miércoles, 9 de marzo de 2016

Gerontofobia política

"Se requiere experiencia", es la frase que probablemente más se repita en los anuncios laborales. Un requisito hasta cierto punto lógico, que pierde su lógica cuando se requiere experiencia para todo trabajo existente y se pone complicado lo de conseguir experiencia sin haber podido conseguir trabajo por falta de ella, pero que todos podemos llegar a entender. No hace falta ser un gran empresario, a todxs, si nos dieran a elegir, nos gustaría tener a alguien con algún tipo de experiencia previa para nuestro pequeño negocio o nos quedaríamos mas tranquilo si, quien cuida de nuestrxs pequeñxs y/o de nuestrxs mayores, es alguien algo bregado en esa cuestión.

Sí, todos podemos comprender que la experiencia es un plus para cualquier trabajo. Salvo con una honrosa excepción: la política.

De un tiempo a esta parte, el hecho de tener experiencia política y experiencia vital en nuestro país estando, pongamos, por encima de la cincuentena, se ha convertido por si mismo en un argumento que desbarata las aspiraciones políticas de cualquiera, un hecho que se ha acentuado con la llegada de la "nueva política", principalmente del entorno de Podemos. A día de hoy, parece que España no es país para "viejxs" políticxs. Parece costumbre que, sobretodo entre la gente joven, ante la pregunta de por qué no votar a PSOE o incluso a IU, una de las respuestas más corrientes sea "porque llevan mucho tiempo ahí", incluso que fuera la opción que sus padres votaban, cuando por fin adquirieron el derecho a hacerlo, parece ser algo denigrante.

De arriba abajo y de izquierda a derecha: Giorgio Napolitano,
Nelson Mandela, Franklin D. Roosevelt y Mahatma Gandhi.
Por otro lado, la respuesta al porqué de su voto a fuerzas como Podemos, suele ser recalcitrante en el "son nuevos", "acaban de llegar", "son jóvenes", etc., etc..

El poso ideológico y de propuestas queda en un abandonado segundo o tercer plano cuando la imagen es lo que impera.

Pero, ¿por qué esta fobia a la edad? ¿por qué esta identificación de lo joven con lo bueno y lo experimentado con lo malo? ¿qué sería del mundo si a la hora de elegir a nuestrxs líderes politicxs nos hubiéramos regido por esta norma clasista?

¿Qué hubiera sido de Italia, en plena crisis económica, financiera, social y política si el excomunista Giorgio Napolitano no hubiera accedido a continuar con un segundo mandato en la presidencia italiana a sus casi 88 años para actuar como amalgama política e instaurar la tranquilidad en el país? ¿quién puede imaginar la lucha sudafricana contra el Apartheid sin Nelson Mandela, quien sería su presidente entre los 75 y los 80 años?, ¿acaso existiría hoy la Organización de las Naciones Unidas sin el sexagenario Roosevelt?, ¿sería India hoy la misma sin la lucha de Gandhi hasta bien pasados los 70?

De arriba abajo y de izquierda a derecha: Jeremy Corbyn,
Bernie Sanders y Hillary Clinton.
En el verano del 2015, el Partido Laborista del Reino Unido celebró la elección popular de su nuevo líder que, con el apoyo cuasi unánime de la juventud izquierdista inglesa eligió, con sus 66 años, a Jeremy Corbyn, el candidato más veterano y más escorado a la izquierda entre los cuatro que se presentaban. Mientras, en Estados Unidos lxs jóvenes están reincorporándose a la vida política estadounidense subidos en una ola de ilusión provocada por el Senador demócrata Bernie Sanders, un socialista de 74 años que lleva cuatro décadas haciendo política y, quién probablemente gane la nominación demócrata y tenga que medirse en las presidenciales de noviembre con el magnate Donald Trump, será una Hillary Clinton a sus 68 años.

Pero no sólo en lo personal, en el panorama político internacional, la edad parece no ser en absoluto una rémora sino que, a nivel de partido, esos 136 años de historia que el Partido Socialista carga a sus espaldas y que parecen ser otro argumento en su contra, no suponen ninguna lacra en el resto de países.

¿Acaso es preferible el Partido Republicano de Reagan y Bush (y, ahora, seguramente Trump) por contar con 27 años menos que los 188 de los que cuenta el Partido Demócrata de los Nobel de la Paz, Al Gore y Barack Obama (vale, tal vez Gore hizo bastantes más méritos que Obama para ganar el premio)? o, ¿no sigue siendo la histórica y vanagloriada socialdemocracia nórdica de Olof Palme el ejemplo político que todxs nos ponemos cuando queremos referenciar el mejor hacer de la política? ¿es peor esta referencia mundial de la izquierda y parte de la derecha cuando recordamos que el Partido Socialdemócrata de Finlandia cumple ya 117 años, el Partido Socialdemócrata Sueco 127, el Partido Laborista noruego 129 o los Socialdemócratas daneses 145?

Pero no hace falta tampoco salir de casa. Volviendo a asuntos más domésticos, es imposible para la izquierda republicana española hacer referencia a la II República sin hacer un trazado perpendicular con la imagen de Manuel Azaña a sus 56 años como su Presidente. Tampoco al partido de Pablo Iglesias pareció importarle mucho la edad cuando lanzó como fichaje estrella, en su estreno electoral en las elecciones europeas de 2014, al exfiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo (hoy alejado de la formación y crítico con sus acciones) a sus 79 años. Ni, para el bien más preciado de la "nueva política", referente de la izquierda española y, especialmente de la nueva izquierda alternativa, la "alcaldesa de España", Manuela Carmena, parecen pesar sus 72 años y su más de medio siglo en política.

En el fondo, Manuel Azaña. Esquina superior izquierda, Carlos Jiménez
Villarejo. Esquina inferior derecha, Manuela Carmena.
Dejando a un lado los ejemplos, ¿acaso alguien considera realmente que, a la hora de dirigir un ayuntamiento, una región, un país... de tener la vida y el día a día de miles o millones de personas en la mano, ha de contar más lo joven que se sea que la experiencia que se tenga, que ha de ser más importante quedar bien en el cartel electoral que en los libros de historia?

Conste que esto no supone desprestigiar o descalificar a la gente joven en política por el hecho de serlo, al contrario, hay muchísima gente joven formada y capaz de llevar a cabo estas tareas y que, de hecho, lo está haciendo. Pero, el mero hecho de ser jóvenes, no da un don especial ante este desafío, del mismo modo que ni lo da ni lo quita, por sí sólo, el no serlo.

La izquierda es progreso. La izquierda defiende acertadamente la necesidad de no diferenciar a las personas ni prejuzgar sus capacidades por razón de sexo, religión, orientación sexual, raza, lugar de procedencia... ¿por qué acepta hacerlo por su edad?

Se puede ser de izquierdas y no ser joven , pero no se puede serlo siendo discriminatorio. Y, sí, la gerontofobia, aún en política, es discriminación.

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