martes, 2 de febrero de 2016

El Trumpazo y el mirlo blanco socialista

Donald Trump lo dominaba todo. Dominaba las encuestas, que le llevan colocando, desde principios del verano pasado, a la cabeza de la carrera republicana para convertirse en candidato presidencial para las elecciones del 8 de noviembre de este año. Lo hacía también en los debates televisivos, acaparando todas las miradas, todas las palabras, todas las tertulias y comentarios, hasta tal punto que se permitió no acudir al último debate en la cadena Fox antes del caucus de Iowa. No dominaba la recaudación de dinero, eso es cierto, pero no te hace falta cuando eres un magnate multimillonario. Lo dominaba prácticamente todo. Hasta anoche, cuando algo se le escapó de su alcance: la realidad.

La larga carrera de fondo hacia la Casa Blanca, ha comenzado una nueva etapa, se ha pasado de las encuestas y las suposiciones a las urnas y los caucus. De los posibles a los factibles. Y Trump ha pasado de sacar varios cuerpos a sus competidores más inmediatos a tropezar estrepitosamente. No sólo no ha conseguido ser el ganador del primer caucus de la temporada, en Iowa, sino que, llevando la contra a todas las encuestas, que lo colocaban como claro ganador, ha quedado 3,3 puntos por detrás del evangélico y ultraconservador Ted Cruz y tan solo 1,2 puntos por delante de Marco Rubio, a quien los medios pintan como el mayor exponente del republicanismo clásico y más templado de este pelotón.

No deja de ser curioso que lo sorprendente de este resultado sea que Trump no haya arrasado al resto de candidatxs y no que, hasta el día de ayer, siguiera figurando como claro ganador el mismo Trump que, hace escasas fechas, afirmaba que podría salir a la calle y empezar a disparar a gente y su apoyo no disminuiría sino que aumentaría (sic), el que abogaba por construir un muro en la frontera entre EEUU y México (que haría pagar al propio México), como parte de su extenso discurso xenófobo y racista, para prohibir la entrada a lxs inmigrantes o el Trump que, de nuevo con sus formas misóginas y prepotentes, chantajeaba a la cadena Fox con no acudir a su debate (como finalmente hizo) si no apartaban a una periodista que le resultaba incómoda y a la que ya había dedicado algún que otro comentario insultante y machista en directo.

Eso debiera de haber sido lo extraño. Y la realidad se ha encargado de demostrar que las bases republicanas no lo permiten todo, que no están ciegas ni sordas y que han avanzado los 80 años que Trump parece no haber superado. Avance relativo, pues tampoco hay que olvidar que tanto Cruz como Rubio fueron aupados a la escena federal por el ultraconservador Tea Party.

Mientras, por el lado demócrata, el descalabro de Trump escondía parcialmente un fenómeno que también ha contradicho a las encuestas, pero en la forma contraria. La carrera para ser el/la sucesor/a de Obama se convertía en cosa de dos tras renunciar Martin O'Malley y que el senador Bernie Sanders terminara "neck and neck" el caucus iowano con la,  escasas semanas atrás, clara favorita Hillary Clinton. Sanders batió unas encuestas que, hace apenas un mes, le daban en las más favorables 9 puntos por detrás de Clinton y, en las peores, 32 (hace un mes, cabe recordarlo otra vez). Finalmente Clinton ha ganado el caucus, sí, pero por unas escasas 4 décimas de punto de diferencia, al obtener el 49,86% de los apoyos frente al 49,57% del senador socialista.

Clinton consigue sacudirse de algún modo el fantasma de 2008, cuando todas las encuestas le daban como vencedora del caucus iowano pero, un joven Barack Obama, la terminó superando llegado el momento de decidir, tanto en Iowa como en el conjunto del país. Se lo consigue sacudir, pero no quitárselo de encima ni de lejos. No puede Hillary quitarse el miedo a volver a perder la nominación demócrata cuando, sí, ha ganado por la mínima Iowa, pero Sanders ha conseguido ir remontando en las encuestas semana tras semana, tanto en las elecciones de los Estados como a nivel federal, que en julio lo colocaban ¡50 puntos! por detrás de Clinton.

Y esta vez Clinton no puede achacar esa derrota a las cualidades de las que disponía Obama en 2008, alguien que no estaba excesivamente expuesto al foco político y mediático estadounidense, que conseguía levantar ilusión por ser un joven de 47 años que podía convertirse en el primer presidente estadounidense afroamericano. No, no hay excusas estéticas o viscerales para perder ante Sanders. El senador por Vermont cuenta ya 74 años y lleva más de 30 en política. Además, Sanders es un mirlo blanco en la política de la primera potencia mundial, porque es uno de los pocos que se permite denominarse públicamente y sin ambages con una palabra que, entre todas, ha sido históricamente tabú en Norteamérica: socialista.
Imagen obtenida de The Guardian

Sanders es un socialista y antibelicista que históricamente se ha colocado del lado de mujeres, negrxs, inmigrantes y del colectivo LGTB. Un político que aspira y defiende la necesidad de instaurar una Sanidad pública al estilo de la española, que quiere subir los impuestos a las mayores fortunas y los salarios mínimos como nunca antes, que quiere poner un coto real a Wall Street y cambiar el gasto en armamentística por gasto en Educación. Y este candidato que no esconde su izquierdismo, es el que ha obtenido el 49,5% de los apoyos demócratas en un estado conservador y rural como lo es Iowa.

No le pinta bien el camino a Hillary a pesar de esta pírrica victoria. Y aún menos teniendo en cuenta que la próxima parada en el tren de los caucus es en New Hampshire, donde Sanders aventaja con diferencia a Clinton en todas las encuestas.

Es cierto, Iowa es sólo un pequeño Estado de los 50 que componen la federación estadounidense. Y no siempre quien gana Iowa gana la nominación. Pero, poco a poco, el resultado de las consultas populares va desmontando candidatxs (como el demócrata O'Malley o el republicano Huckabee que ya han renunciado) y van creando tendencia y quitando miedos. Miedos como el apoyar a un/a candidatx perdedor/a pero que, conforme se van viendo sus resultados y apoyos reales, pueden animar a esxs votantes que dudan a apoyar a estxs candidatxs que, inicialmente, no contaban con el visto bueno de las encuestas, como pueden ser Bernie Sanders en el Partido Demócrata o Marco Rubio en el Republicano.

La nueva etapa en la carrera por la presidencia de EEUU acaba de comenzar y queda mucho trecho por el camino. Tal vez dentro de un mes algunx de los candidatxs que hoy suenan como favoritxs se hayan desinflado, como bien pueden contar Jeb Bush, Carly Fiorina o Ben Carson, pero esta primera parada da un pequeño susto a lxs antaño clarxs favoritxs, Donald Trump y Hillary Clinton, y un empujón a los que estuvieron desahuciados durante mucho tiempo, Sanders, Cruz o Rubio.

En noviembre, Estados Unidos puede hacer historia de nuevo como lo hizo en 2008, eligiendo a su primer/a presidentx mujer, socialista o cubano-americano de la historia. Tan sólo Trump podría arruinar esta posibilidad. Pero, por el momento, Iowa ha dicho que es una opción que no hay que temer.

Cuenta personal de Donald Trump

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