miércoles, 24 de febrero de 2016

Candidato Trump

Ya está, es un hecho, aquello que el establishment republicano y el resto del mundo temíamos ya es irrefutable. Donald Trump será el próximo candidato del Grand Old Party de Lincoln a las elecciones presidenciales de noviembre.

Bastantes meses antes de que termine el proceso de primarias y caucus, cuando sólo han participado cuatro Estados en esta carrera, parece ya inevitable que Trump sea el candidato.

Después de los procesos de Iowa, New Hampshire y el más reciente en Carolina del Sur, que Trump perdiera en el primero y se quedara con el 32 y el 35% de apoyos en los otros dos, hizo (querer) pensar a los "anyone but Trump" (cualquiera menos Trump), que el magnate xenófobo tenía un techo electoral que no superaría esas cifras. Pero ese sueño ha volado por los aires en Nevada.

Con el 100% recontado, Trump se ha llevado el 45,9% de los votos, es decir, casi uno de cada dos.

Podríamos pensar que, bueno, es mucho pero es menos de la mitad y que, dando por descontada la retirada de Kasich y Carson después de sus penosos resultados que les impiden derrochar la multimillonada que el SúperMartes requerirá (como escribía Roger Senserrich en su interesante análisis, ¿qué clase de persona sigue financiando la carrera hacia la nominación de Carson?), bastaría con que, o bien Cruz o bien Rubio, se retiraran para quedar en una carrera de uno contra uno en la que, uno de los dos cubano-americanos, aglutinara todo el voto anti-Trump.

Sí, suena fácil y bonito. Pero no lo es. Después de que Cruz ganara el caucus de Iowa y de que Rubio superara todas las expectativas quedando a escasos votos de Trump, los dos han quedado virtualmente empatados en las dos últimas elecciones (22,5% para Rubio y 22,3% para Cruz en Carolina del Sur y 23,9% para Rubio y 21,4% para Cruz en Nevada), ¿cuál de los dos va a ser el que decida retirarse voluntariamente para impedir la victoria de Donald por amor al GOP, a EEUU y al mundo en general?
Imagen obtenida de The Guardian

Para ponerlo más "interesante" aún, la gran mayoría de elecciones republicanas están basadas en el principio de "winner takes it all" (el ganador se lo lleva todo), es decir, que no vale quedar segundo porque, tanto Rubio con su 22,5%, como Carson con su 7,2% se llevaron los mismos delegados de Carolina del Sur: 0. No vale con quedar segundo aunque la distancia con el primero sea de un 0,001%. Sólo importa ganar. Y, con Trump sumando casi la mitad de los apoyos, sólo se puede arruinar su victoria prácticamente segura superando ese "casi". Es decir, tres de los cuatro candidatos no-Trump se tienen que retirar y tienen que hacerlo antes del 1 de marzo.

¿Por qué antes de esa fecha? El 1 de marzo es el "SúperMartes", en el que están en juego nada menos que 12 Estados, quien gane en esos Estados ya tiene la mitad de los delegados necesarios para conseguir la nominación del GOP. Con lo que, con la mitad del voto con Trump y la otra mitad dividida entre Rubio y Cruz y yendo a parar todos los delegados al candidato más votado, tras haberse destruido la "teoría del 35%", o Cruz o Rubio se retiran esta semana o Trump es ya imparable.

De no retirarse uno de los dos, no sólo debe de preocuparse el Partido Republicano porque ése vaya a ser su candidato, o EEUU porque pueda ser su presidente, sino que debemos de ser toda la humanidad quienes temamos que alguien como Trump llegue a convertirse en el líder de la primera potencia mundial. Un personaje xenófobo, machista y populista (en el sentido peyorativo europeo, no en el sentido norteamericano de cercanía al pueblo) que, en uno de sus mítines en Las Vegas, se permitía el descaro de mandar a Seguridad a expulsar a un veterano de guerra que llevaba una pancarta contraria a su islamofobia con un simple "echadlo" o que, ante otro chico contrario a sus propuestas presente allí, además de ordenar que lo echaran, se permitió fanfarronear ante las miles de personas que abarrotaban el recinto afirmando que lo que le apetecía no era echarle, sino pegarle un puñetazo y que, en sus tiempos, ese chico no hubiera salido de allí acompañado de Seguridad, sino que hubiera salido en camilla (sic). Declaraciones y escenificaciones que son imposibles no asociar con el matonismo del partido neonazi griego Aurora Dorada, por no retrotraernos a tiempos de odio y represión más antiguos y alemanes.

Imagen obtenida de The Guardian
Pero no es esto lo más preocupante, Trump está en su libertad (y más en EEUU) de ser el patético muñidor del discurso del odio y el miedo que quiere ser. Lo realmente terrorífico son las miles de personas que le aplaudían y que reían mientras esos dos hombres eran expulsados burdamente y amenazados por nada menos que un candidato a presidente de los Estados Unidos. Lo que debe de causarnos aún más incredulidad, son las cientos de miles de personas que están comprando ciegamente ese discurso con cada apoyo a Trump, pues no es la primera vez en la historia que se han ganado elecciones democráticas con el apoyo y concierto del pueblo cuando se esgrimía la necesidad de crear muros que separaran a unos de otros, cuando se decía que había que hundir a un enemigo, entonces judío y ahora mexicano y latino, para que el pueblo elegido al que se pertenecía volviera a brillar como tiempo ha.

Podemos seguir esperando hasta el próximo martes a que se dé el improbable milagro de que Cruz o Rubio se retiren y creer que, el apoyo popular de todos los candidatos retirados, fuera a ir a parar al que quedara frente a Trump sin excepción. Mientras tanto, también podemos pensar que esto pone en bandeja la elección de noviembre para Hillary Clinton o para Bernie Sanders, ya que es imposible pensar que el pueblo estadounidense, por supuesto el demócrata, pero también gran parte del republicano, dejen a un personaje como Donald pisar la Casa Blanca.

Sí, podemos pensar eso, como también pensamos un día que Trump no tenía ninguna oportunidad.


sábado, 20 de febrero de 2016

Frente Popular Vol. 2

El pasado 16 de febrero se celebró el octogésimo aniversario de la histórica victoria del Frente Popular en las últimas elecciones democráticas de la España republicana. La izquierda en su conjunto, desde la más moderada Unión Republicana hasta los más izquierdistas PCE y POUM, pasando por el corazón de la coalición, el Partido Socialista de Indalecio Prieto y la Izquierda Republicana del presidente Azaña, se unieron bajo la misma marca para conseguir la fuerza que desbancara a la derecha en el gobierno, controlado por la filo-fascista CEDA, que había quebrantado a las clases populares y trabajadoras.

Se cumplieron este martes ochenta años desde que la unión de las izquierdas hiciera posible su vuelta al poder con el apoyo mayoritario del pueblo, de hombres y mujeres, a través de las urnas. Un hito democrático que, un ejército golpista, una derecha antidemocrática y un clero reaccionario y omnipresente, llevaron cinco meses y dos días después a otra etapa histórica, pero esta vez de fratricidio, sangre y muerte, seguida de cuarenta años de miedo y oscuridad.

Volviendo al presente, ocho décadas después, la izquierda se encuentra de nuevo en una encrucijada histórica. Cierto es que la realidad actual difiere en muchos aspectos de la de entonces. A día de hoy, no hay duda alguna sobre el espíritu democrático de nuestras Fuerzas Armadas ni de que acatarían las órdenes de aquel partido que llegara a Moncloa, fuera éste cual fuese. Tampoco el clero de hoy dispone de la influencia política y social sin medida de la que gozaba entonces y, una parte importante de la derecha, se ha desligado de ese sentimiento antidemocrático que entiende como únicamente propio el poder y de sus raíces franquistas.

Por otro lado, en ambas épocas se estaba saliendo de la, en cada momento, mayor crisis económica y financiera conocida hasta el día. Entonces habían pasado siete años desde el Crash del 29 y hoy ocho desde la caída de Lehman Brothers, con el agravante de que hoy, a estas crisis, se suman una social y otra política. También hoy la extrema derecha, xenófoba y racista, vuelve a avanzar a ojos vista desde toda Europa, Alemania como entonces, pero también Francia, Holanda, Suecia, Finlandia, Grecia, Austria... y "guerra", "muerte" y "refugiado" son palabras que flotan en aire a diario.

Con los parecidos y diferencias, hoy, la izquierda se encuentra en lo más parecido, desde aquel febrero del 36, a la reedición de aquel Frente Popular. Con una derecha absoluta en el gobierno durante los últimos cuatro años que, de nuevo como entonces, ha quebrantado los derechos y la igualdad de lxs españolxs, ha elevado hasta límites insospechados el conflicto territorial, que desde que sus 186 diputadxs tomaron posesión oficial de su acta, desconectaron completamente de la sociedad y aplicaron un rodillo y cortaron todo contacto con el resto de fuerzas políticas. En ese estado, la izquierda se ha conjurado para hacer valer su representación institucional y echar a esta derecha del gobierno.
Rafael Alberti en un mitin tras la victoria del Frente Popular

Pero hoy, a pesar de haber sumado un millón más de votos que las derechas, la izquierda no cuenta con una ley electoral que premia con una mayoría más que absoluta a las listas vencedoras como con la que contaba el Frente Popular. No, hoy la izquierda no tiene una mayoría de escaños aunque tenga una mayoría de apoyos.

Así hoy, como entonces el Frente Popular, la izquierda se aglutina en torno a su pieza fundamental: el PSOE. Un PSOE que esta semana aceptaba la oferta lanzada por Alberto Garzón de comenzar las negociaciones a cuatro, junto con Podemos y Compromis.

Durante las casi tres semanas que han pasado desde que Pedro Sánchez recibiera el encargo para intentar formar gobierno, el comportamiento antidemocrático de Podemos y que parecía mostrar un desconocimiento absoluto de lo que la democracia parlamentaria significa, negándose a iniciar conversaciones con lxs socialistas hasta que estxs no dejaran de hablar con Ciudadanos, mantuvo estancada la posibilidad de un acuerdo de izquierdas. Hoy, esa posibilidad vuelve a estar en marcha.

No se hubiera entendido tampoco que Sánchez se negara a llevar a cabo estas conversaciones, pues eso hubiera supuesto declarar el hecho de que daba por imposible un entendimiento con Podemos y que apostaba únicamente por el acuerdo con Ciudadanos.

Pero, finalmente, las conversaciones de las izquierdas van a empezar y, seguramente, sirvan para superar anteriores encallamientos entre PSOE y Podemos. En una mesa a cuatro, con las otras dos fuerzas a las que Pablo Iglesias quiere incluir en su hipotético gobierno multipartito, sería relativamente fácil desactivar la línea roja de Iglesias del referéndum catalán al enfrentarse a la realidad de que ni IU-UP ni Compromis (ni por supuesto el PSOE) tienen esa línea insalvable como propia. Igualmente, obligaría al PSOE a buscar con más ahínco ese acuerdo de izquierdas para no figurar como aquel que lo hizo imposible.

No hay que olvidar, aún así, que lxs 161 diputadxs que estarán representadxs en esa mesa, seguirán siendo una minoría, no ya sólo para conseguir la investidura, sino para poder funcionar después con un Congreso mayoritariamente en contra, por lo que sigue siendo imprescindible el acuerdo y el entendimiento con otras fuerzas del arco parlamentario que, como indicaba en anteriores posts, convierte a Ciudadanos en el partido a seducir.

En este ochenta aniversario de la victoria del Frente Popular, sería una triste celebración que hoy la izquierda fuera incapaz de ponerse de acuerdo para llevar a cabo aquello que el pueblo le ha encargado, que no es sino hablar, gobernar y devolverle los derechos, las libertades, la dignidad y la ilusión arrebatadas por cuatro años de derecha.

Imagen tomada de La Vanguardia
Existe mimbres muy sólidos y razones muy poderosas para crear un gobierno con un amplio apoyo popular y parlamentario, que ponga fin al expolio de lo público y coto a la vergüenza internacional de la corrupción sistémica.

La posibilidad de este acuerdo es muy posible y, el deseo de las urnas para que se dé, muy tangible. Tan sólo falta la disposición de los agentes políticos necesarios para estar a la altura que la realidad les está pidiendo estar.

Si una izquierda tan diversa como la que conformó el Frente Popular fue capaz de unirse en un momento tan espinoso y tan al borde del precipicio, la historia no podría perdonar que, una izquierda con tantos objetivos en común y con menos espinas en este momento que le ha tocado, se boicoteara a sí misma e impidiera su unión.

Ninguno de ellos podrá celebrar la victoria de aquel febrero del 36, si no son siquiera capaces de intentar emular su grandeza.

domingo, 7 de febrero de 2016

El juego de los vetos

Contamos pocos años cuando nos vemos inmersos en el mundo de las matemáticas. Nada demasiado elaborado, sumas y restas bastan para comenzar, así como saber qué numero es mayor que otro. Siete semanas después de las elecciones generales del 20 de diciembre, con todos los partidos de la cámara jugando a los vetos entre ellos, como si de un Congreso con infinidad de posibilidades diferentes de suma se estuviera hablando, cabe recurrir a estos conocimientos básicos para recordar cómo está la situación.

El Congreso de los Diputados cuenta con 350 diputadxs. Para elegir al nuevo presidente, es necesaria la mayoría absoluta de la cámara, es decir, 176 votos. Para salir elegido dos días después, basta con una mayoría simple, es decir, más votos positivos que negativos.

Separando a los partidos que obtuvieron representación en las elecciones en bloques ideológicos tenemos:
-Bloque de derechas: PP-123, C's-40, DiL-8, PNV-6, CC-1. Total: 178.
-Bloque de izquierdas: PSOE-89, Podemos-65, ERC-9, Compromis-4, IU/UP-2, Bildu-2, NC-1. Total: 172.

Luego, hablando estrictamente en el eje izquierda-derecha, la derecha contaría con una mayoría absoluta en el Congreso.

Pero en la España de 2016, con Cataluña iniciando su "desconexión" unilateral del resto del Estado, no se puede hablar sólo en este eje, también hay que tener en cuenta otros. Por ejemplo, el eje independentista-unionista(o no independentista,al menos):
-Derecha unionista: PP-123, C's-40, PNV-6, CC-1: Total: 170.
-Derecha separatista: DiL-8. Total: 8.
-Izquierda unionista; PSOE-89, Podemos-65, Compromis-4, IU-2, NC-1. Total: 161.
-Izquierda separatista: ERC-9, Bildu-2. Total: 11.

Con esta división, ningún bloque tendría una mayoría absoluta para elegir a un candidato a presidente en la primera ronda, pero sí que habría una mayoría relativa en la derecha unionista.

¿Termina aquí el pesado ejercicio de suma y resta? No, aún habría que hacer una división más. Entre los partidos a los que la justicia ha señalado como corruptos hasta la médula y que han tenido a la ciudadanía en la calle durante años por sus políticas antisociales y los que no. Con esta última división nos quedaría:
-Derecha unionista corrupta y antisocial: PP-123. Total: 123.
-Derecha unionista no corrupta: C's-40, PNV-6, CC-1. Total: 47.
-Derecha separatista corrupta y antisocial: DiL:8. Total: 8.
-Izquierda unionista no corrupta: PSOE-89, Podemos-65, Compromis-4, IU-2, NC-1. Total: 161.
-Izquierda separatista no corrupta: ERC-9, Bildu-2. Total: 11.

Finalmente, nos encontramos con que el bloque predominante es el de la izquierda no imputada ni con la ciudadanía en contra, pero con una mayoría simple, a 15 escaños de la absoluta, a la que la suma del resto de partidos podría tirar cuando quisiera. Luego, ¿quién puede pactar con quién?

Es comprensible que, con Cataluña en pleno proceso independentista, para Pedro Sánchez, como encargado de formar gobierno, no sería una opción el pacto con las fuerzas independentistas, lo que excluye a ERC, DiL y Bildu. Excluidas del pacto, lo cual es muy diferente de quedar excluidas del diálogo pues, si se pretende dar solución al "conflicto catalán" por medio de la palabra, son las fuerzas con las que hay que dialogar.

Por otro lado, después de 4 años de rodillo del Partido Popular, que han concentrado a toda la oposición, a izquierda y derecha, parlamentaria y extraparlamentaria, en su contra, así como a gran parte de la población y, con nuevos casos de corrupción saltando a cada día (recordemos que el PP tiene a todxs salvo uno de sus concejales en Valencia, la tercera ciudad española, imputadxs y a su exalcaldesa durante más de dos décadas en el punto de mira), se puede ver como lógico que es el propio PP el que se excluye, por la vía de los hechos, del pacto con el resto de fuerzas y el que autocoloca un cordón sanitario a su alrededor mientras se niegue a regenerarse y a afrontar su tremendo problema con la corrupción.

Hasta aquí todo fácil, excluidas las fuerzas imputadas y las independentistas, tan solo quedaría excluir a las diferenciadas ideológicamente.. Pero, lamentablemente, este pasos no es tan sencillo ni factible, ¿por qué? Calculemos de nuevo. Con esta última división, sumando a los noes de PP, ERC, DiL y Bildu los de C's, PNV y CC, nos encontraríamos con una mayoría más que absoluta de 189 votos, frente a los otros 161 de PSOE, Podemos, Compromis, IU y Nueva Canaria.

¿Qué otras opciones quedarían llegados a este punto de rechazo a la candidatura de Pedro Sánchez? Serían dos. Una, que Mariano Rajoy tomara el relevo en el intento por formar gobierno, lo cual nos llevaría al mismo punto pues, como mucho, contaría con sus 123 votos positivos y la abstención de los 40 de C's o, aunque en un improbable caso C's votara a favor, serían 163 votos contra los otros 187 del resto de partidos que ya han adelantado su negativa a Rajoy y a este PP. Y la otra opción sería una repetición de las elecciones en el mes de junio que, según todas las encuestas, nos volverían a situar en la casilla de salida del 20D, escaño arriba, escaño abajo, pero con la misma imposibilidad para formar gobierno según este sistema de bloques.

¿Cuál sería entonces la solución menos mala? Vayámonos al botón de "deshacer" el último movimiento. Descontando la división entre los bloques por ideología, tenemos a dos grupos no separatistas, que no están corrompidos desde la raíz y que no generan un rechazo absoluto por el resto de fuerzas. Esos serían PSOE, Podemos, Compromis, IU y NC por un lado y C's, PNV y CC por el otro. Además, entre estos dos bloques ya existen precedentes de pactos territoriales: el PSOE gobierna Andalucía gracias al apoyo de C's, el PNV rige todas las instituciones vascas con la colaboración necesaria del PSE-EE y CC tiene un presidente canario gracias a que el PSOE es su socio menor en el gobierno (menor en escaños, hay que recordar que el PSOE fue la primera fuerza en votos en las Islas, pero la segunda en escaños pero, aún así, cedió la presidencia), es decir, el PSOE, encargado de formar gobierno, funciona como correa de transmisión entre ambas secciones.

Con esta suma tendríamos el mágico resultado de 208 diputados o, si C's y CC se abstuvieran, 167 votos a favor, 41 abstenciones y 142 votos en contra: ¡din din din!¡gobierno!

¿Problema? Que hemos dejado fuera el juego de los vetos entre ellos que se llevan los partidos. El principal escollo para conseguir el resultado arriba mencionado son dos vetos: C's veta un gobierno que incluya a Podemos y Podemos veta un acuerdo en el que se pueda ver envuelto C's. Ambos dos impiden gobierno y nos abocan a elecciones.

Como mencionaba en posts anteriores, el PSOE tiene en sus manos el cerrojo del gobierno, pero no tiene ya la llave de la gobernabilidad, sino que la tienen estos grupos con sus vetos.

No es comprensible que ningún partido nos vuelva a llevar a las urnas para que todo siga igual, pero hay posiciones más entendibles que otras. C's, cuyo electorado proviene casi netamente de votantes descontentos con el PP, es decir, de derecha y centro-derecha, tendría muy complicado explicar a su base que permitiera un gobierno de la izquierda en su conjunto con PSOE-Podemos-IU, mientras deja a la derecha en la oposición. Por otro lado, desde Podemos fue donde surgió la proposición/imposición de un gobierno tripartito si el PSOE quería contar con sus votos para la investidura, de cualquier otro modo, votaría en contra pero, un gobierno de estas características, contaría con una mayoría absoluta de votos en contra (los 181 ya anunciados de PP, C's, ERC, DiL y CC). Luego, si la condición sine qua non de Podemos para no llevarnos a nuevas elecciones con su voto contrario a Sánchez es el tripartito y C's, la pieza indispensable (recordemos los cálculos anteriores) dice que votará en contra de esta opción, aunque podría favorecer un gobierno del PSOE en solitario es decir, el vetado por C's es Podemos y no el PSOE, ¿no debería de ser Podemos el más interesado en iniciar las conversaciones con lxs naranjas para intentar cambiar su voto negativo a su propuesta estrella e impepinable por, al menos, una abstención?

Pues no, contra todo pronóstico y lógica, las conversaciones con C's para conseguir su apoyo o, al menos, su necesaria abstención, es otro de los vetos que Podemos impone al PSOE para conversar con él. Luego, en última instancia, Podemos estaría llamando a un fracaso seguro en las votaciones de investidura de Sánchez a cambio de contar con su apoyo.

"No", dirán algunxs, "Podemos llama al entendimiento con las otras fuerzas que ya han anunciado su voto en contra al tripartito pero que, con su voto afirmativos o abstención, harían prescindible el de C's". ¿Y cuáles son estas fuerzas? Pues ERC y DiL. Es decir, que mientras que Iglesias veta a C's por ser la derecha (recordemos aquellos eslóganes de "ni de izquierdas ni de derechas", "centralidad del tablero", "transversalidad", con los que nació y se desarrolló la formación morada), estaría llamando a la colaboración y pactos imprescindibles con la (antaño socialdemócrata) rupturista ERC y, lo cual es aún más desconcertante, al más puro estilo CUP, con la derecha burguesa y corrupta de Convergencia. Por no contar con que Iglesias estaría dando también por hecho el apoyo de, la no menos derecha que C's, del PNV.

Con todo ello, hay quien pueda pensar mal y llegue a la conclusión de que, las condiciones de Podemos, están conducidas directamente a una imposibilidad manifiesta para los acuerdos imprescindibles y, por ende, para la investidura y a unas nuevas elecciones para dar el tan deseado sorpasso a los socialistas. El que aquí escribe no lo apuesta todo por esa rama pues, dejando a un lado las encuestas que no le dan tan bien dadas unas nuevas elecciones a los de Iglesias y que todas las encuestas que incluyen una proyección de escaños siguen dando al PSOE con entre 15 y 20 escaños por encima de los morados, fueran estos últimos tercera o segunda fuerza (sí, injusto, pero para cambiar esta injusticia, como tantas otras, es necesario un gobierno), el fracaso de la experiencia de las confluencias le pondría muy difícil a Podemos el reeditar estas coaliciones pues, seguramente, Compromis y En Marea y, en menor medida En Comú Podem, decidirían ir por su cuenta para poder conseguir sus deseados grupos parlamentarios. Además de que Iglesias tendría muy complicado explicar a la ciudadanía progresista el por qué de su negativa, no ya a apoyar un gobierno de izquierdas, sino siquiera a iniciar las conversaciones, mientras que sus socios de Compromis y el millón de votos que va detrás de Izquierda Unida sí que conversan con los socialistas y, seguramente llegado el momento, le darían su voto favorable.

¿Cuál sería su razón entonces? Tal vez lxs de Iglesias quieren jugar con los cerca de 3 meses (uno de negociaciones que ha pedido Sánchez y los otros dos de ley desde la primera investidura) que quedan hasta la disolución automática de las Cortes y mostrar una cara combativa y que no cede hasta, pasado un tiempo y con Sánchez habiendo perdido su investidura y, posiblemente, volviéndolo a intentar, dar su brazo a torcer "por el bien del Estado y de lxs españolxs". Tal vez sí o tal vez no.

Así todo, los juegos y los intereses particulares y partidistas han de quedar a un lado definitivamente. Después de cincuenta días sin gobierno a la vista, la situación política se comienza a desatascar y, todas las fuerzas con posibilidad de algún entendimiento, han de echar una mano de cara a la gobernabilidad del país incluyendo, por supuesto, la mayor parte posible de su programa en estos acuerdos necesarios y cediendo a otros, pues de eso se tratan las negociaciones y los acuerdos.

No sería una bonita carta de presentación para el multipartidismo ni para la "nueva política" que, en el primer Congreso desde su inclusión en la política nacional, España se viera abocada a una serie de elecciones cíclicas por verse traducida esta ampliación de la representación en un aumento de la ingobernabilidad y de la falta de diálogo y acuerdo.

Luego los vetos han de quedar atrás y todos los partidos tienen que marcar como máxima prioridad en sus agendas aquello por lo que estuvieron pidiendo a la ciudadanía que introdujeran su papeleta en las urnas: cambiar España y la realidad de las españolas y españoles.

Todo lo demás, no será sino un juego que nadie comprenda y a nadie beneficie.

martes, 2 de febrero de 2016

El Trumpazo y el mirlo blanco socialista

Donald Trump lo dominaba todo. Dominaba las encuestas, que le llevan colocando, desde principios del verano pasado, a la cabeza de la carrera republicana para convertirse en candidato presidencial para las elecciones del 8 de noviembre de este año. Lo hacía también en los debates televisivos, acaparando todas las miradas, todas las palabras, todas las tertulias y comentarios, hasta tal punto que se permitió no acudir al último debate en la cadena Fox antes del caucus de Iowa. No dominaba la recaudación de dinero, eso es cierto, pero no te hace falta cuando eres un magnate multimillonario. Lo dominaba prácticamente todo. Hasta anoche, cuando algo se le escapó de su alcance: la realidad.

La larga carrera de fondo hacia la Casa Blanca, ha comenzado una nueva etapa, se ha pasado de las encuestas y las suposiciones a las urnas y los caucus. De los posibles a los factibles. Y Trump ha pasado de sacar varios cuerpos a sus competidores más inmediatos a tropezar estrepitosamente. No sólo no ha conseguido ser el ganador del primer caucus de la temporada, en Iowa, sino que, llevando la contra a todas las encuestas, que lo colocaban como claro ganador, ha quedado 3,3 puntos por detrás del evangélico y ultraconservador Ted Cruz y tan solo 1,2 puntos por delante de Marco Rubio, a quien los medios pintan como el mayor exponente del republicanismo clásico y más templado de este pelotón.

No deja de ser curioso que lo sorprendente de este resultado sea que Trump no haya arrasado al resto de candidatxs y no que, hasta el día de ayer, siguiera figurando como claro ganador el mismo Trump que, hace escasas fechas, afirmaba que podría salir a la calle y empezar a disparar a gente y su apoyo no disminuiría sino que aumentaría (sic), el que abogaba por construir un muro en la frontera entre EEUU y México (que haría pagar al propio México), como parte de su extenso discurso xenófobo y racista, para prohibir la entrada a lxs inmigrantes o el Trump que, de nuevo con sus formas misóginas y prepotentes, chantajeaba a la cadena Fox con no acudir a su debate (como finalmente hizo) si no apartaban a una periodista que le resultaba incómoda y a la que ya había dedicado algún que otro comentario insultante y machista en directo.

Eso debiera de haber sido lo extraño. Y la realidad se ha encargado de demostrar que las bases republicanas no lo permiten todo, que no están ciegas ni sordas y que han avanzado los 80 años que Trump parece no haber superado. Avance relativo, pues tampoco hay que olvidar que tanto Cruz como Rubio fueron aupados a la escena federal por el ultraconservador Tea Party.

Mientras, por el lado demócrata, el descalabro de Trump escondía parcialmente un fenómeno que también ha contradicho a las encuestas, pero en la forma contraria. La carrera para ser el/la sucesor/a de Obama se convertía en cosa de dos tras renunciar Martin O'Malley y que el senador Bernie Sanders terminara "neck and neck" el caucus iowano con la,  escasas semanas atrás, clara favorita Hillary Clinton. Sanders batió unas encuestas que, hace apenas un mes, le daban en las más favorables 9 puntos por detrás de Clinton y, en las peores, 32 (hace un mes, cabe recordarlo otra vez). Finalmente Clinton ha ganado el caucus, sí, pero por unas escasas 4 décimas de punto de diferencia, al obtener el 49,86% de los apoyos frente al 49,57% del senador socialista.

Clinton consigue sacudirse de algún modo el fantasma de 2008, cuando todas las encuestas le daban como vencedora del caucus iowano pero, un joven Barack Obama, la terminó superando llegado el momento de decidir, tanto en Iowa como en el conjunto del país. Se lo consigue sacudir, pero no quitárselo de encima ni de lejos. No puede Hillary quitarse el miedo a volver a perder la nominación demócrata cuando, sí, ha ganado por la mínima Iowa, pero Sanders ha conseguido ir remontando en las encuestas semana tras semana, tanto en las elecciones de los Estados como a nivel federal, que en julio lo colocaban ¡50 puntos! por detrás de Clinton.

Y esta vez Clinton no puede achacar esa derrota a las cualidades de las que disponía Obama en 2008, alguien que no estaba excesivamente expuesto al foco político y mediático estadounidense, que conseguía levantar ilusión por ser un joven de 47 años que podía convertirse en el primer presidente estadounidense afroamericano. No, no hay excusas estéticas o viscerales para perder ante Sanders. El senador por Vermont cuenta ya 74 años y lleva más de 30 en política. Además, Sanders es un mirlo blanco en la política de la primera potencia mundial, porque es uno de los pocos que se permite denominarse públicamente y sin ambages con una palabra que, entre todas, ha sido históricamente tabú en Norteamérica: socialista.
Imagen obtenida de The Guardian

Sanders es un socialista y antibelicista que históricamente se ha colocado del lado de mujeres, negrxs, inmigrantes y del colectivo LGTB. Un político que aspira y defiende la necesidad de instaurar una Sanidad pública al estilo de la española, que quiere subir los impuestos a las mayores fortunas y los salarios mínimos como nunca antes, que quiere poner un coto real a Wall Street y cambiar el gasto en armamentística por gasto en Educación. Y este candidato que no esconde su izquierdismo, es el que ha obtenido el 49,5% de los apoyos demócratas en un estado conservador y rural como lo es Iowa.

No le pinta bien el camino a Hillary a pesar de esta pírrica victoria. Y aún menos teniendo en cuenta que la próxima parada en el tren de los caucus es en New Hampshire, donde Sanders aventaja con diferencia a Clinton en todas las encuestas.

Es cierto, Iowa es sólo un pequeño Estado de los 50 que componen la federación estadounidense. Y no siempre quien gana Iowa gana la nominación. Pero, poco a poco, el resultado de las consultas populares va desmontando candidatxs (como el demócrata O'Malley o el republicano Huckabee que ya han renunciado) y van creando tendencia y quitando miedos. Miedos como el apoyar a un/a candidatx perdedor/a pero que, conforme se van viendo sus resultados y apoyos reales, pueden animar a esxs votantes que dudan a apoyar a estxs candidatxs que, inicialmente, no contaban con el visto bueno de las encuestas, como pueden ser Bernie Sanders en el Partido Demócrata o Marco Rubio en el Republicano.

La nueva etapa en la carrera por la presidencia de EEUU acaba de comenzar y queda mucho trecho por el camino. Tal vez dentro de un mes algunx de los candidatxs que hoy suenan como favoritxs se hayan desinflado, como bien pueden contar Jeb Bush, Carly Fiorina o Ben Carson, pero esta primera parada da un pequeño susto a lxs antaño clarxs favoritxs, Donald Trump y Hillary Clinton, y un empujón a los que estuvieron desahuciados durante mucho tiempo, Sanders, Cruz o Rubio.

En noviembre, Estados Unidos puede hacer historia de nuevo como lo hizo en 2008, eligiendo a su primer/a presidentx mujer, socialista o cubano-americano de la historia. Tan sólo Trump podría arruinar esta posibilidad. Pero, por el momento, Iowa ha dicho que es una opción que no hay que temer.

Cuenta personal de Donald Trump