Recapitulemos un poco. Día 27 después de las
elecciones generales en las que la izquierda nacional, conformada por el Partido Socialista, Podemos y sus coaliciones territoriales e Izquierda Unida-Unidad Popular sumaron 11.643.131 votos y, la derecha nacional de Partido Popular y Ciudadanos, se quedaron con 10.715.976 de papeletas. Un 46,34% del voto total para las izquierdas, por el 42,65% de las derechas. En cambio, 161 escaños progresistas frente a los 163 conservadores; aunque, a día de hoy, el grupo parlamentario del Partido Popular haya pasado de 123 a 120 al descontar a los parlamentarios de UPN, FAC y a de la Serna, todos ellos en el grupo mixto, con lo que, de facto, la derecha tendría hoy 160 diputadxs en sus dos bloques. Así pues, las izquierdas suman 927.155 votos más, un 3,69% de sufragios más y (debido a la Ley Electoral, tan solo) un diputado más que las derechas.
27 días después de las elecciones, con estos datos, sigue sin vislumbrarse claramente en el horizonte un gobierno de izquierdas como las urnas mandaron.
¿Por qué se sigue en la casilla de salida?
Las posturas de PSOE, Podemos e IU-UP han cambiado poco en las últimas cuatro semanas:

-En el PSOE, tras el
espectáculo de los primeros días, patrocinado por Susana Díaz y parte de los Secretarios Generales regionales, las aguas se han calmado y Pedro Sánchez ha conseguido salir victorioso a todas luces: continúa siendo el Secretario General, el candidato a la presidencia, sigue manteniendo su apuesta firme por el "
pacto a la portuguesa" con Podemos e Izquierda Unida, persevera en su NO a la investidura de Mariano Rajoy o de cualquier otrx candidatx de los populares y ha conseguido postergar el Congreso Federal hasta después de la conformación de un gobierno. Es más, se podría decir que, el movimiento de estxs SSGG "rebeldes", ha servido para reforzar la figura de Pedro Sánchez, que se alejó inteligentemente de todo este ruido ombliguista de fondo y se negó a participar de él, y que ahora cuenta con un apoyo mayor entre la militancia y lxs votantes socialistas así como entre los medios progresistas que han visto como, a pesar del movimiento claro que se orquestó para acabar con él y con las posibilidades de un gobierno de izquierdas, se ha mantenido firme en la defensa de aquello por lo que esos 5,5 millones de españolxs le votaron: un gobierno de progreso que acabe con los 4 años de gobierno del PP. Por el momento ya hay
un socialista dirigiendo el Legislativo y Sánchez parece seguro de extender ese dominio también al Ejecutivo.
-El líder virtual de Izquierda Unida-Unidad Popular, Alberto Garzón, a pesar de contar tan solo con 2 diputadxs por valor de 460.000 votos cada unx, tardó poco en confirmar su
apuesta por un gobierno de progreso, con el PSOE a la cabeza, pero contando también con Podemos e incluso con Ciudadanos, para echar al Partido Popular del gobierno. Mientras tanto, con una Asamblea refundacional en el horizonte primaveral, batalla contrarreloj para conseguir formar un grupo parlamentario que dé voz a ese casi millón de votantes que consiguieron el 20D, para lo que podría llegar a contar con lxs nueve diputadxs de Compromís-Podemos, desgajados del grupo morado.

-Mientras tanto, el estreno de Podemos en la política institucional nacional ha supuesto una continuación de lo vivido hasta ahora: palabras, acciones y escenificaciones propias de una campaña electoral, ejecutadas pensando más en ganar votos que en clave de gobierno y de país. Con una llegada al Congreso cuya sobreactuación para eclipsar al resto de actores políticos señalaron todos los medios e incluso
reconocieron ellxs mismxs, han pasado cuatro semanas de ataque frontal al Partido Socialista, aliado natural (y real en tantas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos), culpabilizándolo de todos los males y olvidándose de que, quien ha gobernado durante estos cuatro años, quien tiene la izquierda enfrente y a quien los votantes le pidieron alejar del poder el 20 de diciembre, fue al Partido Popular.
Con el referéndum catalán y la exigencia de los cuatro grupos parlamentarios para él y sus confluencias como líneas rojas más marcadas y conocidas para pactar con los socialistas, las propias confluencias (que representan 27 de los 69 escaños) se empiezan a revolver incómodas ante la expectativa de que no podrán tener sus propios grupos como se les prometió y ya comienzan a urdir acciones para separarse del grupo troncal, lo cual pondría en serias dificultades que se volvieran a reeditar estos pactos en futuros comicios. Incluso dentro del propio Podemos se escuchan voces
contrarias a la política de pactos territoriales y ya ha habido
dimisiones territoriales por la deriva ideológica del partido.
Estas son las posiciones actuales de los tres partidos de izquierdas y dos son las ideas que Podemos utiliza como ariete contra los socialistas en los últimos días:
-"El PSOE niega a Podemos los cuatro grupos parlamentarios que le corresponden a él y a sus tres confluencias territoriales".
Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Ada Colau... muchos han sido los líderes de estos partidos implicados quienes han puesto todo su empeño en señalar al PSOE como quien les niega y les imposibilita el alcanzar sus cuatro grupos mientras, en el Senado, permite a ERC y DyL alcanzar sendos grupos prestándoles dos senadores a cada uno. Como si entrara dentro de los deberes del PSOE y sólo del PSOE el permitirles formar estos grupos, como dando por claro que alguien hubiera votado a los socialistas con la idea de que ese voto iría destinado a permitir estos cuatro grupos, estos líderes "olvidan" señalar que es el propio reglamento del Congreso el que impide formar esos grupos distintos a partidos que no han competido electoralmente entre ellos y, que del mismo modo que el PSC no podría tener su propio grupo propio por no haber competido con el PSOE, las tres confluencias territoriales de Podemos con las Mareas, con En Comú y con Compromis, no pueden tener sus grupos propios al no haber competido con Podemos. Y, al igual que olvidan señalar eso, también olvidan señalar que el PSOE, si bien no les tiende la mano para quebrar el reglamento en lo que, ante una denuncia posterior, podría implicar una condena contra los socialistas por prevaricación, sí que se la tiende para llevar a cabo una reforma del reglamento que sí que les permitiera obtener esos cuatro grupos. Y es que la realidad, en política, cuando no le permite a cada uno lo que quiere, no se rompe, sino que se modifica.

Asimismo, no es cierto que el caso de cesión de dos senadores a ERC y DyL sea el mismo que el de permitir los cuatro grupos de Podemos en el Congreso, pues la cesión de senadores supone una interpretación del reglamento que éste no imposibilita de forma clara como sí lo hace en el caso de los cuatro grupos. Así, mientras permitir esos dos grupos, o el grupo de IU-UP en el Congreso se pueden conseguir estirando la interpretación del reglamento, los otros cuatro no se conseguirían sino quebrando una prohibición explícita, como se ha señalado antes. Además, no es que se pudiera interpretar en clave de "nueva política" el plantear como exigencias para un pacto de gobierno que, para conseguir el bien propio, se rompa con las norma escrita con la excusa de "siempre se ha hecho así" (afirmación falsa, por otra parte).
Respecto a las críticas al PSOE por facilitar esos dos grupos nacionalistas en el Senado, no cabe olvidar que, aún siendo denostado de un tiempo a esta parte (con razón), el Senado es la cámara territorial de la que dispone España, una cámara en la que quedan representadas tácitamente las 17 regiones y donde se han de tratar los temas concernientes a las CCAA. Así pues, con el "conflicto catalán" más enconado que nunca, si realmente se quiere solucionar este "problema" por medio de la palabra y la negociación, el dar voz a los dos agentes nacionalistas que conforman el gobierno independentista catalán, en la cámara en la que se debería de tratar este asunto territorial, no es ninguna perversión, sino el camino que se ha de seguir si realmente se confía en la palabra y en la escucha bilateral y no en las acciones unilaterales.
Además, como se ha dicho, sumando a la negativa del reglamento a dar esos cuatro grupos a Podemos y sus confluencias, teniendo una cámara territorial específica como es el Senado, querer separarse territorialmente en el Congreso es una alteración del fundamento de esta cámara y de entender su funcionamiento, pues para que en el Congreso de los Diputados, lxs ciudadanxs de todos los territorios se sientan representados, no ha de ser necesario que cada partido se divida regionalmente, sino que cada partido (nacional, por supuesto) ha de representar a toda la ciudadanía. Admitir que para que gallegxs, catalanxs y valencianxs se sientan representados es necesario tener esos tres grupos propios, es afirmar que las otras 14 CCAA no estarán debidamente representadas con un sólo grupo morado para todas ellas.

- "El PSOE ha pacto con PP y Ciudadanos la formación de la Mesa del Congreso".
Ante la perseverancia de Podemos en seguir actuando en clave electoral y electoralista, formando un frente de ataque y confrontación contra todos y, principalmente, contra su rival en la izquierda, acusando al resto de partidos del coste que les pasará en las elecciones sus acciones de estos días, como si no acabaran de celebrarse unos comicios hace cuatro semanas y se siguiera en campaña, y el objetivo no fuera formar un gobierno que cambie la realidad que ha amedrentado los derechos y las libertades de lxs españolxs durante estos cuatro años, y que las próximas elecciones se celebrarán en otros cuatro, sino que su objetivo fuera que las elecciones se celebren en los próximos meses, ante esta actitud y su cierre en banda a cualquier pacto, el PSOE tuvo que buscar otro apoyo en la cámara para conseguir que el socialista Patxi López se convirtiera en el presidente del Congreso. Y ese apoyo vino de Ciudadanos que, desde el principio, dijo que veía con buenos ojos que quien dirigiera el Legislativo fuera de un color diferente al del principal partido. En ese acuerdo, respondiendo a la proporcionalidad del resultado electoral, se dio dos vicepresidencias y una secretaría al PP, una vicepresidencia además de la presidencia al PSOE, una vicepresidencia y una secretaria a Podemos y dos secretarias a Ciudadanos.
A la vista de que la suma de los 90 diputadxs del PSOE más los 40 de C's superaban a los 123 de los populares y que el pacto entre PSOE y C's respetaba la representación de los cuatro partidos, para evitar mostrar públicamente la debilidad parlamentaria y de capacidad de buscar apoyos del PP, estos decidieron no presentar al expresidente Posada como candidato y abstenerse en la votación, que no votar a favor.
Por su parte, a pesar de que con el pacto roji-naranja, la vicepresidencia y la secretaria otorgadas a Podemos respondían a su peso en el Congreso, el partido morado decidió presentar a su propia candidata, Carolina Bescansa, provocando el esperpento de que, en la primera votación parlamentaria de la nueva legislatura, hubiera dos candidatxs de izquierdas y ninguno de derechas.

Así pues, el tan cacareado pacto entre PSOE, PP y Ciudadanos se demuestra falso cuando lo que ese pacto conlleva es la presidencia del Congreso para un socialista y el reparto proporcional de los nueve puestos de la mesa. Además, esa abstención del PP, habiendo dos candidatxs en liza, no fue una abstención para Patxi López, sino que fue una abstención tanto para López como para Bescansa y, aún habiendo presentado candidato propio, el resultado hubiera sido exactamente el mismo, pues los 130 votos de PSOE y C's hubieran seguido superando a los 123 del PP y a los 71 de Podemos e IU.
Con todo esto, como se señaló en
artículos anteriores, el balón de la gobernabilidad y de la capacidad de la izquierda para revertir las políticas del Partido Popular de la última legislatura, continúa estando en el tejado de Podemos, quien tiene que entender que las elecciones fueron y que ya se ha pasado de las musas al teatro, de las encuestas a las urnas y que ya hay un resultado electoral y un parlamento formado, que son la tercera fuerza nacional junto con sus confluencias y la segunda de la izquierda y que, un gobierno alternativo al PP, tiene que pasar por un acuerdo entre PSOE y Podemos y por un apoyo de Podemos a un gobierno dirigido por quien es la principal fuerza de la izquierda, el PSOE. Tienen que asimilar que los 5 millones de votos de izquierdas recibidos, les fueron otorgados para aplicar las políticas sociales, de regeneración de la política y de progreso que desde su nacimiento han estado proclamando y que eso está por delante de un referéndum catalán (que un gobierno independenistas ya conformado, que teme a las urnas porque sabe que perdería, no quiere ver ya ni en pintura) y de sus cuatro grupos parlamentarios, que es un tema que tan solo les afecta a ellos internamente y no es una preocupación ni un requisito indespensable para la ciudadanía.
Podemos tiene que dejar de pensar y de hablar de las próximas elecciones, tiene que dejar de acusar al resto de partidos de cuán caro les saldrá en las elecciones las decisiones que se están tomando y entrar de una vez en el terreno de la suma, de la propuesta, de la reforma, de mojarse en la realidad y dejar de hacer brindis al sol que no piensan sino en los votos.
Con un PSOE y una IU-UP convencidos en llevar a cabo un gobierno de progreso, con un PNV y una CC que darían su apoyo a este gobierno, con una ERC y una CDC que ya han dado señales de que seguramente se abstendrían para evitar un nuevo gobierno del PP, incluso con Monica Oltra, líder de Compromis, pidiendo dejar a un lado el tema del referéndum y abogando por un pacto como el de la Generalitat (PSPV y Compromis en un gobierno dirigido por un socialista y con el apoyo de Podemos) y una Ada Colau pidiendo al PSC entrar en su gobierno municipal (lo cual ocurrirá dentro de poco) y con el PSOE tendiendo la mano a todas las fuerzas políticas que quieren reformar la situación del país, entre las que también cuenta con Ciudadanos, es claramente Podemos la única pieza que falta para posibilitar y formar este gobierno de cambio y quien debe de poner en stand-by sus aspiraciones a dar el sorpasso al PSOE y poner en práctica las de mejorar la vida del pueblo español.
Está en las manos de Podemos la credibilidad de la izquierda, la fe de lxs españolxs que votaron pluripartidismo y que votaron progreso, en que las izquierdas son capaces de ponerse de acuerdo para hacer realidad su grito de "basta" de la última legislatura que, entre otras cosas, dio forma al propio Podemos. Está en las manos de Podemos la posibilidad, más que real, de dar a luz a un gobierno de izquierdas y de alejar unas elecciones que, aunque tal vez les permitiera ese sorpasso soñado, daría claramente una nueva mayoría a la derecha, con el PP recogiendo gran parte del voto por la gobernabilidad, E incluso tal vez ni si quiera en esas nuevas elecciones conseguirían superar al PSOE pues, como se le asocia a Abraham Lincoln: "se puede engañar a todos alguna vez, o engañar a algunos siempre, pero no se puede engañar a todos siempre", y Podemos no podrá seguir engañando siempre a todos actuando egocéntricamente mientras vende que quien actúa mal son todos los demás e impidiendo un gobierno de izquierdas por su propio bien electoral, mientras achaca al PSOE pactar con las derechas.
Hay muchas cosas en las manos de Podemos, tal vez demasiadas, pero de ellos depende estar a la altura del encargo de las urnas el 20D o dar una nueva oportunidad a la derecha para gobernar.
Confiemos en que salga de esta encrucijada por el camino de la izquierda.