domingo, 24 de enero de 2016

PSOE: el todo y la nada en el siguiente paso

Durante el último mes, en un día, incluso en unas horas, la actualidad política deja de ser actualidad en España a velocidad de vértigo.

Los golpes en la mesa de Pablo Iglesias y Mariano Rajoy el viernes por la mañana y por la tarde respectivamente, cambiaban todo el panorama político para dejarlo todo igual. Sin gobierno a la vista, sin candidato a pedir la confianza del Congreso, con un gobierno de izquierdas o elecciones anticipadas como únicas salidas y con un mismo actor que, igual que desde el 20D, ocupa el centro de todas las miradas: Pedro Sánchez y el PSOE.

Por el PSOE y por Sánchez vuelven a pasar todas las opciones posibles de gobernabilidad, no hay una sola que no les incluya, con la diferencia de que, cada día que pasa, el tejado socialista se va llenando de más balones. Balones, algunos de los cuales, vienen rellenos repletos de veneno. Y es que detrás de cada declaración, de cada comparecencia, hay que saber ver las intenciones secundarias que se esconden.

Sería de cajón que, con Podemos abriéndose completamente y, por primera vez, públicamente a un entendimiento y, más aún, a un gobierno con el PSOE, la opción de gobierno de izquierdas PSOE-Podemos-IU, con el apoyo de PNV y la abstención de algún grupo nacionalista más, tendría el camino completamente allanado.
Sería de cajón de no ser por los motivos para la sospecha dados en la propia comparecencia de Iglesias: la prepotencia en sus palabras afirmando que Pedro Sánchez debería de agradecerles "la sonrisa del destino" que le permitiría llegar a Moncloa, la capacidad para despreciar una vez más a lxs socialistas en un discurso en el que a la vez les está pidiendo ser su socio menor en un gobierno, la desfachatez de, en primera instancia, llegar exigiendo la vicepresidencia y los ministerios que quieren de un futurible Gobierno del que tan solo él acababa de empezar a hablar, después de dos años despreciando el discurso del reparto de sillones, en definitiva, la actitud teatralmente escenificada de perdonavidas con el PSOE, por encima de la de mano tendida, hacen pensar que, tal vez, tras esa pretendida actitud de acercamiento al PSOE, se "malesconde" la vana intención de colocar a los socialistas en el brete de, o bien aceptar esa humillación y todas las condiciones impuestas por los morados, desangrándose internamente por el camino en medio de una lucha cainita, o bien, en nombre de la dignidad de las siglas y de sus votantes, rechazar el gobierno de izquierdas propuesto, dejando paso a un escenario que, más que probablemente, desembocaría en unas nuevas elecciones. Casualidades de la vida, por diferentes caminos, ambos escenarios abocan al mismo final: el PSOE pierde.

No ha de parecer extraña esta situación. Ante unas bases, militantes y electorales, inmunes hasta el momento ante cualquier acción de la dirección y del partido que desgastaría a cualquier otra formación (como bien ejemplifica Manuel Jabois en su artículo: "Sorpassokización"), Iglesias y Podemos han sido hasta el momento capaces de convertir en culpables a lxs socialistas en cada nuevo escenario: culpables por no aceptar el referéndum catalán convirtiéndolo en su línea roja, culpables recientemente por haber sido (supuestamente) el PSOE quien había convertido el referéndum catalán en una línea roja, culpables por no darles sus cuatro grupos, culpables porque IU-UP se quedara sin grupo parlamentario (el propio Alberto Garzón lo negó) culpables por pactar la Mesa del Congreso... y, ahora, serían de nuevo culpables por no llegar a este gobierno de coalición impuesto, que no acordado ni hablado.

Ante este panorama, tampoco es inocente la decisión de Rajoy de negar al Rey la posibilidad de presentarlo como candidato a la presidencia tras esta primera ronda. Con el PSOE ya de por sí entre la espada y la pared con la situación dejada tras el 20D, con la nueva espada de Damocles del gobierno de coalición sobre la cabeza de Sánchez redoblando las presiones internas y externas, ¿qué mejor que apartarse momentáneamente para dejar que los socialistas se sigan cocinando a fuego cada vez más rápido y, después de que estxs hayan fracasado, quedar él como única opción viable y seria ante la ciudadanía?

Iglesias y Rajoy han dado esta semana dos nuevas patadas hacia delante o dos nuevas patadas al PSOE, dependiendo de la lectura de sus intenciones. Pero Iglesias y Rajoy siguen sin ser la pieza central de este tablero, siguen sin tener toda la situación en su mano. Son hoy, Pedro Sánchez y el Partido Socialista los que, en su próximo paso, pueden conseguirlo todo o quedarse sin nada. Comenzar a escalar la montaña que lleva al gobierno o lanzarse por el precipicio de una ruptura de los entendimientos.

¿Y cuál es la opción que, si bien tal vez no buena, es menos mala?

No caben cierres en banda porque uno sienta herido su pundonor, no es de una discusión de patio de colegio de lo que se está tratando ahora, en la que, si la pelota es mía y tú me insultas, yo no la traigo y nos "fastidiamos" los dos. No, se trata de la gobernabilidad de la cuarta potencia del Euro, de echar atrás los últimos cuatro años oscuros de gobierno antisocial del Partido Popular que ahora parecen no recordarse o ser un mal menor, de las vidas de 47 millones de españolxs, de sus derechos, de sus libertades, de su igualdad y su justicia. No caben miramientos, Pedro Sánchez ha de hacer de su capa un sayo, actuar como el Secretario General federal y candidato a la presidencia del PSOE que es, como la voz de una militancia que lo eligió y  que clara y mayoritariamente apuesta por el acuerdo con la izquierda y enfrentarse a los vientos de tormenta que, con toda seguridad, vendrán inminentemente desde el Sur.

Ningún ni ninguna Secretarix General regional ha de preponderar en su negativa al acuerdo progresista cuando esta negativa se basa en el "honor" o, aún peor, en aspiraciones personales o en odios partidistas. No se puede perder la oportunidad clara que dio el 20D de terminar con el austericidio y con instaurar un nuevo gobierno y una nueva forma de gobernar desde el consenso, desde el acuerdo, desde la izquierda y el progreso. Son muchas cosas las que hay que cambiar y recuperar y es muy fácil el acuerdo para poder hacerlo como para tirarlo por el retrete de unos nuevos comicios propicios para la derecha.

Pedro Sánchez y el PSOE deben de seguir por la senda mantenida hasta el momento: no al "pacto a la alemana" y sí al "pacto a la portuguesa". Por el bien del país, de la ciudadanía, de la izquierda e incluso del propio partido.

Se quería multipartidismo y aquí está. Y el multipartidismo conlleva aceptar la modificación de los escenarios políticos y de gobierno para aportar la estabilidad negada por las mayorías absolutas ya en el olvido. Y, entre esas modificaciones, pasa la de los gobiernos de coalición, sin apoyos externos, sino con todas las fuerzas incluidas y envueltas en la tarea de gobernar. Así pues, no habría mejor opción para los socialistas que, ante este nuevo periodo, fuera el PSOE quien lo encabezara en un ejecutivo de izquierdas como primer gobierno de coalición nacional de la historia democrática española que, además, ataría a ellos a su principal rival en la izquierda y le obligaría a detener su ataque y derribo contra lxs socialistas, cambiando el intento de sorpasso por el intento de gobierno, calmando las aguas en el flanco izquierdo del parlamento y quitándose de encima la problemática de andar buscando pactos a numerosas bandas ante cualquier medida en el caso de estar al frente de un gobierno monocolor con tan solo 90 de 350 diputadxs.

La izquierda tiene el deber y la obligación de intentar propiciar el cambio. Cuarenta y siete millones de españolxs están por delante del pundonor del PSOE.

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