue en la casilla de salida?

Las posturas de PSOE, Podemos e IU-UP han cambiado poco en las últimas cuatro semanas:

-En el PSOE, tras el espectáculo de los primeros días, patrocinado por Susana Díaz y parte de los Secretarios Generales regionales, las aguas se han calmado y Pedro Sánchez ha conseguido salir victorioso a todas luces: continúa siendo el Secretario General, el candidato a la presidencia, sigue manteniendo su apuesta firme por el "pacto a la portuguesa" con Podemos e Izquierda Unida, persevera en su NO a la investidura de Mariano Rajoy o de cualquier otrx candidatx de los populares y ha conseguido postergar el Congreso Federal hasta después de la conformación de un gobierno. Es más, se podría decir que, el movimiento de estxs SSGG "rebeldes", ha servido para reforzar la figura de Pedro Sánchez, que se alejó inteligentemente de todo este ruido ombliguista de fondo y se negó a participar de él, y que ahora cuenta con un apoyo mayor entre la militancia y lxs votantes socialistas así como entre los medios progresistas que han visto como, a pesar del movimiento claro que se orquestó para acabar con él y con las posibilidades de un gobierno de izquierdas, se ha mantenido firme en la defensa de aquello por lo que esos 5,5 millones de españolxs le votaron: un gobierno de progreso que acabe con los 4 años de gobierno del PP. Por el momento ya hay un socialista dirigiendo el Legislativo y Sánchez parece seguro de extender ese dominio también al Ejecutivo.

-El líder virtual de Izquierda Unida-Unidad Popular, Alberto Garzón, a pesar de contar tan solo con 2 diputadxs por valor de 460.000 votos cada unx, tardó poco en confirmar su apuesta por un gobierno de progreso, con el PSOE a la cabeza, pero contando también con Podemos e incluso con Ciudadanos, para echar al Partido Popular del gobierno. Mientras tanto, con una Asamblea refundacional en el horizonte primaveral, batalla contrarreloj para conseguir formar un grupo parlamentario que dé voz a ese casi millón de votantes que consiguieron el 20D, para lo que podría llegar a contar con lxs nueve diputadxs de Compromís-Podemos, desgajados del grupo morado.

-Mientras tanto, el estreno de Podemos en la política institucional nacional ha supuesto una continuación de lo vivido hasta ahora: palabras, acciones y escenificaciones propias de una campaña electoral, ejecutadas pensando más en ganar votos que en clave de gobierno y de país. Con una llegada al Congreso cuya sobreactuación para eclipsar al resto de actores políticos señalaron todos los medios e incluso reconocieron ellxs mismxs, han pasado cuatro semanas de ataque frontal al Partido Socialista, aliado natural (y real en tantas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos), culpabilizándolo de todos los males y olvidándose de que, quien ha gobernado durante estos cuatro años, quien tiene la izquierda enfrente y a quien los votantes le pidieron alejar del poder el 20 de diciembre, fue al Partido Popular.
Con el referéndum catalán y la exigencia de los cuatro grupos parlamentarios para él y sus confluencias como líneas rojas más marcadas y conocidas para pactar con los socialistas, las propias confluencias (que representan 27 de los 69 escaños) se empiezan a revolver incómodas ante la expectativa de que no podrán tener sus propios grupos como se les prometió y ya comienzan a urdir acciones para separarse del grupo troncal, lo cual pondría en serias dificultades que se volvieran a reeditar estos pactos en futuros comicios. Incluso dentro del propio Podemos se escuchan voces contrarias a la política de pactos territoriales y ya ha habido dimisiones territoriales por la deriva ideológica del partido.

Estas son las posiciones actuales de los tres partidos de izquierdas y dos son las ideas que Podemos utiliza como ariete contra los socialistas en los últimos días:

-"El PSOE niega a Podemos los cuatro grupos parlamentarios que le corresponden a él y a sus tres confluencias territoriales".

Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Ada Colau... muchos han sido los líderes de estos partidos implicados quienes han puesto todo su empeño en señalar al PSOE como quien les niega y les imposibilita el alcanzar sus cuatro grupos mientras, en el Senado, permite a ERC y DyL alcanzar sendos grupos prestándoles dos senadores a cada uno. Como si entrara dentro de los deberes del PSOE y sólo del PSOE el permitirles formar estos grupos, como dando por claro que alguien hubiera votado a los socialistas con la idea de que ese voto iría destinado a permitir estos cuatro grupos, estos líderes "olvidan" señalar que es el propio reglamento del Congreso el que impide formar esos grupos distintos a partidos que no han competido electoralmente entre ellos y, que del mismo modo que el PSC no podría tener su propio grupo propio por no haber competido con el PSOE, las tres confluencias territoriales de Podemos con las Mareas, con En Comú y con Compromis, no pueden tener sus grupos propios al no haber competido con Podemos. Y, al igual que olvidan señalar eso, también olvidan señalar que el PSOE, si bien no les tiende la mano para quebrar el reglamento en lo que, ante una denuncia posterior, podría implicar una condena contra los socialistas por prevaricación, sí que se la tiende para llevar a cabo una reforma del reglamento que sí que les permitiera obtener esos cuatro grupos. Y es que la realidad, en política, cuando no le permite a cada uno lo que quiere, no se rompe, sino que se modifica.

Asimismo, no es cierto que el caso de cesión de dos senadores a ERC y DyL sea el mismo que el de permitir los cuatro grupos de Podemos en el Congreso, pues la cesión de senadores supone una interpretación del reglamento que éste no imposibilita de forma clara como sí lo hace en el caso de los cuatro grupos. Así, mientras permitir esos dos grupos, o el grupo de IU-UP en el Congreso se pueden conseguir estirando la interpretación del reglamento, los otros cuatro no se conseguirían sino quebrando una prohibición explícita, como se ha señalado antes. Además, no es que se pudiera interpretar en clave de "nueva política" el plantear como exigencias para un pacto de gobierno que, para conseguir el bien propio, se rompa con las norma escrita con la excusa de "siempre se ha hecho así" (afirmación falsa, por otra parte).

Respecto a las críticas al PSOE por facilitar esos dos grupos nacionalistas en el Senado, no cabe olvidar que, aún siendo denostado de un tiempo a esta parte (con razón), el Senado es la cámara territorial de la que dispone España, una cámara en la que quedan representadas tácitamente las 17 regiones y donde se han de tratar los temas concernientes a las CCAA. Así pues, con el "conflicto catalán" más enconado que nunca, si realmente se quiere solucionar este "problema" por medio de la palabra y la negociación, el dar voz a los dos agentes nacionalistas que conforman el gobierno independentista catalán, en la cámara en la que se debería de tratar este asunto territorial, no es ninguna perversión, sino el camino que se ha de seguir si realmente se confía en la palabra y en la escucha bilateral y no en las acciones unilaterales.

Además, como se ha dicho, sumando a la negativa del reglamento a dar esos cuatro grupos a Podemos y sus confluencias, teniendo una cámara territorial específica como es el Senado, querer separarse territorialmente en el Congreso es una alteración del fundamento de esta cámara y de entender su funcionamiento, pues para que en el Congreso de los Diputados, lxs ciudadanxs de todos los territorios se sientan representados, no ha de ser necesario que cada partido se divida regionalmente, sino que cada partido (nacional, por supuesto) ha de representar a toda la ciudadanía. Admitir que para que gallegxs, catalanxs y valencianxs se sientan representados es necesario tener esos tres grupos propios, es afirmar que las otras 14 CCAA no estarán debidamente representadas con un sólo grupo morado para todas ellas.

- "El PSOE ha pacto con PP y Ciudadanos la formación de la Mesa del Congreso".

Ante la perseverancia de Podemos en seguir actuando en clave electoral y electoralista, formando un frente de ataque y confrontación contra todos y, principalmente, contra su rival en la izquierda, acusando al resto de partidos del coste que les pasará en las elecciones sus acciones de estos días, como si no acabaran de celebrarse unos comicios hace cuatro semanas y se siguiera en campaña, y el objetivo no fuera formar un gobierno que cambie la realidad que ha amedrentado los derechos y las libertades de lxs españolxs durante estos cuatro años, y que las próximas elecciones se celebrarán en otros cuatro, sino que su objetivo fuera que las elecciones se celebren en los próximos meses, ante esta actitud y su cierre en banda a cualquier pacto, el PSOE tuvo que buscar otro apoyo en la cámara para conseguir que el socialista Patxi López se convirtiera en el presidente del Congreso. Y ese apoyo vino de Ciudadanos que, desde el principio, dijo que veía con buenos ojos que quien dirigiera el Legislativo fuera de un color diferente al del principal partido. En ese acuerdo, respondiendo a la proporcionalidad del resultado electoral, se dio dos vicepresidencias y una secretaría al PP, una vicepresidencia además de la presidencia al PSOE, una vicepresidencia y una secretaria a Podemos y dos secretarias a Ciudadanos.

A la vista de que la suma de los 90 diputadxs del PSOE más los 40 de C's superaban a los 123 de los populares y que el pacto entre PSOE y C's respetaba la representación de los cuatro partidos, para evitar mostrar públicamente la debilidad parlamentaria y de capacidad de buscar apoyos del PP, estos decidieron no presentar al expresidente Posada como candidato y abstenerse en la votación, que no votar a favor.

Por su parte, a pesar de que con el pacto roji-naranja, la vicepresidencia y la secretaria otorgadas a Podemos respondían a su peso en el Congreso, el partido morado decidió presentar a su propia candidata, Carolina Bescansa, provocando el esperpento de que, en la primera votación parlamentaria de la nueva legislatura, hubiera dos candidatxs de izquierdas y ninguno de derechas.

Así pues, el tan cacareado pacto entre PSOE, PP y Ciudadanos se demuestra falso cuando lo que ese pacto conlleva es la presidencia del Congreso para un socialista y el reparto proporcional de los nueve puestos de la mesa. Además, esa abstención del PP, habiendo dos candidatxs en liza, no fue una abstención para Patxi López, sino que fue una abstención tanto para López como para Bescansa y, aún habiendo presentado candidato propio, el resultado hubiera sido exactamente el mismo, pues los 130 votos de PSOE y C's hubieran seguido superando a los 123 del PP y a los 71 de Podemos e IU.

Con todo esto, como se señaló en artículos anteriores, el balón de la gobernabilidad y de la capacidad de la izquierda para revertir las políticas del Partido Popular de la última legislatura, continúa estando en el tejado de Podemos, quien tiene que entender que las elecciones fueron y que ya se ha pasado de las musas al teatro, de las encuestas a las urnas y que ya hay un resultado electoral y un parlamento formado, que son la tercera fuerza nacional junto con sus confluencias y la segunda de la izquierda y que, un gobierno alternativo al PP, tiene que pasar por un acuerdo entre PSOE y Podemos y por un apoyo de Podemos a un gobierno dirigido por quien es la principal fuerza de la izquierda, el PSOE. Tienen que asimilar que los 5 millones de votos de izquierdas recibidos, les fueron otorgados para aplicar las políticas sociales, de regeneración de la política y de progreso que desde su nacimiento han estado proclamando y que eso está por delante de un referéndum catalán (que un gobierno independenistas ya conformado, que teme a las urnas porque sabe que perdería, no quiere ver ya ni en pintura) y de sus cuatro grupos parlamentarios, que es un tema que tan solo les afecta a ellos internamente y no es una preocupación ni un requisito indespensable para la ciudadanía.

Podemos tiene que dejar de pensar y de hablar de las próximas elecciones, tiene que dejar de acusar al resto de partidos de cuán caro les saldrá en las elecciones las decisiones que se están tomando y entrar de una vez en el terreno de la suma, de la propuesta, de la reforma, de mojarse en la realidad y dejar de hacer brindis al sol que no piensan sino en los votos.

Con un PSOE y una IU-UP convencidos en llevar a cabo un gobierno de progreso, con un PNV y una CC que darían su apoyo a este gobierno, con una ERC y una CDC que ya han dado señales de que seguramente se abstendrían para evitar un nuevo gobierno del PP, incluso con Monica Oltra, líder de Compromis, pidiendo dejar a un lado el tema del referéndum y abogando por un pacto como el de la Generalitat (PSPV y Compromis en un gobierno dirigido por un socialista y con el apoyo de Podemos) y una Ada Colau pidiendo al PSC entrar en su gobierno municipal (lo cual ocurrirá dentro de poco) y con el PSOE tendiendo la mano a todas las fuerzas políticas que quieren reformar la situación del país, entre las que también cuenta con Ciudadanos, es claramente Podemos la única pieza que falta para posibilitar y formar este gobierno de cambio y quien debe de poner en stand-by sus aspiraciones a dar el sorpasso al PSOE y poner en práctica las de mejorar la vida del pueblo español.

Está en las manos de Podemos la credibilidad de la izquierda, la fe de lxs españolxs que votaron pluripartidismo y que votaron progreso, en que las izquierdas son capaces de ponerse de acuerdo para hacer realidad su grito de "basta" de la última legislatura que, entre otras cosas, dio forma al propio Podemos. Está en las manos de Podemos la posibilidad, más que real, de dar a luz a un gobierno de izquierdas y de alejar unas elecciones que, aunque tal vez les permitiera ese sorpasso soñado, daría claramente una nueva mayoría a la derecha, con el PP recogiendo gran parte del voto por la gobernabilidad, E incluso tal vez ni si quiera en esas nuevas elecciones conseguirían superar al PSOE pues, como se le asocia a Abraham Lincoln: "se puede engañar a todos alguna vez, o engañar a algunos siempre, pero no se puede engañar a todos siempre", y Podemos no podrá seguir engañando siempre a todos actuando egocéntricamente mientras vende que quien actúa mal son todos los demás e impidiendo un gobierno de izquierdas por su propio bien electoral, mientras achaca al PSOE pactar con las derechas.

Hay muchas cosas en las manos de Podemos, tal vez demasiadas, pero de ellos depende estar a la altura del encargo de las urnas el 20D o dar una nueva oportunidad a la derecha para gobernar.

Confiemos en que salga de esta encrucijada por el camino de la izquierda.



domingo, 10 de enero de 2016

La Gran Coalición llegó. Y encumbró a Puigdemont.

Y al fin llegó la tan cacareada "Gran Coalición", entre izquierda y derecha, por el bien de la nación. Pero no, no ha sido en el gobierno de España. Y no, tampoco ha sido el PSOE el que ha vendido su alma progresista al PP como tantos años se lleva vaticinando sin que el vaticinio decante en realidad.

La "Gran Coalición" tomó cuerpo definitivamente ayer, en el gobierno de Cataluña. Después del pacto antinatura, entre eternos adversarios electorales, de la derecha burguesa de Convergència y la anteriormente conocida como socialdemócrata, Esquerra, dando a luz a Junts Pel Sí, se suma desde ayer la izquierda radical y anticapitalista de la CUP. Un conglomerado que alcanza desde la derecha más antisocial de la política catalana hasta la izquierda parlamentaria más extrema, unidas para dar la presidencia de la Generalitat a la Convergéncia de Jordi Pujol, personada en el alcalde de Girona, Carles Puigdemont. Pacto que demuestra, nuevamente, cuánto se adultera la realidad política cuando es el nacionalismo el que lleva las riendas, relegando a las ideologías a meros obstáculos por salvar para llegar al acuerdo.

Tras las dos semanas durante las que todos los ojos estuvieron puestos en los movimientos de la izquierda anticapitalista, primero durante la asamblea con la que la CUP se decidió por el "ni contigo ni sin ti" y, después, cuando, dejando el asamblearismo para otro rato, fue su cúpula la que decidió decir no definitivamente a Mas en un resultado imposible de prever minutos antes, finalmente han aceptado investir a un miembro del partido de Mas. A cambio de esto, han conseguido dar una nueva patada hacia delante al Procés y una humillación pública a los ojos de cualquiera (salvo, parece ser, de quienes tienen la visión nublada por la nación), consistente en: comprometerse a no votar nunca con el resto de grupos del Parlament, regalar dos diputadxs a JxS para que así, según las propias palabras de Mas, se haya podido modificar lo que las urnas se negaron a dar, que es una mayoría de votos favorables a JxS frente a los votos en contra de C's, PSC, CSQEP y PP. Junto con ello, la CUP debe disculparse públicamente por su "actitud beligerante" ante JxS, sacrificando políticamente a varixs de sus diputadxs, previsiblemente a los más contrarios a la investidura de Mas.

Todas estas medidas se trufaron además con la doble ración de humillación de ser Artur Mas quien narrara todo aquello que debería de hacer la CUP, en un discurso con un claro enfoque de vendetta contra los cupaires, el discurso más megalómano escuchado en cualquier Parlamento español, dedicando medio discurso a hablar de su propia persona, dejando claro que es él el que decide dar un paso al lado (que no atrás), que es él el que decide quien será su sustituto en la presidencia, que es él quien regenerará a su partido y que es él quien seguramente decidirá que se vuelve a presentar cuando haya nuevas elecciones.

Y así todo, llegó el gran pacto desideologizado o, más bien, de la desideologización de la izquierda, que pone en marcha de nuevo los engranajes de la independencia.

Mientras, en España, el Congreso aún está por constituir, sin visos de que ninguna combinación de gobierno sea más factible que ayer, pero con una figura que, a partir del miércoles, jugará un papel fundamental como principal figura del Legislativo y con un Ejecutivo en funciones: Patxi López, el que, con toda seguridad, será el nuevo Presidente del Congreso de los Diputados.

Ya desde ayer comenzó a sonar la idea de que a partir de ahora se redoblarán las presiones al PSOE para facilitar la investidura de Mariano Rajoy, para tener un gobierno que se enfrente al "desafío soberanista" cuanto antes. Voces que parecen ignorar, deliberadamente, que si a día de hoy, Cataluña está años luz más cerca de la independencia que hace 5 años, es gracias al Partido Popular y a Mariano Rajoy, comenzando con el uso del "enemigo catalán" de forma electoralista, siguiendo con el recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut y finalizando (por ahora) con 4 años de inacción total ante los planes del soberanismo, cuando no de enfrentamiento y ataque al pueblo catalán.

Pero Pedro Sánchez tiene claro que ni su militancia ni sus votantes le perdonarían nunca al PSOE permitir un gobierno del PP y, como señaló gráficamente esta semana, que sus pasos deben de seguir el ejemplo del "pacto a la portuguesa", es decir socialistas (PSOE), junto con el Bloco (hermanado con Podemos) y los comunistas (hermanados con IU/UP). Y a este intento decidido del Secretario General por llegara un pacto de gobierno con Podemos e IU, se han sumado recientemente los barones y la baronesa díscolos que pusieron en tela de juicio al propio PSOE poco después de las elecciones.

Así pues, mientras la derecha, con su gran mayoría de medios de comunicación, van a seguir reclamando in crescendo al PSOE que deje gobernar al PP por la estabilidad del país (o sea, la derecha seguirá queriendo que gobierne la derecha, igual que antes, pero con el argumento ahora del gobierno catalán constituido) y/o incluso que se sume a él en un gobierno de Gran Coalición, la izquierda, donde debería de redoblar sus presiones, no es en un PSOE que ya está convencido de que jamás dejará gobernar al PP ni por activa ni por pasiva y de que su apuesta es por un gobierno de progreso, ni en una Izquierda Unida que ya ha adelantado su predisposición a pactar con los socialistas para impedir un gobierno del PP, sino en los 69 diputados de izquierdas, adscritos a Podemos y a sus coaliciones territoriales, que son la pieza imprescindible que falta para cuadrar el puzle de la gobernabilidad.

Con un gobierno independentista formado, con la máquina de la independencia funcionando a pleno pulmón, con esa mayoría parlamentaria (que no en votos) del Parlament afirmando que el referéndum por la independencia ya es agua pasada y que ahora se dirigen directamente a la declaración unilateral de independencia, la mil veces marcada como línea roja y prioritaria de Podemos del susodicho referéndum, cae en un saco roto, que miembros destacados del partido o de las coaliciones, como el exfiscal y exeuroparlamentario morado Villarejo, o la líder de Compromís y vicepresidenta de la Comunitat Valenciana, Mònica Oltra, ya han señalado como secundaria ante la legislación sobre políticas sociales imprescindibles y ante un gobierno de izquierdas, liderado por el PSOE y con el apoyo de Podemos.

Si ya antes era importante señalar la incongruencia de que un gobierno de izquierdas fuera imposible de realizar, cuando PSOE, Podemos e IU recibieron casi un millón de votos más que PP y C's, debido a una cuestión territorial, cuando la izquierda siempre se ha significado por poner la temática social como insignia de sus políticas y por su internacionalismo, hoy lo es aún más remarcar que, ante la nueva situación de Cataluña, condenar a lxs españolxs a 3 meses más sin gobierno y a lxs españolxs de izquierdas a dar una nueva oportunidad en las urnas a que las derechas sí que sumen por un referéndum que el gobierno catalán, ya soltado de la mano del resto de España, ni si quiera aceptaría, es una estafa a todx elector/a progresista y una declaración de que el bien partidista está muy por encima del sentido de país y de las preocupaciones y afectaciones diarias de la ciudadanía durante los últimos 4 años de gobierno derechista.

La izquierda, política, mediática y social, debe de dejar de malgastar horas, días y titulares en especulaciones sobre cuál es el nuevo paso dado por el PSOE que lo aboca al abismo o quién tiene más que ganar o que perder en las próximas elecciones y centrarse en el que debería de ser su objetivo primo y lógico: un gobierno e izquierdas. La ciudadanía debe de ser consciente de que, mientras el líder del PSOE se ha negado a alimentar el espectáculo ególatra dado por ciertos líderes territoriales y ha centrado sus esfuerzos y sus declaraciones de los últimos 21 días en cómo conseguir desalojar a Rajoy de Moncloa, colocando la gobernabilidad del país y el éxito de la izquierda por delante del cuándo tocará o no tocará el próximo Congreso del partido, enfrente están las declaraciones de Pablo Iglesias y los líderes del partido morado hablando día sí y día también de lo poco que les faltó para ganar, de lo bien que les iría en una nueva convocatoria electoral, de una Gran Coalición inexistente y negada hasta la saciedad por activa y por pasiva y de cuán importante y prioritario es para lxs 47 millones de españolxs un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Con el pacto entre PSOE, Podemos e IU, no habría que hacer un nuevo encaje de bolillos a 9 bandas para conseguir la investidura de Pedro Sánchez, como la caverna mediática tanto empeño pone en vender. Con el pacto estable de las izquierdas conseguido, no es ningún secreto que el PNV, con sus 6 diputadxs y el apoyo del PSE en las principales instituciones vascas, ve con buenos ojos un gobierno de Sánchez, ni que ERC, con sus 9, dijo desde el primer momento que estarían por la labor de facilitar la investidura, siendo en el 20N tan independentistas como el día de hoy, con lo que, más que seguramente, tal vez no el voto afirmativo, pero sí la suficiente abstención de ERC se podría dar por asegurada sin la necesidad de ofrecer contrapartidas, sin olvidar también la diputada de CC, gobernando Canarias en coalición con el PSOE. Cada voto y cada diputadx cuenta en esta nueva legislatura.

El balón de la gobernabilidad no está hoy ni ha estado nunca en el tejado del PSOE para permitir un gobierno del PP. El balón está, desde el 20N, en el tejado de Podemos, para permitir un gobierno progresista, un gobierno estable y un gobierno que responda al grito de cambio y de giro a la izquierda que las urnas transmitieron. En definitiva, un gobierno para el que los más de cinco millonxs de españolxs que votaron a Podemos y a sus partidos coaligados les votaron.

El convoy de la independencia catalana está finalmente unido y en marcha. Es hora de que las izquierdas se tiendan la mano y den una nueva oportunidad a los 7,5 millones de catalanxs y a lxs 47 millones de españolxs.

lunes, 4 de enero de 2016

Ni Mas, pero muchos menos

Ayer se puso punto y aparte (que ni de lejos final) a los 3 meses en los que más titulares y ojos ha acaparado la izquierda anticapitalista y antieuropea en este país, con un definitivo NO a Artur Mas para presidir, por tercera vez, la Generalitat de Catalunya.

Es curiosamente llamativa la expectación que ha habido hasta el último minuto con qué decisión tomaría la CUP, cuando el dilema era si, la anteriormente mencionada izquierda anticapitalista, apoyaría o no a un presidente neoliberal, representante de la burguesía catalana, de un partido corrompido hasta las raíces, que puso Cataluña a la cabeza de los recortes en Sanidad y de la represión social en las calles. Parecía evidente que CUP y CDC-Mas eran dos ideas antagonistas. Parecía evidente para todxs salvo para la CUP, que hasta el último momento mantuvo la duda en el aire. Aunque también parecía evidente que ERC y CDC eran partidos adversos e imposibles de conjugar, hasta que llegó Junqueras y su afán por desprender a ERC de toda ideología para convertirla en un partido comodín, que lo único que aporta a la política catalana y a lxs catalanxs son votos para apoyar al mejor postor.

Una izquierda que se dice socialdemócrata, aliada con la derecha burguesa y corrupta. Una izquierda que se dice anticapitalista, rota y dividida por la mitad por su apoyo o no a un presidente que podría dar clases a Mariano Rajoy en recortes sociales. Dos muestras de cuan adulteradas están la vida y la realidad políticas en Cataluña, de cómo el nacionalismo jamás puede ser de izquierdas, porque cuando se pone la tierra por delante de todo lo demás, detrás se quedan las personas.

Y por encima de todo ello, el superviviente, el prestidigitador, que de repente está aquí y de repente está allí, la carcoma que infesta y destruye todo lo que toca: Artur Mas. Frente a aquellos que lo acusaban de querer "romper España", Mas se ha demostrado capaz de romper todo, salvo el Estado. Rompió al PSC (con una fuga de sus cuadros independentistas), rompió CiU (revelando a Unió como el socio más inútil y sobrerrepresentado de la historia política, que no ha sido capaz de conseguir ni un solo diputado por si sola ni en el Parlament ni en el Congreso), rompió a la propia CDC (relegándola al cuarto puesto en las últimas elecciones generales) y ahora ha roto a la CUP (dimisión de su portavoz parlamentario mediante). 

Pero, inexplicablemente, Mas sigue a flote. Ni se ha ahogado él mismo en medio de la tormenta política perfecta que vive Cataluña, ni sus compañerxs de viaje le han hundido la cabeza para soltar lastre. Resulta inexplicable que sobreviva quien hundió a lxs catalanxs en la miseria social, quien usó la fuerza policial para callar sus voces de protesta, quien miente a diario a lxs independentistas que creen realmente en el Procés, diciéndoles que él se apartaría si fuera un problema para la consecución de la independencia, pero que es que él no es el problema, cuando la CUP no se ha cansado de repetir que su problema con JxS no es otro sino Mas. Es mucho lo que cuesta de entender del encabezonamiento de Mas en seguir postulándose como el salvador de la patria independiente de Cataluña aún a costa de, como ha quedado demostrado, el propio Procés, de la complicidad de CDC y ERC con el egocentrismo y el personalismo de éste y de la ciudadanía que sigue creyéndole y votándole cuando les dice que su principal preocupación y objetivo es la independencia y no él mismo, cuando sus hechos demuestras continuamente la mentira en sus palabras.

Pero ahora se abre un nuevo periodo, gracias a la CUP, en el que hay muchas incógnitas y muchas oportunidades y en el que parece haber sólo una cosa clara: que los partidos de la independencia (CDC, ERC, CUP) perderán un peso que ganarán los del unionismo (C's, PSC, CSQEP, PP).

Incógnita 1: ¿Se reeditará el pacto entre CDC y ERC que formó JxS? El 27S, ERC tuvo la oportunidad perfecta, según decían todas las encuestas, de convertirse en el primer partido de Cataluña, pero prefirió regalar estos visos de victoria a Mas, junto con su ideología perdida. Hoy, ERC parece volver a tener la victoria en su mano de presentarse por separado. Demostrado lo fallido de la confluencia con su antagonista político histórico, ¿se atreverá esta vez a convertirse por sí sola en el partido que encabece las negociaciones para formar un hipotético gobierno?

Incógnita 2: ¿Seguirá CDC empecinada en presentar al ultraquemado Mas como candidato o dará el paso de buscar nuevxs líderes entre sus filas, apartados de la corrupción y de los tremendos recortes sociales de sus gobiernos, que piloten el nuevo escenario político?

Incógnita 3: ¿Mantendrá C's su posición momentánea de primera fuerza de la oposición o su resultado del 27S se desvelará como parte del espejismo que, junto con las encuestas que los inflaron elección tras elección, le colocaron en unos parámetros en los que realmente nunca estuvieron?

Incógnita 4: ¿Se reeditará también la amalgama de CSQEP y abandonará Colau la alcaldía de Barcelona, tras 6 meses al frente, para encabezar la coalición?

Incógnita 5: ¿Aguantará íntegra hasta entonces la CUP?

Incógnita 6: ¿Se volverá a afrontar la campaña electoral y las negociaciones posteriores para formar gobierno desde el eje de independentistas-unionistas o desde el de izquierda-derecha (que divide por duplicado a las fuerzas anti-independentistas)?

De estas incógnitas dependerá que, tras las previsibles nuevas elecciones (pues aún quedan 7 días para convocarlas y la política catalana y española nos ha dado demasiadas sorpresas como para dar nada por seguro), con la presumible caída del bloque independentista y con la partición del bloque unionista entre izquierda (PSC, CSQEP) y derecha (C's, PP), se llegue a constituir un gobierno de progreso, por y para las personas y no por y para un trozo de tierra encuadrado entre fronteras pintadas en el aire, que deje al lado la consecución inmediata de la independencia y se centre en las necesidades sociales de una región que para entonces llevará 6 meses sin gobierno y que, tal vez, podría estar formado y/o apoyado por ERC, CSQEP, la CUP y el PSC o la nada desechable idea de unos quintos comicios desde 2010 por la imposibilidad de llegar a ningún acuerdo por la existencia de esos dos ejes maquiavélicos.

Tampoco hay que olvidar que, en las negociaciones para formar gobierno también a nivel nacional, con unos comicios catalanes por delante y, si además Colau se decidiera a encabezar la candidatura, Podemos se vería presionado por los de la alcaldesa, con sus 12 indispensables diputadxs en el Congreso, para redoblar su cerrazón a llegar a ningún acuerdo de gobierno con el PSOE si éste no acepta la celebración del referéndum catalán pues, renunciar a ello en mitad de una precampaña, reduciría considerablemente las expectativas de voto de la franquicia catalana de Podemos, dejando de absorber mucho voto soberanista y/o partidario del referéndum de izquierdas de la CUP, de ERC o incluso del PSC y, si algo ha demostrado el partido morado desde su nacimiento, es que sus acciones inmediatas responden a las expectativas electorales de los próximos comicios, no a las necesidades reales presentes.

Así que, ante tanta incógnita, altura de miras, en Barcelona y en Madrid. Que nadie piense que grabará en la Historia su nombre con oro actuando por un voto y no por las personas.