La "Gran Coalición" tomó cuerpo definitivamente ayer, en el gobierno de Cataluña. Después del pacto antinatura, entre eternos adversarios electorales, de la derecha burguesa de Convergència y la anteriormente conocida como socialdemócrata, Esquerra, dando a luz a Junts Pel Sí, se suma desde ayer la izquierda radical y anticapitalista de la CUP. Un conglomerado que alcanza desde la derecha más antisocial de la política catalana hasta la izquierda parlamentaria más extrema, unidas para dar la presidencia de la Generalitat a la Convergéncia de Jordi Pujol, personada en el alcalde de Girona, Carles Puigdemont. Pacto que demuestra, nuevamente, cuánto se adultera la realidad política cuando es el nacionalismo el que lleva las riendas, relegando a las ideologías a meros obstáculos por salvar para llegar al acuerdo.Tras las dos semanas durante las que todos los ojos estuvieron puestos en los movimientos de la izquierda anticapitalista, primero durante la asamblea con la que la CUP se decidió por el "ni contigo ni sin ti" y, después, cuando, dejando el asamblearismo para otro rato, fue su cúpula la que decidió decir no definitivamente a Mas en un resultado imposible de prever minutos antes, finalmente han aceptado investir a un miembro del partido de Mas. A cambio de esto, han conseguido dar una nueva patada hacia delante al Procés y una humillación pública a los ojos de cualquiera (salvo, parece ser, de quienes tienen la visión nublada por la nación), consistente en: comprometerse a no votar nunca con el resto de grupos del Parlament, regalar dos diputadxs a JxS para que así, según las propias palabras de Mas, se haya podido modificar lo que las urnas se negaron a dar, que es una mayoría de votos favorables a JxS frente a los votos en contra de C's, PSC, CSQEP y PP. Junto con ello, la CUP debe disculparse públicamente por su "actitud beligerante" ante JxS, sacrificando políticamente a varixs de sus diputadxs, previsiblemente a los más contrarios a la investidura de Mas.
Todas estas medidas se trufaron además con la doble ración de humillación de ser Artur Mas quien narrara todo aquello que debería de hacer la CUP, en un discurso con un claro enfoque de vendetta contra los cupaires, el discurso más megalómano escuchado en cualquier Parlamento español, dedicando medio discurso a hablar de su propia persona, dejando claro que es él el que decide dar un paso al lado (que no atrás), que es él el que decide quien será su sustituto en la presidencia, que es él quien regenerará a su partido y que es él quien seguramente decidirá que se vuelve a presentar cuando haya nuevas elecciones.

Y así todo, llegó el gran pacto desideologizado o, más bien, de la desideologización de la izquierda, que pone en marcha de nuevo los engranajes de la independencia.
Mientras, en España, el Congreso aún está por constituir, sin visos de que ninguna combinación de gobierno sea más factible que ayer, pero con una figura que, a partir del miércoles, jugará un papel fundamental como principal figura del Legislativo y con un Ejecutivo en funciones: Patxi López, el que, con toda seguridad, será el nuevo Presidente del Congreso de los Diputados.
Ya desde ayer comenzó a sonar la idea de que a partir de ahora se redoblarán las presiones al PSOE para facilitar la investidura de Mariano Rajoy, para tener un gobierno que se enfrente al "desafío soberanista" cuanto antes. Voces que parecen ignorar, deliberadamente, que si a día de hoy, Cataluña está años luz más cerca de la independencia que hace 5 años, es gracias al Partido Popular y a Mariano Rajoy, comenzando con el uso del "enemigo catalán" de forma electoralista, siguiendo con el recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut y finalizando (por ahora) con 4 años de inacción total ante los planes del soberanismo, cuando no de enfrentamiento y ataque al pueblo catalán.
Pero Pedro Sánchez tiene claro que ni su militancia ni sus votantes le perdonarían nunca al PSOE permitir un gobierno del PP y, como señaló gráficamente esta semana, que sus pasos deben de seguir el ejemplo del "pacto a la portuguesa", es decir socialistas (PSOE), junto con el Bloco (hermanado con Podemos) y los comunistas (hermanados con IU/UP). Y a este intento decidido del Secretario General por llegara un pacto de gobierno con Podemos e IU, se han sumado recientemente los barones y la baronesa díscolos que pusieron en tela de juicio al propio PSOE poco después de las elecciones.
Así pues, mientras la derecha, con su gran mayoría de medios de comunicación, van a seguir reclamando in crescendo al PSOE que deje gobernar al PP por la estabilidad del país (o sea, la derecha seguirá queriendo que gobierne la derecha, igual que antes, pero con el argumento ahora del gobierno catalán constituido) y/o incluso que se sume a él en un gobierno de Gran Coalición, la izquierda, donde debería de redoblar sus presiones, no es en un PSOE que ya está convencido de que jamás dejará gobernar al PP ni por activa ni por pasiva y de que su apuesta es por un gobierno de progreso, ni en una Izquierda Unida que ya ha adelantado su predisposición a pactar con los socialistas para impedir un gobierno del PP, sino en los 69 diputados de izquierdas, adscritos a Podemos y a sus coaliciones territoriales, que son la pieza imprescindible que falta para cuadrar el puzle de la gobernabilidad.Con un gobierno independentista formado, con la máquina de la independencia funcionando a pleno pulmón, con esa mayoría parlamentaria (que no en votos) del Parlament afirmando que el referéndum por la independencia ya es agua pasada y que ahora se dirigen directamente a la declaración unilateral de independencia, la mil veces marcada como línea roja y prioritaria de Podemos del susodicho referéndum, cae en un saco roto, que miembros destacados del partido o de las coaliciones, como el exfiscal y exeuroparlamentario morado Villarejo, o la líder de Compromís y vicepresidenta de la Comunitat Valenciana, Mònica Oltra, ya han señalado como secundaria ante la legislación sobre políticas sociales imprescindibles y ante un gobierno de izquierdas, liderado por el PSOE y con el apoyo de Podemos.
Si ya antes era importante señalar la incongruencia de que un gobierno de izquierdas fuera imposible de realizar, cuando PSOE, Podemos e IU recibieron casi un millón de votos más que PP y C's, debido a una cuestión territorial, cuando la izquierda siempre se ha significado por poner la temática social como insignia de sus políticas y por su internacionalismo, hoy lo es aún más remarcar que, ante la nueva situación de Cataluña, condenar a lxs españolxs a 3 meses más sin gobierno y a lxs españolxs de izquierdas a dar una nueva oportunidad en las urnas a que las derechas sí que sumen por un referéndum que el gobierno catalán, ya soltado de la mano del resto de España, ni si quiera aceptaría, es una estafa a todx elector/a progresista y una declaración de que el bien partidista está muy por encima del sentido de país y de las preocupaciones y afectaciones diarias de la ciudadanía durante los últimos 4 años de gobierno derechista.
La izquierda, política, mediática y social, debe de dejar de malgastar horas, días y titulares en especulaciones sobre cuál es el nuevo paso dado por el PSOE que lo aboca al abismo o quién tiene más que ganar o que perder en las próximas elecciones y centrarse en el que debería de ser su objetivo primo y lógico: un gobierno e izquierdas. La ciudadanía debe de ser consciente de que, mientras el líder del PSOE se ha negado a alimentar el espectáculo ególatra dado por ciertos líderes territoriales y ha centrado sus esfuerzos y sus declaraciones de los últimos 21 días en cómo conseguir desalojar a Rajoy de Moncloa, colocando la gobernabilidad del país y el éxito de la izquierda por delante del cuándo tocará o no tocará el próximo Congreso del partido, enfrente están las declaraciones de Pablo Iglesias y los líderes del partido morado hablando día sí y día también de lo poco que les faltó para ganar, de lo bien que les iría en una nueva convocatoria electoral, de una Gran Coalición inexistente y negada hasta la saciedad por activa y por pasiva y de cuán importante y prioritario es para lxs 47 millones de españolxs un referéndum de autodeterminación en Cataluña.
Con el pacto entre PSOE, Podemos e IU, no habría que hacer un nuevo encaje de bolillos a 9 bandas para conseguir la investidura de Pedro Sánchez, como la caverna mediática tanto empeño pone en vender. Con el pacto estable de las izquierdas conseguido, no es ningún secreto que el PNV, con sus 6 diputadxs y el apoyo del PSE en las principales instituciones vascas, ve con buenos ojos un gobierno de Sánchez, ni que ERC, con sus 9, dijo desde el primer momento que estarían por la labor de facilitar la investidura, siendo en el 20N tan independentistas como el día de hoy, con lo que, más que seguramente, tal vez no el voto afirmativo, pero sí la suficiente abstención de ERC se podría dar por asegurada sin la necesidad de ofrecer contrapartidas, sin olvidar también la diputada de CC, gobernando Canarias en coalición con el PSOE. Cada voto y cada diputadx cuenta en esta nueva legislatura.El balón de la gobernabilidad no está hoy ni ha estado nunca en el tejado del PSOE para permitir un gobierno del PP. El balón está, desde el 20N, en el tejado de Podemos, para permitir un gobierno progresista, un gobierno estable y un gobierno que responda al grito de cambio y de giro a la izquierda que las urnas transmitieron. En definitiva, un gobierno para el que los más de cinco millonxs de españolxs que votaron a Podemos y a sus partidos coaligados les votaron.
El convoy de la independencia catalana está finalmente unido y en marcha. Es hora de que las izquierdas se tiendan la mano y den una nueva oportunidad a los 7,5 millones de catalanxs y a lxs 47 millones de españolxs.
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