Es curiosamente llamativa la expectación que ha habido hasta el último minuto con qué decisión tomaría la CUP, cuando el dilema era si, la anteriormente mencionada izquierda anticapitalista, apoyaría o no a un presidente neoliberal, representante de la burguesía catalana, de un partido corrompido hasta las raíces, que puso Cataluña a la cabeza de los recortes en Sanidad y de la represión social en las calles. Parecía evidente que CUP y CDC-Mas eran dos ideas antagonistas. Parecía evidente para todxs salvo para la CUP, que hasta el último momento mantuvo la duda en el aire. Aunque también parecía evidente que ERC y CDC eran partidos adversos e imposibles de conjugar, hasta que llegó Junqueras y su afán por desprender a ERC de toda ideología para convertirla en un partido comodín, que lo único que aporta a la política catalana y a lxs catalanxs son votos para apoyar al mejor postor.
Una izquierda que se dice socialdemócrata, aliada con la derecha burguesa y corrupta. Una izquierda que se dice anticapitalista, rota y dividida por la mitad por su apoyo o no a un presidente que podría dar clases a Mariano Rajoy en recortes sociales. Dos muestras de cuan adulteradas están la vida y la realidad políticas en Cataluña, de cómo el nacionalismo jamás puede ser de izquierdas, porque cuando se pone la tierra por delante de todo lo demás, detrás se quedan las personas.
Y por encima de todo ello, el superviviente, el prestidigitador, que de repente está aquí y de repente está allí, la carcoma que infesta y destruye todo lo que toca: Artur Mas. Frente a aquellos que lo acusaban de querer "romper España", Mas se ha demostrado capaz de romper todo, salvo el Estado. Rompió al PSC (con una fuga de sus cuadros independentistas), rompió CiU (revelando a Unió como el socio más inútil y sobrerrepresentado de la historia política, que no ha sido capaz de conseguir ni un solo diputado por si sola ni en el Parlament ni en el Congreso), rompió a la propia CDC (relegándola al cuarto puesto en las últimas elecciones generales) y ahora ha roto a la CUP (dimisión de su portavoz parlamentario mediante).
Pero, inexplicablemente, Mas sigue a flote. Ni se ha ahogado él mismo en medio de la tormenta política perfecta que vive Cataluña, ni sus compañerxs de viaje le han hundido la cabeza para soltar lastre. Resulta inexplicable que sobreviva quien hundió a lxs catalanxs en la miseria social, quien usó la fuerza policial para callar sus voces de protesta, quien miente a diario a lxs independentistas que creen realmente en el Procés, diciéndoles que él se apartaría si fuera un problema para la consecución de la independencia, pero que es que él no es el problema, cuando la CUP no se ha cansado de repetir que su problema con JxS no es otro sino Mas. Es mucho lo que cuesta de entender del encabezonamiento de Mas en seguir postulándose como el salvador de la patria independiente de Cataluña aún a costa de, como ha quedado demostrado, el propio Procés, de la complicidad de CDC y ERC con el egocentrismo y el personalismo de éste y de la ciudadanía que sigue creyéndole y votándole cuando les dice que su principal preocupación y objetivo es la independencia y no él mismo, cuando sus hechos demuestras continuamente la mentira en sus palabras.
Pero ahora se abre un nuevo periodo, gracias a la CUP, en el que hay muchas incógnitas y muchas oportunidades y en el que parece haber sólo una cosa clara: que los partidos de la independencia (CDC, ERC, CUP) perderán un peso que ganarán los del unionismo (C's, PSC, CSQEP, PP).
Incógnita 1: ¿Se reeditará el pacto entre CDC y ERC que formó JxS? El 27S, ERC tuvo la oportunidad perfecta, según decían todas las encuestas, de convertirse en el primer partido de Cataluña, pero prefirió regalar estos visos de victoria a Mas, junto con su ideología perdida. Hoy, ERC parece volver a tener la victoria en su mano de presentarse por separado. Demostrado lo fallido de la confluencia con su antagonista político histórico, ¿se atreverá esta vez a convertirse por sí sola en el partido que encabece las negociaciones para formar un hipotético gobierno?
Incógnita 2: ¿Seguirá CDC empecinada en presentar al ultraquemado Mas como candidato o dará el paso de buscar nuevxs líderes entre sus filas, apartados de la corrupción y de los tremendos recortes sociales de sus gobiernos, que piloten el nuevo escenario político?
Incógnita 3: ¿Mantendrá C's su posición momentánea de primera fuerza de la oposición o su resultado del 27S se desvelará como parte del espejismo que, junto con las encuestas que los inflaron elección tras elección, le colocaron en unos parámetros en los que realmente nunca estuvieron?
Incógnita 4: ¿Se reeditará también la amalgama de CSQEP y abandonará Colau la alcaldía de Barcelona, tras 6 meses al frente, para encabezar la coalición?
Incógnita 5: ¿Aguantará íntegra hasta entonces la CUP?
Incógnita 6: ¿Se volverá a afrontar la campaña electoral y las negociaciones posteriores para formar gobierno desde el eje de independentistas-unionistas o desde el de izquierda-derecha (que divide por duplicado a las fuerzas anti-independentistas)?
De estas incógnitas dependerá que, tras las previsibles nuevas elecciones (pues aún quedan 7 días para convocarlas y la política catalana y española nos ha dado demasiadas sorpresas como para dar nada por seguro), con la presumible caída del bloque independentista y con la partición del bloque unionista entre izquierda (PSC, CSQEP) y derecha (C's, PP), se llegue a constituir un gobierno de progreso, por y para las personas y no por y para un trozo de tierra encuadrado entre fronteras pintadas en el aire, que deje al lado la consecución inmediata de la independencia y se centre en las necesidades sociales de una región que para entonces llevará 6 meses sin gobierno y que, tal vez, podría estar formado y/o apoyado por ERC, CSQEP, la CUP y el PSC o la nada desechable idea de unos quintos comicios desde 2010 por la imposibilidad de llegar a ningún acuerdo por la existencia de esos dos ejes maquiavélicos.
Tampoco hay que olvidar que, en las negociaciones para formar gobierno también a nivel nacional, con unos comicios catalanes por delante y, si además Colau se decidiera a encabezar la candidatura, Podemos se vería presionado por los de la alcaldesa, con sus 12 indispensables diputadxs en el Congreso, para redoblar su cerrazón a llegar a ningún acuerdo de gobierno con el PSOE si éste no acepta la celebración del referéndum catalán pues, renunciar a ello en mitad de una precampaña, reduciría considerablemente las expectativas de voto de la franquicia catalana de Podemos, dejando de absorber mucho voto soberanista y/o partidario del referéndum de izquierdas de la CUP, de ERC o incluso del PSC y, si algo ha demostrado el partido morado desde su nacimiento, es que sus acciones inmediatas responden a las expectativas electorales de los próximos comicios, no a las necesidades reales presentes.
Así que, ante tanta incógnita, altura de miras, en Barcelona y en Madrid. Que nadie piense que grabará en la Historia su nombre con oro actuando por un voto y no por las personas.



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